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Víctor Goded Álvarez @goded19 

Series: la nueva televisión

boy with a digital tablet sitting on the couch

La llegada de las nuevas plataformas de televisión a España -Netflix, HBO, Amazon Prime Video- ha cambiado el modelo de ver la pequeña pantalla. Ahora es el consumidor quien elige cómo, dónde y cuándo disfrutar de sus series preferidas.

"¿Alguien se apunta conmigo para compartir Netflix?” Esta pregunta puede parecer un jeroglífico para una persona mayor de 50 años, pero esas siete sencillas palabras describen la nueva forma de ver la televisión. En cualquier grupo de Whatsapp que se precie hay una conversación que gira sobre este tema. Pero… ¿cuál es su verdadero significado?

Para entenderlo hay que buscar un poco de contexto en el mundo en que vivimos. No vamos a descubrir el fuego si decimos que la tecnología ha cambiado la manera de disfrutar del ocio: música, libros, información o viajes. El mundo audiovisual no se ha quedado al margen de esta vorágine del siglo XXI. Se ha dado la vuelta a la tortilla. Ahora no es el emisor el que decide qué quiere ver el receptor, sino que es éste quien elige lo que realmente le apetece ver. Y no solo eso, sino dónde, cuándo y cómo hacerlo. Es la prueba fehaciente de que los consumidores tienen la sartén por el mango. Mejor dicho, el mando en su poder.

A principios del siglo pasado, las familias daban la bienvenida a la noche alrededor de un fuego contando relatos para entretener las horas previas a su visita a la cama. La llegada de la televisión a los salones no modificó los hábitos, sino las formas. La ficción seguía siendo el centro de atención, pero en lugar de expandirse a través de la voz de los oradores y proyectarse en la mente de los oyentes, era la pantalla la que mostraba las historias. Historias que se componían de capítulos entrelazados semana a semana por la intriga. Los productos podían ser nacionales (Verano Azul) o importados (Arnold, Colombo, Los Ángeles de Charlie o Fama). La apertura en España de  nuevos canales de televisión a principios de los 90 llevó implícita una mayor variedad, con series que aún hoy siguen instaladas en el olimpo de la fábula televisiva, como Los Simpson, Friends, Emergencias, El Príncipe de Bel-Air, Médico de Familia o Farmacia de Guardia. Los programadores elegían cuándo tenían que salir en antena (normalmente en horario prime time, es decir, a partir de las 22:00 horas), y los espectadores se convertían en votantes de esta democracia televisiva. Hasta que Internet tomó asiento…

Los dispositivos que han ido apareciendo en los últimos 20 años se han ido adaptando paulatinamente para recibir cualquier formato. Las televisiones de tubo se han mudado en Smart TVs con conexión a Internet al tiempo que han visto cómo crecía su competencia: órdenadores personales, móviles y ahora tablets. Cualquier pantalla es válida para recibir emisiones en streaming (retransmisión digital). Todo, ha pasado a ser personalizado. A la carta, como le gusta a decir a los expertos en marketing. El menú se ha particularizado. Ahora es el consumidor el que realmente elige cuál es su momento idóneo para abstraerse, para liberar la mente de la cotidianidad. Y su escenario preferido.

Las emisiones convencionales siguen atrapando a sus fieles. Solo basta con echar un vistazo a los medidores de audiencia. El Príncipe de Bel-Air alcanzó el 25% de cuota de pantalla. Velvet echó la persiana con casi cuatro millones de telespectadores. La que se avecina es un seguro de vida para los productores, tras nueve temporadas en parrilla. Apuestas como Allí abajo también están teniendo su continuidad. Caso aparte es Cuéntame, cuyas rencillas internas no son obstáculos para batir récords año tras año. Otras series foráneas como CSI, Mentes criminales, Modern family o The Big Bang Theory se siguen difundiendo consecutivamente en jornadas maratonianas. Es un modelo que no está ni mucho menos acabado. Es el de toda la vida, el que ya se conoce. Pero hay otro modelo nuevo que está cambiando las costumbres y, por ende, las reglas del juego.

El cliente tiene razón. “Yo no veo series por televisión”. No, no es una amenaza, es el testimonio de Juan Salvador García Frontini, de 20 años. La voz de una generación que se ha educado bajo las reglas de la descarga musical, que nunca se ha sentado frente a un agente de viajes o que automáticamente vincula digital como segundo nombre de la fotografía. Una generación que forma parte esencial del auditorio de los nuevos soportes digitales. Actualmente, el hecho de estar sentado en el sofá del salón tiene hasta un toque carcelario. Los jóvenes ven las series recostados en sus camas, viajando en el tren o tumbados en el césped de un parque. Las devoran con la misma facilidad que antes se pasaban las páginas de los libros. Se ha entrado en la era del VoD (video on demand, o vídeo a demanda en español).

