MANU MEDIAVILLA. 28-07-2010

La sociedad enredada
A estas alturas de Internet, si no estás en las llamadas redes sociales, parece que no existes. Al menos en España, que se ha apuntado con su habitual ímpetu a ese fenómeno revolucionario de interacciones múltiples (correo, chat, mensajería, fotos y vídeos compartidos, grupos de debate, campañas conjuntas, etcétera), hasta enredar a 18 millones de nuestros más de 24 millones de internautas.
El dato procede del informe Sociedad de la Información en España 2009 de Telefónica, y coincide con la Encuesta a Usuarios de Internet (Navegantes en la Red) de la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación, que cifra en el 71% la población internauta registrada en las redes sociales.
Las más populares son Facebook (61,7%), que recorre todos los grupos de edad, y Tuenti (20,8%), cuyo perfil adolescente acaba de confirmarse en el estudio de la Universidad Camilo José Cela Generación 2.0. El 78% de la población española de 12 a17 años utiliza las redes sociales, y deéstos, 8 de cada 10 prefieren Tuenti.
Con apenas 11 años, Juan pasa dos horas diarias navegando por Internet y las redes sociales, “y si me dejaran –dice–, estaría todo el día”. Lo cuenta Miguel Comín, cofundador de la Fundación Alia2, empeñada en combatir el ciberacoso y la pornografía infantil en la Red y en promover el buen uso de las nuevas tecnologías. Porque no duda de sus ventajas: “Internet es una de las mejores cosas que hay, y debemos aprovechar sus enormes oportunidades de formación y comunicación para los chavales. No hay que cerrar esa ventana. Tenemos que estar ahí y exprimir al máximo sus posibilidades”.
Pero también es consciente de sus riesgos. Empezando por los dos citados que trata de evitar su organización, y terminando por una amplia galería de peligros asociados al descuido de la privacidad, que alcanzan tanto a menores como a personas adultas. Y sin olvidar, especialmente en el ámbito infantil y adolescente, el desplazamiento de la actividad cotidiana a un mundo virtual en el que, como remarca Guillermo Cánovas, presidente de la asociación Protégeles, “se entra en contacto con personas desconocidas, se accede a contenidos inapropiados y se llega a sufrir acoso”.
Estar ahí
Frente a ese escenario, Comín insiste en que “lo primero es estar ahí, conocer”, porque Internet y las redes sociales “no son el futuro, son el presente. O estamos ahí, o nos estamos perdiendo lo más importante, la educación de nuestros hijos”. De hecho, se lamenta, muchas veces “el problema es que nadie educa”. Ni el padre o la madre que pasan la pelota al colegio con un “yo hago lo que puedo, pero de ordenadores no tengo ni idea; eso es cosa de los profesores”. Ni éstos, que con demasiada frecuencia admiten que “no sabemos ni estamos formados” para trabajar con unas computadoras que incluso pueden acabar aparcadas en una esquina del aula. “Al final, quien está con los niños es Tuenti, y pretendemos que se eduquen solos”, remacha.
Y no se trata de eso, ni tampoco de “meter al niño en una burbuja o convertirse en padre-policía”, añade la psicóloga Ana Frontaura desde la Fundación Gaudium, especializada en la prevención y abordaje de las adicciones a las nuevas tecnologías. La clave está en “integrarlas en la vida diaria de la familia”. Primero, abriendo los padres una cuenta y trasteando por las redes sociales, porque “el conocimiento tranquiliza bastante”. Segundo, “controlando –y retrasando lo más posible– el acceso” a ellas de los chavales y chavalas, pero “sin prohibírselas, pues les crearía una ansiedad mucho mayor”. Y tercero, alcanzando “algún tipo de contrato con los hijos” para compartir las claves de acceso, limitar los contactos a personas ya conocidas y evitar subir fotos que permitan identificar o localizar al menor.
Porque los chavales, según apunta Frontaura, no suelen ser conscientes de que colgar fotos de su colegio o anunciar una fiesta en casa mientras sus padres están fuera puede implicar riesgos de seguridad. No es la primera vez que tales datos han facilitado un robo domiciliario en vacaciones. “Te dirán que eso pasa en las pelis, pero no a mí... Hasta que a alguno le pasa”, alerta la psicóloga, que también se “sorprende de la cantidad de gente adulta con perfiles abiertos y fotografías de sus hijos y su domicilio”. Y aunque “en el 99% de casos nunca ocurre nada, es como si se dejaran abiertas siempre las ventanillas del coche”.
