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Juan Ignacio Cortés @JuanICortes

Gonzalo Ruiz: "Sin trabajo decente no hay vida digna"

Gonzalo Ruiz es presidente de las Hermandades Obreras de Acción Católica (HOAC). La organización, fundada en 1946 y cuyos militantes jugaron un papel fundamental en la creación de sindicatos (USO y CCOO) durante la Transición, sigue siendo la punta de lanza de la presencia de la Iglesia católica en el mundo del trabajo. 

Usted ha sido militante de HOAC durante 40 años. ¿Cómo ve la evolución de la organización y del mundo del trabajo?
Básicamente, hemos pasado de luchar por conseguir derechos para los trabajadores a luchar por recuperar derechos que hemos perdido.

Ha cambiado el contexto. ¿Cómo ha cambiado la acción de la HOAC?
A lo largo de estos 40 años, la HOAC siempre ha estado al lado de los trabajadores, intentando ver cuál era el mejor servicio que podía hacer al mundo obrero. Ahora incidimos mucho en el acompañamiento a las personas. La crisis actual es muy profunda y ha hecho que los trabajadores no puedan vivir como trabajadores. Intentamos que los trabajadores recuperen su dignidad y puedan vivir decentemente, lo que es difícil. Las condiciones laborales actuales hacen que muchos no puedan organizar su vida, no puedan desarrollarse como personas.

Hace 40 años la Iglesia estaba muy presente en el mundo del trabajo. Ya no es así.
Es cierto que ha disminuido esa presencia, que la dimensión social de la fe en muchos cristianos casi no existe. Vamos a las parroquias a explicar lo que es la HOAC y les suena bastante a chino. Te escuchan con educación, pero no lo viven, no ven que el mundo del trabajo es algo esencial en donde los cristianos y la Iglesia tienen que implicarse. Desde hace tres años, impulsamos la campaña Iglesia por un Trabajo Decente. Gracias a ella, estamos consiguiendo que la Iglesia en general, más allá de los movimientos especializados, se acerque al mundo obrero.

Durante años, los pronunciamientos públicos de la jerarquía raramente hacían referencia a los problemas laborales. Esto ha cambiado con el papa Francisco.
Francisco ha puesto en el centro de su discurso lo esencial: la persona y su dignidad. Para que haya dignidad es necesario el trabajo. Sin trabajo no hay desarrollo personal, no hay vida social ni familiar plena... Sin trabajo o con trabajo en condiciones no dignas. Con trabajos mal pagados o contratos de un día la persona no puede desarrollar su vocación. La persona se ve mutilada.

Intentan acercar el Evangelio al mundo del trabajo. ¿Cómo se hace eso posible en el día a día?
Es complicado. La base es el contacto directo con los compañeros. No con discursos, sino con acompañamiento, mediante la acción diaria y cotidiana, dejando claro lo que te mueve.

¿Son bien recibidos?
Nuestra presencia se valora. La ventaja es que no somos alguien que viene de fuera.

Pregonan un estilo de vida comunitario, pero parece que la cosa no va por ahí. Los trabajadores no tienen conciencia de serlo, no se unen para reclamar sus derechos.
Sabemos que vamos contracorriente. Para vivir de una forma alternativa a lo que el sistema plantea es necesario vivir desde otros principios y valores. Es difícil, pero la única manera de presentar una alternativa es dar pequeños pasos hacia un estilo de vida basado en el compartir, y no en la competencia. Eso no se consigue de la noche a la mañana. Es un proceso. La formación es esencial en ese sentido. Y en la HOAC es permanente, hay una constante confrontación de fe y vida.

Muchas conquistas de los trabajadores a lo largo de décadas han desaparecido o están desapareciendo. ¿Es posible invertir esa dinámica?
Posible, pero difícil. La única forma es que todas las personas que sentimos que este sistema no tiene salida nos organicemos y construyamos juntos un modelo de vida alternativo. No hay que pensar en grandes utopías, sino en ir construyéndolo en el día a día.

En su curso de verano el profesor Gómez Serrano reconocía que no hay una alternativa global al capitalismo. ¿Cómo y en qué mantener la esperanza entonces?
La única manera de conseguir una alternativa global será ir uniendo pequeñas alternativas, crear sinergias. Somos realistas: sabemos, a diferencia de hace 40 años, que no existe un modelo alternativo global, pero también sabemos que la gente puede organizarse y nadie puede parar eso. Nadie puede impedir que se cree una cooperativa de consumo, o un banco ético. Ahí hay esperanza.

Hace poco el presidente de Cáritas decía a 21 que la economía crece, pero que se corre el peligro de que no sirva para mejorar las condiciones sociales de parte de la población.
Claro. No han cambiado las prioridades. Se buscan el beneficio a costa de los trabajadores expulsándoles del centro del trabajo, precarizando sus condiciones, reduciendo sus salarios... Se sigue caminando en la misma dirección. La mejora de la economía está llegando a los grandes capitales, a la empresas, pero muchas personas siguen inmersas en la crisis. Sus condiciones no han mejorado. Al contrario, los contratos son cada vez más flexibles y el empleo que se crea no es es de calidad. Se están creando cada vez más trabajadores pobres, que no pueden vivir con su salario.

Cuando el Fondo Monetario InternacionaI o la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico dan recetas para mejorar la economía insisten en la flexibilización laboral.
Sí, siempre apuntan en la misma dirección. Y luego alertan de la precarización y la pobreza. Es una hipocresía total, porque esa precarización y esa pobreza la crean las políticas que ellos impulsan.

La economía española sigue basada en el turismo y la construcción, dos sectores muy vulnerables a la temporalidad y las burbujas.
El sistema productivo no cambia. Se va a lo fácil. En tiempos de crisis, habría que apostar por la investigación y el desarrollo tecnológico, pero todos esos campos que nos podrían hacer más competitivos se dejan de lado. Los presupuestos del gobierno y las aportaciones de las grandes empresas a la investigación se han reducido drásticamente. No se apuesta por un modelo económico distinto que permita crear empleo de calidad.

Sería necesario también invertir en educación, ¿no?
Claro, pero en lugar de eso el personal docente se reduce y se empeoran sus condiciones laborales. Consecuentemente, los resultados educativos son peores.

Los jóvenes han sido particularmente castigados por la crisis.
Los jóvenes y otros colectivos como las mujeres y los inmigrantes. En nuestros encuentros con los sindicatos insistimos en la defensa de esos colectivos en peor situación.

Ya que los menciona, ¿cómo ven el papel que están jugando los sindicatos en nuestro país?
El papel de los sindicatos es fundamental. Son uno de los pocos diques de contención contra el capitalismo y valoramos enormemente su tarea. Ahora, también les decimos que no deben contentarse con defender a los trabajadores en activo. Deben llegar a los trabajadores más vulnerables y precarios y promover políticas que mejoren su situación. Hay un campo de acción muy grande ahí, aunque es verdad que esa labor no es fácil.

El 7 de octubre se celebra la Jornada Mundial por el Trabajo Decente. ¿Cómo resumiría sus objetivos en una frase?
Sin trabajo decente no es posible una vida digna. Si el trabajo no te permite resolver sus necesidades básicas o no te deja atender adecuadamente a tus hijos, no puedes tener una vida plena.

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