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Laura Marta Loriente @laura_elliot_

 

Campeonas invisibles

ESPAÑA FÚTBOL LIGA IBERDROLA:GRA238. MAJADAHONDA (MADRID), 20/05/2017.- las jugadoras del Atlético de Madrid celebran el trinfo como campeonas de la Liga Iberdrola de fútbol femenino, por primera vez en su historia, gracias a su brillante desempeño desde el pasado 3 de septiembre, fecha en que inició su recorrido hacia la gloria. Este sábado, en la Ciudad Deportiva del Cerro del Espino (Majadahonda), el conjunto colchonero certificó su ascenso al trono con una ajustada victoria, por 2-1, ante la Real Sociedad en la trigésima y postrera fecha del calendario. EFE/Luca Piergiovanni
© Luca Piergiovanni

Ganan medallas y campeonatos mundiales, pero apenas son conocidas y los medios raramente les dedican portadas. Las deportistas españolas han alcanzado cotas de calidad similares y hasta superiores a las de los deportistas masculinos, pero a veces ni siquiera pueden vivir de una actividad que les exige dedicación plena.

Cuando el Real Madrid ganó el título de Liga, sus jugadores fueron recibidos en el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid. El Atlético había ganado también el título, pero no recibió ninguna de estas atenciones. Solo la presión social logró que se les diera el mismo trato unos días después. No era una cuestión de camiseta, sino de personas: el equipo blanco era el masculino; el rojiblanco, el femenino. Es una anécdota. Pero deja claro el mensaje que se les da a las deportistas: no valéis lo mismo.

A principios del siglo XX, una auténtica campeona como la tenista Lilí Álvarez solo merecía ocho líneas en ABC. Sin remontarse tanto tiempo atrás, el pasado mes de mayo Ona Carbonell y Paula Ramírez lograron en la Copa del Mundo de Italia el oro en natación sincronizada. Ni siquiera aparecieron en una nota al pie en las versiones digitales de los diarios. La selección española femenina de fútbol ganó la Copa Algarve, un torneo de élite que ni siquiera pudo verse por televisión porque nadie pagó esos derechos. El mensaje continúa.

En España siempre ha habido mujeres dispuestas a romper reglas, estereotipos y normas sociales. Por cabezonería, rebeldía, compromiso individual o pasión, las deportistas femeninas han llevado la bandera de España por todo el mundo. Sin salir en prensa, sin ser conversación de sobremesa, sin tener ni quince segundos de televisión. Poco les ha importado para seguir acumulando éxitos para el deporte español.

Campeonas sí; invisibles, también. Laia Sanz es 13 veces campeona del mundo en trial. Pero es de Jordi Tarrés de quien se acuerda el común de los mortales. Ana Carrascosa es bronce del mundo en dos ocasiones en judo. La karateka Sandra Sánchez es campeona de Europa y ha sido durante tres años número 1 del mundo en la modalidad de kata. Gracias al apoyo que recibió en Dubái, porque aquí "era demasiado mayor". Yolanda Matarranz ha sido varias veces campeona del mundo de petanca, pero nunca ha salido en portada. Loida Zabala ganó la Copa del Mundo de halterofilia paralímpica este mayo. El baloncesto femenino español ganó el Eurobasket ante Francia en 2013, pero fue más importante la derrota de los chicos del fútbol en la Copa Confederaciones.

Aunque en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y Río 2016 ellas lideraron el palmarés, han sido demasiados años sin poder competir, sin tener el beneplácito de la sociedad para poder sudar, sin las mismas oportunidades. Ni siquiera ahora están equilibradas las fuerzas. “Nos dejaban una piscina apartada, y en horario casi nocturno, para poder entrenarnos”, recuerda Jennifer Pareja sobre sus inicios en waterpolo. Hoy, ellas ganan unos 50 euros de dieta en la selección de fútbol. Ellos, todo lo que quieran. En la mayoría de los campeonatos españoles de cualquier disciplina no hay un sueldo para las mujeres. Los premios de muchos torneos internacionales son mayores para ellos. Cuando hay citas femeninas, que no siempre ocurre.

