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En peligro, la educación como garante de igualdad

Si el acceso a la educación es la forma de garantizar la igualdad de oportunidades y acabar con obstáculos como los prejuicios raciales o las discapacidades, los recortes económicos que se le están aplicando con la excusa de la crisis aumentan el riesgo de quiebra de esa igualdad. Los más vulnerables son los principales perjudicados por el recorte de becas o el fin de los conciertos de formación profesional.

 
-ENCABEZADO-

En peligro, la educación como garante de igualdad

Por Víctor Usón

Si el acceso a la educación es la forma de garantizar la igualdad de oportunidades y acabar con obstáculos como los prejuicios raciales o las discapacidades, los recortes económicos que se le están aplicando con la excusa de la crisis aumentan el riesgo de quiebra de esa igualdad. Los más vulnerables son los principales perjudicados por el recorte de becas o el fin de los conciertos de formación profesional.

Camilo, Ainhoa, Sandra, Pablo o Waqas pasan por un sistema educativo que no fue capaz de captar o retener a muchos de sus compañeros. Son los nombres que se esconden detrás de lo que los sociólogos denominan los “más vulnerables” y se caracterizan por su enorme tesón, una profunda determinación que les ha permitido continuar estudiando a pesar de que la norma general en su entorno sea no hacerlo. Aseguran ser motivo de orgullo para los suyos pero, sin embargo, continúan siendo excepciones en un país que cada vez destina menos recursos a terminar con esta realidad.

“Nadie libera a nadie, ni nadie se libera solo. Los hombres se liberan en comunión” escribe el educador Paulo Freire en su obra Pedagogía del oprimido. El transcurso del tiempo y de los acontecimientos parece haber convertido la propuesta de Freire en una lejana utopía. Al menos lo parece en España, donde en los últimos Presupuestos Generales del Estado se redujo la partida en Educación un 14,4% y constantemente se alzan voces que alertan de las graves consecuencias que sobre los más desfavorecidos pueden llegar a tener los recortes. El tratamiento de la diversidad, el apoyo a los alumnos con necesidades educativas especiales, son algunos de los servicios que, a juicio de asociaciones de padres y expertos, más se están viendo afectados por las políticas de austeridad. De hecho, en 2013, el Gobierno llegó a invertir en Educación compensatoria un 68´6% menos que el año anterior.

Rostros de la desigualdad. Camilo Torres tenía 17 años cuando dejó Colombia. Venía con su padre huyendo de la violencia que sacude el país americano e idolatraba esa Europa que aparenta no tener desigualdades. Sin embargo, seis años después reconoce haberlas padecido “como estudiante con pocos recursos y como extranjero”. “Aquí las desigualdades se encuentran ocultas y esto las hace más duras todavía”, argumenta este licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid, que podrá continuar con sus estudios sólo si las becas se lo permiten.

Hace un año que su padre tuvo que volver a Colombia ante la falta de empleo. Una marcha que para Camilo vino acompañada de una importante subida de las tasas universitarias en España. En concreto, en la Comunidad de Madrid, aumentaron un 38% con respecto al anterior año académico. Alejado de su familia, este estudiante vive con poco más de 400 euros al mes que apenas le permiten pagar el alquiler, “ni siquiera me llega para el trasporte”, comenta.

Camilo no deja de ser optimista a pesar de vivir pendiente de los recortes en las partidas para becas. De ellas depende su futuro, y de hecho todavía se le nota nervioso cuando recuerda cómo el curso pasado creyó estar expulsado de la universidad a falta de tres meses para ser licenciado. La Complutense decidió anular su matrícula por impago debido a que la concesión de las ayudas al estudio que otorga el Ministerio de Educación se demoró más de lo habitual. “Sin la beca no podía pagar y con la subida de las tasas era ya completamente imposible”.

“Parece que ahora las becas pretenden premiar la excelencia en lugar de garantizar la igualdad de oportunidades”, comenta José Luis Pazos, presidente de la Federación de Asociaciones de Padres de Alumnos(FAPA) Giner de los Ríos, que engloba a más de 900 organizaciones de la Comunidad de Madrid. “Se prima al que tiene recursos económicos en detrimento del que no los tiene”, argumenta ante los cambios que ha implantado el Ministerio y que podría dejar sin ayudas hasta 30.000 estudiantes.

