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Alba Sabaté Gauxachs.
Observatorio Blanquerna de Comunicación, Religión y Cultura.

Religiones que tejen la paz

LBB11159. RANGÚN (BIRMANIA), 29/11/2017.- El papa Francisco camina junto a Bhaddanta Kumarabhivasma, presidente del Consejo Supremo de la "Sangha", el órgano formado por los máximos jefes de rama budista Theravada, en Rangún (Birmania) hoy, 29 de noviembre de 2017. En su tercera jornada de visita a Birmania, Francisco visitó a los líderes que representan a todos los budistas en el centro Kaba Aye, un lugar simbólico en un país donde el budismo es "religión de Estado". EFE/ Ettore Ferrari
© ETTORE FERRARI

Las religiones en todo el mundo abogan por un objetivo común: la paz. Al mismo tiempo, graves conflictos en todo el mundo están provocados por las dificultades de convivencia entre distintas confesiones. Por eso, más allá de reivindicar su deseo, las religiones contribuyen de forma significativa a la construcción de la paz.

El papa Francisco también llora. Puede parecer una obviedad o una anécdota, pero no se trata de un hecho baladí. ¿A cuántos papas hemos visto llorar? Las lágrimas del Pontífice han ocupado portadas y páginas de los principales medios de comunicación de todo el mundo hace escasos días. El motivo, su visita a Myanmar y Bangladesh y el haber escuchado, en primera persona, a dieciséis testigos de la persecución de los rohingyas en estos países asiáticos de mayoría budista. “En la construcción de la paz, las religiones, con sus recursos espirituales y morales, tienen un papel especial e irremplazable”, dijo el mismo Pontífice el pasado mes de octubre ante los delegados del Congreso Mundial de Religiones por la Paz. ¿Cómo se explica pues, una situación como la del pueblo musulmán en el sudeste asiático?

“La religión será una fuente de paz y convivencia si se educa en una experiencia de Dios auténtica, que no sea fundamentalista (es decir, que no coloque cualquiera de las prácticas devociones al mismo nivel absoluto de los fundamentos) ni excluyente (es decir, el otro suma y me enriquece, no es mi enemigo)”, explica el jesuita Joan Morera, desde su visión tras haber vivido muchos años en Tanzania.

El fundamentalismo provoca que se cree el prejuicio de que las religiones son el motivo de los conflictos y no la forma de resolverlos. París, Londres, Manchester, Berlín, Hamburgo, Bruselas, Niza, Madrid, Barcelona han vivido recientemente en sus propias carnes la crueldad del terrorismo fundamentalista. Las víctimas, en primera instancia, las personas fallecidas y sus familias. La sociedad, sin embargo, paga también el elevado precio de poner en entredicho su convivencia.

“La comunidad musulmana quiere dejar muy claro que está en contra de la violencia y del terrorismo y que el islam no tiene nada que ver co]n ello”, explicaba Mohamed El Ghaidouini, presidente de la Unión de Comunidades Islámicas de Cataluña, en la manifestación que la comunidad musulmana convocó en Barcelona días después del ataque en La Rambla de la ciudad. “Queremos dejar claro que estas personas tienen la estrategia de dividir a la sociedad y que debemos actuar con inteligencia y no caer en su trampa”. Insistir y repetir esta reivindicación ha sido la tarea de la comunidad musulmana en Europa cada vez que ha ocurrido un ataque de estas características. Sin embargo, la islamofobia es una realidad. Un reciente estudio del Pew Research Center muestra, al mismo tiempo, el crecimiento de población musulmana en Europa, que es del 4,9%. Ante tales situaciones, son muchas las personas que dudan de si las religiones son el problema o la solución.

Las religiones, ¿paz o conflicto? “Las religiones son influenciables por parte de las instituciones políticas que están detrás de muchas guerras”, reflexiona Josep Maria Juhé, director del centro budista Diki Ling de la población catalana de Calella. Sin embargo, señala que “si cualquier religión fuera a sus orígenes, el mensaje universal de paz sería mucho más fuerte e incuestionable”.

