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Musica cristiana: melodías de espiritualidad y compromiso

Son artistas creyentes y hacen de la música una herramienta para transmitir su experiencia de fe, sus valores y su lucha al servicio de la transformación social. Es lo que podría definir ese género musical marcado por la espiritualidad y el compromiso. Pero muchos buscan también nuevos lenguajes para llegar a todo el mundo, para compartir valores reivindicando la calidad musical. Nos hemos preguntado cómo respira en nuestro país eso que se denomina ‘música cristiana’ y que en otros países arrasa con bandas contemporáneas como Delirious? o Hillsong.

 
-ENCABEZADO-

Musica cristiana: melodías de espiritualidad y compromiso

Por Silvia Melero Abascal ‏@SilviaMeleroAba

Son artistas creyentes y hacen de la música una herramienta para transmitir su experiencia de fe, sus valores y su lucha al servicio de la transformación social. Es lo que podría definir ese género musical marcado por la espiritualidad y el compromiso. Pero muchos buscan también nuevos lenguajes para llegar a todo el mundo, para compartir valores reivindicando la calidad musical. Nos hemos preguntado cómo respira en nuestro país eso que se denomina ‘música cristiana’ y que en otros países arrasa con bandas contemporáneas como Delirious? o Hillsong.

Hace un par de meses, el videoclip de una canción sobre la Virgen María revolucionaba las redes sociales. Más de 20 millones de visitas tiene ya el tema Mary, did you know?, escrito por el compositor cristiano estadounidense Mark Lowry e interpretado a capela por el grupo Pentatonix. ¿Tendría en España la misma acogida una canción de temática explícitamente religiosa?

Se lo preguntamos a uno de los referentes de lo que se denomina ‘música cristiana’ en nuestro país: el cantautor Migueli. “En España hay muchos prejuicios. Aquí ser músico cristiano suena a ñoño, es algo peyorativo, mientras que en el mundo entero te respetan”. Piensa en el mundo anglosajón protestante, que tiene una fuerte relación con la música. Por ejemplo, la banda de rock inglesa Delirious? es una referencia en la Modern Worship dentro de la Christian Music. Incluso uno de sus temas formó parte de un disco recopilatorio en tributo al grupo U2. “En el mundo protestante hay un cuidado, un tono laico (las decisiones las toman laicos) y hay bandas como Delirious? Aquí eso ni se vislumbra. No hay circuitos, es imposible. Latinoamérica tiene también mucha relación con la música, pero las letras católicas son demasiado explícitas para nosotros. A mí me encanta la banda brasileña Rosa de Saron, son alucinantes”, confiesa Migueli.

Rosa de Saron hace música de gran calidad dentro de lo que se llama White Metal católico. En dos ocasiones sus discos han sido nominados como mejor álbum cristiano en portugués en los Grammy Latinos. Por encima de géneros, Migueli considera que lo que existe es la música. “Es un don y hace bien en sí mismo. Uno tiene que ser músico, creérselo y que la gente te acepte como tal. A partir de ahí, hay muchos estilos, matices, y hay una opción explícita que es transmitir tu fe a través de la música. Es muy amplio, pero creo que sí hay un género de música cristiana muy reconocido, mucho más en otros lugares que aquí. En otros países se ve con más naturalidad”.

Los orígenes. A los 17 años, cuando formaba parte de una comunidad que acogía a chavales con problemas de exclusión, el cantautor empezó a tocar y componer. “Me hacía preguntas y sentía que podía darles rienda suelta a través de la música. Luego ya todo se fue enredando, me pedían que tocara, llegaron los conciertos, los discos, las giras… Cuando das, la gente te devuelve mucho”. Migueli hace una sección sobre música cristiana en el programa Últimas preguntas de La 2 de TVE. En España hay propuestas musicales como las del padre Jony, Luis Guitarra, Maite López, Anawin, La voz del desierto, Nico Montero o Kairoi. Pero los orígenes de todo este movimiento los encontramos en Brotes de Olivo, grupo que sigue tocando 44 años después, defendiendo en sus canciones un contenido cristiano explícito, como explica Judith Morales. Empezó a cantar cuando tenía cinco años. “Cantábamos la palabra de Dios con interpretaciones abiertas, se fue creando un movimiento a través de la canción y un estilo de vida impulsado por mis padres y el grupo de matrimonios que lo respaldaba en esa comunidad cristiana que hoy forman 13 familias”.

Gratuidad. Para Judith, una de las cosas que más define el proyecto de Brotes de Olivo es la gratuidad. “Gratis lo habéis recibido, dadlo gratis. Creo que por eso llega más al corazón. Estamos en un momento de crisis difícil. No queremos poner precio a un concierto pero tampoco queremos dejar de ir a un sitio por la dificultad económica, necesitamos cubrir unos gastos. La esencia es que ninguna persona se quede sin venir a un concierto nuestro porque no pueda pagarlo. Dios no le pone puertas a nadie”. Defiende que se cante desde la libertad. “Si algo no te predispone, siéntete libre de no hacerlo por obligación”. También considera que su música puede traspasar las fronteras de la fe. “La música es un lenguaje que entiende cualquiera. Es una herramienta para transformar el mundo, pero primero hay que cambiar lo que está dentro de ti, examinarse y crear algo nuevo. Cantamos también para gente que no tiene ese sentido trascendente y resulta que ese mensaje profundo pega un resorte y hace que se muevan hilos internos. Nos dicen que nuestras canciones hacen mucho bien”.

