21. 27-01-2012
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La complejidad corporal desde la desnudez interior
Siro López presenta su nuevo proyecto artístico 'Emociones al desnudo'
En este nuevo proyecto artístico, el fotógrafo, diseñador y “contrapublicista” Siro López ha tratado de abordar la complejidad corporal desde la desnudez interior. Cada fotografía va acompañada de un texto: el diario escrito de numerosas personas que han transitado por los senderos del amor y del desamor.
"Este proyecto de creación ha sido desde el principio colectivo. En su génesis, se fueron sumando más y más personas a medida que trascendía la idea de compartir la desnudez de lo que somos. En cuanto a las fotografías, fui invitando a diferentes personas (amigos y desconocidos) a crear juntos una imagen que abordase diferentes aspectos relacionados con el cuerpo y las relaciones afectivas. En ocasiones el punto de partida era una idea concreta. En otras, la creación surgía a lo largo de la sesión fotográfica, del espacio en el que se desarrollaba la acción, de la conversación mantenida tomando un café, de trabajar a partir de un objeto, etc. La propuesta de los textos ha sido mucho más compleja. Suele resultar más difícil y costosa la desnudez interior que la desnudez de la piel. Mantener largas conversaciones, hilar y deshilar, ideas y venidas para desenredar la madeja emocional".
Así cuenta Siro López el proceso creativo que ha resultado en la exposición que presentará a partir de enero en Espacio Lenguaje (Madrid).
Siro López, artista polifacético, conjuga el mimo, la expresión corporal, el teatro, la pintura, la fotografía y el diseño. Especializado en dinámicas comunicativas, tiene itinerante por Europa una exposición de pintura.
Tiene varios libros publicados sobre pintura, diseño y contrapublicidad: Nos miran (Infancia, mujer y derechos Humanos) Cuerpo y sangre, (Editorial Siglo XXI) Cara y cruz (Editorial Siglo XXI) Contendor de silencios (Ediciones Khaf)
INTRODUCCIÓN LIBRO
En el principio...
Así empieza el relato mitológico del libro del Génesis en el que aparecen en escena el hombre y la mujer. Adán y Eva en un idílico paraíso con sus cuerpos desnudos, sanos y sin avergonzarse de nada al disfrutar de todo, en una gratuidad gozosa. Todo cambió tras un mordisco. La tradición pintó el fruto del árbol con el símbolo de la manzana asociada tradicionalmente al amor.
Numerosos autores señalaron como causa del mal y del pecado su propia obsesión por la sexualidad. Otros apuntaron el afán por el poder. Lamentablemente, todos coincidieron en apuntalar a la mujer como la causante de la introducción del pecado en la humanidad. Pareciese que toda la historia no es otra cosa que la narración de la pérdida del paraíso y el deseo de retorno. Muchos discursos seudo-religiosos, al igual que serpientes y disfrazados de sacralidad, han envenenado los corazones de muchos. ¡Mal comienzo! En realidad, durante siglos, el verdadero árbol prohibido ha sido nuestro propio cuerpo con los mandatos culpabilizadores de “no lo toques”, “no te toques”. Lamentablemente en muchos casos todavía el paraíso corporal sigue prohibido o prostituido. Pero no es lugar para extenderse en este enrevesado y dramático laberinto de discriminación y culpabilidad. Estudios no faltan. Mi propuesta es otra.
Paraíso o edén, nuestra felicidad nos viene de sentirnos plenamente amados, estemos donde estemos. Si tiramos del hilo de toda disfunción o problema psicológico nos encontramos siempre con el mismo punto de partida: la afectividad y su ausencia. Si hay un fruto del cual debamos constantemente alimentarnos es precisamente del AMOR. Morder la manzana no es otra cosa que apasionarse por la vida. Y hay de aquel que no la mordiere… No morder la manzana del encuentro con el otro, de la socialización, del compartir, es auto condenarse al egoísmo, a la individualidad, al abandono…
Es cierto que sigue siendo la mujer quien primero ha dado y sigue ofreciendo su propio corazón a morder para compartir las emociones, la solidaridad, el perdón, la justicia… Por el contrario, gran parte de la destrucción y de la violencia en el mundo viene dada de la mano del varón. La fabricación, venta y ejecución de armas, guerras y agresiones son diseñadas por el género masculino. De echo, la historia que escribieron y nos enseñaron es un encadenado de conquistas y batallas. Nuestras ciudades están llenas de monumentos a la guerra: soldados, cañones, espadas y cabezas cortadas. Iglesias, plazas y parques se encuentran entronizadas por esculturas que glorifican la tortura, la invasión, la matanza y el poder. He ahí la verdadera historia desigual de la humanidad. Vende la agresión y escandalizan los amores. Llegamos a tal punto que hay mayor escándalo en que un presidente tenga una relación sexual, que en el hecho de estar bombardeando un país.
