Mª Ángeles López Romero . 26-02-2010

Mujer a favor de la mujer
8 de marzo, Día de la Mujer Trabajadora
Mientras muchos se preguntan si hay que seguir celebrando el Día de la Mujer Trabajadora y las más jóvenes se relajan en la reivindicación de derechos e igualdad de oportunidades, muchas mujeres siguen batallando por la equidad y desmintiendo el viejo tópico de que son ellas las más machistas. En la educación, la cooperación, la comunicación, frente al maltrato, la trata, la discriminación, se trabaja a favor de las mujeres. Y se pide el concurso incondicional de los hombres en esta cuestión de justicia.
Hay mujeres que rechazan el término feminista porque lo identifican con la cruz de la moneda del machismo. Hay mujeres que no creen necesario celebrar el 8 de marzo el Día de la Mujer Trabajadora, porque no hay un día del hombre trabajador. Hay mujeres que no se sienten retratadas ese día porque no tienen un empleo, aunque trabajen más que nadie de puertas para adentro en sus hogares o en los ajenos. Hay jovencitas que piensan que ya terminó la conquista que emprendieron sus madres y abuelas. Hay mujeres esclavizadas aún en nuestros días. Pero todas y cada una de ellas saben ya que tienen los mismos derechos que los hombres, que nadie les puede decir que son inferiores. Y para que eso se cumpla otras mujeres les enseñan a reivindicar, a no ceder, a recuperar la dignidad.
En el principio, educación
“El mayor problema es que creemos que ya está todo hecho en materia de igualdad, que ya es bastante con las leyes que se han aprobado, pero no se están llevando a la práctica, no se están poniendo recursos a disposición”. La profesora de Lengua y Literatura Marián Moreno se ha convertido en una experta en educación en igualdad. Su objetivo, erradicar el sexismo en las aulas.
Su experiencia docente en el Instituto asturiano de Los Campos le permite conocer de primera mano cómo respiran nuestros jóvenes en esta materia. Y las conclusiones son poco halagüeñas: “Se está produciendo una regresión sobre todo en la asunción de roles. Por ejemplo, en el tema de la sexualidad”. Explica Marián que las relaciones sexuales consisten ahora en coleccionar conquistas, “casi como una muesca más en el revólver”, y para conseguirlo se recurre a comportamientos a veces cercanos a la pornografía o la prostitución.
“Las chicas están asumiendo roles que nosotras sabemos que responden más a una esclavitud sexual que a comunicación y afectividad. Y los chicos están viviendo su masculinidad como sinónimo de genitalidad, posesión, dominación. Eso antes no nos pasaba”.
Marián denuncia que, desde muy temprana edad, la educación orienta a los niños hacia la autoridad y la posesión y a las niñas hacia la sumisión. De ahí que ponga tantas expectativas en la escuela para romper esta tendencia. “A día de hoy, la escuela es el único espacio por el que pasan el cien por cien de los jóvenes. No podemos dejar la responsabilidad de la educación en igualdad en las familias o en los Medios de Comunicación, porque no ofrecen garantías”.
Esta profesora de Literatura no se plantea su misión como algo excepcional sino más bien todo lo contrario. “A mí lo que me gusta es dar Lengua y Literatura con perspectiva de género. Incluir textos que nos permitan abordar en clase el debate sobre las tareas domésticas, la sexualidad, visibilizar la labor de las mujeres en la Historia y la Literatura, para evitar que las chicas tengan que asumir referentes masculinos y los chicos piensen que las mujeres no han hecho nada de provecho”.
Marián está convencida de que, finalmente, cuando lo necesiten, estas niñas harán uso de sus derechos. “Los avances se mantienen a pesar de algunos retrocesos”. Quiere creer que ella puede contribuir a cambiar la mirada de sus alumnos, como una profesora de instituto hizo hace años con ella. Y se niega a aceptar los tópicos: “Las mujeres no son más machistas que los hombres. Como mucho serán igual de machistas, pero peor no. Lo que pasa es que no somos seres extraterrestres, hemos sido educadas en una sociedad determinada. Las familias se han socializado de una manera determinada. No podemos exigirles nada. A quien sí puedo exigírselo es al profesorado y al Estado”.
