Silvia Melero Abascal

Música insólita: instrumentos que hablan

Si les contamos que serruchos, sartenes, contracubos, violines-bufanda, ukelines, theremines, escobanjos, buzukis, gaitas-butano y ladrillos son instrumentos musicales, pensarán que esto, más que un reportaje, es un cuento. Y algo de mágico sí hay en esta historia. Asíque mejor abran bien los oídos para escucharlos a ellos (los instrumentos) y a quienes los interpretan: personas bastante insólitas.

 
-ENCABEZADO-

Música insólita: instrumentos que hablan

Por Silvia Melero Abascal @SilviaMeleroAba

Si les contamos que serruchos, sartenes, contracubos, violines-bufanda, ukelines, theremines, escobanjos, buzukis, gaitas-butano y ladrillos son instrumentos musicales, pensarán que esto, más que un reportaje, es un cuento. Y algo de mágico sí hay en esta historia. Asíque mejor abran bien los oídos para escucharlos a ellos (los instrumentos) y a quienes los interpretan: personas bastante insólitas.

Lleva más de dos siglos callada. La lira organizzata dio su último concierto en la corte de Fernando IV. Para ella compusieron piezas Haydn y Mozart. Luego desapareció. Ahora, recuperada, ha viajado desde Viena, en furgoneta, para llegar a las manos de Germán Díaz. “Es un isntrumento muy complicado en la ejecución y la afinación, requiere mucha paciencia. Su parte principal es la zanfona, a la que añadieron el órgano”. El lutier austriaco W. Weichselbaumer ha logrado hacer cuatro reconstrucciones, ofreciéndole una a Germán, quien, por primera vez en la historia y en el mundo ha creado un repertorio contemporáneo para que vuelva a sonar. “La ventaja de tocar cosas raras es que si te equivocas no se nota mucho”, bromea mientras reivindica “la fisionomía mágica y el sonido singular de la zanfona”.

Su propuesta (Le Voyage), acompañada por la tuba de David Herrington, ha formado parte del Festival de Intérpretes e Instrumentos Insólitos que celebra su quinta edición en Burgos. “Insólitos porque son milenarios y desconocidos para el gran público o, aún siendo cercanos, no se conocen, como el rabel (muy burgalés) y otros porque no son instrumentos pero el ser humano los utiliza para hacer música”, explica Diego Galaz, director del festival. Uno de los efectos de su iniciativa es que el público ha perdido el miedo a ver cosas diferentes. “La gente ha entendido que algo insólito puede ser divertido. Tenemos desde niños de seis años hasta mayores de 70. Pero no sólo es el factor sopresa, pretendemos que la propuesta artística sea seria y sólida restando solemnidad y distancia. La música tiene que emocionar y divertir”.

Entre otros instrumentos, Diego toca el serrucho en su formación musical Fetén Fetén. “Es un icono de los instrumentos insólitos y es un buen ejemplo de cómo las cosas se pueden ver de una forma y de otra. Para la mayoría de la gente un serrucho es una herramienta de cortar, para mí es un instrumento”. Cuenta que es complicado tocarlo (se frota la hoja con un arco) pero de sus manos sale hasta el Ave María de Shubert.

Cualquier tubo con agujeros. A otro de los intérpretes más insólitos lo encontramos en Barcelona. Cualquier agujero por el que se pueda soplar es un desafío para Xavi Lozano (Bufa & Sons). Lo mismo da que sea una valla de obra, una escalera de aluminio, una aceituna sin hueso o una silla plegable. “A los 20 años me enamoraron las flautas de bambú, empecé por la India. Luego un día, estudiando flauta árabe, estaba con mi abuelo y vi su muleta apoyada en la pared. Yo tengo la vista entrenada para buscar objetos por los que se pueda soplar, así que vi claramente que la muleta era una flauta (en mi planeta, cualquier tubo con agujeros es una flauta). Toqué la muleta y, encima, hizo gracia”. A partir de ahí, no hay tubo que se le resista… Casi. “Hay límites, por ejemplo me pasa con los pimientos, no logro hacer que suenen. Sí lo he conseguido con la patata, al tener un cuerpo denso, haces un agujero y se puede soplar”. Xavi hace una versión de The Wall (Pink Floyd) con un ladrillo y toca también Blackbird (The Beatles) con un grifo. “Yo uso cotidiáfonos de soplido, es mi especialidad. Soy el primer sorprendido cuando estas cosas no sólo suenan bien sino que se puede ejecutar música como con cualquier otro instrumento. Los niños en el espectáculo que hago me llaman mago musical”.

Folclore de vertedero. De magia saben mucho los andaluces Joaquín Sánchez y Miguel Guinea (Vibra-Tó). Son recicladores profesionales y reivindican el folclore de los vertederos, haciendo música de reciclorquesta con regaderas, latas de aceite, perchas, llaves inglesas… Así, de una manguera sale una trompeta y de un desatascador una gaita. “Buscamos acercar la música a los niños y niñas desmitificando la imagen del músico y aprovechando que todo el mundo tiene musicalidad dentro”, dice Miguel.

En sus talleres con materiales reciclados los peques inventan un arpa-limpia con un bote de detergente o una flauta-maraca con una pajita de beber. “Hay niños que han abandonado un instrumento porque en algún momento les han dicho que no valen. A lo mejor lo suyo no es la interpretación clásica del siglo XVII pero pueden descubrir otras cosas”. Coincide Joaquín en la necesidad de salir del camino único y el pensamiento convergente. “Los niños quieren volver a experimentar y crear. El único camino no es el conservatorio, donde se hace un 0,01% de todas las músicas posibles, por decirlo de alguna forma. Está bien formarse pero no reducir opciones. Todo el mundo puede tocar un escobanjo o un contracubo y eso genera una actitud: si puedes crear un instrumento puedes hacer otras cosas”.