Creo que ya va siendo hora de que se escriba y se conozca la historia del amor, de la entrega, del encuentro. Que nos dejemos empapar por el latido de la piel sensible que se solidariza con el que sufre y ríe con el que celebra.
Cuerpo codificado
Los humanos portamos una manía clasificatoria: todo lo tenemos que definir, clasificar, numerar, diseccionar y de ese modo apagar la vida. Cuánta destrucción bendecida por el progreso. ¿No sería más fácil descubrir la vida de una mariposa en su libre vuelo que en la etiquetada sequedad de una vitrina. Nuestro cuerpo tampoco se libra.
En la actualidad el cuerpo se ha convertido en el principal obstáculo para llegar a uno mismo. Se nos bombardea con cuerpos virtuales que convierten nuestro cerebro en un campo minado de miedos, prejuicios y desprecios. Pensamos en exceso, censurando el sentir real de todo aquello que nos rodea.
Únicamente en las situaciones de dolor se nos encienden las alarmas de lo que deberíamos ser…
Para convertirse en cuerpo nuevo, primero hay que distanciarse del espejo acristalado, mirarse por dentro y verse reflejado en los otros. Y es que el cuerpo, también puede ser principio de liberación. Es nuestro mejor aliado y nuestro mejor antivirus. Es verdad que recuperar el ejercicio físico, una buena alimentación, un buen uso de las posturas, … contribuyen a que nuestra mente respire y afiance de forma indirecta mayor bienestar, mayor placer, mayor autoestima, menos tensión y más paz interior. Pero siendo conscientes que no estamos solos, pues convertiríamos nuestro bienestar en un nirvana desértico.
Somos muy afortunados. Quizás, tan sólo necesitemos tomar conciencia y renacer en la aceptación.
Quizás necesitemos una declaración universal sobre los derechos del cuerpo no tanto para que fuese firmada y no cumplida sino más bien, para que fuese una guía de libertad y respeto tanto individual como colectiva.
El amor se contempla con los ojos cerrados
Me voy a centrar en un solo aspecto de nuestro cuerpo como botón de muestra: el sentido del tacto.
La piel es el órgano más importante después del cerebro. Las zonas táctiles del cerebro cubren una superficie asombrosamente grande, tanto en la región sensorial como en la motriz. Ocupa el primer puesto en el listado de los sentidos. El tacto es la capacidad sensitiva más importante que tenemos y qué casualidad, también la más reprimida. Comencemos por resaltar algunas de las características que con un mínimo de observación, se nos hacen patentes.
Pensemos que todos los sentidos los tenemos situados en la cabeza: la vista, el olfato, el gusto, el oído, menos uno. El tacto es el único que está repartido por todo el cuerpo. La piel de nuestro cuerpo es el órgano más grande que poseemos. Es también el que más corteza cerebral ocupa. Pero además, hemos de ser conscientes que podemos quedarnos ciegos, sordos, sin el sentido del gusto o del olfato, pero no podemos quedarnos sin el sentido del tacto por que morimos automáticamente. Curiosamente, el tacto es el primer sentido que se enciende en nuestro seno materno. Cuando un embrión tiene menos de ocho semanas, antes de poseer ojos y orejas y cuando todavía mide menos de tres centímetros desde la parte superior de la cabeza hasta las minúsculas nalgas, ya responde al tacto. Cuando nacemos nuestra piel se convierte en el único cauce de comunicación hacia el exterior y aletea a lo largo de nuestra vida para ser también el último sentido en extinguirse. En los recién nacidos el contacto físico se convierte no sólo en un estímulo placentero, sino en una necesidad biológica y psicológica. Todos lo sentidos van perdiendo facultades a medida que envejecemos, menos el sentido del tacto que a pesar del envejecimiento de la piel, ésta sigue activa con el fin de mantenernos en relación con el mundo exterior.