“La religión marca mucho más de lo que imaginamos la vida de las personas y, por supuesto, los valores de cada religión impregnan la ética de cada creyente”, subraya Ruth Giordano, teóloga y pastora protestante. “Es importante conocer los valores de cada confesión y lo que realmente transmiten”, añade. En este mismo sentido, Màxim Muñoz, claretiano presidente de la Unión de Religiosos de Cataluña, argumenta que “la religión es muy relevante en la construcción de la paz y de la convivencia porque marca la vida de las personas y los pueblos, su cultura y su ética”. Igualmente, para el Dr. Antoni Matabosch, presidente durante 19 años del Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Barcelona y presidente honorario de la Fundación Joan Maragall, “toda religión tiene una ética personal y social, con formulaciones similares, siempre se proclama tratar a los demás como nos gustaría que nos trataran a nosotros, y esta es una magnífica aportación a la paz y la convivencia”.

“Shalom es nuestra palabra para decir hola y adiós, y significa paz”, señala desde el judaísmo Jorge Burdman, representante de la comunidad israelita de Barcelona. “De hecho, la paz la tenemos cada día en nuestras plegarias, en todas invocamos a la paz, pedimos a Aquel que hace posible la paz en las alturas que la traiga a nosotros”, cuenta. Del mismo modo se saluda en el islam. “Salam aleikum”, significa también “la paz sea contigo”.

“En el fondo, las religiones son caminos de respuesta práctica a la sed de Dios de todo ser humano, encarnadas en culturas y formas”, destaca el jesuita Joan Morera. Lo reitera Jorge Burdman: “Todos somos fuentes de un mismo Creador, pero las religiones son caminos para llegar a la verdad y la armonía. Solo así evitamos la noche y llegamos al alba”. De hecho, en algunas confesiones como la bahà’í se concibe la religión como un mensaje de unidad. “Creemos que, en el fondo, todas las religiones son la misma, y por tanto, solo existe un Dios”, asegura Omid Sayari, representante de la comunidad bahà’í de Barcelona.

Así, más allá de los distintos nombres o paraguas confesionales bajo los que se reivindique, la paz es uno de los comunes denominadores de todas las religiones. Las revelaciones desde la trascendencia y los escritos sagrados de muchas de las confesiones contienen precisamente la llamada “Regla de oro”, que Matabosch apunta, se puede expresar de muchas formas pero que se resume en “ama al otro como a ti mismo”.

Por lo tanto, como destaca Giordano, “hablamos de una paz basada en el amor y el respeto hacia el otro”, remarca. “La convivencia debería estar completamente basada en entender y aceptar al otro”. Amparo Gómez Olmos, delegada de medios de comunicación de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, por su parte, subraya la importancia de tenerlo también en cuenta desde el punto de vista negativo: “no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti”, señala. Igualmente Ricard March, representante de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, asegura que “cuando nos preocupamos sinceramente por los demás es cuando nos olvidamos de nosotros mismos, que es lo que hacía Jesús en su existencia terrenal, olvidarse de él mismo para entregarse a los demás”.

Una cuestión de empatía. Según Rafael Luciani, “nuestros espacios urbanos han sido reconfigurados al punto de que habitar cerca del alguien completamente distinto a mí, en lo cultural y en lo social, es imposible de evitar”. El rechazo de una parte de la sociedad a los movimientos migratorios, a la convivencia y al diálogo intercultural e interreligioso muestran este miedo, manifiestan el nivel de empatía de la sociedad. Husserl había establecido que la forma en la que podemos tener acceso a los demás es precisamente por medio de la empatía. Sin embargo, el planteamiento husserliano necesita ser complementado para entender la forma en la cual el otro se me presenta como una realidad objetiva exterior al yo.

Magistralmente lo hace santa Edith Stein, en su tesis doctoral que versa sobre el problema de la empatía. El filósofo Francesc Torralba lo explicaba recientemente en la sesión “La empatía en el pensamiento Edith Stein”, organizada por la entidad Entesa Judeo-Cristiana de Catalunya y la Asociación Cultural Tarbut Sefarad en Barcelona. El profesor subrayaba la dificultad que Stein plantea para encontrar momentos en los que se dé auténtica empatía. Para ella, son pocos y no es fácil lograrlos. Vivir un hecho en las propias carnes no es igual a vivirlo en las ajenas. “La comunión plena con el otro es excepcional, porque entre la exterioridad y la interioridad no siempre hay transparencia” detallaba el Dr. Torralba. Y concretaba, hay tres posibles tipos de relaciones: opacidad, transparencia o traslucidez. Habitualmente, la empatía es traslúcida. Igualmente, el profesor enumeraba los elementos que permiten entrar, un poco, en empatía con el otro, en su interioridad:

    • El rostro: el rasgo que irremediablemente nos presenta al otro. Lo primero que vemos y detectamos del que consideramos ajeno o extranjero. El rostro dice mucho de la parte interior de la persona a la que fácilmente no podemos acceder para empatizar completamente. El rostro, según Lévinas, es aquello que identifica al extranjero, al huérfano, a la viuda, aquellas figuras que este autor planteaba.