“Los privilegiados siempre han querido pensar que debían sus privilegios a su valor personal” declara Mariano Fernández Enguita, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid donde dirige la sección de Sociología de la facultad de Educación. Quien rechaza la tesis del Ministerio de que la actual reforma educativa promueva la cultura del esfuerzo: “Claro que hay que promover el esfuerzo, pero pensar que las diferencias educativas a gran escala dependen de eso es una tontería, o peor, una gema ideológica. Las diferencias de logro entre el ministro Wert y sus hermanos probablemente puedan atribuirse en buena medida al esfuerzo pero las diferencias entre la familia Wert y la familia, digamos Jiménez, de cualquier poblado gitano, dependen muy, muy poco, de ello”.

Pero las políticas de austeridad no son una razón única, ni la causa exclusiva: aún en época de bonanza económica, comenta Pazos, la educación estaba lejos de conseguir la integración deseada. Y es que la propia debilidad del sistema afecta en mayor medida a los más desfavorecidos. “Todo fallo de la educación repercute de manera especial en los más vulnerables: desde el profesor mediocre, inexperto o irresponsable hasta la escasez o disminución de los recursos. Esto último afecta principalmente a los programas complementarios, a las partidas menos rígidas del presupuesto (...). Sufre antes la educación compensatoria de los alumnos con necesidades adicionales, por ejemplo, que la financiación de la jubilación anticipada de los profesores”, comenta Fernández Enguita. Solo en Cataluña y en el primer semestre se han recortado 2.501,5 millones de euros. Y en Andalucía los preofesores interinos denuncian que se han perdido 4.502 puestos docentes.

el peso de la propia cultura. De etnia gitana, Ainhoa Jiménez tiene 18 años y asegura tener una mentalidad diferente a la que predomina en el resto de su comunidad. “De pequeña me hacían el vacío los payos por ser gitana y los gitanos por querer seguir estudiando”. Aunque asegura haber superado esta situación, Ainhoa ha escogido un camino desconocido para muchos de los suyos. Es la primera en su familia que abandonará Santa Marta de Tormes, un pueblo de la provincia de Salamanca, para estudiar Derecho en esta ciudad. “Por un lado me tratan como si fuese el bicho raro, por otro me ponen de ejemplo”, argumenta.

Similar es el caso de Sandra Heredia. Diplomada en Turismo y Empresariales, con un posgrado de Sociología y Ciencias Políticas, ahora se está doctorando. Forma parte de Fakali, una asociación andaluza de mujeres gitanas y universitarias. “Tres términos que la sociedad no suele asociar”, defiende, y precisamente por ello, para romper estereotipos, crearon esta organización.

Se lamenta Sandra de los clichés, de los prejuicios que existen hacia un colectivo que siempre aparece relacionado con la exclusión social pero que, reitera, no es inherente a él. Precisamente, ésta es una de las razones con las que Mónica Chamorro, responsable de educación de la Fundación Secretariado Gitano, explica el fuerte absentismo escolar que se da en esta comunidad. Aunque en España no se recogen cifras diferenciadas por grupos étnicos, reconoce que se trata de un grupo de ciudadanos en el que un gran porcentaje no llega a terminar los estudios obligatorios y son pocos los que deciden continuar los posobligatorios y, como consecuencia, “todas las oportunidades, no solo a nivel laboral, sino a nivel de participación ciudadana, de igualdad de oportunidades se ven reducidas”.

Transformar la escuela. Pero al margen de las limitaciones externas, la institución escolar tiene, a juicio de Chamorro, enfermedades endémicas difíciles de erradicar. Defiende que está dirigida a un alumnado estándar, que mira la diversidad como una dificultad, en lugar de como una oportunidad y que es incapaz de responder a las necesidades que presentan muchos alumnos. Alude en su análisis a la falta de apoyo de la Administración, la escasa formación del profesorado, la segregación de alumnos por niveles y la existencia de centros-gueto como algunos de los problemas que dificultan la incorporación de este colectivo a las aulas.

