Solidaridad

Mireille Twayigira: la refugiada ruandesa que se convirtió en doctora

Mireille Twayigira, refugiada ruandesa, huyó de su país con dos años. Ahora, con 25 años es licenciada en medicina por la Universidad de Jinan y vive en el campo de refugiados de Dzaleka, en Malawi. Ella sabe muy bien de la importancia de recibir educación. Colabora en 'Education opens the world', una iniciativa de Entreculturas y el Servicio Jesuita a Refugiados.

Con motivo del Día Mundial de las Personas Refugiadas y Desplazadas que se celebrará el 20 de junio, Entreculturas y el Servicio Jesuita a Refugiados lanzan a nivel internacional la iniciativa Education opens the world. Una campaña para promover el derecho a la educación del que, refugiados y desplazados internos, se ven particularmente privados.  Una campaña que además, defiende que, la educación supera las fronteras y las limitaciones de un mundo que excluye y, pone en valor la importancia de la educación tanto para las personas que se han visto obligadas a huir de sus hogares como para por la construcción de fronteras y muros de exclusión. No es momento de pasar de lejos y desentenderse del sufrimiento humano. Es momento de construir una casa común, un futuro posible y sostenible para todos en un mundo global, abierto e interdependiente. De reivindicar el papel transformador de la educación para este cambio social y personal.

Ambas organizaciones piden a los responsables de las principales fronteras migratorias, que construyan puentes de solidaridad en lugar de muros que dividen nuestro mundo. No solamente muros físicos, también muros como el prejuicio, el odio o el racismo. Piden también que aumenten significativamente sus cifras de acogida de personas refugiadas y migrantes forzosos, aborden las causas que originan el éxodo, fomenten en nuestra sociedad una educación para la ciudadanía global e inviertan y garanticen el derecho a la educación de las personas refugiadas.

Hoy en día hay 65,3 millones de personas refugiadas, desplazadas o solicitantes de asilo, de los cuales 21,3 son menores. Por eso no podemos pretender vivir atrincherados en nuestras ciudades mientras a millones de personas se les niega la oportunidad de vivir decentemente. No es ético ni posible. Mientras no se aborden las causas de las migraciones forzosas el éxodo continuará. No nos puede extrañar que las personas se muevan. Lo han hecho a lo largo de la historia. Pero en nosotros está que estas migraciones se gestionen bien, con recursos y respeto a los derechos y a las libertades.

Para Entreculturas y el Servicio Jesuita a Refugiados en un contexto de migraciones forzosas y sociedades que levantan muros físicos y mentales es necesario un cambio cultural a favor de un mundo más abierto y más justo. Para ello, la educación es clave porque permite ampliar horizontes y superar desconfianzas y prejuicios. Hay que impulsar por un lado, una educación que facilite la comprensión de las migraciones forzosas  partiendo del análisis crítico de sus causas y favorecer la empatía, la convivencia intercultural y el compromiso ciudadano. Y por otro lado, es necesario garantizar el acceso  a una educación gratuita, obligatoria y de calidad para las personas refugiadas y desplazadas. La escuela es uno de los pilares fundamentales de la intervención humanitaria. Estar en la escuela puede mantener a los niños a salvo y protegidos de riesgos, incluidos la violencia de género, el reclutamiento en grupos armados, el trabajo infantil y el matrimonio precoz. En situaciones de desplazamiento forzoso, sólo el 50% de los niños y niñas tienen acceso a la educación primaria, únicamente un 25% recibe educación secundaria y sólo unos pocos tienen acceso a la educación preescolar o superior. La educación en situaciones de crisis y desplazamiento es fundamental, es portadora de esperanza, de oportunidades de futuro y permite abordar la transformación de conflictos, la reconciliación y la promoción de la paz.

 

Mireille Twayigira, refugiada ruandesa que ha participado en el lanzamiento de la iniciativa, huyó de su país con 2 años. Su historia podría ser una historia de desesperanza, una historia trágica por la huida, trágica por la pérdida de sus padres, hermanos y abuelos, pero ella prefiere contar la historia desde un punto de vista esperanzador. "Mi vida no es una historia trágica", afirma. Ella es una luz de esperanza en medio de la desesperanza de un campo de refugiados.

En Malawi comenzó sus estudios de primaria junto al Servicio Jesuita a Refugiados en el campo de refugiados de Dzaleka. Era muy buena estudiante y completó su educación secundaria siendo de las seis mejores estudiantes de todo Malawi y recibió una beca del Gobierno chino para estudiar medicina en la Universidad de Jinan, donde graduó en julio de 2016. "Siempre quise una carrera que me permitiera ayudar a otros, especialmente a los huérfanos. También quiero ayudar a los jóvenes refugiados en educación secundaria". Ahora vive en Malawi y trabaja como doctora en el Queen Elisabeth Central Hospital. 

Mireille pide el fin de la violencia, mantener esperanza y sobre todo, tiene claro la importancia de la educación todas las personas para tener un futuro digno y para propiciar sociedades pacíficas. Por eso, queremos que las instituciones responsables de las principales fronteras del planeta (Estado Unidos, Unión Europea y Australia), reflexionen sobre las consecuencias de un mundo cada vez más cerrado para los derechos humanos, sobre el deber de cumplir con el derecho a la educación de todas las personas en movimiento, el papel de la educación frente a las grandes inversiones en represión y control de fronteras y la vulneración de los derechos humanos. Entreculturas y el Servicio Jesuita a Refugiados apelan a la responsabilidad ética y política de EEUU, Unión Europea y Australia y les piden que actúen ya para:

  • Frenar la construcción de muros y obstáculos, físicos y  jurídicos, contra las personas refugiadas, que generan el incumplimiento masivo de derechos humanos.
  • Reforzar la hospitalidad de nuestro país, concretándola en la acogida de un amplio número de personas refugiadas.
  • Unir fuerzas junto al resto de la comunidad internacional para abordar las causas globales y estructurales que originan el éxodo forzado de hombres, mujeres, niños y niñas e impulsar la Agenda 2030 de Naciones Unidas.
  • Fomentar en la sociedad la educación para la ciudadanía global, facilitando la comprensión de las migraciones desde sus causas, la empatía y apertura de las sociedades de acogida, previniendo el racismo y la xenofobia y fomentando la convivencia intercultural.
  • Invertir y garantizar el derecho a la educación gratuita, obligatoria y de calidad para los niños, niñas y jóvenes refugiados. La educación es la mejor estrategia para su progreso e integración social.

 

 

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