    • La producción: la obra es una clara presentación de una persona. Entender su obra es entender su interioridad; incertidumbres, inquietudes, preocupaciones, dudas.

    • Lenguaje gestual: lo que el otro manifiesta de forma muchas veces inconsciente y que habla y describe la figura con la que nos encontramos.

    • El silencio: también lo que la persona no dice se presenta como un elemento para conocer mejor su interioridad.

La medida en la que descifremos todos estos elementos en el otro será decisiva para llegar a un nivel mayor o menor de empatía, que pocas veces, será total. Para Gómez Olmos, “en esencia, todas las confesiones comparten la Regla de Oro y es la piedra angular para la paz y la buena convivencia”. También, señala, desde el asociacionismo, en actividades como los deportes, se contribuye socialmente a promover estos valores. De hecho, son muchas las confesiones que, en actividades comunitarias promueven estos valores no solo a través de la religión, también del arte, los medios de comunicación o la acción social.

Mucho más que un deseo, acción. Más allá de sus mensajes, la acción social de las distintas confesiones es la prueba clara de su contribución a la convivencia y a la paz. A pesar de los errores históricos de algunas de ellas, cabe destacar y reconocer la tarea que realizan.

Si nos fijamos en el catolicismo, Morera recuerda “los incontables creyentes que por motivo de su fe se han entregado en cuerpo y alma a la construcción de una sociedad más justa atendiendo a los pobres, leprosos, educando a los niños, construyendo hospitales, asistiendo los refugiados y excluidos y reconciliando bandos en guerra”. Por su parte, Francisco Javier Sánchez, director del Centro Internacional Teresiano Sanjuanista (CITeS) "Universidad de la Mística" de Ávila,  subraya que “la implicación de la Iglesia católica en el ámbito de la transformación social, hacia una solidaridad y fraternidad más auténtica, es más que evidente”.

Según Ruth Giordano, “el protestantismo lo que ha hecho y hace es recuperar e intentar vivir justamente los principios del Evangelio, donde están los tres principios básicos para la paz y la convivencia y que todavía en muchos lugares del mundo, son las tres revoluciones pendientes. La igualdad de género, (en Cristo no hay ni hombre ni mujer), la igualdad de raza o etnia, (en Cristo no hay ni judío ni griego) y la igualdad de clase (en Cristo no hay ni esclavo ni libre)”. Según la pastora, sin embargo “para hacerlo posible hemos de educar a las personas a pensar y decidir por sí mismas, e involucra un esfuerzo en los educadores ya sea de la familia, como la escuela, como la misma sociedad”.

“La paz es el estado natural de las personas. Venimos en paz y nos vamos en paz y, por lo tanto, si no tenemos paz estamos heridos y debemos rehacernos”, asegura Jorge Burdman. En el judaísmo, la acción social la lleva a cabo cada comunidad Ezra, que da asistencia a quien la necesita; ya sea comida, ayuda, acompañamiento a las personas mayores. “La vida en comunidad es sentirse parte de ella, y la comunidad está contigo”, destaca Burdman. En este sentido, el Doctor en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, Luciani, actualmente Profesor del Boston College, subraya cómo “el ser humano no puede vivir ni desarrollarse solo. Es, por esencia, un ser social, que necesita al otro para poder encontrarse a sí mismo. Por ello, aprender a convivir es fundamental para desarrollar su propia vocación humana. Es aquí donde las religiones pueden aportar mucho, ya que al formar para la paz, contribuyen al desarrollo de la propia vocación humana. Por ello, las religiones son actores privilegiados para generar procesos de reconstitución del tejido sociocultural de nuestras sociedades”.

Para el budismo, la paz social y la convivencia no se pueden lograr sin contar con la paz interior. “Ponemos mucho énfasis en la paz individual y la responsabilidad de nuestras acciones; esta es una gran herramienta de paz para todos los seres humanos”, detalla Josep Maria Juhé. De hecho, una de las acciones que se llevan a cabo en los últimos años a nivel mundial es la meditación conjunta “World Peace Through Inner Peace” en los cinco continentes de forma simultánea. Para el budismo, la meditación es el camino para la paz interior que posteriormente se traduce en paz exterior. “La violencia nos destruye, por eso es muy importante que trabajemos juntos, seamos de la religión que seamos”, explicaba el lama budista Tubten Wangchen en este acto de meditación conjunta global.