“Aunque es preocupante que lleguen pocos (gitanos) a la universidad, el mayor problema es la enorme masa que ni siquiera termina la educación obligatoria. A eso se une el hecho de que estos titulados universitarios muchas veces no encuentran trabajo como tales y, sobre todo, que éste no revierte en su comunidad. Dicho de otro modo: creo que habría que incorporar a todos esos diplomados y licenciados gitanos, a todos los que quisieran, claro, como profesores o como trabajadores sociales para que sirvieran de puente y así hacerlos visibles ante su comunidad”, argumenta Fernández Enguita.

Sometidos a la invisibilidad se encuentran buena parte de estos estudiantes universitarios, cuya situación resulta imperceptible para su comunidad de origen. Padecen ese mutismo que Freire trataba de combatir hace más de 40 años en Pedagogía del oprimido, cuando reclamaba “transformar la cultura de silencio a la que fueron sometidas las clases populares –expropiadas también de su voz genuina y profunda– en una cultura de la palabra” y para ello se alude a la escuela como un instrumento poderoso de transformación social, eficaz para lograr la ansiada igualdad de oportunidades y capaz de provocar una integración a la que la sociedad se resiste.

Complejos desafíos que no dejan de tener algo de ilusorio porque “tampoco nos engañemos, la educación tiene mucha fuerza a la hora de crear y legitimar desigualdades, pero su capacidad de terminar con ellas es bastante limitada”, argumenta Fernández Enguita como si lanzara un jarro de agua fría.

hacerse visibles. En contra de su criterio, son muchos los casos en los que el sistema ha permitido llevar a la universidad a alumnos que parecían destinados a no hacerlo. Ejemplos que invitan a confiar, que ilusionan y que permiten apostar por un sistema que genera oportunidades de futuro a quienes habían sido invitados a resignarse.

Waqas Akran, uno de los dos estudiantes de origen pakistaní con los que cuenta la Universidad de La Rioja, llegó a España hace ocho años convencido de que seguiría siendo el alumno brillante que era en su país. Sin embargo, pasó por un centro de inmersión lingüística, entró en diversificación y tuvo que destinar dos años al aprendizaje del idioma. Ahora estudia Administración y Dirección de Empresas y su ejemplo, aunque le cueste reconocerlo, es motivo de orgullo para su comunidad.

“Genera mucha frustración pasar de ser un estudiante decente en Pakistán a ser el peor de la clase porque suspendes todas. Si no encuentras el apoyo de los profesores dejas de estudiar el primer año”, comenta Wakas, que en su país fue, durante cinco años, el mejor de su clase. Precisamente el empeño personal, su capacidad de trabajo, la confianza en sí mismo y la inducida por sus profesores hicieron que Wakas llegase a la universidad.

Estas mismas actitudes personales y este mismo compromiso del sistema educativo han dotado a Pablo Pineda de un futuro distinto al que parecía escrito en su historia de vida. Su caso es más conocido, ha recibido atención mediática, además de numerosos elogios y premios al convertirse en la primera persona con síndrome de Down en Europa con una carrera universitaria. Terminó Magisterio y ahora compatibiliza sus estudios en Pedagogía con una colaboración en la Fundación Adecco en la que expone su caso a distintas empresas.

Estudió en una escuela, un instituto y una universidad públicos, frente a esa norma general no escrita según la cual los síndromes de Down deben dejar el sistema normalizado de enseñanza para dirigirse a centros especializados, y es que Pablo defiende que es fundamental convivir con el resto de la sociedad: “Si no fuera así no hubiera podido conseguir todo lo que he logrado”.

en busca de oportunidades. Lo reconocían Ahinoa y Wakas, que han tenido que pelear para no hacer suyas las expectativas de su propia comunidad. Pero llegar a la universidad no forma parte de las aspiraciones de todos. Son muchos los que buscan un oficio cuyo aprendizaje garantiza la Formación Profesional. Llegar hasta allí supone también un éxito personal y no hay un ápice de conformismo cuando circunscriben a ella su horizonte.
Un modelo alternativo a la educación universitaria que tampoco se libra de la política de austeridad. “No hay ningún nivel de estudios en España que garantice el 60% de inserción laboral que tiene la formación profesional”, se posiciona Juan José Campo, jefe de estudios del colegio López Vicuña de Madrid, frente a la medida del Gobierno de esta Comunidad Autónoma de suspender el concierto de los ciclos formativos en toda la región y, en su lugar, dotar de un sistema de becas al alumnado con problemas económicos.

