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Por Begoña Olabarrieta

ODS 2030: La nueva hoja de ruta contra la pobreza

Son 17 objetivos, 169 metas a alcanzar en 2030. Se han consensuado después de muchos meses de debates entre gobiernos, sociedad civil, ONG´s y empresas. Hablan de crecimiento sostenible, inclusión social y protección del medioambiente. Conforman el más ambicioso proyecto de Naciones Unidas para acabar con la pobreza y luchar por la dignidad de las personas.

El recién estrenado Secretario General de Naciones Unidas, Antonio Guterres, tiene por delante una ambiciosa tarea, conseguir que la nueva hoja de ruta para acabar con la pobreza, los llamados Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) 2030, se haga realidad y no quede en una declaración de intenciones.

Son 17 objetivos que no solo vienen a sustituir a los antiguos Objetivos del Milenio 2015, que van mucho más allá.
Mucho más allá en número: mientras que los retos planteados para 2015 eran ocho, los definidos para 2030 se han ampliado a 17, incluyendo metas en ámbitos que antes no estaban recogidos, o no de forma explícita, como el acceso a energías sostenibles y asequibles, las ciudades inclusivas, el pleno empleo o la producción y el consumo sostenibles.
También han ido más allá en su consenso e implicación: nunca antes se había realizado una consulta tan amplia y participada por gobiernos, sociedad civil, expertos y empresas.

Además, en esta ocasión, los ODS serán de aplicación universal, lo que significa que no sólo están dirigidos al mundo en desarrollo, sino que se pide a todos los países, sean ricos, pobres o de ingresos medianos, que adopten estas medidas de prosperidad al tiempo que protegen el planeta.

Asi pues, 17 objetivos para un futuro común pero cuyo cumplimiento y dotación de fondos dependerán de cada país, ya que no son jurídicamente obligatorios.

Para Manuel Sánchez-Montero, director de Incidencia y Relaciones Institucionales de Acción contra el Hambre, los objetivos “son muy ambiciosos, pero alcanzables. El hecho de que cerca de 200 países hayan acordado una agenda global con unas metas comunes es sin duda positivo, sobre todo cuando se ha hecho un esfuerzo por definir indicadores concretos para cada una de ellas, minimizando el riesgo de que queden como una mero saludo a la bandera”.

Una perspectiva más global. El gran poder de esta nueva hoja de ruta está, como comenta Nadia Criado, responsable de Calidad y Evaluación de Programas Internacionales de Save the Children, en la voluntad de “no dejar a nadie atrás”. Es decir, los 193 gobiernos firmantes y todos los segmentos de la sociedad tienen que estar implicados en lo que ella apunta como “una manera radicalmente nueva de entender el desarrollo, tanto en términos de alcance, como de poner a las personas más marginadas en primer lugar”.

Y es que los OMD abordan la erradicación de la pobreza desde una perspectiva más global en la que todos los factores influyen, desde garantizar una vida sana, una educación de calidad, la igualdad de género, asegurar el acceso al agua y a la energía, hasta conseguir el pleno empleo para los jóvenes, poner fin a la corrupción y las malas prácticas financieras, o hacer de la tecnología un motor de cambio sostenible.

En definitiva, lo que vienen a reflejar es que el actual modelo no es sostenible o, por lo menos, no lo es para garantizar la vida y los derechos de las personas y del planeta, por lo que muestran la necesidad de actualizar y redefinir aquellos objetivos que se pensaron a principios de siglo.

Un ejemplo, entidades como Acción contra el Hambre han trabajado muy activamente para diferenciar las metas de hambre y pobreza, reivindicando unos indicadores mucho más específicos para la seguridad alimentaria y que ésta sea un objetivo en sí misma; y se ha conseguido.

Críticas y avances. Cuando hace ya 16 años se establecieron esos incipientes ocho objetivos de desarrollo, y como ocurre ahora con los nuevos 17, muchas voces se mostraron incrédulas. Sin embargo, según las evaluaciones de Naciones Unidas, sí se han conseguido avances: el número de personas en el mundo en situación de pobreza absoluta –aquellas que viven con menos de 1,25 dólares al día– se redujo a la mitad entre 1990 y 2010: la mortalidad infantil ha disminuido un 41%, lo que supone que actualmente mueran 14.000 niños y niñas menos al día en comparación con los índices de 1990.

También en otros ámbitos de actuación, como la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer se han dado avances: muchas más niñas acuden hoy a la escuela que hace 15 años más o menos presentes en casi el 90% de los parlamentos de 174 países.

Pero, como afirma Charo Mármol, coordinadora de comunicación de la Fundación Luz Casanova, si bien es importante que haya equidad de cargos en los puestos públicos y que en las empresas privadas las mujeres accedan al poder, “lo fundamental es que las ideas de hombres y mujeres caminen en pos de la igualdad, y los ODS pueden ayudar a avanzar hacia ella: una igualdad laboral y salarial, que ayude a la mujer a ser menos dependiente”.

Pese al consenso de que los ODS son positivos y de que hemos avanzado en los últimos 15 años, no todo han sido parabienes. Como comenta Manuel Sánchez-Montero, “el respeto a los Convenios de Ginebra es cada vez menor, reduciéndose progresivamente el acceso a las víctimas y por tanto la posibilidad de hacer llegar la ayuda a las personas que lo necesitan, y nos hemos encontrado un nivel sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial de crisis humanitarias, con récord de refugiados y desplazados incluidos”.

Precisamente ese es uno de los retos que no tiene un objetivo específico en la nueva agenda. Aunque sí se hace relación a los millones de migrantes dentro del objetivo 10 –Reducir desigualdades–, reclamando políticas migratorias planificadas y bien gestionadas, las migraciones forzadas o elegidas no han conseguido entrar con nombre propio entre los 17.