La periodista especializada en interculturalidad, Aroa Ortega, señala la importancia de escucharse a uno mismo: “Creo que las religiones nos ayudan a escucharnos. Esto nos enseña a escuchar a los demás y este es el primer paso para entablar diálogo. La escucha es fundamental para entendimiento y crea la posibilidad de encontrar la fórmula para la convivencia”.

Nuestro mundo y sus cosas. La falta de empatía se encuentra en el origen de grandes y pequeños conflictos a nivel global. Las reflexiones de algunos filósofos sobre el mundo actual permiten poner en contexto estas situaciones para entender sus causas. ¿Cómo es nuestro mundo?

    • Líquido: Los conceptos de modernidad líquida, sociedad líquida o amor líquido, acuñados por el pensador Zygmunt Bauman, definen el actual momento de la historia en el que las realidades sólidas de antaño, las estructuras diseñadas para toda la vida se han desvanecido. ¿Son los valores también líquidos?

    • Glocal: según el sociólogo Ulrich Beck, nos movemos en un mundo en el que se han suprimido fronteras. Se piensa globalmente y se actúa localmente. Esta posición paradójica tiene consecuencias en muchos campos y aspectos de nuestra sociedad actual. Al mismo tiempo, los flujos de población migrante son destacados en muchas partes del mundo movidos por diferentes razones; los conflictos son una de las más relevantes.

    • Capitalista: los valores vinculados al consumismo han ganado preeminencia en todo el mundo. El mismo Papa ha denunciado en muchas ocasiones como el sistema económico mundial pone en el centro al “dios del dinero” y ha lamentado que se inviertan miles de millones en rescatar a entidades bancarias y no en ayudar a refugiados e inmigrantes que huyen de sus países. Además, el Pontífice critica cómo es el capitalismo el que crea pobres que “luego quiere esconder”.

    • Individualista: la preeminencia del capitalismo hace que volvamos a convivir, en ocasiones, en una cierta ley del más fuerte, a la que el mismo funcionamiento social nos ha llevado. En la gran era de la comunicación, hablamos, pero no siempre nos entendemos; oímos, pero no siempre nos escuchamos; nos miramos, pero no siempre nos vemos. Vivimos en la llamada “soledad masificada” que analiza el mismo Bauman.

    • Digital: el impacto de las nuevas tecnologías ha tenido y tiene un claro efecto antropológico. Más allá de un instrumento, la digitalización de la sociedad ha traído nuevas rutinas, nuevos hábitos y ha modificado, en muchos aspectos, los valores de la sociedad. De hecho, según un reciente estudio del Observatorio Blanquerna de Comunicación, Religión y Cultura, solo en Cataluña, el 97% de los jóvenes de entre 12 y 18 años utilizan internet diariamente y en más de una ocasión y localización. Comunicarse, publicar fotos, compartir opiniones o incluso rezar ya es posible a través de un mundo paralelo al que nos trasladamos frecuentemente en el día a día.

Los retos. ¿Cómo encajan estas características con los valores de las religiones? Este mundo y lo que sus características demandan van totalmente en contra de la “Regla de Oro” de las religiones para conseguir la convivencia. De este modo, los distintos testimonios de todas ellas reivindican unas medidas clave que son necesarias y nos permitan, como humanos, hacer frente a este reto y seguir construyendo la paz.

    • Conocimiento: sobre uno mismo y sobre los demás. Un conocimiento con el que podamos tener una opinión crítica, basada en argumentos sólidos. Ruth Giordano, asegura que “debemos educar a las personas para que piensen y decidan por ellas mismas”. El papel de la educación se reclama desde todas las confesiones como primer paso para el diálogo y encuentro interreligioso.

    • Humanidad: y humanidades, que han sido despiadadamente apartadas del sistema educativo y que pueden hacer que la sociedad sea inquieta, se haga preguntas, reflexione y aprecie el valor de las pequeñas grandes cosas.

    • Conversación: tenemos muchos medios para comunicarnos y aún así nos cuesta entendernos. Cabe aprovechar que la era en la que hemos nacido pone en nuestro alcance miles de herramientas y canales para estar comunicados.

