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Cristina Cebrián y Martín Varela

La escuela se mueve

Son las 7.00 h. de la mañana y, como cada día, el despertador suena en casa de Sofía. Cuando su madre se acerca a la habitación para “despegarle” las sábanas, la encuentra ya vestida y dispuesta a ir al cole. - ¡Qué sorpresa Sofía!, - ¡Vamos mamá! ¡Que llego tarde! Es el comentario de padres y madres que llena de orgullo a los profesores del Colegio Decroly de Tenerife: “Este año se despierta cada día con ganas de venir al cole. ¿Qué estáis haciendo?”.

 

Desde hace un par de cursos, el colegio se encuentra inmerso en un proyecto de cambio que está haciendo caduca la frase “los niños llegan a la escuela deseando aprender y la abandonan queriendo aprobar”. El compromiso de los profesores y la dirección del centro ha hecho posible este radical cambio de paradigma escolar. Han conquistado el entorno, el barrio, han abierto las puertas de la clase y del colegio. Como dice Alicia, profesora de Secundaria, “estamos inmersos en un giro de 180º, ¡ojalá lleguemos!”. Los alumnos de las etapas desde Infantil a Bachillerato, “están aprendiendo de otra manera”, así es como nos lo cuenta Isaí, profesor de Educación Física de Ed. Primaria. 

 

Generar cambios en la escuela

 

La mejor forma de que en una escuela se genere el cambio, es que el claustro de profesores esté en primera línea, aprendiendo y dando respuestas a los alumnos de hoy.

 

La escuela Trilema de Soria organiza sus horarios de manera flexible, posibilitando el trabajo por proyectos, uniendo varias asignaturas o el trabajo por tutorías verticales. “Son como las casas en la película de Harry Potter. Hay niños y niñas de diferentes niveles y edades juntos. Es una dinámica que favorece la cohesión de todo el centro e incluso mejora el clima escolar”, nos comenta Mónica, una de sus profesoras. 

 

“La clase que más me gusta es ‘Aprender a pensar’” nos cuenta Miguel, un alumno de 6º de primaria. Su tutora, Myriam de El Pilar de Madrid ahonda en detalles: “Dedicamos dos horas al día y durante toda la semana a trabajar inmersos en proyectos; para los alumnos, es un momento en el que se olvidan de las asignaturas, es como si el tiempo se parara y observaras como unas veces se convierten en médicos, otras veces en astrofísicos, maestros, biólogos… Los alumnos disfrutan porque viven el aprendizaje, todo se convierte en tangible y eso les lleva a que el trabajo en sí resulte motivador y estimulante para ellos”. 

 

Además de los proyectos, se apuesta por otras materias propias, que se han diseñado por los propios profesores, como “Aprender a pensar”, “Animación a la lectura”, “Escritura creativa”; cada una de ellas ocupa una hora a la semana y se dedican a crear buenos pensadores, lectores y fomentar la creatividad en todas sus facetas. Los alumnos nos cuentan que aprenden “de forma más rápida y divertida, y lo mejor es que nos acordamos semanas después”.

 

Domingo es profesor de infantil en la Escuela Pública Virgen de las Montañas de Vilamartín en Cádiz. Los asesores de los centros de profesores de la zona hacen turnos para visitar sus aulas y comprobar cómo pequeños de 3, 4 o 5 años utilizan herramientas para autoevaluarse, estrategias de pensamiento o el Kanban para hacer el seguimiento de los proyectos. “Es entrar en clase de Domingo y parecer que estás ante adultos pequeñitos”, expresa uno de los visitantes hoy a su clase.

 

El Kanban es una de las últimas herramientas que hemos incorporado a clase tras la formación recibida. Es un elemento muy visual para hacer el seguimiento de los proyectos en clase. Con los niños, con palabras, frases y dibujos, ponemos en la primera columna de un gran mural todas las actividades y tareas que vamos a hacer durante los proyectos. Conforme avanzamos las van pasando a la segunda columna, “haciendo”, y cuando se van terminando pasan a la tercera. 