También le gustaría que se exigiera a las cadenas de televisión el cumplimiento de la legislación, para que no hicieran tanto daño con los roles femeninos que transmiten –”casi exclusivamente entre ama de casa y prostituta”–. Y pone como ejemplo a Telecinco: “No hay nada más dañino para la igualdad que esa cadena”.
Tolerancia Cero
Marta Gómez cede el altavoz radiofónico a cientos de voces que hablan de igualdad, de justicia, de derechos, de equidad. Su programa, Tolerancia Cero (Radio 5, miércoles a las 22.00), ideado en su día por Luz Montero, lleva ya cinco temporadas intentando combatir las desigualdades. “Empezó centrado exclusivamente en la violencia de género, pero nos dimos cuenta de que en la base de ésta estaba siempre la desigualdad, que es causa de violencia, racismo, discriminación... Así que ahora hablamos de menores, discapacitados, minorías sexuales. Acabamos dando mucha importancia a las familias porque es, junto con la escuela, donde puede paliarse la desigualdad de base”.
Marta siente que su programa sirve, que da frutos, porque recibe muchos correos electrónicos de víctimas, de colectivos, de agentes sociales. “Me llena de orgullo haber puesto en contacto a víctimas con abogados. Gente que no sabía dónde acudir ha utilizado este programa como punto de partida”. Optimista, considera que se ha avanzado socialmente en este campo desde la aprobación de la ley integral contra la violencia de género. “Se ha conseguido que deje de ser una cuestión doméstica para convertirse en algo público. Ha dejado de ser un chiste eso de “mi marido me pega lo normal”, se ha perdido el miedo a denunciar, a intervenir”. A su juicio, la violencia de género probablemente no desaparecerá nunca, pero sí puede ocurrir que sea algo minoritario y excepcional.
A ello contribuye desde luego Marta Gómez con su labor al otro lado del micrófono en Tolerancia Cero. Y es que hace ya tiempo que esta periodista se dio cuenta de que para ella no tenía sentido la información si no era desde el ámbito social. “Y ese ámbito me llevaba siempre a las mujeres. Son 21 siglos de desigualdad. Hemos conseguido mucho, pero queda tanto por hacer, que estoy convencida de que ésta es mi lucha”.
No sólo la suya. Y no sólo de las mujeres. “Con la igualdad ganamos todos. Nos atañe a todos. Y los hombres tienen que estar también presentes porque, si no, no hacemos nada”.
El poder de un anuncio
“¡No contrate a una mujer!”. El lema publicitario utilizado por la agencia murciana Portavoz para anunciar la implantación de los planes de igualdad en las PYMES de la región consiguió el objetivo de inmediato. Llamadas, correos electrónicos y un enorme revuelo social. “Nos dimos cuenta de que era un tema que, o se trataba con cierta fuerza comunicativa, o podía pasar desapercibido. Tenía que ser una campaña con repercusión”, explica el director creativo de Portavoz, Fernando Caride.
Y tanto que la consiguió. La Vetusta (y ficticia) Liga Oligarca de Patrones proponía no contratar a las mujeres. Pero los motivos que esgrimía para ello no eran ni mucho menos inventados. “Hicimos un arduo trabajo de investigación y dimos con argumentos en libros no demasiado alejados del siglo XXI”. Lo curioso es que recibieron quejas de alguna asociación empresarial porque se dieron por aludidos. Y es que, explica Fernando, “éste es un tema muy sensible que, sencillamente, no está superado, aunque la igualdad esté garantizada por ley desde 1978”.
