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Silvia Melero Abascal. 30-12-2009
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Corrupción a pie de calle

La falta de ética en nuestro día a día

No sólo existen acciones corruptas en las esferas políticas o económicas. Los propios ciudadanos a veces tenemos actitudes poco éticas que, además, están socialmente aceptadas. Sin embargo, la lucha contra la corrupción ciudadana es tan necesaria como el firme control que se debe ejercer sobre los órganos de poder. La responsabilidad es de todos.

Hace más de 70 años, en un pequeño pueblo segoviano, Julio le vendió la casa a su primo cerrando el trato con un simple apretón de manos. El primo era un humilde pastor que no tenía dinero, pero acordaron que le pagaría poco a poco, como buenamente pudiese. En poco tiempo, Julio recibió la oferta de otro vecino que le daba en mano una buena cantidad de dinero en efectivo a cambio de la casa. Pero el propietario fue tajante: “Le he dado mi palabra a mi primo y la casa es de él”. Hoy los descendientes recuerdan esta historia con admiración, lo que demuestra que la honradez sigue siendo una cualidad muy valorada.

Sin embargo, es cierto que asistimos a un panorama social poco alentador en el que los casos de falta de ética y corrupción se suceden en todos los ámbitos, sean del color que sean, y en todas las capas sociales. Los ciudadanos de a pie nos llevamos las manos a la cabeza ante la corrupción política, empresarial o judicial mientras que en nuestro día a día vemos con buenos ojos comportamientos poco éticos que son socialmente aceptados, bajo el paraguas de afirmaciones como “el que no roba es porque no puede”, “lo hace todo el mundo” o “por una vez no pasa nada”. El refranero español tampoco se queda corto: “No te pido que me des, ponme donde hay”.

¿De dónde proviene esta tendencia a la corrupción? “Los seres humanos no son buenos o malos por naturaleza, depende de las reglas que los gobiernan, de las oportunidades que tengan para violarlas sin pagar coste alguno y de sus compromisos morales. Sobornar a un guardia de un campo de concentración para que deje en libertad a prisioneros no parece que esté mal. Sobornar a un funcionario para que me permita evadir impuestos no parece que esté bien”, explica Jorge F. Malem Seña, catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

Llevarse material de la oficina, defraudar a Hacienda, mentir en los ingresos para conseguir plaza en un colegio concertado, decir al seguro que se nos han roto las gafas cuando en realidad las hemos perdido, aceptar sobornos en forma de regalos, pasar información confidencial sobre unas oposiciones a un familiar o, incluso, pagar con dinero negro parte del precio de una vivienda son algunos ejemplos de la llamada picaresca española. Pero hay más: hacer contratos ficticios por amiguismo para cobrar el paro, cobrar el paro y trabajar al mismo tiempo, escaquearse de pagar una multa que te han puesto, precisamente, por no respetar las normas de tráfico o, en el caso de los autónomos, incluir facturas de comidas con amigos o gastos familiares para desgravar. Algunos informes sitúan la economía sumergida en España en el 23% del PIB. Según la Federación Nacional de Asociaciones de Trabajadores Autónomos, en nuestro país hay un millón y medio de trabajadores ‘fantasmas’ que cobran en negro sin tributar impuestos o cotizar a la Seguridad Social.

¿Y quién no?
¿Y quién no ha mentido alguna vez para estar unos día de baja laboral? Pues, seguramente, la mayoría de la población no lo hace, pero casi todos conocemos algún caso. Aquí la peor fama se la llevan los funcionarios, aunque en el sector privado también se da el fraude en las bajas laborales por incapacidad temporal. Cuando hay indicios, las empresas acuden a detectives. “La investigación de bajas laborales supone el 60% de las que realizamos, en 2009 fueron en total unas 120”, asegura César Martín, director gerente de Castellana Detectives. En el 90% de los casos se confirman las sospechas. “La mayoría de nuestros informes han acreditado una actividad incompatible con su situación de incapacidad temporal, bien física (realizando algún deporte) o laboral (trabajando para un negocio familiar o temporal)”.

Al otro lado de la balanza, está la opinión de Ramón, ya jubilado, que fue delegado sindical durante varios años en su empresa. “No dudo que esos casos existan, pero también he visto a trabajadores y trabajadoras acudiendo al trabajo aún estando enfermos o con fiebre y a muchos jóvenes que no se atreven ni a ir al médico por miedo a perder su puesto”. Desde CCOO, Javier González señala que “los estudios del Grupo de los 9 de la UE muestran que en bajas superiores a cinco días España está por debajo de la media europea”. Esto no impide, obviamente que se luche por erradicar los casos de fraude.