 

Pero lo que más impresiona a los que entran en su clase es cómo manejan los elementos de autoevaluación y coevaluación. Fichas a modo de dianas, de semáforos, con emoticonos… Creatividad y elementos gráficos que dan pie a que, desde tan pequeños, los niños expresen qué han hecho bien, de qué se sienten orgullosos en sus trabajos, qué podrían mejorar o qué hacer para que cuando trabajen juntos en la próxima actividad, todos lo hagan aún mejor. 

“Desde muy pequeños, autocríticos y sometidos a la crítica constructiva de sus compañeros de clase. Toda una lección para los adultos”, subraya Sole, directora del centro.

 

El colegio Sagrat Cors de Sarrià en Barcelona estrena este curso aulas para niños de 0 a 2 años. Con ilusión rejuvenecida afrontan el reto de redondear un proyecto al que no le faltaba casi de nada. Aulas desde infantil hasta bachillerato, varios ciclos formativos y aulas de educación especial. Premios y reconocimientos a alumnos y profesores en diferentes categorías, trabajo por proyectos interetapas, emprendeduría, tecnología, robótica… Y no por todo ello dejan de aventurarse en nuevos retos. Su equipo directivo lo tiene claro, “hoy día no puedes quedarte parado, hay que estar siempre en tensión de mejora, no parar de aprender”.  Su último proyecto consiste en implantar un modelo de “Desarrollo Profesional de los Docentes”  que utiliza el coaching y la observación en las aulas. Esta escuela, con casi 2000 alumnos, es un extraordinario ejemplo de inclusión y excelencia, una prueba de que cuando se trabaja bien la calidad y la equidad no están reñidas. 

 

Sí, la escuela se mueve, la escuela aprende. Y lo hace porque debe hacerlo. Es un signo de los tiempos. Juan Carlos Cubeiro, director de talento de Manpower y autor de numerosos libros sobre liderazgo y gestión de la innovación, defiende la “aprendibilidad” como la competencia del futuro, o más bien del presente. La mayor responsabilidad de las escuelas será conseguir que los alumnos amen aprender durante toda su vida, por lo que la escuela misma no debe parar de aprender. “Los conocimientos que supuestamente deberán ir configurando lo que debemos aprender en los centros educativos se van a multiplicar hasta por seis en los próximos años. La velocidad del cambio en todos los ámbitos de la vida es exponencial y, para sobrevivir, debemos aprender al menos a la misma velocidad”,  subraya Juan Carlos.

 

¿Cuál será entonces el papel de la escuela? Los expertos subrayan que vivimos en entornos VUCA. Esta expresión es el acrónimo de Volatility, Uncertainty, Complexity, Ambiguity, algo así como Volatilidad, Incertidumbre, Complejidad y Ambigüedad. Término acuñado por el ejército americano para designar la realidad para la que debía prepararse. Después la aceptaron escuelas de negocios, y ahora la hemos incorporado  al sistema educativo. En efecto, estas van a ser las características del futuro. El mundo que vivimos cambiará cada vez con más celeridad, será cada vez más imprevisible, complejo y difícil de interpretar. Nuestros niños y adolescentes están creciendo  en un mundo cambiante, incierto, complejo y ambiguo por el exceso de información que reciben constantemente. Eso nos obliga a repensar en profundidad cómo son las escuelas que necesitamos y qué debemos hacer para cambiar cómo enseñamos. 