Cambio histórico
Para Comín, consciente de que las nuevas tecnologías han provocado un “cambio histórico“ en el que “los jóvenes saben más que los mayores” de su manejo, los progenitores deben asumir el reto fundamental de comunicarse con sus hijos para poder educarlos mejor. Y eso exige conocimiento y aprendizaje. “Si no conoces esa herramienta y no estás en las redes sociales, los menores no van a acudir a ti cuando tengan un problema”, coinciden Cánovas y el propio directivo de Alia2, quien apunta otro déficit: “Otra cosa que no hacen los padres es preguntar a sus hijos, y a ellos les hace mucha ilusión sentirse como si fueran el profe en casa”.
Se trata, en suma, de reforzar la figura paternal para que pueda ayudar a sus hijos a distinguir entre dos mundos distintos, el real de cada día y ese nuevo mundo virtual en el que pasan muchas horas y hacen gala de una “falta total de pudor”. Entre otras razones, recalca, porque no se les han explicado los posibles riesgos, y que no es lo mismo “estar colgando tu vida en Internet que compartir fotos, vídeos y otras cosas con gente de confianza”.
En ese contexto, organizaciones como Alia2, Protégeles o Gaudium ponen a disposición de padres, educadores, instituciones y los propios menores, un amplio abanico de recursos educativos, herramientas tecnológicas y recomendaciones de especialistas para el buen uso de las nuevas tecnologías y para la prevención de todo tipo de abuso o acoso a través de ellas. En cuanto a las redes sociales, más que hablar de ellas en general, Cánovas prefiere concretar lo que pasa en cada una y dejar claro que “como mínimo, el punto de partida debe ser que respeten las recomendaciones de la Comisión Europea de que se hagan privadas por defecto para los menores de 18 años. Tuenti lo está haciendo, pero no Facebook”.
El presidente de Protégeles destaca que “Tuenti no permite el acceso a menores de 14, y pone los medios para impedirlo”, lo que le ha llevado en la primera mitad del año a eliminar 35.000 perfiles de esa red social eminentemente juvenil. A su juicio, en cambio, “Facebook ni siquiera va a remolque de las protestas” por sus problemas de privacidad, ya que “no tiene en cuenta las recomendaciones de fuera de Estados Unidos”. Otro problema añadido con esa red social es la “indexación de los contenidos, que hace aparecer en los grandes buscadores” perfiles y datos que pueden facilitar la localización de una persona; “Google te lleva”, apostilla.
Filtros protectores
Precisamente por ello, la formación en el buen uso de las nuevas tecnologías se ha convertido en una exigencia tanto en la familia como en la enseñanza. Máxime cuando, como subraya Comín, disponemos de “herramientas que ayudan a educar”, como esos filtros parentales que avisan a los progenitores de las visitas de sus hijos a páginas con contenidos inapropiados –pornografía, anorexia y bulimia, xenofobia y racismo, etcétera– y que permiten “hablarlo con ellos”. Lo sorprendente, se lamenta Cánovas, es su “mínimo uso, que no llega al 10%, a pesar de que en España los fabricamos y exportamos”. De ahí su llamamiento a la responsabilidad familiar en ese aspecto, porque no tiene sentido tanta “preocupación de los padres por proteger el cerebro del ordenador con un antivirus y que no protejan el cerebro de sus hijos”.
En el mundo adulto
En el fondo subyace una cuestión básica, la necesidad de educar con el ejemplo. Como señala Frontaura, también las personas adultas usan mal las nuevas tecnologías. Y no solamente por su imprudencia al colgar datos, opiniones e imágenes en Internet, que permanecen allí durante años y pueden pasarles factura cuando un eventual empleador sigue su rastro en las redes sociales en un proceso de selección de personal. También la actual obsesión por el móvil es un mal síntoma: “Si se os olvida en casa, ¿a que volvéis?, ¿a que os crea ansiedad estar 24 horas sin él?”, se pregunta la psicóloga, que ve asomar por ahí el problema de las adicciones sin sustancia –desde la ludopatía hasta el enganche tecnológico–, y su trasfondo de problemas de autoestima, dificultad para relacionarse, fobias sociales y otros rasgos de personalidad que favorecen el aislamiento.
