Solidaridad

Tamara Cordero

20 años, 20 historias de superación en el Raval

Hace 20 años que comenzaron a jugar a fútbol en la calle. 20 años que los primeros chicos y voluntarios comenzaron esta obra del Opus Dei en Barcelona. Hoy hacen balance positivo de su historia, porque, como confirma Josep: "a veces nos concentramos en lo negativo, que existe, pero es más importante contemplar las historias que han salido bien". 

"El barrio del Raval, donde trabaja Braval, es el más céntrico y deficitario de Barcelona. En él viven más de 49.000 personas en tan solo 1,1 km2. De estos habitantes casi el 50% son extranjeros", nos cuenta Josep Masabeu, que desde 2009 preside el Braval, una iniciativa de desarrollo y promoción humana del Opus Dei situada en el Raval que propone promover la cohesión social de los jóvenes y facilitar la incorporación de los inmigrantes a la sociedad.  

Josep comparte con nosotros cómo comenzaron. Primero jugaban en la calle, después la Iglesia de Montealegre les cedió una sala para poder hacer los deberes, poco a poco más niños y jóvenes fueron acercándose, y hoy son más de 160 voluntarios los que dedican 15.000 horas al año en favor de la inclusión social a unos 250 niños y jóvenes. Cuentan con 12 equipos deportivos, seis de fútbol sala y seis de basket. 

La cohesión social que tanto anhelan y por la que trabajan cada día en su centro implica, según sus propias palabras, que "exista mezcla entre ellos y que consiga dar ascenso social". "Si no -recalca- podemos caer en el peligro de tener una sociedad receptora de ayuda". 

El libro que han presentado por su vigésimo aniversario, "20 historias de superación en el Raval", recoge veinte relatos sobre personas vinculadas al Braval. Por aquí han pasado más de 1240 participantes de 30 países que hablan 10 lenguas diferentes y profesan 9 religiones. 

Le preguntamos cómo se gestiona contar con chicos jóvenes de 9 religiones diferentes. Josep nos cuenta que en el Braval tienen chicos católicos, evangelistas, musulmanes, ortodoxos, judios, adventistas, hindús, testigos de Jehová y budistas. Sin embargo, es muy frecuentes escucharlos hablar de religión. Lo que podríamos pensar que se tornaría en una gran diferencia se convierte en el Braval en un nexo de unión entre ellos. "Siempre hay alguna fiesta religiosa que celebrar y claro, los chicos se cuestionan. Se preguntan entre ellos por qué hacen esto o creen en aquello y van cuestionandose". 

La religión es un factor que estabiliza. "La vida de cualquiera de nosotros pivota sobre varios ejes: la familia, el trabajo, los amigos, las costumbres y las creencias. Los chicos que vienen al Braval son chavales que no cuentan con una familia estructurada, que no se pueden apoyar en el trabajo ya que en el barrio hay un 30% de paro, sus amigos tampoco son estabilizadores, no pueden contar con sus costumbres porque han llegado a un nuevo país y los único que les queda es ser fiel a sus creencias". 

En este día, a Josep le acompaña Glen Patrick Caliba Ramos, el es el primer chico de Braval que terminó una carrera universitaria, hoy es ingeniero. Nos cuenta que hoy él es voluntario en Braval porque un día se preguntó qué hacían allí todos esos voluntarios que lo acompañaban. Y es que sin duda, el voluntariado en el fondo transmite generosidad y esa generosidad es capaz de cambiar a una persona, a un grupo y a un barrio entero. Braval, es la muestra. 

Si quieres conocer más Braval y aportar tú también tu granito de arena a este proyecto, tienes toda la información disponible en: Web Braval.

 

 

 

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