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Homosexualidad: el amor que genera odios

Sufren el insulto, la marginación, son aún hoy en nuestro país las principales víctimas de delitos de odio. y, cuando son creyentes, se ven excluidos de la iglesia de la que se sienten parte. los homosexuales demandan ser tratados como lo que son: tan iguales y tan diferentes como tú y como yo.

 
-ENCABEZADO-

Homosexualidad: el amor que genera odios

Por Cristina Ruiz Fernández @multimilitante

Sufren el insulto, la marginación, son aún hoy en nuestro país las principales víctimas de delitos de odio. y, cuando son creyentes, se ven excluidos de la iglesia de la que se sienten parte. los homosexuales demandan ser tratados como lo que son: tan iguales y tan diferentes como tú y como yo.

Mucho se ha debatido y estudiado sobre las causas de la homosexualidad. Sin embargo, más allá de orígenes biológicos, genéticos, sociales o educativos, la realidad es incontestable: una parte de la población mundial se identifica como homosexual, bisexual o transexual. Y esa identificación, determinada por la vivencia de la sexualidad, no es una definición absoluta ni un encasillamiento. “Un homosexual es un ser humano normal, con todo lo bueno y todo lo malo”, responde sin dudar Rafael, un joven gay madrileño. “Es una persona que establece exactamente el mismo tipo de vínculos y relaciones que un heterosexual”.

En la misma línea se expresa Boti García Rodrigo, presidenta de la Federación Estatal de Gays, Lesbianas, Transexuales y Bisexuales (FELGTB): “Somos una variante más de la rica diversidad humana”. Así, con treinta años de diferencia de edad, un gay de a pie sin ningún tipo de militancia y una activista comprometida desde hace décadas en el movimiento LGTB llegan a la misma conclusión. Y es que ellos y ellas no quieren ser especiales, quieren ser iguales. “Somos iguales con nuestras diferencias”, reitera Boti. “Especial ha sido la mirada que se ha vertido sobre nosotros y ese envenenamiento que se ha conseguido con la mirada”.

Reivindican que el hecho de que su atracción y su amor pueda dirigirse a personas del mismo sexo no hace que deje de ser amor, el mismo amor. Pero, si es de sentimientos positivos, como el afecto, de lo que hablamos, ¿por qué su orientación sexual o su identidad de género produce ese “envenenamiento”?, ¿por qué su amor genera todavía odios en la sociedad?

Penas, agresiones y suicidios. Con motivo del Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia, que se celebró el pasado 17 de mayo, Amnistía Internacional hizo una recopilación de los Estados donde existen leyes y reglamentos que limitan los derechos de las personas LGTB. Países como Camerún, donde el Código Penal criminaliza los actos homosexuales como delito castigado hasta con cinco años de prisión o Uganda, donde este año el presidente Yoweri Museveni aprobó un proyecto de ley contra la homosexualidad que prevé la cadena perpetua en caso de relaciones homosexuales y la extradición de los ugandeses que mantengan relaciones homosexuales en el extranjero.

Pero el sufrimiento no se debe solo a la criminalización penal, sino también a las agresiones y violencia física en países como Haití, Panamá, México o Ucrania. Y cabe destacar también el ejemplo de Rusia donde, según Amnistía Internacional, “la policía no suele proteger a las personas LGTB de los ataques violentos” y el gobierno de Vladimir Putin decretó como ilegales en 2013 los actos públicos del colectivo LGTB, como las manifestaciones del Día del Orgullo Gay.

“Somos una minoría que ha estado tradicionalmente despreciada, marginada, machacada, discutida, vilipendiada… y más aún”, reclama Boti Rodrigo. “Siempre que se ha podido se nos ha perseguido, se nos ha quemado, se nos ha metido en psiquiátricos, se nos ha encerrado en cárceles, se nos ha matado y todavía en demasiados países del mundo se nos sigue marginando, encarcelando y asesinando”.

Pero no hace falta irse lejos, dado que los estudios también ponen de manifiesto la existencia de ataques en nuestro propio país. Según un documento publicado recientemente por el Ministerio del Interior sobre los delitos de odio en 2013, las agresiones por orientación o identidad sexual son las mayoritarias: 452 de un total de 1.172 delitos de odio contabilizados, superando a las agresiones de motivaciones racistas (381) y a las que sufrieron las personas con discapacidad (290).