En este caldo de cultivo, que según la experta de la Fundación Gaudium “se puede detectar desde pequeños”, Internet y las redes sociales aparecen como una alternativa “para normalizar la vida diaria”. Eso explica el empeño por “ser amigo de todo el mundo, como si fuera una competición por conseguir el mayor número”, aunque luego esas “relaciones sociales se quedan en la superficie”. Además, surge un problema añadido: “La sobreexigencia de actualizar contenidos a diario”, que obliga a “sacar tiempo de otras cosas”, con el consiguiente riesgo de abandono y descuido de compromisos laborales, familiares, etcétera. Al final, recalca Frontaura, “tener tu red social tan actualizada crea muchísima dependencia y aboca a un trastorno adictivo. No es la herramienta adecuada”.
El ruido ensordecedor
Dada la rapidísima expansión de las redes sociales (solamente Facebook supera los 400 millones de personas usuarias), esa nueva forma de comunicarse ha inundado de datos, opiniones y personajes el ciberespacio. Por eso Federico Mayor Zaragoza, ex director general de la UNESCO, subrayaba en un curso de verano en Santander la importancia de que “no nos domine la información, sino que nosotros dominemos a la información”. Y por eso Antonio Peiró, vocal de Comunicación del Sindicato de Periodistas de Madrid, alertaba del peligro de que acabe imponiéndose “el ruido ensordecedor” y de que las “escasas ideas sustanciales” se pierdan en un océano de anécdotas simbolizado en los “más de 40 millones de visitas para ver cómo se asusta un panda por el estornudo de su cría”.
La consecuente advertencia de Peiró sobre el riesgo de desmovilización social de “millones de individuos agazapados delante de sus pantallas”, está en línea con la de Pascual Serrano, autor de El periodismo es noticia. Tendencias sobre comunicación en el siglo XXI, quien llama la atención sobre una “eclosión de propuestas de falsa participación que está convirtiéndose en un impresionante sistema de distracción de la movilización“. Como ejemplo, cita la veintena de campañas de recogida de firmas que se inician cada día. Y deja para la reflexión su apunte de que “la satisfacción de descubrir nuestro potencial de difusión puede llevarnos a la parálisis del resto de nuestros ámbitos humanos de organización y compromiso”.
Un click que suma
Ángel Gonzalo, responsable de medios de comunicación de la Sección Española de Amnistía Internacional, prefiere ver medio llena la botella del ciberactivismo y destaca que su organización “apuesta por un click que suma, no que resta”. No se trata de “firmar una ciberacción y ya está”, añade, sino de hacerlo “en paralelo al trabajo político” de un acto de protesta ante una embajada o una reunión para presionar a un mandatario. La idea, remacha, es “lanzar una campaña por medios tradicionales, y acompañarla de una estrategia en Internet” que pueda llegar a más gente, y sobre todo a esos nativos digitales que son los jóvenes.
De hecho, Amnistía es una de las ONG que más éxitos ha conseguido desde el ciberactivismo. Son ya un auténtico símbolo solidario los casos de las nigerianas Hussaini y Lawal, cuya lapidación pudo evitarse tras masivas recogidas de firmas (hasta nueve millones en un año). Y esa capacidad de acumular adhesiones se está multiplicando gracias a Internet y las redes sociales, como acaban de demostrar las 100.000 firmas en cinco días para evitar la lapidación de la iraní Sakineh Mahammadi Ashtiani.
A la vez, sin embargo, también ha aumentado la capacidad tecnológica de los Gobiernos autoritarios para limitar, cuando no silenciar, la ciberdisidencia y otras protestas digitales. Pero “a pesar de la represión en Internet”, insiste Gonzalo, no deja de ser “una ventanita para pasar mensajes al exterior” y seguir sumando en la causa por los derechos humanos.
http://www.protegeles.es
Tiene una línea de denuncia de webs con contenidos inadecuados y varias líneas de ayuda para diversos temas.
http://www.ciberfamilias.es
Además de foros y recursos para padres y educadores, incluye una línea de ayuda para menores.
http://www.alia2.org
Entre sus recursos figuran un Código Ciberético para menores y un Decálogo de Seguridad Web para padres y madres.
http://www.fundaciongaudium.es
Se pueden descargar folletos y ver vídeos explicativos de programas para prevenir la adicción a nuevas tecnologías.