 

Parece que esta vez es cierto. El mundo que conocemos ha llegado a su fin. Según la periodista española, Marta García Miller, autora del libro, “El fin del mundo tal y como lo conocemos” (Planeta), muchas de las cosas, hábitos y conceptos que hoy manejamos habrán dejado de existir en un corto periodo de tiempo. Entre otros vaticinios descritos por los expertos consultados en su libro, la autora cuenta que será el fin del trabajo rutinario y el comienzo del “empleo”, reservado solo a aquellas personas con creatividad. El resto lo harán los robots. El dinero no existirá porque será sustituido por las transacciones electrónicas; el fin de los idiomas por el advenimiento de los traductores en línea. Y el fin de la jubilación, porque si el talento y la creatividad serán las únicas herramientas para el empleo, no habrá más remedio que estar siempre trabajando.

 

No es la primera vez que la humanidad asiste a un momento de disrupción histórica. La revolución industrial iniciada en la segunda mitad del siglo XVIII en Gran Bretaña significó un cambio drástico en los modos de vida, la educación, el trabajo y las relaciones sociales. Según los expertos, nos encontramos ante una nueva revolución en la gestión de la información y el conocimiento provocada por la informática, Internet, la inteligencia artificial y el denominado big data. Algunas de ellas son hoy una realidad.

 

A pesar de estos vaticinios, de este fin de muchas de las cosas que conocemos, estamos ante el inicio de la era del aprendizaje. Así lo sostiene el filósofo, ensayista y pedagogo español, José Antonio Marina, quien afirma en sus libros y en numerosos artículos publicados en prensa que la nuestra es “la sociedad del aprendizaje”.

 

Marina, estudioso de las últimas investigaciones vinculadas a la neurociencia, defiende que “las sociedades deben aprender a aprender o resignarse a fracasar. Aprender es el recurso de la inteligencia para sobrevivir y progresar en un entorno cambiante. Nos encontramos hoy inmersos en un mundo de cambio acelerado que exige un aprendizaje constante para toda la vida. En caso contrario, la alternativa es la marginación”. En síntesis, y utilizando las palabras del reputado sociólogo canadiense Michael Fullan, “asistimos a una espectacular revolución del aprendizaje”.

 

Sin embargo en España no estamos en un momento fácil. La ruptura de las negociaciones políticas para alcanzar un pacto sobre la educación que tanto necesitamos en nuestro país es descorazonadora. La sucesivas leyes educativas no parecen responder a las urgentes reformas que necesita nuestro sistema. Y los docentes hemos perdido la fe en los políticos para que sean artífices de ese cambio necesario. Y nuestros alumnos no pueden esperar. Por eso es necesario dar protagonismo, visibilidad social a muchos excelentes docentes y buenas experiencias que están ocurriendo en muchos centros educativos, y que son la verdadera semilla que puede vencer los grandes males de nuestro sistema: el fracaso escolar, las tasas de abandono, la desigualdad de oportunidad que afecta siempre a los más vulnerables y, sobre todo, la tentación de conformarse con la mediocridad, que se refleja en tantos discursos públicos. Muchos lo hacen bien, con los recursos y los medios que tienen, no caen en el derrotismo y día a día hacen posible una educación diferente. En diferentes entornos van surgiendo redes de escuelas y centros educativos que se unen para colaborar juntos y convertirse en una fuerza capaz de transformar su entorno: Escola XXI y los colegios de los jesuitas en Cataluña, las escuelas de las hermanas de Nazaret, las redes creadas por los Centros de Profesores de muchas comunidades autónomas, la red de Aprendizaje-Servicio, la red de Amara-Berri, la red Changemaker Schools promovida por Ashoka, y muchas otras iniciativas similares son muestra de ello. 