El poder de elección también se traslada al momento. Cada persona tiene su horario personal. El disfrute de la visualización depende de uno mismo, no de las imposiciones de empresarios que solo buscan concentrar la mayor cantidad de público posible a una determinada hora para hacer taquilla con los anuncios. La maquinaria está bien pensada. Se puede elegir el punto exacto para que comience un capítulo determinado. O continúe, porque el sistema guarda por defecto donde se ha parado la reproducción para reanudarla cuando el cliente lo desee. Esto, inevitablemente, provoca que aumente el consumo. Un estudio de Barlovento Comunicación refleja que, en aquellas personas que ven televisión en diferido diariamente, el promedio de tiempo de consumo televisivo pasó de 61,3 minutos diarios en febrero de 2015 a 76,4 minutos en febrero de 2016.

“Es más cómodo, te guarda el vídeo en el último minuto en el que lo has dejado para volver a verlo y encima se ve en buena calidad”, destaca Juan José Sánchez Marín, de 34 años. La calidad, lejos de perderse, se mejora. Prácticamente todo se oferta en HD (High Definition o, lo que es lo mismo, alta calidad) porque los instrumentos están preparados para ello. Megahercios, LED o Ultra 4K están inscritos en el vocabulario juvenil. Y ya se sabe que la tecnología, como la energía, se regenera. No se destruye, sino que se transforma.

Por último, otra de las ventajas es que todas las series desembarcan en nuestro país con la opción de seguirlas en versión original (con o sin subtítulos). Esto facilita que no se pierda la magia de la actuación con el doblaje y la traducción. Además, aunque esto tenga un papel secundario, facilita el aprendizaje de otro idioma. Obviamente, es opcional. Si el usuario prefiere ver la serie en su lengua materna, tan solo tiene que pulsar un botón. Tan soberano es el asunto que en el estreno de la sexta temporada de Juego de Tronos, una de las series de referencia de HBO/Movistar+, el 52% de la audiencia se decantó por la versión original, frente al 48% que lo hizo por la versión doblada al español. Estos porcentajes evidencian que la globalización es ya una realidad, en parte gracias al entramado de nuevas plataformas televisivas instaladas en España.

Una comunidad de plataformas.  El mercado de las series están en plena  expansión, de ahí que cada plataforma luche por hacerse el mayor hueco posible incesantemente, recurriendo a las más impactantes series como cartas de presentación. La más mediática es Netflix, que desembarcó el 25 de octubre de 2015 con la alfombra roja extendida. Se la esperaba con los brazos abiertos tras el éxito cosechado en su país de origen, Estados Unidos. Su catálogo incluye películas y series de producción propia. Aparte de poder acceder a su contenido desde cualquier soporte (incluidas videoconsolas, por ejemplo), sus series y películas se pueden descargar para verse más tarde sin necesidad de disponer de conexión a Internet. Hay diferentes tarifas en función de la calidad de la imagen y del número de dispositivos que se pueden utilizar de manera simultánea, lo que facilita que los gastos puedan ser divididos por hasta cuatro usuarios. HBO también ha cruzado el charco, con un inventario más escaso y emblemático, pero con la etiqueta de ser la decana. Lo hizo poco antes que Amazon Prime Video, que tiene el aval de ser una prolongación de una gran marca de distribución y que cuenta en su catálogo con producciones 100% propias, como Transparent.

Tres fuertes apuestas extranjeras que buscan colonizar una plaza donde ya había nativos buscando su tesoro. Movistar+ era el que tenía mayor patrimonio acumulado y un comodín -la plataforma en Internet Yomvi- que permite explorarlo desde cualquier artilugio. Movistar+ convivía con la pionera en el ámbito nacional,  Wuaki.tv. De origen barcelonés, esta plataforma aumentó su valor en 2012 al ser comprada por el gigante japonés Rakuten –el próximo patrocinador del FC Barcelona-.

El aumento de las audiencias de estas nuevas plataformas audiovisuales ha ido de la mano de un incremento de su recaudación. Parte de esos recursos se han trasladado a la producción, dando lugar a una mayor competencia creativa y calidad del resultado final. También a una gran popularidad. Hoy, los protagonistas de las grandes series entran directamente a la Meca de la fama sin tener por qué pagar el peaje de la gran pantalla. James Goldonfini, Emilia Clarke o Bryan Cranston pueden mirar a los ojos de Robert de Niro, Julia Roberts o Charlize Theron.

“Veo la series dependiendo de lo que me apetezca, pero casi siempre por recomendación o críticas que leo”, recalca Juanjo. Una opinión que coincide con la de Juan Salvador: “Me fijo en el argumento y el tema, pero me decido si algún amigo la ha visto”. Así funciona la sociedad actual, comunicándose por la vía más tradicional  de la humanidad. El boca a boca es la llave para entrar en una nueva experiencia temática. Solo hay que darle al play. El cómo, cuándo y dónde es personal. •

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