Las más populares son Facebook (61,7%), que recorre todos los grupos de edad, y Tuenti (20,8%), cuyo perfil adolescente acaba de confirmarse en el estudio de la Universidad Camilo José Cela Generación 2.0. El 78% de la población española de 12 a17 años utiliza las redes sociales, y deéstos, 8 de cada 10 prefieren Tuenti.
Con apenas 11 años, Juan pasa dos horas diarias navegando por Internet y las redes sociales, “y si me dejaran –dice–, estaría todo el día”. Lo cuenta Miguel Comín, cofundador de la Fundación Alia2, empeñada en combatir el ciberacoso y la pornografía infantil en la Red y en promover el buen uso de las nuevas tecnologías. Porque no duda de sus ventajas: “Internet es una de las mejores cosas que hay, y debemos aprovechar sus enormes oportunidades de formación y comunicación para los chavales. No hay que cerrar esa ventana. Tenemos que estar ahí y exprimir al máximo sus posibilidades”.
Pero también es consciente de sus riesgos. Empezando por los dos citados que trata de evitar su organización, y terminando por una amplia galería de peligros asociados al descuido de la privacidad, que alcanzan tanto a menores como a personas adultas. Y sin olvidar, especialmente en el ámbito infantil y adolescente, el desplazamiento de la actividad cotidiana a un mundo virtual en el que, como remarca Guillermo Cánovas, presidente de la asociación Protégeles, “se entra en contacto con personas desconocidas, se accede a contenidos inapropiados y se llega a sufrir acoso”.
Estar ahí
Frente a ese escenario, Comín insiste en que “lo primero es estar ahí, conocer”, porque Internet y las redes sociales “no son el futuro, son el presente. O estamos ahí, o nos estamos perdiendo lo más importante, la educación de nuestros hijos”. De hecho, se lamenta, muchas veces “el problema es que nadie educa”. Ni el padre o la madre que pasan la pelota al colegio con un “yo hago lo que puedo, pero de ordenadores no tengo ni idea; eso es cosa de los profesores”. Ni éstos, que con demasiada frecuencia admiten que “no sabemos ni estamos formados” para trabajar con unas computadoras que incluso pueden acabar aparcadas en una esquina del aula. “Al final, quien está con los niños es Tuenti, y pretendemos que se eduquen solos”, remacha.
Y no se trata de eso, ni tampoco de “meter al niño en una burbuja o convertirse en padre-policía”, añade la psicóloga Ana Frontaura desde la Fundación Gaudium, especializada en la prevención y abordaje de las adicciones a las nuevas tecnologías. La clave está en “integrarlas en la vida diaria de la familia”. Primero, abriendo los padres una cuenta y trasteando por las redes sociales, porque “el conocimiento tranquiliza bastante”. Segundo, “controlando –y retrasando lo más posible– el acceso” a ellas de los chavales y chavalas, pero “sin prohibírselas, pues les crearía una ansiedad mucho mayor”. Y tercero, alcanzando “algún tipo de contrato con los hijos” para compartir las claves de acceso, limitar los contactos a personas ya conocidas y evitar subir fotos que permitan identificar o localizar al menor.
Porque los chavales, según apunta Frontaura, no suelen ser conscientes de que colgar fotos de su colegio o anunciar una fiesta en casa mientras sus padres están fuera puede implicar riesgos de seguridad. No es la primera vez que tales datos han facilitado un robo domiciliario en vacaciones. “Te dirán que eso pasa en las pelis, pero no a mí... Hasta que a alguno le pasa”, alerta la psicóloga, que también se “sorprende de la cantidad de gente adulta con perfiles abiertos y fotografías de sus hijos y su domicilio”. Y aunque “en el 99% de casos nunca ocurre nada, es como si se dejaran abiertas siempre las ventanillas del coche”.