Por su parte, la FELGTB ha elaborado un informe con datos obtenidos por medio de su página web en la que, a través de un formulario, invitan a las personas homosexuales, bisexuales y transexuales a denunciar los actos violentos que sufren física o verbalmente. Por dicha vía el año pasado recibió 103 casos, de los que el 4% eran situaciones de violencia física extrema (asalto sexual o con arma) y 31 casos hablaban de agresiones físicas y, de estos últimos, el 80% eran personas entre 18 y 35 años.

El 39% de estos actos violentos se dio en espacios públicos, el 10% cerca del hogar y un 14% en la propia casa. Un dato relevante es que el 8% de las agresiones registradas se produjo dentro de un centro escolar, lo cual visibiliza un fenómeno que se ha dado toda la vida en los colegios e institutos, donde los casos de bullying aparecen asociados a chicos y chicas con identidad de género u orientación sexual distinta de la mayoritaria.

“Este tipo de agresiones está dificultando también la salida del armario, porque la persona no sólo se tiene que enfrentar al estigma y a la intolerancia social, sino que se tiene que enfrentar además a la intolerancia criminal”, explica Esteban Ibarra, presidente del Movimiento contra la Intolerancia. “Me preocupa mucho toda la agresividad, el discurso de odio homófobo que se está produciendo en Internet”, destaca especialmente. “Hay decenas y decenas de páginas hechas en España, mensajes en foros, en Facebook, en redes sociales en contra de los homosexuales y esto puede llegar a una situación muy extrema en el mundo adolescente”. Ese bullying homófobo está llevando a muchos chicos y chicas adolescentes incluso a plantearse el suicidio, según informaciones de la FELTGB.

“Ya no es una cuestión de igualdad ni de libertad sino que se está despreciando la existencia de la vida misma de estas personas”, afirma Ibarra. “Hay que recordar siempre el asesinato de Sonia Palmer, que fue una mujer travesti a la que reventaron a palos en el Parque de la Ciudadela en 1991”, nos señala. “A veces hay ataques de grupos homófobos, grupos neonazis que se dedican a la caza del homosexual y producen agresiones a veces incluso irreparables, asesinatos…”.

Recordar, para no repetir. Porque en los campos de exterminio en tiempos de Hitler no sólo se acabó con la vida de judíos y gitanos, sino que también se masacró a homosexuales, a personas con síndrome de Down… “¿Cuál era el elemento común que tenían todos ellos para los nazis?, que eran sub-humanos, eran vidas sin valor”, recalca el presidente del Movimiento contra la Intolerancia. “Pero nadie es sub-humano, nadie pierde nunca su valor como persona”.

Fundamentalismo y rechazo. Para Aurelio Lepe, cristiano protestante, gay y activista, “es cuestión de fundamentalismo, es una mezcla de miedo y de no querer que les cuestionen algo que es inamovible”. En ese mismo sentido opina Alberto Rodrigo, coach especializado en homosexualidad masculina: “Creo que es por fundamentalismo: ‘esto es lo que la Biblia dice’ y ahí habría que poner muchas comillas porque la Biblia dice muchas cosas” y nos habla a continuación de literalismo y de interpretaciones distorsionadas a lo largo de la historia “porque la homosexualidad siempre ha sido algo muy tabú”.

Esto se traduce, por ejemplo, en declaraciones públicas de obispos y jerarcas pero también en dificultades a la hora de desarrollar la vida de fe en algunas parroquias, ejercer como catequistas o monitores, expresar públicamente la orientación sexual o la identidad de género.

“Yo ahora tengo 45 años pero hasta los 36 básicamente me negué no solamente al tema sexual, que es importante, sino también al tema afectivo”, nos cuenta Alberto, que en su infancia y juventud se crió en una familia muy creyente, primero católica y luego convertida a una Iglesia protestante. “Lo suplía por otros canales, porque el afecto y el cariño no se limitan a la pareja, pero fueron muchos años de lucha interior, de pensar en un Dios que no podía aprobar eso y yo quería realmente agradar a Dios”.