Algo nos querrá decir todo esto o ¿responde solamente a mera casualidad? ¿Por qué entonces, nos empeñamos en reprimir algo tan vital? ¿Acaso nuestros sentidos y sentimientos son un puro adorno o artificio, que dificultan nuestro crecimiento? ¿No será al revés? Que nos hacen más humanos, que nos ayudan en el descubrimiento de los otros, que nos hacen palpable el amor que todos anhelamos. Las investigaciones han demostrado que las culturas que dan mucho afecto físico a los recién nacidos presentan una baja incidencia de robo, asesinato y violación. En el campo de la medicina, se ha comprobado que el tacto es uno de los aspectos más importantes de la rehabilitación, reduce el impulso nervioso del dolor. Las lista de ejemplos podría continuar…
Recuperemos los sentidos que nos alimentan el sentirnos vivos. Acciones tan sencillas y profundas como empaparnos de agua, de aire, de luz, de piel. Concedernos el regalo pausado de oler la madera de un lápiz recién afilado, escribir una carta a mano, saltar encima de la cama, mirarse a los ojos sin necesidad de enamorarse.
Besar una pluma, una roca, un helado, unos labios.
Viajar sin destino, descansar a la sombra, dibujar en la arena, escuchar bajo el agua.
Invitar a cenar, a cantar, a bailar...
Ser clown y volver a jugar con el que llora,
en la barriada, en el hospital, en la cárcel...
En silencio, estrechar la mano, acariciar la espalda, dibujar una sonrisa,
Cerrar los ojos y respirar con el otro.
Somos creados para crear
En cada parte del cuerpo está representado el todo y de ello se encargan diez mil millones de neuronas y sesenta billones de sinapsis. Si nos adentramos un poco en el mundo de la anatomía nos daremos cuenta de que no hay ninguna estructura corporal que pueda considerarse sencilla. Una arteria que aparentemente funciona como un conducto que transporta la sangre recién oxigenada es increíblemente compleja. Los antiguos pensaban que por las arterias fluía el neuma, nuestro espíritu.
Complejidad colmada de belleza.
Algo que me conquista y seduce es que, en todo el cuerpo, no encontramos ni una sola línea recta. Nuestras venas, nuestro sistema linfático, neuronal, muscular, etc. transcurren como ríos que seducen a la mar. Quizás esa sea la razón por la cual todo nuestro interior esté mojado. Somos mayormente agua y esa humedad nos da la vida. De ahí que envejecer no sea otra cosa que ir secándonos para volver a formar parte de la madre tierra, nuevamente regeneradora de vida. Una danza constante de complejidad y de armonía entre la unidad y diversidad. Esta capacidad es la que nos permite crear, perpetuarnos en el tiempo, ansiar la belleza, contemplar la profundidad de cuanto nos acaricia. Todo nuestro universo corporal se desequilibra para volver a equilibrarse tratando de ser uno mismo en los otros. Nuestro “yo” se enferma si no se alimenta de numerosos “tus”.
No me canso de contemplar el cuerpo humano. Es maravilloso e inagotable. Como artista y ser humano no encuentro nada más fascinante y universal que la figura contorneada del cuerpo.
Cuando se reprime su contemplación es precisamente cuando se profana su sacralidad. Nuestra visión del cuerpo refleja nuestra visión del mundo.
No ha habido ningún artista que no haya abordado desde su expresividad el tema del cuerpo. Miguel Ángel dejaba los rostros de sus esculturas para el final. Toda su fuerza comunicativa la volcaba en los cuerpos. Es ahí donde se encuentra la identidad de cada una de sus esculturas. Y es que, la desnudez nos permite sincerarnos con nosotros mismos. Desprendernos de toda dependencia, máscara y ritual, de todo condicionamiento y atributo social. La desnudez nos iguala, nos hermana.