Cambio histórico
Para Comín, consciente de que las nuevas tecnologías han provocado un “cambio histórico“ en el que “los jóvenes saben más que los mayores” de su manejo, los progenitores deben asumir el reto fundamental de comunicarse con sus hijos para poder educarlos mejor. Y eso exige conocimiento y aprendizaje. “Si no conoces esa herramienta y no estás en las redes sociales, los menores no van a acudir a ti cuando tengan un problema”, coinciden Cánovas y el propio directivo de Alia2, quien apunta otro déficit: “Otra cosa que no hacen los padres es preguntar a sus hijos, y a ellos les hace mucha ilusión sentirse como si fueran el profe en casa”.
Se trata, en suma, de reforzar la figura paternal para que pueda ayudar a sus hijos a distinguir entre dos mundos distintos, el real de cada día y ese nuevo mundo virtual en el que pasan muchas horas y hacen gala de una “falta total de pudor”. Entre otras razones, recalca, porque no se les han explicado los posibles riesgos, y que no es lo mismo “estar colgando tu vida en Internet que compartir fotos, vídeos y otras cosas con gente de confianza”.
En ese contexto, organizaciones como Alia2, Protégeles o Gaudium ponen a disposición de padres, educadores, instituciones y los propios menores, un amplio abanico de recursos educativos, herramientas tecnológicas y recomendaciones de especialistas para el buen uso de las nuevas tecnologías y para la prevención de todo tipo de abuso o acoso a través de ellas. En cuanto a las redes sociales, más que hablar de ellas en general, Cánovas prefiere concretar lo que pasa en cada una y dejar claro que “como mínimo, el punto de partida debe ser que respeten las recomendaciones de la Comisión Europea de que se hagan privadas por defecto para los menores de 18 años. Tuenti lo está haciendo, pero no Facebook”.
El presidente de Protégeles destaca que “Tuenti no permite el acceso a menores de 14, y pone los medios para impedirlo”, lo que le ha llevado en la primera mitad del año a eliminar 35.000 perfiles de esa red social eminentemente juvenil. A su juicio, en cambio, “Facebook ni siquiera va a remolque de las protestas” por sus problemas de privacidad, ya que “no tiene en cuenta las recomendaciones de fuera de Estados Unidos”. Otro problema añadido con esa red social es la “indexación de los contenidos, que hace aparecer en los grandes buscadores” perfiles y datos que pueden facilitar la localización de una persona; “Google te lleva”, apostilla.
Filtros protectores
Precisamente por ello, la formación en el buen uso de las nuevas tecnologías se ha convertido en una exigencia tanto en la familia como en la enseñanza. Máxime cuando, como subraya Comín, disponemos de “herramientas que ayudan a educar”, como esos filtros parentales que avisan a los progenitores de las visitas de sus hijos a páginas con contenidos inapropiados –pornografía, anorexia y bulimia, xenofobia y racismo, etcétera– y que permiten “hablarlo con ellos”. Lo sorprendente, se lamenta Cánovas, es su “mínimo uso, que no llega al 10%, a pesar de que en España los fabricamos y exportamos”. De ahí su llamamiento a la responsabilidad familiar en ese aspecto, porque no tiene sentido tanta “preocupación de los padres por proteger el cerebro del ordenador con un antivirus y que no protejan el cerebro de sus hijos”.
En el mundo adulto
En el fondo subyace una cuestión básica, la necesidad de educar con el ejemplo. Como señala Frontaura, también las personas adultas usan mal las nuevas tecnologías. Y no solamente por su imprudencia al colgar datos, opiniones e imágenes en Internet, que permanecen allí durante años y pueden pasarles factura cuando un eventual empleador sigue su rastro en las redes sociales en un proceso de selección de personal. También la actual obsesión por el móvil es un mal síntoma: “Si se os olvida en casa, ¿a que volvéis?, ¿a que os crea ansiedad estar 24 horas sin él?”, se pregunta la psicóloga, que ve asomar por ahí el problema de las adicciones sin sustancia –desde la ludopatía hasta el enganche tecnológico–, y su trasfondo de problemas de autoestima, dificultad para relacionarse, fobias sociales y otros rasgos de personalidad que favorecen el aislamiento.