La implicación en su Iglesia antes de salir del armario era muy intensa. Alberto lideró el grupo de rock Comisión, que fue hace una década una de las formaciones de música cristiana más rompedoras y con más éxito en España. “Cuando tuve que aceptarme a mí mismo sentí que tenía que renunciar a ello, a la institución”, recuerda, “porque cuando yo dije que mi orientación era hacia los hombres la única solución que tenía para seguir en la Iglesia era ‘o tomas esto como tu cruz y entonces renuncias a tu sexualidad y te haces célibe o puedes pecar, aunque sea cada fin de semana, tener relaciones con quien quieras mientras tú siempre reconozcas que eso es pecado y digas que quieres cambiar’, me lo llegaron a decir claramente”. Pero Alberto se negó porque, para él, eso iba en contra de vivir una vida sana, una vida gratificante. “Porque para mí ser homosexual no se encierra solo en el sexo”.
“No puedes venir a la Iglesia, pero Dios te ama, lo que pasa es que vas a ir al infierno”, recuerda que le decían en la Iglesia. Por eso, para intentar cambiar su orientación sexual, Alberto realizó todo tipo de intentos que fueron desde el ayuno y la oración a la terapia reparativa –que le resultó muy dañina– e incluso a probar en EEUU y México con organizaciones dedicadas a “curar la homosexualidad”, como Exodus International. Esta última organización el año pasado anunció mediante un comunicado el fin de sus actividades y pidió perdón por el daño que había ocasionado a lo largo de casi cuatro décadas a las personas LGTB.

“Esto se puede corregir y, además, en tu caso es fácil porque no estás metido en el mundillo, no has tenido relaciones…”, me decían. Pero ese era un camino imposible de recorrer y, por ese motivo, Alberto decidió dejar la Iglesia e iniciar una nueva vida, “gracias a Dios a los pocos días de eso conocí a mi pareja, a mi actual marido”.

“No he renunciado a mi espiritualidad pero sí tuve que borrar todo para poder empezar a descubrir a Dios de manera distinta”, nos cuenta. “Yo me siento igual, me encanta la oración, la meditación, estoy enamorado de la gente”. Tal vez por eso ha optado por el coaching, para reconducir su vocación de ayudar a otras personas a ser más felices y más fieles a sí mismas. “Aunque sólo fuera por empatía, me di cuenta de que dentro del colectivo gay podía tener bastante labor, porque no es lo mismo contar algo a alguien que sabes que lo ha vivido, que lo ha experimentado”. Especializado en hombres homosexuales y también en identidad de género, Alberto afirma: “Mi corazón está más con la gente que vive en la noche, me interesa mucho la transexualidad, el proceso que tiene que requerir desde que uno decide operarse hasta que consigue el cuerpo que desea”.

En ese camino, Alberto ha encontrado un paralelismo en la manera en que la sociedad actual concibe la sexualidad y la espiritualidad, dado que ambas han sido “metidas en una caja”, etiquetadas, acotadas y categorizadas. “La religión no es capaz de comprender la espiritualidad porque se le escapa”, explica, “a Dios no se le puede encerrar, Dios no cabe en una caja”. Y en la misma línea “los estereotipos que tradicionalmente se han considerado como normales tampoco son capaces de abarcar lo que es la sexualidad: existe mucho más que heterosexuales, homosexuales, bisexuales y transexuales. Creo que la sexualidad es algo tan íntimo como la espiritualidad y tan profundo y tan mágico que da miedo, por eso hay que intentar de alguna manera acotarlo y definirlo”. La diversidad del ser humano se muestra mucho más rica que las etiquetas que tradicionalmente se le colocan.

Para apoyar en estos procesos personales en los que la fe es importante para las personas homosexuales, bisexuales y transexuales se creó el Área de Asuntos Religiosos de la FELGTB. El encargado de coordinarla es Chema Muñoz Parra, que también es miembro de Crismhom una asociación cristiana ecuménica de diversidad sexual en Madrid. Al área llega todo tipo de gente, incluso familias para apoyar a sus hijos e hijas, personas ateas que se acercan porque para sus parejas es importante la dimensión religiosa…

“Cada cual puede tener las creencias que quiera y eso es respetable, pero la jerarquía católica ha hecho horrores con nuestra realidad”, subraya Boti García Rodrigo. En términos muy distintos se expresa la presidenta de la FELGTB sobre la Iglesia de base: “Fantásticamente, tenemos la relación mejor del mundo: un diez en cuanto a visión inteligente, englobadora, ecuménica… y un cero a la jerarquía”.

Abrir caminos. Las dificultades para la vivencia plena de la diversidad sexual en la Iglesia hacen necesario abrir caminos y eso es lo que están intentando hacer Rosa y Silvia, que, tras 16 años como pareja –la mayor parte de ese tiempo sin hacer pública su relación a nadie de su entorno– han decidido casarse.