Portavoz apostó por poner de nuevo la discusión al cabo de la calle y funcionó. Pero, ¿no contribuye la misma publicidad a perpetuar roles femeninos que no favorecen en absoluto la igualdad? Para Caride la respuesta es clara y contundente: “La intención de la publicidad es ser un reflejo de la sociedad porque, si no, la sociedad no nos haría caso. Pero es cierto que nosotros no somos artistas, sino mercenarios: nos debemos al cliente. Y hay anunciantes más conservadores a la hora de exponer este-reotipos, porque quieren reflejar los valores que corresponden a su época, a su promoción. No hay directores de marketing que tengan 18 años. Y muy pocos de ellos son mujeres”. Pero piensa que es injusto echarle todas las culpas a la publicidad. La solución, apunta, estaría en campañas públicas que promuevan otros roles y presenten relaciones igualitarias.
El problema, desde luego, no está en la composición de los equipos creativos de las agencias: “La paridad en las agencias publicitarias es una realidad, gracias a Dios. Y quien no lo haga así se equivoca, porque hombres y mujeres somos diferentes y es necesario el punto de vista de ambos para reflejar la realidad”.
La voz de la Conciencia
Rocío Lleó y Chus García dirigen el departamento de sensibilización de Acsur Las Segovias, la única ONG española que se declara abiertamente feminista. Su objetivo es superar la visión reduccionista de la mujer y facilitar las condiciones para que éstas puedan ser ciudadanas de pleno derecho. “Queremos acompañarlas en su proceso de visibilización, reivindicación y exigencias”. Advierten que sin equidad no hay desarrollo y apuestan por valorar la capacidad de las mujeres como agentes de su propio desarrollo y su propia vida. Desde esa perspectiva apoyan proyectos de atención a mujeres árabes, o latinoamericanas en conflictos armados, promueven la soberanía almentaria y favorecen el relevo generacional de las reivindicaciones feministas en países del Sur, por poner algunos ejemplos. “Es esencial la participación de las mujeres en todos los ámbitos de la vida reclamando sus derechos”, defienden.
Denuncian que “hombres y mujeres no hemos abandonado los roles respectivos de ganadores de pan y cuidadoras”. El caso más alarmante es, a su juicio, el de las empleadas del hogar –cuyo régimen de Seguridad Social “raya con la esclavitud”–, especialmente las mujeres inmigrantes: “cuidadoras de segunda categoría que queremos que sean las primeras en marcharse cuando llega la crisis”. Se trata, a su juicio, de que haya “corresponsabilidad social en el cuidado” porque, sostienen, la actual crisis es más global que financiera. Es también una crisis ecológica y de valores”.
El lugar de la Mujer
De valores sabe mucho Lourdes Perramón, coordinadora del centro El Lloc de la Dona, de atención a prostitutas en el degradado barrio barcelonés de El Raval.
El lugar de la mujer, que eso significa en castellano, refleja dos finalidades, como explica Lourdes: “Que las mujeres lo puedan sentir como su lugar, su espacio de referencia; y trabajar para que encuentren su lugar en la sociedad”.
Las religiosas oblatas que promueven este proyecto trabajan desde hace años en hacer, según sus palabras, “el camino de la igualdad”. Desde su dilatada experiencia, denuncian que muchos hombres hacen uso de la prostitución desde una posición de dominación. Y sienten predilección, como institución, por ellas, por las prostitutas.
No juzgan –“¿quién se atrevería a juzgar?”–. “Procuramos mejorar las condiciones de vida de estas mujeres independientemente de cuál sea su opción ante esta profesión. El trabajo se va adaptando a las demandas de cada una: formación ocupacional para las que quieren dejarlo, cobertura y orientación para las que lo harán pero no pueden aún, mejora de sus condiciones de vida para ellas y sus hijos en caso de que la prostitución vaya a ser para siempre su medio de vida. Quieren evitar que se las invisibilice y estigmatice.