En este caldo de cultivo, que según la experta de la Fundación Gaudium “se puede detectar desde pequeños”, Internet y las redes sociales aparecen como una alternativa “para normalizar la vida diaria”. Eso explica el empeño por “ser amigo de todo el mundo, como si fuera una competición por conseguir el mayor número”, aunque luego esas “relaciones sociales se quedan en la superficie”. Además, surge un problema añadido: “La sobreexigencia de actualizar contenidos a diario”, que obliga a “sacar tiempo de otras cosas”, con el consiguiente riesgo de abandono y descuido de compromisos laborales, familiares, etcétera. Al final, recalca Frontaura, “tener tu red social tan actualizada crea muchísima dependencia y aboca a un trastorno adictivo. No es la herramienta adecuada”.
El ruido ensordecedor
Dada la rapidísima expansión de las redes sociales (solamente Facebook supera los 400 millones de personas usuarias), esa nueva forma de comunicarse ha inundado de datos, opiniones y personajes el ciberespacio. Por eso Federico Mayor Zaragoza, ex director general de la UNESCO, subrayaba en un curso de verano en Santander la importancia de que “no nos domine la información, sino que nosotros dominemos a la información”. Y por eso Antonio Peiró, vocal de Comunicación del Sindicato de Periodistas de Madrid, alertaba del peligro de que acabe imponiéndose “el ruido ensordecedor” y de que las “escasas ideas sustanciales” se pierdan en un océano de anécdotas simbolizado en los “más de 40 millones de visitas para ver cómo se asusta un panda por el estornudo de su cría”.
La consecuente advertencia de Peiró sobre el riesgo de desmovilización social de “millones de individuos agazapados delante de sus pantallas”, está en línea con la de Pascual Serrano, autor de El periodismo es noticia. Tendencias sobre comunicación en el siglo XXI, quien llama la atención sobre una “eclosión de propuestas de falsa participación que está convirtiéndose en un impresionante sistema de distracción de la movilización“. Como ejemplo, cita la veintena de campañas de recogida de firmas que se inician cada día. Y deja para la reflexión su apunte de que “la satisfacción de descubrir nuestro potencial de difusión puede llevarnos a la parálisis del resto de nuestros ámbitos humanos de organización y compromiso”.
Un click que suma
Ángel Gonzalo, responsable de medios de comunicación de la Sección Española de Amnistía Internacional, prefiere ver medio llena la botella del ciberactivismo y destaca que su organización “apuesta por un click que suma, no que resta”. No se trata de “firmar una ciberacción y ya está”, añade, sino de hacerlo “en paralelo al trabajo político” de un acto de protesta ante una embajada o una reunión para presionar a un mandatario. La idea, remacha, es “lanzar una campaña por medios tradicionales, y acompañarla de una estrategia en Internet” que pueda llegar a más gente, y sobre todo a esos nativos digitales que son los jóvenes.
De hecho, Amnistía es una de las ONG que más éxitos ha conseguido desde el ciberactivismo. Son ya un auténtico símbolo solidario los casos de las nigerianas Hussaini y Lawal, cuya lapidación pudo evitarse tras masivas recogidas de firmas (hasta nueve millones en un año). Y esa capacidad de acumular adhesiones se está multiplicando gracias a Internet y las redes sociales, como acaban de demostrar las 100.000 firmas en cinco días para evitar la lapidación de la iraní Sakineh Mahammadi Ashtiani.
A la vez, sin embargo, también ha aumentado la capacidad tecnológica de los Gobiernos autoritarios para limitar, cuando no silenciar, la ciberdisidencia y otras protestas digitales. Pero “a pesar de la represión en Internet”, insiste Gonzalo, no deja de ser “una ventanita para pasar mensajes al exterior” y seguir sumando en la causa por los derechos humanos.
http://www.protegeles.es
Tiene una línea de denuncia de webs con contenidos inadecuados y varias líneas de ayuda para diversos temas.
http://www.ciberfamilias.es
Además de foros y recursos para padres y educadores, incluye una línea de ayuda para menores.
http://www.alia2.org
Entre sus recursos figuran un Código Ciberético para menores y un Decálogo de Seguridad Web para padres y madres.
http://www.fundaciongaudium.es
Se pueden descargar folletos y ver vídeos explicativos de programas para prevenir la adicción a nuevas tecnologías.
Comentarios: 1
Pepe Boza, medioambientesimbolico.blogspot.com
31-Diciembre-2011 -
18:54 h
magnífico artículo. Lo extracto y recojo en mi blog.