Cerca de 7.000 alumnos, el 17% del total de la FP, tendrán que pagar 360 euros al mes como consecuencia de una medida con la que el gobierno de la región pretende ahorrar 23 millones de euros y que Emilio Díaz, secretario regional de Escuelas Católicas de Madrid, califica de controvertida, severa y traumática, además de generar una gran incertidumbre y poner en peligro el esfuerzo desarrollado desde los centros en favor de una formación de calidad. “El profesorado está viendo cómo se reducen sus jornadas, se rebajan sus salarios e incluso podrían llegar a perder su empleo”, argumenta preocupado por la situación laboral en que quedarán los más de 500 profesores que se han visto afectados por el fin del concierto.

Una cualificación profesional que se ha transformado enormemente en los últimos años. Desde aquella FP1 y FP2 que recogía el fracaso escolar de la EGB, que “tenía un bajo nivel académico y no había formación en centros de trabajo”, hasta la actualidad, donde se compatibiliza un periodo de enseñanza en las aulas con prácticas en empresas que “genera un diseño académico impecable y comparable al de otros países europeos”, comenta Carmen Rodríguez, que lleva 25 años como profesora en el colegio López Vicuña.

En consonancia con esa adaptación a las expectativas de los alumnos, se manifiesta Marcelina Betancourt, directora de ciclos formativos en este colegio, acerca de una medida que está provocando un fuerte desgaste emocional en el profesorado y un enorme esfuerzo económico para los centros. “Nuestro referente son los jóvenes de un nivel socioeconómico medio bajo. Nuestro sentido de la existencia es ayudar a la juventud que más lo necesita”.

la libertad de decidir. “La enseñanza tiene que servir para transformar, no para reproducir lo que existe. Debe ser dinámica, no puede ser estática”, argumenta Pablo Pineda y, precisamente, esto es lo que han conseguido todos los entrevistados. Pero no solo han transformado la escuela, su ejemplo también ha trastocado sus comunidades de origen, que ven incrédulas cómo es posible formar parte de un sistema del que parecían expulsados de antemano. “Es muy importante el efecto que causas a nivel familiar. A partir de mí, mis primas aspiran a tener una profesión”, comenta Sandra Heredia.

Son “los más vulnerables” y por tanto los primeros de los que el sistema educativo se olvida cuando le sacuden los recortes. Algo que estos estudiantes han podido contrarrestar con la tenacidad que les caracteriza y su firme decisión de no conformarse con el camino que para ellos se había diseñado. Han luchado contra las desigualdades que la sociedad genera, una tarea que parece que ha quedado delegada exclusivamente en la escuela. Una institución obligada a batallar contra diferencias sociales, culturales y económicas fuertemente arraigadas.

“El objetivo de la escuela deber ser ofrecer al alumnado un modelo cultural y de valores distinto, abrirles ventanas al mundo, que conozcan sus potencialidades y los aspectos positivos y negativos de su cultura. Así, en un momento determinado, ese átomo de libertad que tú les has dado les podrá ayudar a decidir por sí mismos”, sentencia Carmen Arnedo, directora durante ocho años del Instituto Batalla de Clavijo de Logroño, uno de los centros riojanos con mayor diversidad cultural en sus aulas. Y precisamente estos alumnos han hecho uso de esa libertad y han tomado decisiones que rompían barreras, prejuicios e iban en contra de la norma instaurada en sus comunidades de origen. Hacer que ellos no sean una excepción será el reto de esta sociedad o quizá, si las políticas y las mentalidades no cambian, se convierta en un desafío para las generaciones futuras. •
 
 

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