Despertar

Juan Ignacio Cortés @JuanICortes 

Manuel Bretón: “El crecimiento económico debe servir para erradicar la pobreza”

Manuel Bretón Romero, presidente de Cáritas Española, asume un nuevo reto en una prolongada carrera profesional que le ha llevado a ser, entre otras muchas cosas, jefe de gabinete de los ministros de Defensa Federico Trillo y José Bono y ayudante de campo y secretario personal del rey Juan Carlos.

Estar al frente de una organización que se asoma a algunos de los rincones más oscuros de nuestra sociedad no le quita la sonrisa a Manuel Bretón, que recibe a 21 con extrema afabilidad en la sede de la organización en el madrileño barrio de Embajadores. Lo hace justo la semana anterior a la presentación del informe Desprotección Social y Estrategias Familiares, de la Fundación FOESSA, el instituto de estudios e investigación sociológica de Cáritas que también preside. Dicho informe, sobre cuyos datos no pudimos hablar durante la entrevista, asegura que, pese a que la crisis económica va quedando atrás y los índices macroeconómicos siguen mejorado, el 70% de las familias españolas perciben que la precariedad se ha instalado como forma de vida “habitual” para “un sector relevante de la población”. También asegura que la mitad de las familias viven peor que antes de la crisis. Incluso antes de conocer esos datos, de la conversación con el presidente de Cáritas emerge un retrato de la situación de España ciertamente preocupante. Y una llamada clara: un nuevo ciclo de crecimiento económico no se puede transformar en otra oportunidad perdida para reducir la pobreza y la desigualdad en nuestro país.

Cáritas es un gran observatorio de la realidad social. ¿Podría jugar a periodista y darme un titular acerca de la situación social de nuestro país?
Es complicado resumir en una frase la realidad que Cáritas acompaña cada día. Nuestra preocupación es evitar que el crecimiento económico que empieza a vislumbrarse se convierta en otra oportunidad perdida de sumar las voluntades políticas necesarias para erradicar la pobreza. No se pueden cometer los mismos errores del anterior modelo económico, construido a base de expulsar a la cuneta, a los márgenes de la sociedad a muchos ciudadanos que permanecen allí, sin esperanza.

El papa Francisco insiste en la idea de una Iglesia en salida, que presta especial atención a las periferias geográficas y existenciales. Ahí, sin duda, Cáritas está llamada a ser tropa de choque -o tropa de élite, no sé-.
Esa es la naturaleza de la misión de Cáritas. Estar siempre en las fronteras de la pobreza y la exclusión social. Salir al encuentro del excluido, acompañar y escuchar, como el Buen Samaritano, a quienes Francisco llama con tanto acierto los descartados. Tropa de élite, de infantería, logística... Toda la tropa que podamos aportar, la pondremos al servicio de la sociedad.

Decía usted recientemente que estamos ante un modelo socioeconómico que no reduce la desigualdad sino que la aumenta. Entonces... ¿los brotes verdes de la economía, las cifras récord de creación de empleo no sirven para disminuir la pobreza?
Claro que sirven. El empleo es la puerta de entrada a la inclusión social. Y la creación de empleo, que es evidente, permite que se reduzca el número de hogares sin ingresos o con todos sus miembros en edad de trabajar en paro. Esto es una realidad. Dicho esto, nos preocupa el tipo de puestos de trabajo que se están generando. En no pocos casos, se trata de empleos precarios y mal remunerados. Hay muchos trabajadores que tienen una retribución que está por debajo del umbral de la pobreza. Nosotros los llamamos trabajadores pobres, lo que no deja de ser una contradicción sangrante.

¿Qué se necesitaría para que esos trabajadores dejasen de ser pobres?
Es un tema en el que estamos trabajando desde hace tiempo Cáritas y otras organizaciones de la Iglesia, sobre todo las que tienen que ver con los movimientos obreros. Desde hace dos años tenemos una campaña en favor del trabajo decente.

Al presentar el último informe FOESSA afirmaron que se había roto el contrato social que estaba en la base del Estado del bienestar y se había transformado en un contrato mercantil. Sigue siendo un diagnóstico válido, parece.
Sí. Esa es la crítica que hace el papa Francisco del modelo económico actual que está basado en el descarte de algunas personas y que está dominado por el dios dinero. Corremos el riesgo de que, superada esta última crisis, volvamos a tropezar en la piedra del dios crecimiento, del dios rendimiento al que se subordinan los derechos de los más vulnerables y que hace que las personas, en lugar de estar en el centro de las decisiones políticas, sean algo prescindible, sobrante.