 

La colaboración entre familias y escuelas

 

Las estadísticas nos dicen que la escuela tiene un impacto mínimo en el éxito educativo de un niño, entre el 20 y el 30% como máximo. El resto se debe a otros factores del entorno, principalmente el afectivo. “Necesitamos una educación que se apoye también por parte de las familias”, dice Marta, directora en el colegio que tiene la Fundación Trilema en Zamora. “Hoy no es fácil que se acerquen a la escuela con la necesaria frecuencia. Hay que evitar que solo les llamemos cuando hay problemas. Les invitamos a que vengan al colegio hasta 8 o 9 veces por curso. Además de las reuniones habituales de seguimiento, las familias participan en lo que llamamos las ‘celebraciones del aprendizaje’. Cuando un proyecto termina, los alumnos comparten con sus familias todo lo que han aprendido y muestran orgullosos todo el trabajo realizado. Esto ayuda a que las familias comprendan lo que hacemos en la escuela, y que nosotros tengamos una oportunidad de conocer mejor el entorno de los alumnos”.  

 

¿Cómo muestran lo que han aprendido? Los alumnos documentan el aprendizaje, lo muestran al colgarlo en las paredes del centro, enseñan y explican sus cuadernos y porfolios de aprendizaje y cuentan la experiencia que han vivido a lo largo de todo el trimestre. Esta celebración acerca a las familias a conocer qué aprenden, cómo aprenden y de qué forma pueden mejorar. Hemos superado la polémica de los deberes, añade Laura, tutora en 3º de primaria, los alumnos trabajan mucho durante las largas horas que pasan en el centro. En casa deben investigar, dialogar con las familias, y eso sí, leer mucho, lo máximo posible para estimular su comprensión.  

 

Las celebraciones del aprendizaje son una de las señas características de los colegios que forman parte de la red “Escuelas que Aprenden”. Centros que hacen del aprender con, por y para los alumnos su lema. Entre sus claves, la visión holística de la educación. Convencidos del derecho a la excelencia educativa de cada niño, la red “Escuelas que Aprenden” destaca por su diversidad: escuelas públicas, privadas, concertadas, cooperativas, rurales, urbanas, familiares, religiosas y no religiosas, grandes o pequeñas, en diferentes territorios dentro y fuera de España. Muestran la posibilidad de crecer uniendo esfuerzos y mostrando claves comunes que pueden ofrecer interesantes pistas a la comunidad escolar.

 

¿Qué hace posible que escuelas tan distintas puedan trabajar juntas?

 

Inspirados por la expresión acuñada por Peter Senge, que ya habló de “Escuelas y organizaciones que aprenden”, nos dice Teresa Puchades, directora de las Escuelas Trilema, “queremos ser comunidades que aprenden continuamente, que hacen de su día a día un reto apasionante por no dejar de preguntar y preguntarnos cómo podemos ayudar más y mejor a nuestros alumnos”. Y ante estas preguntas, al tener realidades diferentes, encuentran distintas respuestas, distintas maneras de arrancar los proyectos educativos, de abrirse al entorno, de orientar su crecimiento como centros educativos. Desde el respeto a las diferencias de cada una, comparten muchas claves que aseguran su progreso constante. 

“En nuestra red -continúa Teresa Puchades-, en consonancia con el movimiento de escuelas eficaces que se inicia en todo el mundo a inicios de siglo, nos preguntamos qué hace que una escuela tenga mejores resultados que otra en igualdad de condiciones. ¿Qué patrones comunes de trabajo, de funcionamiento, podemos encontrar en estas escuelas y que sirvan de inspiración para otras que quieran poner en marcha iniciativas de cambio en las suyas?”.

• Una visión compartida: Creer que la excelencia educativa es un derecho de cada niño y niña de este planeta, y que esa excelencia es posible si todos nos ponemos a ello. Y que no se agota en tener buenos resultados académicos sino que va más allá.  Cada persona necesita crecer en todas sus dimensiones, descubriendo su vocación y talento y encontrando en nuestras escuelas las oportunidades para desarrollarlos. 

 • Un modelo de  liderazgo transformador: Es necesario contar con equipos directivos que tengan una visión clara de la escuela que deseamos y la sabiduría necesaria para transformar esa visión en trayectorias posibles para cada persona de la institución. Líderes con capacidad de planificación, empeñados en la evaluación constante de los logros y fracasos para rehacer y proponer, acompañar y saber exigir. Pero necesitamos también líderes del aprendizaje, esos profesores comprometidos e inspiradores, que son capaces de compartir sus recursos y actuar como una semilla de cambio entre sus compañeros. 

