Primera ordenación episcopal en la Sagrada Familia

En esta crónica Fernando Cordero nos narra la ordenación episcopal de los dos nuevos obispos auxiliares de Barcelona, el barcelonés Sergi Gordo Rodríguez y el mallorquín Antoni Vadell Ferrer, el sábado 9 de septiembre. Se trata de un acontecimiento histórico, ya que es la primera vez que tiene lugar un acto litúrgico de este calado en la emblemática Basílica de la Sagrada Familia de Antoni Gaudí.

Mañana de otoño con cielo nublado. En las estaciones de Metro, personas vestidas elegantemente y sacerdotes con alzacuello. A partir de las nueve de la mañana se ve un movimiento singular en torno a la Sagrada Familia. La Sagrada Familia, aun cuando el tiempo esté nublado y llueva, persevera interiormente luminosa. A las 10.30 h. los asistentes y concelebrantes están ya en sus lugares. Ensayos de cantos. Llega el Vicepresident de la Generalitat, Oriol Junqueras un par de minutos antes de las once. A las once y seis, el cardenal arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, entra por la nave central de la Basílica, acompañado por los obispos que van a ser ordenados, junto con el cardenal emérito, Lluís Martínez Sistach, el obispo auxiliar, Sebastià Taltavull, y el nuncio del Papa, Renzo Fratini, así como por el presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez.

A las once y veinticuatro minutos, comienza la ceremonia con una pedagógica monición de entrada, donde se nos invita a vivir con “atención, oración y amor esta preciosa ordenación episcopal”. Se abre la procesión de entrada con un canto polifónico del Coro de Cámara, Laudate Dominum, de Tomás Luis de Victoria. Veintitrés obispos concelebran la solemne eucaristía de ordenación.

Tras las lecturas de la Palabra de Dios, se hace una presentación de los que han sido escogidos para el orden episcopal: Sergi Gordo y Antoni Vadell. Se lee el mandato apostólico del Papa Francisco en el que consta su nombramiento como obispos auxiliares de Barcelona. Monseñor Gordo con el título de obispo de Cene y monseñor Vadell con el de Urci.

“Mallorca se queda vacía”

En su homilía, el cardenal Omella comienza con palabras de bienvenida a los presentes, especialmente los que han venido de Granada y Mallorca. “Mallorca se ha quedado vacía, que no os la quiten”, bromea, lo que provoca la risa de los asistentes. Invita a los nuevos obispos auxiliares a dar continuamente gracias a Dios. Recuerda cómo los lemas episcopales de ambos giran en torno a la alegría: “Servid al Señor con alegría” (Sal 99,2) y “Alegraos siempre en el Señor” (Flp 4,4). Señala la necesidad de la espiritualidad de la comunión y advierte de que en los “presbiterios no puede ir cada uno a su aire”. Junto al obispo Taltavull y al propio Omella, los dos nuevos obispos compartirán la oración, los proyectos pastorales y sus vivencias en el arzobispado. “Vivir en equipo”, subrayó el arzobispo de Barcelona. También recordó una línea muy clara de Francisco: “el episcopado es un servicio, no un honor”. Emplazó a sus nuevos auxiliares a que hagan homilías sencillas que todos entiendan, sin olvidar el mandato de amar a todos los que el Señor les confía, siendo portadores de misericordia. El arzobispo Omella les pide por último: “Rezad por nuestro pueblo, para que haya un clima de concordia que haga realidad una convivencia en paz”, muy en línea con su carta pastoral con ocasión de la Diada nacional de Cataluña.

Bajo el baldaquino de Gaudí

Sergi y Antoni han realizado la promesa de guardar la fe católica ante el cardenal Omella y la asamblea allí presente. En la letanía de los santos se ha pedido la intercesión de San Miguel, pasando por los apóstoles, santa Eulalia, san Junípero Serra, el beato mallorquín Ramón Llull o el médico y sacerdote catalán Pere Tarrés. A las doce y treinta y siete minutos ha comenzado el rito central de la ordenación con la gran plegaria de ordenación, durante la que han colocado el libro de los Evangelios sobre la cabeza de los elegidos. Omella ha estado en esos momentos acompañado por el cardenal Martínez y el obispo Taltavull, que han conferido con él la ordenación, bajo el precioso del Cristo y los dones del Espíritu Santo. Entre los ritos, la unción de la cabeza de los nuevos obispos con el santo crisma, la entrega de los evangelios, el anillo signo de fidelidad a la Iglesia, la mitra y el báculo. Se percibía la confianza del cardenal con sus nuevos auxiliares. En el momento de la entrega del Evangelio, dice con familiaridad: “Toni, recibe el Evangelio…”. A continuación el abrazo de acogida del episcopado a sus nuevos miembros, con un aplauso que dura un minuto. Se ve la alegría de Omella, Sistach y Taltavull. Muy bonito cuando el anterior obispo de Mallorca, Xavier Salinas, abraza a monseñor Vadell, lo que provoca un sonoro aplauso entre los más de quinientos mallorquines presentes en la Basílica.

Bonito momento de presentación de las ofrendas, con participación de muchos niños. La colecta va destinada para el programa de personas con problemas de vivienda de Cáritas Barcelona. En los ritos de conclusión muy aplaudidos los dos nuevos obispos cuando se han acercado por la nave central a bendecir y saludar a los presentes. El obispo Sergi es acompañado por el cardenal Martínez Sistach y por Joan-Enric Vives, arzobispo de Urgell. Por su parte, el obispo Antoni Vadell, que se convierte en el obispo más joven de España, es acompañado por el obispo Taltavull y por el arzobispo Lluís Ladaria, Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, de cuna mallorquina también.

Unas palabras finales las ha tenido el nuncio Fratini, quien ha calificado la celebración de “solemne y emotiva”. Nos damos cuenta de que llueve y se escuchan los truenos previamente a que intervengan los dos nuevos obispos, que sienten que esta misión les desborda y se sienten “desbordados por vuestro cariño”. Agradecen la proximidad de todos, que nace de la amistad y de la fe. Resaltan la invitación de Francisco de ser “Iglesia en salida” e “Iglesia, hospital de campaña”, lo que les lleva “a servir con alegría. Agradecen, además, vivir en “una pequeña fraternidad de obispos”. Por último, recuerdan que “los obispos son pastores, cuya misión es llevar el Nombre de Cristo al corazón de las personas”. A las dos de la tarde sonoros aplausos y canto del Virolai.

 

Texto: Fernando Cordero Morales ss.cc.
Fotos: Catalunya Cristiana (vertical) / Església de Barcelona

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