    • Encuentro: personal, cara a cara, tangible, real. El abad benedictino Notker Wolf hablaba hace poco en Barcelona de la amistad interreligiosa, que viene del encuentro y que más allá del simple diálogo interreligioso. Así, lo pide el Papa.

La paz digital. En Internet muchos creyentes difunden la paz. Por ejemplo, usando la frase “pazybien” en forma de hashtag, acompañando fotos, mensajes. El mismo papa Francisco, en Twitter, no deja de usar la paz y el diálogo como ejes de su predicación. No solo los franciscanos, con su herencia de san Francisco de Asís, sembrador del pacifismo, sino también otras órdenes religiosas y distintas confesiones religiosas. La Fundación por la Paz ofrece digitalmente un blog sobre paz: www.fundipau.org/blocs/. También otras entidades como Religions for Peace www.rfp.org se desempeñan en esta labor de pacificar el mundo a través de la aportación de las religiones.

Por su parte, el King Abdullah Bin Abdulaziz International Centre for Interreligious Dialogue, una de las entidades internacionales que lleva a cabo más proyectos sobre diálogo interreligioso, ha creado el mapa de la paz o Peacemap, en el que se ilustran las relaciones de las religiones con la paz, la coexistencia, los derechos humanos y el desarrollo.

La periodista del portal internacional dedicado a temas religiosos “Aleteia” -web que recibe el premio ¡Bravo! este mes-, Miriam Díez, que también dirige el Observatorio Blanquerna de Comunicación, Religión y Cultura, cree que las religiones “pueden ser ambiguas en cuanto a la paz, y es importante precisamente por esto estar atentos a las desviaciones que se puedan producir”. Para ella, “sería ingenuo pensar que todo es pacífico en el entorno espiritual”, pero también es contundente al afirmar que “es necesario destacar toda la bondad que conlleva una vida espiritual y religiosa honda, auténtica y sincera”. “Las personas creyentes no pueden ir contra la paz”, añade. Esta bondad irénica en las redes sociales es, según Díez Bosch, “una característica que debería orientar a todas las religiones: hablar para sanar, intervenir para curar, pronunciar palabras de aliento, de compañía y de misericordia en el entorno digital”.

También en el espacio offline y en todo el mundo se desarrollan iniciativas que tienen como objetivo dar a conocer las confesiones para mejorar la convivencia y la paz.

Una de ellas es Noches de las religiones. Esta iniciativa, iniciada en Berlín, se reproduce en algunas ciudades europeas y consiste en abrir a la ciudadanía las puertas de todas las comunidades religiosas durante una noche. Las confesiones ofrecen sesiones en que los visitantes pueden preguntar sus dudas, conocer sus oraciones, canciones e incluso gastronomía característica. Las familias con niños y jóvenes son un tipo de público habitual en este evento.

La importancia de la concienciación de los jóvenes es clave y el proyecto Living Peace, insipirado en las propuestas de Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares, se ha extendido a todas las escuelas del mundo. Trata precisamente de implicar a los niños, adolescentes y jóvenes en la construcción de la paz a través de diversas actividades y encuentros.

De la paz al amor. La paz y convivencia entre las personas generadas por la empatía en primer término es pues, uno de los retos de nuestro contexto. Tener en cuenta al otro es amar al otro. Una prueba  fehaciente de este amor fue la que demostraron los doctores Josep Antón Porras y Laura Martínez, del departamento de curas paliativas pediátricas del Hospital de San Juan de Dios, en una jornada sobre Dios y el Sufrimiento en la Universidad de Barcelona. “¿Dónde está Dios al final de la vida?”, se titulaba la sesión.

Ambos explicaron cómo las situaciones extremas nos hacen ser conscientes del otro, ellos las viven cada día. Cada día, además de medicina, dan a los pequeños pacientes felicidad, seguridad, diversión, confianza, fe. Se trata de “hablar con el otro siguiendo el lenguaje del corazón”, dijo Laura Martínez. Dar felicidad, seguridad, alegría y confianza al otro es una forma de vivir, más que un trabajo de profesional sanitario. Los misioneros, de hecho, son la muestra más palpable de este hecho. Sin embargo, cabe pensar que no hace falta esperar al final de la vida de alguien para hacerlo porque al final de la vida nos podemos encontrar todos en cualquier momento. Dijo Antoni Gaudí que “para hacer las cosas bien es necesario primero el amor, segundo la técnica”. En este mundo tecnificado, es importante no olvidarlo.

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