 • El modelo Rubik de gestión del cambio: Compartimos un modelo de transformación y cambio impulsado por la Fundación Trilema que está centrado en la mejora comprometida de, al menos, seis aspectos fundamentales de la vida escolar: un curriculum significativo, relevante y riguroso;  el uso de metodologías activas de enseñanza en las aulas que despierten la curiosidad y la pasión por aprender; nuevos modos de llevar a cabo la evaluación del progreso y del logro de cada alumno; una organización flexible de los espacios, los tiempos y los recursos de cada escuela; el esfuerzo constante por personalizar el acompañamiento de cada alumno y atender a todas sus necesidades; y un estilo de  liderazgo compartido que recorra todos los niveles de la comunidad educativa. Todos estos aspectos deben ser revisados constantemente para lograr un cambio sistémico y duradero en nuestras escuelas y son los ejes de nuestros proyectos educativos. 

 • El programa de Desarrollo Profesional Docente: Consideramos a los profesores como la clave del cambio. Lo que pasa cotidianamente en el aula es la fuerza más poderosa para mejorar la educación de los niños y niñas. La evaluación del desempeño, el acompañamiento, la formación permanente, la reflexión compartida y el trabajo en equipo son los elementos comunes de nuestros planes de desarrollo profesional.

• La filosofía del I+D+i: Cualquier cambio que quiera ser eficaz debe ser riguroso. Eso significa que tenemos que tener una base científica rigurosa, y a la hora de implementar cualquier cambio, estar seguros de los efectos que tendrá sobre nuestros alumnos, que no son conejillos de indias… El aprendizaje, la evaluación, la inteligencia, el pensamiento crítico y creativo, el desarrollo profesional docente y las iniciativas de diferentes sistemas educativos son el centro de nuestro estudio. Ahora estamos investigando sobre las funciones ejecutivas del cerebro  y la forma en que podemos entrenarlas de forma eficaz en las aulas. 

 • Cambio en la cultura de evaluación: Todos queremos que nuestros alumnos alcancen los mejores resultados posibles, pero eso no se limita a las pruebas que realizan las administraciones públicas o PISA. Evaluamos lo que ellos hacen y también el impacto que tiene en su desarrollo lo que nosotros hacemos. La innovación se prueba a sí misma solo cuando logra que mejore el aprendizaje, y no solo de contenidos sino también de ciertas competencias y habilidades como asumir responsabilidades, la toma de decisiones, el trabajo en equipo, la resolución de conflictos, la capacidad crítica e innovadora o las habilidades sociales.

 • Participación e intercambio de experiencias: Siempre aprendemos de los otros. Nos gusta visitarnos mutuamente, incluso copiarnos creativamente. Las visitas a escuelas punteras de distintos países, jornadas, congresos, etc., que favorezcan repensar la propia práctica educativa. La red permite compartir recursos, facilitar acuerdos pedagógicos, difundir las mejores experiencias e intercambiar buenas prácticas.

 • Crear alianzas y comunicar de lo que compartimos: Hoy somos conscientes que caminar de forma aislada no nos ayuda a lograr nuestros objetivos. Creamos alianzas principalmente entre las mismas escuelas, siempre con transparencia y generosidad, pero también con instituciones, universidades y entidades en beneficio de la red. Y queremos hacernos visibles hacia fuera, en los medios y redes sociales,  para consolidar nuestro proyecto.