¿Qué elementos del modelo económico deberían cambiar para que no produjese ese descarte de personas?
Es preocupante, según el informe FOESSA, la dualización que provoca este modelo económico. Debido a ella, los más vulnerables y pobres disponen de menos recursos y cuentan menos en la toma de decisiones, mientras los más ricos cuentan con más recursos y sus opiniones son escuchadas con más atención. En el esfuerzo porque esto cambie y se revierta es donde estamos.

Dicho informe FOESSA e informes parciales subsiguientes aseguran que los jóvenes y las familias con niños han sufrido especialmente durante la crisis. La perspectiva de una sociedad peor para las generaciones venideras se consolida.
Cáritas trabaja para que esto no sea así. Nosotros aportamos razones para la esperanza. Tantas como los miles de personas que dan cada día lo mejor de sus capacidades en las Cáritas parroquiales para estar al lado de los que padecen esas situaciones tan precarias, intentando proteger sus derechos y mejorar sus condiciones de vida.

También las mujeres han sido especialmente golpeadas. Por otro lado, se han convertido casi en heroínas, en el caso de las familias más desfavorecidas.
Somos testigos constante de la capacidad de liderazgo de las mujeres y de su tesón para plantarle cara a las adversidades. Son admirables. Muchas de las situaciones de precariedad que se han planteado durante la crisis han conseguido suavizarse gracias a las mujeres, a su determinación a la hora de asumir las cargas de la familia. Es el mismo coraje que muestran las mujeres de los países del Sur en los que Cáritas española lleva a cabo proyectos de cooperación fraterna junto a las Cáritas locales. Allí la capacidad de liderazgo femenino es garantía de éxito.

Hemos pintado un panorama muy negro, la verdad. ¿Hay una oportunidad de que esto cambie? ¿Qué tendría que pasar? Ustedes presentaron antes de las elecciones una serie de propuestas concretas a los partidos políticos, ¿cómo fueron recibidas?
Esas propuestas políticas deberían funcionar a medio plazo, a lo largo de la legislatura. Son propuestas que se inspiran en la instrucción pastoral de los obispos españoles Iglesia, servidora de los pobres y que se centran en mejorar no sólo situaciones concretas, sino las leyes que afectan a la situación social y los derechos básicos de las personas más vulnerables, como la salud o la vivienda. La acogida de las propuestas ha sido muy positiva en general, pero con distinta recepción por parte de los interlocutores, como es lógico. En lo básico, todos comparten nuestras ideas.

Ustedes defienden una renta básica universal desde hace ya algunas décadas. ¿Qué se necesita para ponerla en marcha? ¿Es una cuestión de falta de dinero o de verdadera ausencia de voluntad política?
No creo que sea falta de voluntad política. Nosotros ponemos el foco en el Salario Mínimo de Inserción y en la necesidad de que haya un sistema estatal de garantía de rentas. Especialmente para los hogares sin ingresos. Esos sistemas son muy desiguales y dependen de las distintas comunidades autónomas, pero no existe una norma estatal de referencia. Cáritas insiste en la creación de un sistema estatal que armonice estas prestaciones.

Por otra parte, Cáritas ha señalado como razones para la esperanza la fortaleza de los índices de participación social, la solidaridad, el voluntariado y las redes familiares.
Somos testigos de ello. Los años de crisis se tradujeron en un aumento del número de voluntarios de Cáritas, pasando de 60.000 a más de 80.000. Es una de nuestras grandes riquezas. Pero lo importante de esto no es sólo el numero, que ya impresiona, sino sus cualidades: su espíritu, su generosidad, su interés por formarse. Todo ello habla de la extrema generosidad de nuestra gente. También se han incrementado un montón los aportes de los donante privados que ha pasado de 142 millones de euros en 2009 a 238 en 2015.