Los frutos son más que evidentes. “Vienen a un espacio de libertad y acogida, en el que respondemos a necesidades urgentes de alojamiento o manutención, procuramos la escolarización de los hijos, les damos formación, terapia. Para nosotras el fruto no es si dejan o no la prostitución”.
Las oblatas buscan lograr la complicidad con las mujeres, entender lo que están viviendo e intentar transformar la crítica fácil y los posicionamientos cerrados.
Algunas de las mujeres que han pasado por allí cuentan su experiencia al terminar su programa de formación para atender a personas mayores e integrarse en un equipo multidisciplinar. “Me han llamado señora y me han tratado de igual a igual”. Su conquista ya no tiene marcha atrás.
En el principio, educación
“El mayor problema es que creemos que ya está todo hecho en materia de igualdad, que ya es bastante con las leyes que se han aprobado, pero no se están llevando a la práctica, no se están poniendo recursos a disposición”. La profesora de Lengua y Literatura Marián Moreno se ha convertido en una experta en educación en igualdad. Su objetivo, erradicar el sexismo en las aulas.
Su experiencia docente en el Instituto asturiano de Los Campos le permite conocer de primera mano cómo respiran nuestros jóvenes en esta materia. Y las conclusiones son poco halagüeñas: “Se está produciendo una regresión sobre todo en la asunción de roles. Por ejemplo, en el tema de la sexualidad”. Explica Marián que las relaciones sexuales consisten ahora en coleccionar conquistas, “casi como una muesca más en el revólver”, y para conseguirlo se recurre a comportamientos a veces cercanos a la pornografía o la prostitución.
“Las chicas están asumiendo roles que nosotras sabemos que responden más a una esclavitud sexual que a comunicación y afectividad. Y los chicos están viviendo su masculinidad como sinónimo de genitalidad, posesión, dominación. Eso antes no nos pasaba”.
Marián denuncia que, desde muy temprana edad, la educación orienta a los niños hacia la autoridad y la posesión y a las niñas hacia la sumisión. De ahí que ponga tantas expectativas en la escuela para romper esta tendencia. “A día de hoy, la escuela es el único espacio por el que pasan el cien por cien de los jóvenes. No podemos dejar la responsabilidad de la educación en igualdad en las familias o en los Medios de Comunicación, porque no ofrecen garantías”.
Esta profesora de Literatura no se plantea su misión como algo excepcional sino más bien todo lo contrario. “A mí lo que me gusta es dar Lengua y Literatura con perspectiva de género. Incluir textos que nos permitan abordar en clase el debate sobre las tareas domésticas, la sexualidad, visibilizar la labor de las mujeres en la Historia y la Literatura, para evitar que las chicas tengan que asumir referentes masculinos y los chicos piensen que las mujeres no han hecho nada de provecho”.
Marián está convencida de que, finalmente, cuando lo necesiten, estas niñas harán uso de sus derechos. “Los avances se mantienen a pesar de algunos retrocesos”. Quiere creer que ella puede contribuir a cambiar la mirada de sus alumnos, como una profesora de instituto hizo hace años con ella. Y se niega a aceptar los tópicos: “Las mujeres no son más machistas que los hombres. Como mucho serán igual de machistas, pero peor no. Lo que pasa es que no somos seres extraterrestres, hemos sido educadas en una sociedad determinada. Las familias se han socializado de una manera determinada. No podemos exigirles nada. A quien sí puedo exigírselo es al profesorado y al Estado”.
También le gustaría que se exigiera a las cadenas de televisión el cumplimiento de la legislación, para que no hicieran tanto daño con los roles femeninos que transmiten –”casi exclusivamente entre ama de casa y prostituta”–. Y pone como ejemplo a Telecinco: “No hay nada más dañino para la igualdad que esa cadena”.