 

Escuelas que se mueven desde cualquier lugar

 

Muchas escuelas inician su andadura en la red ante una situación de crisis como la pérdida de alumnado o la deficiente financiación. El Colegio San Francisco de Asís de Alcalá de Henares, Madrid, comenzó su proceso con una reestructuración de los espacios y de la imagen del centro acompañada de las decisiones pedagógicas y organizativas que les han permitido ampliar su cuota de matriculación en tan solo un año. La clave de su éxito reside en el continuo reciclaje a nivel de centro cada mes y medio, coincidiendo con el inicio de cada proyecto interdisciplinar.  Elaborar un plan de comunicación sencillo pero eficaz, que refuerce la imagen del centro en la comunidad local es importante. 

 

Un aprendizaje más globalizado en un entorno rural y natural es el objetivo de la cooperativa de profesores Lourdesko Ama Ikastetxea de Elorrio, Vizcaya, que aprovechó un momento de cambios en el centro para dar un giro de 180 grados hacia el modelo Rubik de gestión del cambio que orienta a las escuelas de la red. Han entrado este curso en la red y su trabajo está teniendo ya un impacto real en la comunidad educativa local, aspirando a colocarse como centro de referencia. También en Vizcaya, Nevers Ikastetxea de Durango es una cooperativa, en este caso  de padres y madres, que ha sabido fusionar los valores de sus orígenes con el cambio de paradigma pedagógico.

 

El Colegio Escolàpies Palma, de Palma de Mallorca, ha ido creando un modelo de innovación adecuado a su ritmo y estructura. Impulsan de una manera cada vez más sistemática los hermanamientos (profesores que preparan sus clases juntos, se observan y reflexionan sobre posibilidades de mejora), siendo una prioridad en su proceso, el acompañamiento y desarrollo profesional de su claustro. Ese trabajo en equipo de los profesores es otro de los factores fundamentales del cambio educativo. La colaboración es posible gracias a la flexibilidad y el esfuerzo de todos que hacen por encontrar tiempos para trabajar juntos. 

 

Los CEIP Fernando Gavilán y Fernando Hue y Gutiérrez, centros públicos de la Sierra de Cádiz, implementan estrategias de innovación a través de un proceso impulsado por el CEP Sierra de Cádiz que aglutina a 24 centros de la zona. Su apuesta está centrada, actualmente, en el diseño curricular vertical de todo el centro, poniendo énfasis en el trabajo por proyectos enriquecido con otras metodologías. A su vez están iniciándose en el coaching como herramienta para la evaluación del desempeño docente, siendo su implantación pionera en la red de centros públicos del país. La formación está inspirada en líneas comunes, y los asesores del mismo CEP, lideran un acompañamiento en línea a una visión y un proyecto de innovación común. 

 

Y la red ya ha cruzado las fronteras. El colegio María Rafols de Mbini, en Guinea Ecuatorial, también comparte la andadura. “Es fácil pensar que se trata solo de tener más recursos, que indudablemente es muy importante aquí en África”, dice Ana Silvia, su directora. “Pero va mucho más allá. Se trata de compartir una pasión, un proyecto con garantía de éxito, y renovar la ilusión y la competencia de nuestros profesores”. Recién llegada de España de participar en un programa muy intenso de formación para líderes educativos con compañeras de otros países africanos, señala que “no podemos copiar muchas de las cosas que hemos visto, pero podemos abordar nuestros desafíos con una inspiración nueva, sabiendo que no estamos solos, que podemos contar con el apoyo y la ayuda de muchos otros”. 

 

Como estas hay muchas escuelas embarcadas en proyectos de innovación y mejora. Y muchos docentes haciendo cosas extraordinarias. Incontables cosas emocionantes ocurren cada día en lo escondido de las aulas… Nunca se convertirán en titulares de prensa, solo serán importantes para sus protagonistas. Muchos de nosotros debemos quiénes somos a todos los que se dejaron la vida en nuestras escuelas. Muchos también estamos muy agradecidos a nuestros maestros y maestras. Otros no tuvieron tanta suerte. La buena educación no puede esperar. Porque cada niño tiene solo una infancia, y es responsabilidad nuestra que sea inolvidable.

 

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