Mayo es, tradicionalmente, el mes de las primeras comuniones. Nunca en el año como estos días se ven nuestras iglesias llenas. ¿De fieles devotos? No. Más bien de desfiles de modelos. Desde luego, de incoherencias. Empezando por las de una Iglesia que, con tal de que le salgan a favor los números, acepta sin demasiados miramientos ni exigencias que cientos de familias no creyentes utilicen como un objeto de usar y tirar el sacramento de la eucaristía.
Esforzarnos en buscar mensajes en positivo en momentos de crisis no sólo es bueno para nuestra higiene mental, sino que el hacerlos públicos como este poema de Graça Alves, escritora y poeta, que nos regala hoy Eclesalia, nos devuelve la esperanza de que las cosas pueden y deben cambiar para todos por un mundo más feliz, justo y humano.
El 1º de mayo ha sido históricamente un símbolo de la lucha del movimiento obrero por afirmar la dignidad de la persona en el trabajo. Este año, sigue estando marcado por la crisis y por las políticas injustas que se vienen practicando, que arrojan datos sangrantes de paro, precariedad, inestabilidad, desahucios... profundizando en la desigualdad estructural que sufre el mundo obrero y del trabajo. Ante esto, estamos llamados a construir un futuro nuevo, un mundo más justo y fraterno que nos permita vivir como ciudadanos y ciudadanas del Reino de Dios.
Con una prolongación de la crisis que el Gobierno ha situado ya en el horizonte del 2016 para empezar a salir del “pozo negro” en el que está hundida España, nuestro flamante presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se atreve a pedirnos sin el menor rubor “paciencia” mientras que anuncia que no piensa cambiar las medidas económicas y legislativas que ha venido adoptando desde que llegó al poder, con mayoría absoluta, hace más de año y medio.
Lo peor es que al ministro Gallardón le ha faltado tiempo para asegurar que muy pronto verá la luz la reforma del aborto. Demostrando una vez más que la Iglesia oficial conserva cuotas de poder propias de otra época, y ajenas desde luego al impacto real que cuenta en estos momentos en la sociedad. No digamos ya al contexto de un Estado aconfesional. ¿Y qué pasará entonces, si la reforma prometida por Gallardón se ciñe a las estrictas exigencias de la jerarquía católica? ¿Irán las mujeres a la cárcel por abortar? Si eso ocurriera, muchos cristianos de a pie, sacerdotes y religiosos y religiosas incluidos, estarán a su lado para atenderlas y denunciar la situación.
El 11 de marzo de 2004, un atentado terrorista perpetrado en Madrid quitó la vida a 191 personas y más de 2.500 resultaron heridas. "Al paso por El Pozo del Tío Raimundo y por Atocha se repetía la escena. Fui meditativo todo el trayecto, y escuchando música, en concreto, repetidamente, una canción de un grupo que ha dedicado un tema de su último disco al recuerdo de las víctimas. De vez en cuando paseé la mirada buscando otras miradas, otros rostros. Percibí silencio, miradas perdidas, rostros sin sonrisas".
Chávez, siendo católico, siempre se mostró muy respetuoso con las distintas confesiones religiosas. Ningún presidente en la historia de este país ha hecho tanto por los pobres, los campesinos e indígenas como ha hecho Chávez. Ha levantado multitud de escuelas, ha creado hospitales y cooperativas agrarias en los más lejanos y olvidados puntos del país, ha reducido notablemente el analfabetismo y la desnutrición infantil. Ha posibilitado que el pueblo, históricamente marginado y excluido, recupere su voz y su dignidad.
¿Dónde está la justicia distributiva que permite que la gente se muera de frío, en plena calle, porque no tiene casa en la que poder cobijarse? ¿Dónde está esa justicia retributiva para que se sancione ejemplarmente el daño provocado?. En definitiva, lo que en el fondo de las movilizaciones ciudadanas subyace es un llamamiento al sentido de la equidad, algo que hemos disipado de la faz de la tierra.
La imposición, contra viento y marea, del discurso único ha despreciado demasiado talento e impedido recibir en calidad de igualdad en la Iglesia a sectores determinantes en la sociedad civil como la mujer y los diferentes. Pocas instituciones disponen de una capacidad de discurso tan rico y pocas saben despreciarlo tanto como lo ha venido haciendo la Iglesia en los años del posconcilio.