Sandra Gómez, piloto de trial, tiene la discriminación en casa. Ha ganado los mismos o más trofeos que su hermano, también piloto: él cobra y ella no. “Somos dos profesionales y mi hermano vive bien de ello. Yo no cobro nada. Por sus triunfos, tiene un contrato y es piloto oficial de una marca. Yo solo cobro cuando gano un mundial. Y en el más reciente ni eso. Quitaron el premio para las chicas en el último momento, sin avisar”.

En ciclismo, Dori Ruano sufrió algo parecido. Eran muchas más las pruebas masculinas. Eso afectaba a su entrenamiento y, por supuesto, a su repercusión mediática y patrocinios. Ruano fue campeona del mundo de ciclismo en pista en 1998. “Bah, pero no cambia nada. Luchamos por unas dietas para ir al Mundial que los chicos sí tenían. Lo único que me dijo el seleccionador es: ‘mañana sale el avión, tú verás’. Claro, vas porque lo que te interesa es competir. Después, cuando te retiras, te encuentras sin nada”.

FUERA DE LA LEY. Es algo que denuncia cada vez más fuerte la Asociación para Mujeres en el Deporte Profesional. “Cada deportista te presenta un caso, pero muchos son comunes: falta de financiación y recursos, discriminación, desigualdad. Queremos un marco jurídico nuevo y que se aplique la Ley de Igualdad: los recursos y la visibilidad tienen que ser repartidos entre hombres y mujeres al 50%”, dice Mar Mas, su presidenta.

Es un problema educativo, económico, social, cultural y legal. “La Ley del Deporte es de 1990. No están contempladas las mujeres porque en aquella época nadie pensó que llegarían donde están ahora. Las ligas bajo el marco legal son solo las masculinas. Eso significa que las mujeres no tienen un convenio colectivo, no están amparadas por ningún sindicato o patronal. En definitiva, no existen”, explica la abogada experta en deporte María José López González.

A veces, ni siquiera se llega a firmar un contrato. A menudo, la relación laboral queda encubierta bajo un epígrafe que nada tiene que ver con la competición. En otros casos, cuando hay una relación contractual, aparece la discriminación en forma de cláusulas antiembarazo. Existen, pero hay pocas que lo denuncian.

“El trabajo de la deportista es competir. Cuando entras en un club la satisfacción es enorme. No podemos cargarles  con la losa de denunciar estos casos. Ellas tienen que entrenarse y los políticos, hacer su trabajo”, prosigue Mas. “Son cláusulas nulas de pleno derecho, pero no se firman por gusto. Si las instituciones no se quedan al margen en cuestiones de dopaje o amaños, menos aún en esto. Y no podemos decir simplemente ‘que lo denuncien ellas’. No les podemos hacer eso a las víctimas”, zanja López.

Hay luces de esperanza. La exjugadora de balonmano Eli Pinedo admite que ha tenido suerte pues siempre firmó contrato con su club. “Eran los buenos tiempos en los que había dinero para infraestructuras y sueldos. Ahora sé que no se hace en todos, pero lo intentan”. También en el fútbol. “Hace 35 años las jugadoras no estábamos ni como amateurs. El fútbol femenino era aficionado y  la Asociación de Futbolistas Españoles era para profesionales. No podíamos entrar. Ahora sí estamos, aunque la Liga no es considerada profesional todavía”, comenta Fe Robles. Al menos, sin tener en cuenta la diferencia de sueldo entre ellas y ellos, ya hay contratos.

Pero las deportistas, y también muchos deportistas, siguen sin existir para el paro, la Seguridad Social o las bajas. “He estado diez años en la natación sincronizada. Poco a poco nos iban conociendo, ya no tenía que explicar que mi deporte era como un baile en el agua. Pero a pesar de haber ganado medallas olímpicas, mundiales y europeas, no he cotizado ni un solo día. Es como si me hubiera quedado en casa viendo la televisión”, expone Thaïs Enríquez. “Todo lo que yo he cotizado es de mi carrera profesional, no de la deportiva. Si no trabajo, no cobro. Es difícil compaginarlo con la piscina, pero no queda otra. Hay quien vive de la beca ADO (Asociación de Deportes Olímpicos). Cotizan lo mínimo porque no da para más. ¿Y cuando se retiren? ¿O si te lesionas o quieres quedarte embarazada y no puedes competir? Pierdes la beca”, explica Teresa Perales, 26 medallas paralímpicas en natación.