Tolerancia Cero
Marta Gómez cede el altavoz radiofónico a cientos de voces que hablan de igualdad, de justicia, de derechos, de equidad. Su programa, Tolerancia Cero (Radio 5, miércoles a las 22.00), ideado en su día por Luz Montero, lleva ya cinco temporadas intentando combatir las desigualdades. “Empezó centrado exclusivamente en la violencia de género, pero nos dimos cuenta de que en la base de ésta estaba siempre la desigualdad, que es causa de violencia, racismo, discriminación... Así que ahora hablamos de menores, discapacitados, minorías sexuales. Acabamos dando mucha importancia a las familias porque es, junto con la escuela, donde puede paliarse la desigualdad de base”.
Marta siente que su programa sirve, que da frutos, porque recibe muchos correos electrónicos de víctimas, de colectivos, de agentes sociales. “Me llena de orgullo haber puesto en contacto a víctimas con abogados. Gente que no sabía dónde acudir ha utilizado este programa como punto de partida”. Optimista, considera que se ha avanzado socialmente en este campo desde la aprobación de la ley integral contra la violencia de género. “Se ha conseguido que deje de ser una cuestión doméstica para convertirse en algo público. Ha dejado de ser un chiste eso de “mi marido me pega lo normal”, se ha perdido el miedo a denunciar, a intervenir”. A su juicio, la violencia de género probablemente no desaparecerá nunca, pero sí puede ocurrir que sea algo minoritario y excepcional.
A ello contribuye desde luego Marta Gómez con su labor al otro lado del micrófono en Tolerancia Cero. Y es que hace ya tiempo que esta periodista se dio cuenta de que para ella no tenía sentido la información si no era desde el ámbito social. “Y ese ámbito me llevaba siempre a las mujeres. Son 21 siglos de desigualdad. Hemos conseguido mucho, pero queda tanto por hacer, que estoy convencida de que ésta es mi lucha”.
No sólo la suya. Y no sólo de las mujeres. “Con la igualdad ganamos todos. Nos atañe a todos. Y los hombres tienen que estar también presentes porque, si no, no hacemos nada”.
El poder de un anuncio
“¡No contrate a una mujer!”. El lema publicitario utilizado por la agencia murciana Portavoz para anunciar la implantación de los planes de igualdad en las PYMES de la región consiguió el objetivo de inmediato. Llamadas, correos electrónicos y un enorme revuelo social. “Nos dimos cuenta de que era un tema que, o se trataba con cierta fuerza comunicativa, o podía pasar desapercibido. Tenía que ser una campaña con repercusión”, explica el director creativo de Portavoz, Fernando Caride.
Y tanto que la consiguió. La Vetusta (y ficticia) Liga Oligarca de Patrones proponía no contratar a las mujeres. Pero los motivos que esgrimía para ello no eran ni mucho menos inventados. “Hicimos un arduo trabajo de investigación y dimos con argumentos en libros no demasiado alejados del siglo XXI”. Lo curioso es que recibieron quejas de alguna asociación empresarial porque se dieron por aludidos. Y es que, explica Fernando, “éste es un tema muy sensible que, sencillamente, no está superado, aunque la igualdad esté garantizada por ley desde 1978”.
Portavoz apostó por poner de nuevo la discusión al cabo de la calle y funcionó. Pero, ¿no contribuye la misma publicidad a perpetuar roles femeninos que no favorecen en absoluto la igualdad? Para Caride la respuesta es clara y contundente: “La intención de la publicidad es ser un reflejo de la sociedad porque, si no, la sociedad no nos haría caso. Pero es cierto que nosotros no somos artistas, sino mercenarios: nos debemos al cliente. Y hay anunciantes más conservadores a la hora de exponer este-reotipos, porque quieren reflejar los valores que corresponden a su época, a su promoción. No hay directores de marketing que tengan 18 años. Y muy pocos de ellos son mujeres”. Pero piensa que es injusto echarle todas las culpas a la publicidad. La solución, apunta, estaría en campañas públicas que promuevan otros roles y presenten relaciones igualitarias.