Ampliemos un poco el foco, vayamos más allá de España. ¿Qué pasa con Europa? “La justicia social es un valor europeo fundamental. Es parte del ADN de Europa” han dicho ustedes. Sin embargo, en un duro comunicado sobre inmigración acusaban a los líderes europeos de incumplir, una y otra vez, su compromiso con los valores de respeto por la dignidad, la libertad, la igualdad y los derechos humanos.
Yo soy un europeísta convencido: me he formado en academias y escuelas de estado mayor europeas y he tenido destinos en muchos países de nuestro entorno. Pero es cierto que la respuesta a los problemas que plantea la movilidad humana es una cuenta pendiente para nuestros líderes. Y es un tema prioritario para la red internacional de Cáritas. Europa tiene capacidad más que suficiente de acogida de todas estas personas que huyen de la violencia y de la miseria. En Cáritas conocemos a fondo la realidad humana de la migración en los países de origen, de tránsito y de llegada. Estamos trabajando, bajo las instrucciones de la Conferencia Episcopal y codo a codo con el Gobierno y otras organizaciones humanitarias de la Iglesia para ver cómo resolver parte de ese reto creando pasillos humanitarios, como se he hecho en otros países como Italia y Francia. Vamos a seguir ese modelo. No podemos olvidar nunca que somos una sola familia.

¿Cuándo va a ser esto una realidad?
Ojalá mañana (risas). La Conferencia Episcopal ha dado un paso de gigante y estamos colaborando muy estrechamente con las autoridades, en concreto con el jefe del Gabinete del presidente Rajoy, Jorge Moragas. Estamos en una línea de trabajo muy positiva.

Conectado directamente con el tema de migración está el asunto del populismo. Uno tiene la impresión de que aunque volverse hacia partidos racistas y xenófobos es una respuesta incorrecta, la pregunta airada de muchas personas acerca de qué han hecho los políticos, las instituciones o el Estado por ellas es pertinente.
Estamos tan confortablemente instalados nuestra burbuja de bienestar que cualquier síntoma externo que pueda amenazar ese estatus nos genera inquietud. Y por desgracia nunca faltan los que incitan al odio hacia el otro, hacia el recién llegado. Creo que es necesario insistir en la naturaleza humana del otro, de sus esperanzas, capacidades y valores y en todo lo que puede aportar a la sociedad. A diario vemos cómo personas no nacidas aquí cuidan en nuestras casas de nuestros padres y de nuestros hijos. Si les confiamos el cuidado de nuestros seres más queridos... ¿qué es lo que nos da miedo?

¿Qué se puede hacer para cambiar un mundo en el que un 1% de la población tiene más del 50% de la riqueza y un 80% de la población reúne menos del 6%? ¿Tiene remedio tanta desigualdad?
Estos datos son sangrientos. Yo creo que la clave es compartir y ser comunidad. Es el lema del Día de la Caridad de este año y nuestra llamada e invitación a todos para tomar parte en la construcción de una sociedad más justa y fraterna. Es necesario seguir abriendo caminos a otra economía al servicio de la persona que promueva la inclusión social y la consolidación de un trabajo decente como expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer.

Desde hace un tiempo, Cáritas insiste en el respeto a la creación, en la necesidad de luchar contra el cambio climático. ¿Tanto tiene que ver la ecología con la pobreza?
La encíclica Laudato si’ nos ha marcado el camino a seguir. Nuestra experiencia nos muestra la íntima relación entre desarrollo y cuidado de la creación y hasta qué punto un modelo de desarrollo a espaldas del medio ambiente está detrás de las condiciones de miseria que causan los flujos migratorios actuales. El cuidado de la casa común es inseparable de la justicia y la fraternidad. Es preocupante que algunos líderes mundiales no sean sensibles a las llamadas de alerta que envía el planeta.

Permítame, para terminar, una pregunta un poco más personal. Usted ha tenido una carrera militar brillante: agregado militar en diversas embajadas europeas, jefe de gabinete de ministros y secretario personal del Rey Juan Carlos. ¿Qué supone para alguien de tan larga y dilatada carrera ser ahora presidente de Cáritas?
Algo muy especial. Un reto importantísimo en una vida dedicada al servicio a los demás, como es la vida de todos los servidores públicos. Alguien decía que estar cerca de las grandes personas te hace aprender y desarrollarte más. Yo he tenido la suerte de estar cerca de grandes personas, empezando por mi familia y siguiendo por mis jefes, compañeros y subordinados. De todos he aprendido muchísimo. A mí me toca a diario el gordo, aunque no juego nunca a la lotería.

Sucede usted a Rafael del Río, un policía. ¿Es mera casualidad o se va a convertir en una tradición que ex miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado sean presidentes de Cáritas?
(Risas) Militar y policía son dos carreras completamente distintas, aunque ambas con un marcado carácter de servicio. Pero le aseguro que ninguno de los dos tomamos parte en esas decisiones. •

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