María Tejada, responsable del Área de campañas y Comunicación de ACCEM, reconoce que los ODS “están bien, pero es preocupante y difícil de entender que no se haya dado más relevancia al porcentaje cada vez mayor de personas que se enfrenta a una catástrofe humanitaria sin precedentes y que va a seguir sufriéndola. Es una gravísima carencia, porque no podemos hablar de desarrollo sostenible sin defender el derecho al movimiento”.

El reto de alcanzarlos. Es verdad que “los ODS –afirma Nadia Criado- tienen las deficiencias de cualquier conjunto global de objetivos, pero a la vez tienen la virtud de ser un claro punto de referencia para avanzar. El reto, está en la ejecución y en continuar promoviendo la visibilidad y responsabilidad de su consecución a nivel comunitario, nacional y regional”.

Un reto ante el que todas las entidades coinciden. “Este es solo el primer paso; queda todo el trabajo por hacer para que los gobiernos legislen y financien en esta dirección, para que el sector privado tenga un papel decisivo en su cumplimiento y para que la sociedad civil empuje hacia ello”, asegura Manuel Sánchez-Montero.

Lo que sí parece es que esta vez los ODS han tenido en cuenta esa necesidad dejar claro que hay que movilizar recursos; el último de sus objetivos, el 17º, persigue “fortalecer los medios de ejecución y reavivar la alianza mundial para el desarrollo sostenible”.

La clave está en los indicadores. “El establecimiento del marco de los indicadores no es el final de la historia, sino el comienzo", comentaba el secretario general adjunto del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas, Wu Hongbo, cuando se realizó la propuesta de los índices de avance de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030 por parte de un grupo interinstitucional de expertos.

Son 230 indicadores globales los que van a poner de relieve si, año a año, se va avanzando en las metas propuestas. No son un bloque estanco, ya que se espera de los gobiernos nacionales y regionales que desarrollen los suyos propios, acordes a las distintas realidades locales y puntos de partida.

La importancia del seguimiento de los logros de los 17 ODS es clara para las entidades no gubernamentales, pero también para el mundo empresarial que, a través de sus políticas de responsabilidad social empresarial, puede jugar un papel fundamental en el proceso.

Como afirma Ángel Pes, presidente de la Red Española del Pacto Mundial, en pactomundial.org: “conocer si vamos bien para alcanzar los ODS es clave. Sin las métricas adecuadas, verificables, consensuadas por los principales agentes, privados y públicos, no avanzaremos al ritmo necesario, ni podremos corregir las desviaciones que se produzcan”.
El desafío lo plantea la gran cantidad de datos que habrá que producir y analizar, y las desigualdades en los sistemas estadísticos nacionales.

En resumen, los ODS 2030 dibujan un escenario que va a necesitar mucho esfuerzo conjunto y vigilancia porque, como bien resumía el ex Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon en su Informe sobre la Agenda de Desarrollo Sostenible después de 2015: “lograr la dignidad en los próximos 15 años es posible si, de manera colectiva, movilizamos la voluntad política y los recursos necesarios para reforzar el sistema multilateral y nuestras acciones”.•

 

El 86% de las empresas los conocen y se comprometen

La encuesta Haz de ello tu asunto: Implicarse con los objetivos de Desarrollo Sostenible, valora el conocimiento y compromiso con los ODS de casi 1.000 directivos. El resultado es que, en España, el 86% de las empresas dicen conocer y estar comprometidas con los ODS, pero también pone de manifiesto que un 14% los desconocen (mientras que en el caso de las del resto del mundo esta cifra es del 8%). El papel de las empresas en el logro de los 17 objetivos, no exento de polémica al ver a estas entidades como entes interesados o poco dados a políticas de sostenibilidad en su día a día, parece importante en todos los ámbitos, y un 71% de ellas parece, según se desprende de este informe, que ya están trabajando en medidas propias para conseguirlo. Isabel Garro, directora general de la Red Española del Pacto Mundial, afirma que el mundo empresarial no sólo está sensibilizado ante el tema, sino que “las empresas tienen mucho que decir en muchos de los ODS, como en el caso de los que se refieren a tecnología, consumo, conectividad y energía”.

 

Participación sin precedentes

La definición de los 17 ODS ha sido el resultado de una amplia participación de diversos sectores sociales y gubernamentales. La idea de “no dejar a nadie atrás” también pareció estar en el planteamiento inicial de cómo consensuar los objetivos. Como se refleja en el Informe de síntesis del ex secretario general, Ban Ki-moon, sobre la agenda de desarrollo sostenibles después de 2015, muchas han sido las voces que han contribuido a este debate. Personas de todo el mundo pudieron opinar gracias a iniciativas de consulta y divulgación llevadas a cabo por grupos organizados de la sociedad civil y mediante el diálogo mundial dirigido por el Grupo de las Naciones Unidas para el Desarrollo, como por ejemplo en la encuesta Mi Mundo. Fueron millones los que enviaron sus comentarios e ideas, especialmente jóvenes También se contó con las aportaciones de dirigentes del Grupo de Alto Nivel de Personas Eminentes sobre la Agenda para el Desarrollo después de 2015, formado por académicos, científicos, empresas, técnicos y expertos de los distintos departamentos de Naciones Unidas, el tercer sector, los Estados Miembros y el Consejo Económico y Social. Una consulta abierta sin precedentes buscando el consenso para conseguir erradicar el hambre y asegurar la dignidad de las personas de aquí a 2030, y que es una radiografía casi perfecta del nuevo modelo que el mundo necesita.

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