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Seis años de guerra en Siria: historias para la esperanza

photo: Kristof Holvenyi/JRS MENA
© Kristof Holvenyi (kristof.holvenyi@yahoo.com)

Según Naciones Unidas, 13,5 millones de personas necesitan ayuda humanitaria con urgencia. Más de 11 millones de personas se han visto obligadas a desplazarse forzosamente (6,3 millones dentro de siria y 4,8 refugiadas en países vecinos).Cerca de la mitad de las personas refugiadas sirias, 2,3 millones, son niños y niñas.

 

Cuenta la historia como si hubiera sucedido ayer. Recuerda la fecha exacta en que sucedió: agosto de 2013. Kassem tenía entonces 8 años (hoy tiene 12) y era como cualquier niño en Siria que disfrutaba divirtiéndose y jugando, completamente ajeno al conflicto en el que quedaron sumidas las vidas de sus familias y la de sus vecinos. Ese fatídico día, una bomba impactó en la casa de su vecino en el pueblo de Al- Ghouda. Toda la familia salió corriendo de la vivienda para ver qué había pasado y para ponerse a resguardo de posibles derrumbamientos, por su propia seguridad. Su madre, que entonces estaba embarazada de seis meses, entró precipitadamente en el hogar para apagar el gas. Kassem no recuerda lo que ocurrió después. Luego supo que otra bomba cayó encima de ellos, matando en segundos a su padre y a sus dos hermanos. Él y su madre encinta fueron los únicos supervivientes. La bomba había desgarrado su pierna derecha.

La guerra contra la población civil en Siria entra en su séptimo año. Esta situación ha generado una crisis humanitaria de enormes consecuencias. Más de 11 millones de personas se han visto obligadas a desplazarse forzosamente, de ellas, 4,8 han huido del país en busca de refugio en países cercanos como Turquía (2,7 millones), Líbano (1.07 millones), Jordania (639.704), Irak (246.051) y Egipto (118.518). Además, 6,3 millones de personas se han visto obligadas a desplazarse internamente dentro de siria. Los que se han quedado en Siria están en situaciones terribles. Todos tenemos en mente lo ocurrido en Alepo, ciudad martirizada por la guerra, durante este último año. “Acabo de regresar de Alepo, y creo que deberían saber lo que está pasando allí. La ciudad está sin agua, sin electricidad, sin combustible ni gas. Oír sobre esta realidad no es lo mismo que vivirla", dice un miembro del personal del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) en Siria. La entrega de ayuda humanitaria a las poblaciones afectadas por la guerra en Siria sigue siendo un problema urgente. Según Naciones Unidas, 13,5 millones de personas necesitan ayuda humanitaria con urgencia. El sufrimiento de la gente es una realidad. Las duras condiciones climáticas y el limitado acceso a los recursos básicos afectan gravemente a familias e individuos desplazados. Cerca de 5,8 millones de niños y niñas siguen viviendo en zonas de guerra. Uno de cada 4 sufre alguna enfermedad mental debido a la guerra. 2 de cada 3 han sido víctimas de bombardeos o han perdido a un ser querido.

Las personas que han decidido salir de siria y que llegan a los países vecinos se enfrentan a nuevas dificultades. Tienen prohibido el empleo legal y deben competir por empleos limitados en el sector informal. Además,  después de años de exilio, muchas familias han agotado sus recursos y cada vez están más desesperadas. Llegar a final de mes es una lucha diaria tanto para los desplazados dentro de Siria como para quienes han huido del país en busca de refugio en otros lugares. Gran parte de ellos viven en la extrema pobreza, sin poder garantizarse alimentos, agua o medicinas.

Se calcula que hay cerca de 2,3 millones de refugiados sirios que son niños y niñas. Entreculturas y el JRS trabajan con cientos de personas refugiadas que han huido de Siria proporcionando ayuda de emergencia, así como apoyo educativo y psicosocial permanente.

Educación en situación de refugio

 En el caso de los niños, niñas y jóvenes refugiados, la escuela facilita un entorno seguro, implica conexión con actividades estructuradas, supone un elemento restaurador, pone la mirada en el futuro, atenúa los traumas derivados del conflicto y fortalece las capacidades necesarias para reconstruir sus vidas y tener un futuro digno.  "Poder ir a la escuela en Líbano es todo para mí. Me ha ayudado a no estar triste todo el tiempo", dice Ghada, de 13 años, refugiada siria participante en un programa de aprendizaje acelerado en Líbano del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) y de Entreculturas.

 En situaciones de conflicto, la educación puede jugar un papel fundamental en favorecer la cohesión social y en promover una cultura de paz, inculcando valores de tolerancia, respeto y convivencia. Pero la educación de las niñas, niños y jóvenes refugiados y migrantes  afronta numerosos retos. Se trata de menores que pueden haber estado sin escolarizar durante un largo tiempo o incluso no haber sido escolarizados nunca, desconocen el idioma o acarrean duras vivencias en un pasado reciente y cuyas familias se encuentran, con toda seguridad, en una situación de desventaja económica. "Muchos de estos niños y niñas han estado fuera de la escuela tanto tiempo, que no saben estar allí", señala Majed Masini, profesor del Centro del JRS en Jbeil, Líbano. Por eso, "cuando vuelven a matricularse, hay que empezar prácticamente de cero", añade Jacqueline Pavilion, también del JRS.

A pesar de los tiempos de oscuridad en que este conflicto ha sumido al pueblo sirio y que parece que no terminará pronto, hay muchos momentos para la esperanza, Kassem es una de ellas.

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