Estafa moral
Sin duda, el sector que se lleva la medalla de oro en falta de ética es el de la vivienda, donde los propios ciudadanos son muchas veces víctimas de estafas que realizan otros ciudadanos. Ester y José decidieron hace cuatro años adquirir un piso en Getafe (Madrid) y confiaron, como 1.600 familias más, en la gestora PSG, que contaba con un solo administrador. Este hombre adquirió terrenos que aún no eran urbanizables con el dinero de los cooperativistas. El plan era sencillo: el Ayuntamiento haría posteriormente la expropiación y a cambio les adjudicaría viviendas en vez de dinero. Pero en el sorteo entre gestoras y constructoras se quedaron sin nada. Sin viviendas y sin los 25.000 euros aportados por cada familia. Las cuentas estaban falseadas y no había dinero. Ester, claro, está indignada. “Aparte de la estafa económica, está la estafa moral: nos miente el gestor (aprovechándose de la necesidad y esperanza de muchos jóvenes por independizarse), nos miente el presidente de la cooperativa en las cuentas, nos miente un político en las promesas (porque tiene un pacto de gobierno con otro político dueño de una constructora) y nos miente un abogado en la posibilidad de recuperar nuestro dinero. Todo esto con la connivencia de la empresa aseguradora con la que contratamos un seguro por las cantidades aportadas”. De momento, nadie ha pagado por ello. “La sensación que tenemos es de absoluta indefensión. Aún cuando sabemos que parte de la culpa es nuestra por haber creído en un proyecto de dudosa viabilidad, cómo instituciones como el Ayuntamiento o la Comunidad pueden consentir que un gestor robe 30 millones de euros a familias humildes”, dice José.

Según Jorge F. Malem, la corrupción es un mecanismo para el éxito social. “El corrupto viola una norma para beneficiarse o para beneficiar a alguno de sus allegados, beneficio que no podría obtener de otra manera y por el que, además, no recibirá sanción penal o social alguna. Y depende asimismo de las inhibiciones educativo-morales de los ciudadanos, pues muestra una deslealtad hacia las normas y las instituciones vigentes”.

Decir no
Por supuesto, siempre está la opción de decir “no” a la tentación. N. recuerda perfectamente el día en que regresó del colegio y vio a su madre, entusiasmada, probándose un abrigo de visón que acababa de recibir, “pensando que era un regalo de su marido”. Éste, responsable del departamento de compras de una importante empresa, no dudó en llamar de inmediato para pedir que pasaran a recoger el ‘regalo’ porque había habido un error. Aunque él mismo sabía que de error nada, se trataba de un soborno en toda regla que intentaba hacerle un proveedor. Tampoco le tembló el pulso a Miguel Ángel, con 12 años, cuando al subirse a un coche de choque se encontró en el asiento “un fajo de billetes más grande de lo que nunca había visto”. Sin pensarlo dos veces, corrió a dárselo al hombre que acababa de dejar el vehículo, para asombro de éste ante el gesto de honradez.

Transmisión de valores
Que ese tipo de comportamientos aumenten y eliminen la plaga de la corrupción solo será posible mediante la ética y la transmisión de valores. “La corrupción muestra que hay un fallo en nuestra educación ciudadana que hace que las personas distingan entre la moral pública y la privada, y con la privada sean más laxos. La mejor herramienta es la educación, pero también hay que mejorar las instituciones para potenciar la transparencia de los servicios y los controles. Con la corrupción debería haber tolerancia cero”, afirma el catedrático.

Por eso es cada vez más necesaria una ciudadanía activa y responsable que no sólo controle a los poderes públicos sino que sea consecuente con sus propios actos individuales. Durante su intervención en un congreso, el filósofo Fernando Savater apelaba a la ciudadanía para que discierna quién merece el voto y quién no. “La responsabilidad de que haya corruptos en la dirigencia del país concierne también a aquellos que, pese a la obviedad de sus fechorías, siguen siendo votados por el cuerpo social”.

Más de 300 personas serán juzgadas en 2010 en España por corrupción, un delito que ha sustraído en nuestro país más de 4.000 millones de euros en los últimos diez años. Según la organización Transparencia Internacional, la percepción de la corrupción en el sector público ha aumentado por quinto año consecutivo en España.
 
 
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