Hace poco han estado en la planta de oncología y salud mental infantil de un hospital en Granada. “Le dimos la vuelta a jeringuillas, bolsas de suero, tubos de sangre y con ellos hicimos instrumentos. Fue super bonito”, recuerda Miguel.
Mauro Paganini también se ha fabricado su bajo-mesa de noche y su biolata. “Hay que investigar, tener constancia. Si uno es sincero tiene que arriesgar, ¿qué es lo peor que te puede pasar, que te tiren un tomate?”. Mauro crea un universo visual (no sólo sonoro) en el que caben lámparas, latas, muñecos y gárgaras de agua. “Es lo que sale de mi imaginario y sensibilidad. Con un poco de inventiva y un par de euros puedes transformar utensilios y hacer música”.

Arriesga también El Show de Dodó uniendo a su apuesta musical lo teatral. “Yo sólo conocía instrumentos clásicos, tradicionales, siempre he tocado el violonchelo, hasta que Diego Galaz me presentó al phonofiddle y me cambió todo. De repente, el arte se agranda con estos instrumentos”, confiesa Marina Sorín (integrante de Mastretta). El objeto en cuestión data de 1910 y, sintetizando, se compone de palo, cuerda, aguja y campana. “Funciona como un gramófono antiguo, lo toco por intuición, no pienso en notas. Eso anima a improvisar, a vivir la música desde un lugar menos racional, me da más libertad. La gente flipa, se emociona, suena como un canto de sirena”.

Para Luis Delgado estos instrumentos aportan una tímbrica nueva, un lenguaje diferente. Habituado a la música antigua (tiene una colección de más de mil piezas, parte de la cual puede verse en el Museo de la Música de Ureña en Valladolid), considera que los instrumentos medievales no son insólitos, “son excepcionales desde nuestra óptica hoy, como las violas de brazo”. Ha tenido oportunidad de tocar reliquias, fragmentos de instrumentos que podrían haber sido flautas prehistóricas. “Los insólitos contemporáneos surgen cuando la tecnología permite fabricar con otros materiales y así tenemos el violín trompeta”. En su espectáculo Circus, que hace junto a Cuco Pérez (tiene más de 300 acordeones y piezas raras), toca el theremín. “Es un instrumento electrónico inventado en los años 20 que emite una frecuencia en la mano y se toca en el aire por proximidad, sin rozarlo físicamente”. Su sonido puede escucharse en la banda sonora de la película Ed Wood (Tim Burton) en las manos de Lydia Kavina.

Música de la pobreza. En otros casos, llamamos insólitos a utensilios con los que se ha hecho siempre música en los pueblos. Es la música que nació de la pobreza, del hambre. “¡Lo que hizo esta gente para salir adelante! Tocaban con lo que tenían a mano (cucharas, ollas, sartenes) para olvidar que no tenían para comer. Esto no se puede perder, es patrimonio cultural. Hay muchos más instrumentos insólitos de los que imaginamos, sólo aquí en Salamanca podría escribir un tomo. Son los símbolos de nuestra tierra, una maravilla, hay cosas increíbles”. Lo explica Laura Martín, que se ha sumado con su hermano al proyecto musical de sus padres (Mayalde). Hablando con los mayores por los pueblos han recopilado canciones e instrumentos, preguntando qué cantaban en la matanza, en la siega, en las fiestas. Y así tocan jotas y charradas con monedas, calderos, cucharas, panaderas, muñecos de madera y otros objetos que va describiendo Laura, como el rano (hecho con un culo de botella, pelo de caballo, piedra y palo), la bramadera para espantar al lobo o la criba para el grano (que con garbanzos imita el sonido del mar). “Hacemos de vínculo entre abuelos y nietos. Los abuelos no lo contaron porque los nietos no preguntaron, y no preguntaron porque no lo conocían. Gente muy joven se acerca a preguntarnos en los conciertos ¿cómo es que yo no conocía esto?”.

Vanesa Muela es sartenera y toca más de 20 instrumentos, de los que salen seguidillas, jotas y fandangos. A los cuatro años empezó a cantar en Valladolid y a los ocho grabó su primer disco. “La tradición oral pasa por vía femenina, tocaban con lo que tenían a mano en la cocina, es el ingenio e imaginación de las mujeres”. Para tocar la sartén usa una llave antigua o una cuchara por el lado externo y golpea con un dedal por dentro. “Empecé haciendo folclore y me he ido adentrando para llegar a la raíz, a lo más antiguo. En general la cultura está muy marginada, no verás estos instrumentos en la televisión. Si no se da al público la posibilidad de conocerlo, no sabrá si le gusta o no. Hay que acercarse sin prejuicios a escuchar”.

Según Germán Díaz, lo que nos da la cultura es libertad. “Lo que falta ahora es curiosidad. Si curioseas, encuentras agrado en cosas que no son convencionales”.
Para Diego Galaz, todas estas opciones “demuestran que la música es una necesidad humana, se ha invertido mucho ingenio en estos instrumentos: las flautas de hueso de ala de buitre en Soria, la gaita de la sierra de Madrid, la alboka en el País Vasco… Son intrumentos hechos con cuernos, huesos de animales muertos, ramas de árboles”.

Y Xavi Lozano concluye: “El sentido de la música es la emoción que provoca, las vitaminas que te deja en el cuerpo. La habilidad de crear instrumentos supone recuperar la manera tradicional de hacer las cosas, no sólo en lo artístico, en la vida: no esperar a que te lo hagan todo, encuentra la manera de hacerlo tú. Si no te puedes comprar un chelo ya lo harás (y cuanto más bueno mejor) pero, mientras, ve a por ello de otra forma”. •
 
 

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