Vivir

Rubén Madrid @Rb_Madrid 

Narración oral: la felicidad de contar

© Santiago Navarro

Hace 25 años, cuando nació el Maratón de los Cuentos de Guadalajara, la tradición de la narración oral resistía a duras penas. Ahora es un oficio del que vive un centenar de artistas en toda España y que amplía su circuito de actuaciones con medio centenar de festivales y salas míticas. El placer de contar y que te cuenten se abre hueco.

El viernes 16 de junio, cuando el reloj marque las cinco de la tarde, la ciudad de Guadalajara volverá a dar cuerda a un carrusel de historias que se sucederán unas a otras, con sus buenos y sus malos, sus alegrías y sus tristezas, hasta las tres de la tarde del domingo siguiente. Sumarán al final 46 horas ininterrumpidas de cuentos. Esta gigantesca fiesta de la palabra, lleva 25 años subiendo al escenario a profesionales y aficionados del cuento: niños y mayores, profesores y alumnos, colectivos e individuos de la ciudad que se cuentan unos a otros sobre un escenario. La cita se ha convertido en el mayor festival de la palabra dicha en Europa. Una feria para quienes se dedican profesionalmente al cuento y un gozo para quienes disfrutan de este manjar de bocados pequeños pero sabores intensos.

Una voz y unos oídos: no es necesaria más instrumentación para desencadenar el mecanismo de la narración oral, posiblemente el arte más antiguo del mundo. La misma ingeniería se ha repetido durante siglos, desde las ceremonias en torno al fuego de una cueva hasta los filandones leoneses en los que las hilanderas se contaban cuentos y chismes al caer la noche.

Esa es la idea que recuperó la bibliotecaria Blanca Calvo cuando en 1991 tomó el bastón de mando de la Alcaldía de Guadalajara por una carambola de circunstancias. Junto a otra colega bibliotecaria, Eva Ortiz, y una amiga actriz y narradora, Estrella Ortiz, buscaron la manera de animar la primera Feria del Libro de la ciudad. ¿Y si se hacía una sesión continua de cuentos junto a las casetas de los libreros? ¿Y si nacía con la ambición de ingresar en el libro Guinness de los Récords? Así, el 24 de abril de 1992 nacía el Maratón de los Cuentos. La ocurrencia contó con el apoyo de escritores como Buero Vallejo, José Luis Sampedro y Ramón de Garciasol, logró el récord propuesto, amplió horario edición tras edición y ha sido el escenario en donde se han contado más de 16.000 cuentos.

“A nivel nacional no hay nada igual, posiblemente sea uno de los tres mejores festivales de narración oral del mundo”, opina el contador Pep Bruno. “Para los narradores orales ha sido el faro, el lugar que nos convocaba como colectivo, el sitio en donde nos empezamos a reconocer”.

A principios de los noventa, el arte de contar cuentos era una disciplina marginal. Eran muy pocos quienes vivían del cuento contado y la narración oral se asociaba a un pasado que el progreso debía dejar atrás. El único impulso que recibía era como actividad ligada a la animación a la lectura que se practicaba en algunas librerías, bibliotecas y colegios. La larga tradición de contar cuentos en familia o entre amigos estaba próxima a la extinción.

Fueron festivales como el guadalajareño y como los canarios Cuenta con Agüimes (desde 1991) y Los Silos (desde 1996); algunas figuras pioneras como Pep Durán, Paco Abril o Estrella Ortiz; el trabajo de estudiosos como Juan Manuel de Prada, Antonio Rodríguez Almodóvar o José Manuel Pedrosa, y algunas tendencias del mundo editorial y de los movimientos de renovación pedagógica los que mantuvieron viva la llama de la narración oral en los ochenta y noventa, una tarea ligada al compromiso de rescatar una seña de identidad de la cultura española y universal.

LA MADRE DE LAS TRADICIONES LITERARIAS. “La tradición oral fue la madre de todas las tradiciones literarias”, reivindica Pedrosa, profesor de la Universidad de Alcalá, en una entrevista publicada en el boletín de la asociación de narradores profesionales AEDA. “El que siga viva y operativa todavía hoy permite que la sociedad siga reconociéndose en una de sus raíces más viejas y esenciales”.

En las universidades se venía realizando una labor casi arqueológica de rescate de los cuentos de siempre, que las generaciones más modernas dejaron de contar. El hilo con la tradición lo han retomado también los narradores orales, los artistas que viven del cuento y que tiran de un repertorio donde caben estos relatos tradicionales y también otros nuevos. Su objetivo es sumarse a la siempre desafiante tarea de promocionar la lectura, pero también deleitar al público con el arte de contar. Esta concepción de la narración oral como espectáculo ha logrado espantar, de momento, el fantasma de la extinción.

El Seminario de Literatura de Guadalajara, organización que está detrás del Maratón de los Cuentos, comenzó hace 20 años otra gran iniciativa: los Viernes de los Cuentos. Son sesiones mensuales de una hora a cargo de narradores profesionales que reúnen hasta 400 espectadores en torno a un espectáculo. El circuito de narración oral se ha ido ensanchando en las dos últimas décadas con programaciones estables de instituciones públicas y privadas: redes de bibliotecas públicas (Galicia, Comunidad de Madrid, Comunidad Valenciana o Castilla-La Mancha); ferias del libro, librerías, bares, cafés y salas de espectáculo. Entre estos últimos lugares se pueden mencionar el Centro Comercial Berceo, en la Rioja, el Café Fogar do Santiso en Lalín, el Pub Atlántico de Santiago de Compostela, el Café Libertad 8 en Madrid o el Harlem en Barcelona.

