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Por Juan Ignacio Cortés @JuanICortes

Javier Baeza, párroco de San Carlos Borromeo: “Francisco anuncia un Dios todo-cariñoso”

Javier Baeza es el párroco de San Carlos Borromeo, una parroquia del barrio de Entrevías (Madrid) que, como se presenta en su página web, “ha intentado poner en práctica el mensaje evangélico de Jesús”, haciendo de la parroquia “un espacio de acogimiento e integración... para seres humanos a los que nuestra sociedad excluye”.

 

 

Dígame en un titular, una frase si prefiere: ¿Qué ha supuesto el pontificado del papa Francisco hasta el momento? 
Desde nuestra pequeña parroquia de barrio vemos con ilusión que también desde el Vaticano se cultiva y prioriza la acción pastoral. Es una oportunidad que la Iglesia de Roma mire más a las comunidades creyentes de Latinoamérica y África o a las comunidades perseguidas de Asia.

Qué momento de su pontificado le ha impactado/emocionado más.
Seguramente la sensación de “persona normal”. Desde el primer saludo en el balcón de la basílica de San Pedro, cuando salió ya elegido Papa, y se dirigió a la multitud pidiendo que el pueblo le pidiera a Dios que le bendijera, hasta su empeño en ir a pagar personalmente el hostal donde se había alojado. Un momento que creo que ha marcado profundamente sus años de pontificado es aquel grito de “¡vergüenza!” tras un nuevo naufragio en Lampedusa.

Para muchos, representa un antes y un después con respecto a sus predecesores. ¿Está usted de acuerdo? Si lo está, ¿en qué sentido, en qué se diferencia el papa Francisco de anteriores papas?
En sus gestos. Me parece que en un mundo tan icónico, los gesto son un lenguaje crucial. Todo su pontificado está lleno de gestos de cercanía, de gestos provocativos (aquel “hagan lío”, dedicado a los jóvenes), de gestos revolucionarios por su carácter evangélico (“que los curas sean pastores y no lobos”). Me parece que ha habido una ruptura con las formas dogmáticas de entender la misión del Papa. El cuestionamiento en temas complejos (“¿quién soy yo para condenar?”, creo recordar que dijo en aquella primera entrevista en el avión) hace prever la normalidad de una persona en búsqueda. “Hacer camino juntos”, como dijo el día de su presentación en el balcón, no es posible desde cerrazones y dogmatismos.

¿Cree que ha conseguido que la Iglesia sea percibida de otra manera?
Desde luego, para muchas comunidades e individuos que durante tantos años estuvieron en el ostracismo ha sido un aliento de esperanza y, en muchos casos, de confirmación en su seguimiento del Jesús del Evangelio. Quizás para los sectores más alejados de la Iglesia y muchas mayorías pobres, el peso de lo institucional sigue sin ser despejado. El lenguaje de los signos es importante, sin lugar a dudas, pero hay que dar pasos ejecutivos más valientes que avalen esos gestos: la incorporación de la mujer al ministerio, la reforma del ministerio sacerdotal, la suspensión de todo aquello que huela a riqueza o no esté empeñado seriamente a favor de los pobres… El gesto valiente de quedarse a vivir en la Residencia Santa Marta quedará empañado si no acaba con el “estado” del Vaticano y lo que eso significa.

Para los grandes medios, la historia del papa Francisco es la de un reformista que lucha contra serias resistencias dentro de la Curia. ¿Estaría usted de acuerdo? Si es así, ¿Cómo ve su programa de reformas; cuáles son las dificultades que afronta y cuáles son sus posibilidades de éxito?
No me muevo en ninguna órbita de la jerarquía, por tanto lo que conozco es lo que me llega a través de medios de comunicación. Desde luego, parece que sus reformas apuntan más a la propuesta del Evangelio de Jesús que al mantenimiento de un sistema de corte monárquico… Quizás, vuelvo a lo que señalé, hay reformas en la vida que, para que sean reales y significativas, deben suponer una ruptura radical. Para ello me parece importante que se acentúe la importancia de las comunidades, del pueblo como elemento central de la Iglesia… El éxito lo sustanciaría en aquello que su predecesor Juan XXIII dijo: “abrir las ventanas”. ¿A dónde llegará el éxito? no lo sé. El camino a él es lo importante: abrir ventanas y puertas a la novedad de la vida, sin hacer concesiones a viejos esquemas totalitarios o manipuladores.

Muchos pronostican Francisco seguirá el camino de Benedicto XVI y se retirará antes de morir. ¿Piensa que efectivamente será así?
No tengo ni idea. Todo apunta, desde la normalidad de sus planteamientos vitales, que cuando sus capacidades no sean aptas para seguir su tarea de animación y evangelización, lo dejará. Como debemos hacer cada cual. No me parece que  el papa Francisco, sea de esos que llevan la vida al paroxismo de “seguir en primera línea” hasta el fin..

¿Cuál cree que será el legado de Francisco y la vigencia del mismo?
La novedad del Evangelio desde la normalidad de hoy. Abrir puertas, establecer otras formas de vivir su función y quehacer en la Iglesia será todo un camino a recorrer –que seguramente él mismo no verá concluido- por generaciones venideras. Anunciar un Dios misericordioso que no es tanto todo-poderoso cuanto todo-cariñoso abre un horizonte de humanización y religiosidad tremendamente atrayente y apasionante.

 

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