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Olmo Calvo @OlmoCalvo

 

Emergencia en el Mediterráneo

En lo que va de 2017, más de 44.000 personas han llegado a Europa atravesando el Mediterráneo. Más de 1.300 no lo consiguieron y fueron engullidas para siempre por las aguas. Servicios de vigilancia costera y ONGs como Proactiva Open Arms luchan para que la cifra de muertes sea lo más baja posible.

Idris, Aicha o Sebou, fueron rescatados por un equipo de la ONG Proactiva Open Arms el pasado 12 de enero a 29 millas de las costas de Libia. El día era soleado y el mar estaba relativamente en calma cuando todo el mundo comenzó a moverse dentro del barco de salvamento Golfo Azzurro. Habían localizado varios botes de goma cerca de su posición en el Mediterráneo central. Era la primera vez que yo participaba en una misión así. Cuando llegamos a la zona de rescate, aún me sentía aturdido después de navegar durante más de 36 horas desde Malta, lidiando con una terrible sensación de mareo y malestar. Pero en el momento en el que empezó la operación de salvamento, una mezcla de respeto y nerviosismo se apoderó de mí.

Llegamos en una lancha rápida al primero de los botes. Al principio no podía ver nada más que una mancha en la superficie del mar. Después, a medida que nos acercábamos, pude distinguir a la gente. Eran alrededor de 130 personas amontonadas en una débil embarcación hinchable, abandonadas en medio del Mediterráneo. Su motor se había estropeado y ellos se habían quedado a merced de las olas. Si el Golfo Azzurro no hubiese estado en la zona, lo más probable es que se hubiesen ahogado.

Afortunadamente, no ampliaron la trágica lista de muertes en la gran fosa común en que se ha convertido el Mediterráneo. En 2016, más de 5.000 personas murieron intentando atravesarlo. Más de 1.300 en lo que va de año.

A lo largo de la jornada hubo más rescates, y al final del día los equipos de Proactiva subieron a su barco a un total de 242 personas originarias de Mali, Togo, Guinea Conakry, Costa de Marfil y Senegal. Todas ellas estaban unidas por un mismo sueño: escapar de guerras o situaciones de extrema necesidad y encontrar un lugar mejor donde vivir.

Inmediatamente, Guillermo Cañardo y Marta Sarralde, médico y enfermera durante esa misión, comenzaron a curar las quemaduras que tenían fundamentalmente mujeres y niños, causadas por la gasolina y el agua salada que se mezclan en el fondo de los botes. Yo nunca había visto heridas semejantes.

El capitán puso rumbo a Augusta, el puerto siciliano que el Centro Nacional de Socorro Marítimo de Roma había indicado para desembarcar a las personas rescatadas. Este Centro coordina las labores de rescate que hacen las diferentes organizaciones que trabajan en la zona. Por un lado, están los buques de los Guardia Costera Italiana, que participan activamente en muchos rescates, y por el otro ONGs y fundaciones como Médicos Sin Fronteras, MOAS, SOS Méditerranée, Jugend Rettet IUVENTA, Sea Watch o Proactiva Open Arms, que han ayudado a rescatar del mar a la mayoría de los más de 350.000 migrantes que cruzaron el Mediterráneo el año pasado y los más de 44.000 que lo han hecho en estos meses de 2017.

En concreto, Proactiva Open Arms nació en septiembre de 2015, cuando la empresa de socorrismo y seguridad marítima Pro-Activa Servicios Marítimos decidió destacar uno de sus barcos a la isla de Lesbos, entonces escenario principal de la crisis de emigrantes y refugiados en el Mediterráneo.


Cuando llegamos a Sicilia, después de muchas horas navegando con olas de hasta cuatro metros que sacudían constantemente el barco, nos esperaba en tierra una comitiva formadas por policías, miembros de Cruz Roja y funcionarios de Frontex, el servicio de Fronteras de la Unión Europea. Fue el momento de las despedidas. Los rescatados salieron del Golfo Azzurro entre abrazos y sonrisas de los voluntarios y trabajadores de Proactiva, con los que habían entablado una muy buena relación. Nosotros nos quedamos mirando cómo se alejaban en filas, escoltados por policías.

Cuando los migrantes llegan a los puertos, su primer destino son los hotspot, unas estancias donde son identificados y en los que pueden permanecer un máximo de 72 horas. Allí, los funcionarios evalúan si son considerados solicitantes de asilo o migrantes económicos. En el segundo caso no tienen derecho a quedarse en Italia, por lo que les entregan una orden de expulsión y les advierten que tienen que abandonar el país en un máximo de siete días. La gran mayoría no pueden irse y buscan sobrevivir en las calles de las ciudades italianas o intentan cruzar la frontera para ir a otros países europeos. Los que son considerados solicitantes de asilo son enviados a un centro de acogida, donde pueden presentar la solicitud y quedarse allí mientras dura el proceso de resolución (entre tres meses y más de un año). Si consiguen la protección internacional, que puede ser de 5 años si es asilo, 3 años si es subsidiaria y 1 año si es humanitaria, deben abandonar los centros de acogida y hacer su vida fuera.

El periplo de los supervivientes que buscan refugio en Europa, la abanderada tierra de los derechos humanos, no concluye al pisar tierra firme, todo lo contrario. Es entonces cuando comienza otra etapa, de ilusiones, pero también de fronteras visibles e invisibles que rodean al Viejo Continente. •

Se pueden ver otros proyectos fotográficos de Olmo Calvo en su página web.

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