En su caso, el Evangelio y la oración se hacen presentes en las letras para transformar el mundo. Objetivo que comparte Álvaro Fraile desde el empeño en actualizar la forma de contar. “Hago música, y como soy cristiano, en todas partes me ponen como ‘cantautor cristiano’. Creo que hago canciones con valores y, además, soy cristiano. A quien no comparte mi espiritualidad le pueden llegar mis temas. Mi lucha es estar en un lenguaje común para todas las personas. Traducir al lenguaje de hoy mi experiencia de vida para que lo entienda todo el mundo porque son vivencias cercanas”. Por eso la música de Álvaro y Migueli no está sólo presente en ambientes católicos sino que llega a salas madrileñas como Galileo Galilei o Libertad, 8.

Mensaje versus calidad. Álvaro explica que entre sus referencias musicales están bandas estadounidenses de rock cristiano como Third Day o Leeland. “El problema es que en España lo que sería la música cristiana ha estado por tradición en un sólo foro: las parroquias, en las que incluso se puede cantar mal o con una guitarra desafinada (dicho con todo el cariño). Fuera de España hay grupos cristianos americanos o ingleses que suenan en la radio, son modernos, hacen conciertos para multitudes. Hillsong es muy conocido. Incluso teniendo algunos un lenguaje demasiado explícito (yo no vivo la espiritualidad de esa manera) su aportación musical es de mucha calidad. En España se supedita todo más al mensaje que a la calidad musical. No se ha renovado el estilo, eso lo relega a terrenos parroquiales o colegiales”.

Migueli reivindica también la calidad musical. “No estamos hablando de las canciones que se cantan en misa. Y algunas están muy bien, es muy difícil hacer canciones para la liturgia, pero una cosa es lo que se canta dentro de una Iglesia y otra cosa es la música que hacemos. Mi música no es en absoluto excluyente, no es sólo para creyentes. Y al mismo tiempo no le tiene que gustar a todos los creyentes”. Observa un mayor interés por la espiritualidad en la actualidad. “Veo que la gente cada vez está más abierta a lo espiritual, hay un renacer en esto porque es que, si no, nos vamos a morir de pena. Agarrarnos al terruño no forma parte de nuestra naturaleza. Esta música está rebrotando en el corazón de la gente, amaneciendo, viviéndose como una necesidad absoluta de volver a lo humano y alejarse de lo material. No es todo tener, es compartir, buscar por dentro, no ofrecerles a mis niños el último capricho o la posibilidad de estudiar en Tailandia sino criarlos felices, con unos valores que les llenen”. Coincide con él Álvaro, con matices. “Es cierto que en España está muy mal vista la fe y cada vez hay más apertura al contenido espiritual, a vivir la vida de manera más profunda, pero no necesariamente conectada a la vivencia cristiana sino a otras expresiones como el yoga o la meditación”.

Voz de las causas sociales. Es habitual ver actuar a estos músicos apoyando causas sociales y levantando su voz contra las injusticias. Algunas de esas voces están en el álbum colectivo Santa María de los indignados, cuya recaudación va destinada al Fondo de Solidaridad Internacional de la HOAC, como cuenta Manolo Copé. “Yo entiendo por música cristiana la música que brota, que nace de la fe, del compromiso, de la esperanza. Hay quien piensa que música cristiana es exclusivamente aquella que trata temas religiosos o que habla de Cristo. Ambas opciones son válidas y una muestra de esas dos formas de entenderla ha quedado recogida en el doble disco Santa María de los indignados”. Manolo también es consciente de que queda mucho camino musical por recorrer. “Tenemos que ser más autocríticos, buscar mejor manera de transmitir a la sociedad y a la gente que no es creyente que la propuesta de Jesús de Nazaret y su Evangelio puede hacer que esta humanidad sea más como Dios la soñó. Y no vendría nada mal contar con apoyos más institucionales, con una apuesta clara por parte de órdenes religiosas, diócesis o de la propia Conferencia Episcopal, de alguno de sus departamentos, que dieran soporte y cobertura a la propuesta que se hace hoy en España en lo relativo a la música cristiana”.

Defienden ante todo que la persona es lo primero y la música la acompaña. Según Migueli, los conciertos tienen un poder inmenso para visibilizar problemas, mover causas, poner luz. “Me siento implicado en muchas causas, nuestra vida está enfocada a ayudar. Tengo un imperativo interior, espiritual, para cantarle a la esperanza, hace falta compartir lo poco que tenemos. No tengo problema en hablar de Jesús pero el grueso de mi obra es hacer que la gente busque hacia adentro, mire su interior, encuentre el silencio, se comprometa, lo pase bien… Es una propuesta más amplia para buscar otros rincones de la persona menos explorados”. •
 
 

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