La invisibilidad legal conlleva la financiera, con el consiguiente peligro de que muchas carreras incipientes se queden en el camino y que muchas consagradas no tengan fuerzas para seguir en la élite. Muchas recurren al apoyo familiar, de amistades y al micromecenazgo para poder financiar sus competiciones. La regatista Ángela Pumariega se quedó sin beca ADO porque la categoría con la que logró la medalla de oro en Londres 2012 dejó de pertenecer al programa olímpico. Hoy recurre a la venta de pulseras para sufragar la compra de un nuevo barco y el salario del entrenador. La mayoría compagina los entrenamientos con otras actividades laborales con las que poder pagar las facturas. Algunas tienen la suerte de entrar en los criterios para recibir las becas Podium o las del proyecto FER. Pero no quieren ayudas, sino un sueldo. Lo suyo es trabajo, no una afición.
 
SIN ESPACIO EN LOS MEDIOS. Los deportes mediáticos eligen cuándo, cómo y por qué salir. Es lo que busca, quiere y consume la sociedad. El fútbol masculino acapara casi todo. Y en ese casi sobreviven los demás. De esa pequeña porción, solo quedan migajas para ellas. Con escasas excepciones, como Mireia Belmonte, Lydia Valentín o Carolina Marín. Aunque también ellas miran al calendario: si hay mundiales o Juegos Olímpicos tendrán presencia asegurada porque llevarán un éxito al palmarés español. Entre uno y otro torneo vuelven a sus aguas, sus pesas y sus volantes de bádminton en el más absoluto silencio. ¿Quién sabe qué está haciendo ahora Eva Calvo, plata en taekwondo en Río? ¿Y las integrantes del equipo de baloncesto, plata? Más allá de las estrellas consagradas, la invisibilidad es más patente.

“El 90% de las noticias deportivas está dedicado al deporte masculino y solo un 5 % al deporte femenino. Para el Mundial de fútbol de Canadá, en 2015, RTVE se preguntó si debía enviar a alguien a cubrirlo. ¿Hubiera existido el mismo debate en el Mundial de Sudáfrica?”, se pregunta Emelina Fernández, presidenta del Consejo Audiovisual de Andalucía. El deporte es un espacio por defecto masculino. “La televisión pública tiene que ser paritaria. Todas y todos pagamos impuestos. Si somos la mitad de la sociedad, que se refleje en los medios”, incide Mas.

Ellas también hablan de cómo las ven en la prensa. Cuando se las ve. “Me molestó que cuando la Lydia Valentín ganó la plata en el pasado Campeonanto Europeo de Halterofilia la imagen que había era de una grabación con el móvil. De haber sido un chico, hubiera habido una cámara para grabar el momento”, dice Perales, que sí ve cierto avance en la presencia femenina en los medios, pero muy lento. “Alguien tiene que atreverse a romper esa barrera y decir que lo que valen son las medallas y no si se es mujer u hombre”. Detrás de los triunfos y los podios hay una lección, un mensaje, una forma de educar. “Si yo le digo a un chico que cada día abre un periódico que los hombres van delante, que ellas no aparecen en los titulares, que van siempre en las últimas páginas… ¿cómo le voy a decir que la mujer es igual que él?”, advierte Clara Sainz de Baranda, profesora de la Universidad Carlos III de Madrid.

No lo es. No en la piscina, la pista y el campo. Sin embargo, cada vez es más ganadora, más capaz y más consciente de lo que queda por luchar. En el deporte y en la vida. A pesar de todo, ellas seguirán agotando sus energías para atrapar la siguiente medalla. •

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