Despertar

Por Milagros Villamarín Casal

La iglesia y el trabajo decente

La comunión de acción y unidad, esta forma de hacer pastoral obrera que expresa ITD, está impulsada por la Jornada Mundial por el Trabajo Decente durante este mes de octubre y en las diócesis del país con vigilias de oración, concentraciones, debates, lectura de manifiestos, eucaristías…

De una iniciativa de la OIT bien acogida por san Juan Pablo II para convocar a una coalición mundial por el trabajo decente, se enraiza en nuestro país la iniciativa Iglesia por el trabajo decente (ITD): integrada por Cáritas, la Confederación de Religiosos y Religiosas (CONFER), la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), la Juventud Estudiante Católica (JEC), la Juventud Obrera Cristiana (JOC) y Justicia y Paz, se ha comprometido a compartir este espacio de diálogo para sumar sinergias y estrategias e intentar situar la exigencia irrenunciable de trabajo decente en el centro de las prioridades políticas, en las agendas de las entidades sociales y en las propuestas de nuestras propias organizaciones y de la Iglesia española en su conjunto.

Exigencia de trabajo decente que no es ajena para la Iglesia. Tiene una larga historia de compromiso. En la Rerum novarum –de hace 125 años– el papa León XIII planteaba que “a nadie le está permitido violar impunemente la dignidad humana” (n. 30). Más recientemente, en Caritas in veritate, Benedicto XVI escribe sobre el trabajo decente: “que sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer; un trabajo que, de este modo, haga que los trabajadores sean respetados (...) que permita satisfacer las necesidades de las familias” (n. 63). En este mismo sentido, el papa Francisco insiste en la importancia del trabajo digno para la realización de la dignidad humana, la lucha contra la pobreza… (Laudato si’, 128). Tres ejemplos de los abundantes que tiene el magisterio de la Iglesia.

La experiencia acumulada en estos dos años por ITD nos lleva a recorrer un camino de comunión de acción y de unidad, horizontal y en red, que pivota hacia el interior de nuestras organizaciones con procesos de sensibilización y de formación dirigidos a militantes y voluntarios, en las parroquias de todo el país, a otros movimientos y grupos cristianos, a los centros de enseñanza… con la elaboración de materiales didácticos que sirven de soporte al trabajo descentralizado en las diócesis y en los que se refuerza la idea de que toda la Iglesia debe seguir sensibilizándose.


Pero es también irrenunciable tener una voz que denuncie y traslade a la agenda política, sindical y empresarial esta realidad de sufrimiento: una altísima tasa de desempleo que afecta a familias enteras; el trabajo precario, mayoritario y en constante aumento; trabajadores cuyo salario no les permite salir de la pobreza; una flexibilidad laboral cada vez más extendida; con dos trabajadores que mueren al día en accidente de trabajo, “ganándose la vida” .

Realidad que nos interpela porque atenta contra la propuesta que Dios tiene para cada uno de nosotros, en cuanto que el trabajo es la dimensión fundamental de la actividad humana cuyo valor principal reside en la capacidad de hacer más humana a la persona, de ser cocreadores… que nos obliga a tomar posición entre dos cuestiones fundamentales: por unas políticas económicas y laborales de pecado, con los efectos perversos que generan y cuyas consecuencias las sufren millones de personas trabajadoras, o por unas relaciones de amor que pongan en el centro a la persona, rompan la lógica inhumana de pensar y organizar el trabajo solo desde la rentabilidad económica; planteando el sentido y el valor del trabajo humano más allá del empleo; reconociendo socialmente todos los trabajos de cuidado necesarios para la vida humana; luchando por condiciones dignas, articulando trabajo y descanso; defendiendo los derechos sociales y desvinculando derechos y empleo.

La comunión de acción y unidad, esta forma de hacer pastoral obrera que expresa ITD, está impulsada por la Jornada Mundial por el Trabajo Decente durante este mes de octubre y en las diócesis del país con vigilias de oración, concentraciones, debates, lectura de manifiestos, eucaristías… Gestos cuyo empeño no es otro que hacer extensible en la sociedad y en la Iglesia la defensa del trabajo decente, camino de misericordia irrenunciable. •

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