Despertar

Silvia Melero

La ecoaldea: regreso al mundo rural

Érase una vez un pequeño pueblo a punto de desaparecer. Apenas quedaban habitantes, pero un proyecto de desarrollo rural sostenible ha logrado devolverle la vida. Sus nuevos pobladores han aprendido a sobrevivir en el campo respetando los recursos naturales gracias al conocimiento de los ancianos. Es Amayuelas de Abajo, en Palencia: la ecoaldea.

 
Uno de los problemas más graves del mundo rural es el dramático proceso de despoblación. Así, en Castilla y León el 50% de los municipios tiene menos de 100 habitantes, de los cuales el 65% alcanza los 70 años de edad. En España sólo dos millones de personas viven en núcleos rurales por debajo de 2.000 habitantes, pero ocupan el 70% del territorio. Esto quiere decir que el resto de los ciudadanos españoles viven en el otro 30%, un desequilibrio territorial que afecta a todo el planeta.

De todo esto sabe mucho Jerónimo Aguado, a quien todos llaman Jeromo. Él se define como un campesino en términos profesionales y culturales. Ha vivido siempre en la comarca de Tierra de Campos (en Palencia), por eso conoce en primera persona los problemas del mundo rural. Además, está convencido de que el ser humano tiene que reencontrarse con la naturaleza y volver la mirada a la tierra y al campo. Su idea de revalorizar el sector rural se ha concretado en un pequeño pueblo de la zona: Amayuelas de Abajo. “Nos planteamos cómo favorecer procesos de incorporación de gente joven de procedencia urbana a núcleos rurales semiabandonados o abandonados, que pusieran en marcha sus iniciativas, proyectos que sirvieran para cubrir sus necesidades económicas, sociales, culturales, siempre respetuosos con el entorno”.

“Todo el mundo que pasa por aquí se acaba enamorando un poquito de Amayuelas”

Oportunidades laborales. Para atraer a personas a los pueblos es indispensable ofrecer oportunidades laborales que les permitan subsistir, así como una formación adecuada. El proyecto de Amayuelas no sólo permite la vuelta al campo, sino que dignifica la vida en el medio rural. Jeromo ha puesto en marcha un modelo de desarrollo rural viable y sostenible, basado en una combinación de iniciativas económicas, sociales y culturales a pequeña escala. “Los proyectos tienen que basarse en el aprovechamiento de los recursos locales, no creemos en un modelo de desarrollo que esté dependiendo de una empresa que viene a aterrizar a Amayuelas pero que cuando no le interese se deslocaliza y se va a Guatemala. Nuestras iniciativas no se van a deslocalizar nunca porque la empresa no es tu negocio, es tu vida”.

Así, mientras Jeromo se ocupa de su pequeña granja de producción ecológica de cordero, los nuevos pobladores han desarrollado diversas actividades económicas: agricultura y ganadería ecológica, un horno de pan, un matadero o una casa rural, entre otras. Cristina Sancho (30 años) lleva siete años viviendo en Amayuelas. Dice que llegar a este pueblo ha sido la mejor experiencia de su vida y la mejor opción que ha tomado. Cría pollos ecológicos de engorde y se encarga de mantener la raza de la gallina negra castellana, además de realizar labores de oficina. “Todo el mundo que pasa por aquí se acaba enamorando un poquito de Amayuelas. Para mí ha sido un crecimiento personal muy enriquecedor”, asegura Cristina.

A los mayores han acudido para preguntarles cómo trabajaban el campo y cómo construían sus casas

Investigación. Junto a estos proyectos productivos, el modelo incluye otras dos líneas de trabajo: la investigación y la formación que Jeromo está desarrollando en red a través de la Universidad Rural Paulo Freire, un espacio educativo que conecta 15 iniciativas similares en todo el territorio nacional. Tal y como él mismo explica, “la universidad rural pretende ser una plataforma de formación tanto para la gente que seguimos viviendo en los pueblos como para la gente que quiere volver a los pueblos. Una herramienta para que el nuevo poblador sepa dónde viene y cómo tiene que actuar para sobrevivir en el campo. Todo un aprendizaje que no se aprende en las universidades oficiales o formales. Precisamente, quienes transmiten esos conocimientos son los campesinos, los gestores de la casa rural, los emprendedores que tienen una microempresa… La universidad rural les convierte en educadores. El educador no es el que sabe decir, es el que sabe hacer”.

Referente. Una de las claves de la formación es rescatar el conocimiento tradicional autóctono de las personas mayores: los sabios. A ellos han acudido para preguntarles cómo trabajaban el campo, cómo construían o cómo gestionaban sus residuos. Y, gracias a su saber hacer, se han recuperado semillas y razas autóctonas y modelos de cultivo sostenible. “Hay otra forma de construir los hábitat donde vives, aprovechando los recursos que tienes en el territorio (que son también los recursos de las generaciones futuras) y gestionando bien los residuos, que para nosotros no son un problema. La gente ha aprendido a vivir con poco y a ser feliz. Allí donde había un pequeño núcleo rural a punto de morir, creo que ya no va a desaparecer”.

Amayuelas se ha convertido en un municipio ecológico que ya es un referente en otras zonas. Uno de sus proyectos más interesantes es la gestión de los residuos orgánicos a través del filtro verde, una iniciativa de reciclaje de aguas residuales para regar los chopos usados como leña en las viviendas bioclimáticas. En ellas viven los nuevos habitantes de Amayuelas, unas 20 personas. Están construidas con tierra y se abastecen de energía solar.

“Nos parecía que había que recuperar el patrimonio cultural, los conocimientos de la construcción con tierra porque esas técnicas se están perdiendo. Reconstruimos primero las bodegas, el palomar… y finalmente las viviendas bioclimáticas, que son frescas en verano y cálidas en invierno gracias a la gloria, el sistema tradicional de calefacción por debajo del suelo. Es una experiencia dura, hay que trabajar mucho, pero estoy absolutamente satisfecho”, cuenta Melitón (Meli), uno de los primeros pobladores. Confiesa que siempre quiso vivir en un pueblo, y ya lleva nueve años implicado en este proyecto. También para Jeromo es un sueño cumplido. “Si no fuera por esto, fácilmente yo no hubiera permanecido en el medio rural. Para mí Amayuelas es el lugar que te pone las pilas todos los días para seguir trabajando por esa utopía de un mundo rural vivo. Estamos hablando de un mundo rural donde no haya mil millones de seres humanos que pasan hambre cuando hay los suficientes recursos en el planeta Tierra para que la gente no muera y sea mínimamente feliz”.
 
 

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