Ana Santos Aramburo es, además de directora de la Biblioteca Nacional, bibliotecaria de profesión. Desde que en 1981 comenzó su carrera profesional en la biblioteca de la Universidad de Zaragoza siempre ha trabajado en una de ellas. Su trato cercano contrarresta la magnificencia del ambiente, en el que se palpa la importancia histórica de la Biblioteca Nacional. Estrena cargo entre recortes y críticas que reclaman a intelectuales en vez de técnicos al frente de una institución que conoce muy bien, puesto que entre 2007 y 2011 fue directora de Acción Cultural.
El día que se cumplían cuarenta y cinco años del nacimiento de Pepe Rodríguez Rey (Madrid, 13 de marzo de 1968), el humo blanco que salía de la chimenea de la Sixtina preanunciaba a un sucesor de san Pedro hijo de san Ignacio y con título franciscano. Él, si se da el caso, pondría en la mesa del papa unas sopas de ajo o una sugerente ropa vieja. Este cocinero viste ahora traje glamuroso en Master Chef, en el horario de máxima audiencia de TVE. Sin embargo, el atuendo que le gusta es el de hacedor de platos con aroma a La Mancha, a sofrito de ajo, a cocina antigua, a comida rica. Dirige en Illescas (Toledo) un restaurante estrellado y reconocido por Michelín, un restaurante de pueblo, un restaurante con nombre cubano, El bohío. Con un nuevo plato en mente, nos atiende.
No importan sus 81 años. No importa que le resulte muy difícil caminar, que tenga que moverse siempre en su silla de ruedas. No importa que arrastre la palabras en una pesada y grave cadencia. La sueca Kerstin Anita Marianne Ekberg sigue siendo una de las mujeres más bellas del mundo. Sus ojos se clavan, intensos, sobre el entrevistador... y sus manos acompañan grácilmente cada anécdota, cada detalle de su larga trayectoria. En el pasado Festival de Berlín, Anita Ekberg –la inolvidable Sylvia de La dolce vita– mantuvo un encuentro público con jóvenes cinéfilos; al día siguiente, charló con nosotros sobre su vida y su carrera.
Cuando uno trabaja una entrevista de este tipo, se suele dejar el titular para el final. Lo más llamativo, contundente o anecdótico de la conversación queda como referente o puerta de entrada al texto. En el caso de Inmaculada Galván (Madrid, 1963) la tentación fue titular La mujer que reía dos veces. Hubiera sido faltar a la verdad, porque fueron más de dos, de tres o de cuatro. También podíamos haber partido de su currículo, que incluye, entre otros renglones, la aventura de poner en marcha el programa Madrid Directo, en la entonces joven y enérgica Telemadrid. Aquel fue el programa que hizo de la televisión un servicio público, al servicio de la gente, hecho para la gente. Lo cercano, lo pequeño, lo inmediato se convertía, a través de Galván, en lo fundamental. Fueron tardes en las que las farmacias de guardia ocupaban su espacio sin ningún rubor en la pantalla, como también la cadencia de paso de los autobuses o el madrugar repetido de los que dejan limpias las calles por las que pisamos. Después de la autonómica, pasó a TVE y, ahora, cuenta las cosas en 13 TV. Al final decidimos ajustar el titular a los cánones periodísticos y nos ceñimos a la verdad de lo pronunciado, a lo dicho. De todos modos, es una pena que las entrevistas en prensa escrita no se puedan escuchar. Hubiera sido más divertido.