En mi pintura, como artista he cuidado con esmero las herramientas o técnicas a utilizar. Pero nunca he dudado en mezclarlas entre sí. Servirme de un simple lápiz como acabado final en paralelo con el óleo, el aerógrafo o la acuarela. De igual modo con el soporte, ya sea sobre un simple papel o pintar sobre metal oxidado, circuitos de ordenador o desechos. Para quienes lo deseen, pueden verse algunas de las obras de pintura en mi web.
Con la fotografía me sucede algo parecido. No dudo en mezclar cámaras fotográficas, tipos de película, retocadas digitalmente o sin retocar, imágenes simples o complejas, con fondos de estudio o espacios naturales.
Mi prioridad es la libertad creativa. Necesito establecer un espacio de comunicación, de encuentro y es el arte quien me lo proporciona.
Proyecto: Adán y Eva. Emociones al desnudo
En este libro, os propongo la desnudez y la sexualidad vistas desde el arte junto con el diario escrito de numerosas personas que han transitado por los senderos del amor y desamor. Trabajar desde el arte nos garantiza la búsqueda, la escucha y sobre todo, la Belleza. Eso sí, se necesitan tres condimentos imprescindibles: la libertad, el respeto y la sinceridad. Sin ellos no hay encuentro. Pues el arte en lugar de emitir juicios se afana en rescatar la belleza de la fragilidad y nos permite expresar lo que somos. Un regalo enriquecido a base de errores. El arte es cambiante. Nunca se aferra a seguridades ni definiciones. Cuando encuentra se desencuentra, cuando se gloría se fosiliza, cuando se abandona en la gratuidad se enriquece.
Este proyecto de creación ha sido desde el principio colectivo. En su génesis, se fueron sumando más y más personas a medida que trascendía la idea de compartir la desnudez de lo que somos.
En cuanto a las fotografías, fui invitando a diferentes personas (amigos y desconocidos) a crear juntos una imagen que abordase diferentes aspectos relacionados con el cuerpo y las relaciones afectivas. En ocasiones el punto de partida era una idea concreta. En otras, la creación surgía a lo largo de la sesión fotográfica, del espacio en el que se desarrollaba la acción, de la conversación mantenida tomando un café, de trabajar a partir de un objeto, etc.
La propuesta de los textos ha sido mucho más compleja. Suele resultar más difícil y costosa la desnudez interior que la desnudez de la piel. Mantener largas conversaciones, hilar y deshilar, ideas y venidas para desenredar la madeja emocional.
Solamente por el esfuerzo y el tiempo compartido en el proceso creativo ha merecido la pena. Lo que pueda devenir a partir de ahora en cada imagen o texto ya no nos pertenece. Es de todos y esa es su gran riqueza. Al final del libro se ofrecen numerosos recursos para abordar las emociones, ya sea a partir de los textos e imágenes o bien a través de ejercicios de comunicación afectiva.
Quisiera cerrar este libro abrazado. En silencio, no importa el tiempo, recuperando el latido de lo únicamente esencial: sentirnos amados y no amenazados.
www.sirolopez.com
Así cuenta Siro López el proceso creativo que ha resultado en la exposición que presentará a partir de enero en Espacio Lenguaje (Madrid).
Siro López, artista polifacético, conjuga el mimo, la expresión corporal, el teatro, la pintura, la fotografía y el diseño. Especializado en dinámicas comunicativas, tiene itinerante por Europa una exposición de pintura.
Tiene varios libros publicados sobre pintura, diseño y contrapublicidad: Nos miran (Infancia, mujer y derechos Humanos) Cuerpo y sangre, (Editorial Siglo XXI) Cara y cruz (Editorial Siglo XXI) Contendor de silencios (Ediciones Khaf)
INTRODUCCIÓN LIBRO
En el principio...
Así empieza el relato mitológico del libro del Génesis en el que aparecen en escena el hombre y la mujer. Adán y Eva en un idílico paraíso con sus cuerpos desnudos, sanos y sin avergonzarse de nada al disfrutar de todo, en una gratuidad gozosa. Todo cambió tras un mordisco. La tradición pintó el fruto del árbol con el símbolo de la manzana asociada tradicionalmente al amor.