Nos reciben en su casa para compartir su trayectoria que comenzó en el monasterio ecuménico de Taizé. “Yo me dije: ‘esto es lo más grande que he encontrado” pero “sólo va a funcionar si nos callamos… y eso es algo imposible, no funciona”, explica Rosa. “El no poder exteriorizarlo por tener miedo a que hubiera rechazo nos ha hecho vivir casi una doble vida, solamente éramos pareja dentro de casa porque ningún amigo ni ningún familiar lo sabía”, nos cuenta Silvia. “Llegó un punto en que entramos en crisis, eres pareja y tienes que ser pareja en todas partes y si no lo normalizas empieza a haber bloqueos”.

Gracias al trabajo personal y al trabajo de pareja fueron dando pasos para normalizar la situación. “Ha sido mas fácil de lo que pensábamos, era más miedo al rechazo que el propio rechazo que luego ha habido”, prosigue Silvia. “Pero lo más difícil ha sido vencer una educación que hemos tenido, lo que yo llamo homofobia interna”.

Conjugar su vida de pareja con la fe era algo imprescindible para ellas. “La fe ha sido algo capital, tanto para ella como para mí”, dice Rosa, “es la guía de nuestras vidas independientemente de que seamos pareja o no y yo tenía muy claro que no iba a renunciar a mi fe”.

“Somos muy conscientes, hemos estado buscando, investigando… En la Iglesia hay muchas preguntas, es un tema que está abierto y la Iglesia tiene que hacer algo con él”, prosigue. “El nuevo papa también sabe la incoherencia que hay entre reconocer que existe la posibilidad de la homosexualidad y, al mismo tiempo, no ofrecer una respuesta porque eso es lo que está pasando. Entonces… ¿nosotros dónde estamos, dónde nos quedamos?”.

Mientras la Iglesia decide dar pasos de apertura, ellos y ellas siguen adelante. “Nosotros vivimos y nuestra realidad está ahí y tenemos que hacer algo con ella”, recalca Rosa. “En nuestro caso seguimos viviendo con normalidad nuestra condición de creyentes, aun sabiendo que la Iglesia todavía no está preparada para comprender estas situaciones”.
Y, entretanto, siguen buscando, “inventando y, a la vez, creando algo nuevo mientras la Iglesia no nos da respuestas”. Por eso Rosa y Silvia se casan este verano en un ayuntamiento de la sierra de Madrid y, tras la ceremonia, celebrarán una oración en la ermita del pueblo, gracias a que el párroco se la cede. “Siempre nuestra idea es no saltarnos lo que no se puede hacer, recalca Silvia. “A mí no me gustaría hacer ninguna celebración saltándome lo establecido”. No quieren imitar una boda ni “ofender a nadie” sino hacer una sencilla oración y, posiblemente, que un amigo sacerdote les dé la bendición. “Yo me siento parte de la Iglesia y esperaré a que la Iglesia dé los pasos que tenga que dar pero, mientras tanto, yo creo que nadie nos puede negar hacer una oración, celebrar de alguna manera nuestra fe y ésta es la puerta que hemos encontrado”.

“Un sacerdote nos dijo que nuestra situación era puro Evangelio, estamos en una situación muy rechazada y Jesús se hace presente ahí”, dice Rosa. “Jesús vino a enseñarnos amor, misericordia y no a juzgar”. En el mismo sentido se expresa Silvia: “Jesús es puro Amor, Dios es Amor, entonces por qué el hecho de que yo me enamore de una chica, que es un acto bueno, ya no va a entrar en ese Dios es amor”.

“Cuando hay tanta gente reflexionando en torno a esto, es que el espíritu está soplando por ahí”, dice también Aurelio Lepe quien, como todas las personas a las que hemos entrevistado, se plantea sin necesidad de que preguntemos qué haría Jesús hoy. “Yo creo que estaría en una boda del mismo sexo, con amigos… no empezaría a bombardear versículos bíblicos”.
También Alberto habla en este sentido: “Si Jesús estuviera aquí, entre nosotros, andaría como anduvo, con un grupo reducido, con pocos y, probablemente, mucho más cercano de los gays y prostitutas que a los fariseos o las altas esferas”. Y así también se expresa Boti, rotunda: “Cristo a estas alturas de la película integraría también entre el número de sus elegidos a una persona que fuera homosexual, bisexual o transexual”.

El camino está abierto, a pesar del sufrimiento y las críticas. “Hay determinadas situaciones, determinadas heridas que pueden arrojar luz, por eso nosotras somos una riqueza para la Iglesia, porque tenemos un montón de cosas que aportar”, concluye Rosa. •
 
 

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