El problema, desde luego, no está en la composición de los equipos creativos de las agencias: “La paridad en las agencias publicitarias es una realidad, gracias a Dios. Y quien no lo haga así se equivoca, porque hombres y mujeres somos diferentes y es necesario el punto de vista de ambos para reflejar la realidad”.
La voz de la Conciencia
Rocío Lleó y Chus García dirigen el departamento de sensibilización de Acsur Las Segovias, la única ONG española que se declara abiertamente feminista. Su objetivo es superar la visión reduccionista de la mujer y facilitar las condiciones para que éstas puedan ser ciudadanas de pleno derecho. “Queremos acompañarlas en su proceso de visibilización, reivindicación y exigencias”. Advierten que sin equidad no hay desarrollo y apuestan por valorar la capacidad de las mujeres como agentes de su propio desarrollo y su propia vida. Desde esa perspectiva apoyan proyectos de atención a mujeres árabes, o latinoamericanas en conflictos armados, promueven la soberanía almentaria y favorecen el relevo generacional de las reivindicaciones feministas en países del Sur, por poner algunos ejemplos. “Es esencial la participación de las mujeres en todos los ámbitos de la vida reclamando sus derechos”, defienden.
Denuncian que “hombres y mujeres no hemos abandonado los roles respectivos de ganadores de pan y cuidadoras”. El caso más alarmante es, a su juicio, el de las empleadas del hogar –cuyo régimen de Seguridad Social “raya con la esclavitud”–, especialmente las mujeres inmigrantes: “cuidadoras de segunda categoría que queremos que sean las primeras en marcharse cuando llega la crisis”. Se trata, a su juicio, de que haya “corresponsabilidad social en el cuidado” porque, sostienen, la actual crisis es más global que financiera. Es también una crisis ecológica y de valores”.
El lugar de la Mujer
De valores sabe mucho Lourdes Perramón, coordinadora del centro El Lloc de la Dona, de atención a prostitutas en el degradado barrio barcelonés de El Raval.
El lugar de la mujer, que eso significa en castellano, refleja dos finalidades, como explica Lourdes: “Que las mujeres lo puedan sentir como su lugar, su espacio de referencia; y trabajar para que encuentren su lugar en la sociedad”.
Las religiosas oblatas que promueven este proyecto trabajan desde hace años en hacer, según sus palabras, “el camino de la igualdad”. Desde su dilatada experiencia, denuncian que muchos hombres hacen uso de la prostitución desde una posición de dominación. Y sienten predilección, como institución, por ellas, por las prostitutas.
No juzgan –“¿quién se atrevería a juzgar?”–. “Procuramos mejorar las condiciones de vida de estas mujeres independientemente de cuál sea su opción ante esta profesión. El trabajo se va adaptando a las demandas de cada una: formación ocupacional para las que quieren dejarlo, cobertura y orientación para las que lo harán pero no pueden aún, mejora de sus condiciones de vida para ellas y sus hijos en caso de que la prostitución vaya a ser para siempre su medio de vida. Quieren evitar que se las invisibilice y estigmatice.
Los frutos son más que evidentes. “Vienen a un espacio de libertad y acogida, en el que respondemos a necesidades urgentes de alojamiento o manutención, procuramos la escolarización de los hijos, les damos formación, terapia. Para nosotras el fruto no es si dejan o no la prostitución”.
Las oblatas buscan lograr la complicidad con las mujeres, entender lo que están viviendo e intentar transformar la crítica fácil y los posicionamientos cerrados.
Algunas de las mujeres que han pasado por allí cuentan su experiencia al terminar su programa de formación para atender a personas mayores e integrarse en un equipo multidisciplinar. “Me han llamado señora y me han tratado de igual a igual”. Su conquista ya no tiene marcha atrás.
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