“Actualmente podemos ser unas cien personas las que vivimos del cuento en España”, calcula Pep Bruno, que además de ser un respetado narrador cultiva la reflexión sobre la narración oral en su propia web y ha puesto en marcha una pequeña editorial especializada en cuentos: Palabras del Candil. Junto a este centenar de profesionales, habría otras cerca de 200 personas “en proceso” de dedicarse exclusivamente a contar y no pocos que estarían empezando ahora mismo. Quienes se dedican en exclusiva al cuento dicho debaten sobre estos aspectos en AEDA.

Este nombre de reminiscencias clásicas remite a la Asociación de Profesionales de la Narración Oral en España, “un lugar para hablar de lo que nos afecta y de cómo queremos que sea el oficio”, explica la actual presidenta, Inés Bengoa. Para un arte que suele practicarse en solitario, la unión para reflexionar sobre el gremio, convocar foros de formación o plantar cara en común a algunas amenazas como el intrusismo resultan fundamentales, según explica esta contadora vasca.

RETOS DE VIVIR DEL CUENTO. Con un recorrido de apenas tres décadas, la profesión tiene numerosos aspectos por definir, algunos de ellos relacionados con derechos de autor o con la competencia desleal. “Teníamos que aunar esfuerzos para tener una voz común y para lograr más visibilidad”, explica Bruno, uno de los impulsores de AEDA. La doble tarea de dignificación del oficio pasa por mejorar las condiciones laborales y ganarse la confianza del público y el respeto de unos colegas que han tomado hasta ahora a la narración oral por “el hermano pequeño de las artes escénicas”, en palabras de Bengoa.

“La palabra cuentacuentos nos ha hecho mucho daño”, ironiza Pep Bruno, haciendo referencia al tonillo despectivo con que se ha nombrado un oficio en el que caben denominaciones a gusto de cada practicante: cuentista, contador, narrador… Las sesiones para niños que a menudo no han pasado de meros pasatiempos con globos o pajaritas de papel siguen identificando, para un público mal informado, todo un universo mucho más complejo de estilos de narración oral, donde caben repertorios y técnicas muy diversas. La labor de AEDA consiste en combatir estos estereotipos y reivindicar un trabajo profesional.

“El oficio es cada vez más conocido y reconocido, y se está alcanzando un punto de normalidad”, reflexiona Pep Bruno. La mejor manera de lograrlo pasa por la autoexigencia, subraya la contadora Martha Escudero. “La narración oral está viviendo un buen momento, más en cuanto a calidad que en cuanto a cantidad. Hace unos años levantabas una piedra y salían 40 narradores; ahora somos menos, pero se cuidan mucho más las propuestas”.

Entre los templos de la narración oral está el Harlem Jazz Club de Barcelona, cuyo programa Contes i cuentos cumple 20 años. En este local del Barrio Gótico barcelonés donde se programan conciertos de jazz, soul, blues o música cubana se han visto 677 sesiones de 186 narradores. El respeto al artista es máximo: no se sirven copas durante la actuación, el espectador paga entre 5 y 7 euros por asistir a la contada y el narrador cobra un fijo, ampliable según el público que atraiga.

“Siempre hemos tenido el respeto al trabajo del narrador y la complicidad del dueño del local, que considera la narración como parte de su oferta”, explica Martha Escudero, que está al frente de la programación. “Se ha convertido en una especie de Broadway para la narración oral”, bromea esta contadora mexicana afincada en Barcelona desde 1993. Si no has contado en el Harlem no eres nadie. Pero no es un prestigio regalado. “No programamos a cualquiera, sino a profesionales y después de ver su trabajo”, asegura.

Pero el Harlem o los Viernes de los Cuentos son todavía una excepción. La tarea es ampliar los espacios para la narración oral más allá de los puntos ligados a la animación a la lectura, educando al público adulto que aún no distingue entre una contada y un monólogo cómico. Sigue habiendo un inmenso terreno que conquistar para que la normalidad que vive Guadalajara se extienda. Una normalidad en la que mezclan la tradición del cuento contado en corro entre amigos con el espectáculo del artista. El año pasado, el Maratón subió al escenario a 1.500 personas. “Tal vez sea muy optimista, pero veo un renacimiento del gusto por contar cuentos en familia”, apunta Blanca Calvo.

Cada cuento cuenta. Cada sesión amplía el horizonte de una práctica, tanto profesional como amateur, que regenera una tradición milenaria y alimenta un placer que aún está por descubrir para muchos que desconocen el gozo de apartar las pantallas para mirarse a la cara y prestarse toda la atención. La dicha de lo dicho. Tal vez no sea tan casual que el 20 de marzo, Día Mundial de la Narración Oral, coincida con el Día Internacional de la Felicidad. •

Podemos publicar estos reportajes gracias a las personas que apoyan nuestra publicación. Suscríbete a 21 y recibirás nuestra revista en papel cómodamente en casa cada mes con todos nuestros contenidos: ¡Vente a 21!

Más artículos

no-results-found-landing-news
  • {{item.subsection}}
    {{item.category}}
    {{item.subcategory}}
    {{item.tagName}}

    {{item.title}}

    {{item.plus_text}}
VER MÁS {{percentLoaded}}% loading...