Numerosos autores señalaron como causa del mal y del pecado su propia obsesión por la sexualidad. Otros apuntaron el afán por el poder. Lamentablemente, todos coincidieron en apuntalar a la mujer como la causante de la introducción del pecado en la humanidad. Pareciese que toda la historia no es otra cosa que la narración de la pérdida del paraíso y el deseo de retorno. Muchos discursos seudo-religiosos, al igual que serpientes y disfrazados de sacralidad, han envenenado los corazones de muchos. ¡Mal comienzo! En realidad, durante siglos, el verdadero árbol prohibido ha sido nuestro propio cuerpo con los mandatos culpabilizadores de “no lo toques”, “no te toques”. Lamentablemente en muchos casos todavía el paraíso corporal sigue prohibido o prostituido. Pero no es lugar para extenderse en este enrevesado y dramático laberinto de discriminación y culpabilidad. Estudios no faltan. Mi propuesta es otra.
Paraíso o edén, nuestra felicidad nos viene de sentirnos plenamente amados, estemos donde estemos. Si tiramos del hilo de toda disfunción o problema psicológico nos encontramos siempre con el mismo punto de partida: la afectividad y su ausencia. Si hay un fruto del cual debamos constantemente alimentarnos es precisamente del AMOR. Morder la manzana no es otra cosa que apasionarse por la vida. Y hay de aquel que no la mordiere… No morder la manzana del encuentro con el otro, de la socialización, del compartir, es auto condenarse al egoísmo, a la individualidad, al abandono…
Es cierto que sigue siendo la mujer quien primero ha dado y sigue ofreciendo su propio corazón a morder para compartir las emociones, la solidaridad, el perdón, la justicia… Por el contrario, gran parte de la destrucción y de la violencia en el mundo viene dada de la mano del varón. La fabricación, venta y ejecución de armas, guerras y agresiones son diseñadas por el género masculino. De echo, la historia que escribieron y nos enseñaron es un encadenado de conquistas y batallas. Nuestras ciudades están llenas de monumentos a la guerra: soldados, cañones, espadas y cabezas cortadas. Iglesias, plazas y parques se encuentran entronizadas por esculturas que glorifican la tortura, la invasión, la matanza y el poder. He ahí la verdadera historia desigual de la humanidad. Vende la agresión y escandalizan los amores. Llegamos a tal punto que hay mayor escándalo en que un presidente tenga una relación sexual, que en el hecho de estar bombardeando un país.
Creo que ya va siendo hora de que se escriba y se conozca la historia del amor, de la entrega, del encuentro. Que nos dejemos empapar por el latido de la piel sensible que se solidariza con el que sufre y ríe con el que celebra.
Cuerpo codificado
Los humanos portamos una manía clasificatoria: todo lo tenemos que definir, clasificar, numerar, diseccionar y de ese modo apagar la vida. Cuánta destrucción bendecida por el progreso. ¿No sería más fácil descubrir la vida de una mariposa en su libre vuelo que en la etiquetada sequedad de una vitrina. Nuestro cuerpo tampoco se libra.
En la actualidad el cuerpo se ha convertido en el principal obstáculo para llegar a uno mismo. Se nos bombardea con cuerpos virtuales que convierten nuestro cerebro en un campo minado de miedos, prejuicios y desprecios. Pensamos en exceso, censurando el sentir real de todo aquello que nos rodea.
Únicamente en las situaciones de dolor se nos encienden las alarmas de lo que deberíamos ser…
Para convertirse en cuerpo nuevo, primero hay que distanciarse del espejo acristalado, mirarse por dentro y verse reflejado en los otros. Y es que el cuerpo, también puede ser principio de liberación. Es nuestro mejor aliado y nuestro mejor antivirus. Es verdad que recuperar el ejercicio físico, una buena alimentación, un buen uso de las posturas, … contribuyen a que nuestra mente respire y afiance de forma indirecta mayor bienestar, mayor placer, mayor autoestima, menos tensión y más paz interior. Pero siendo conscientes que no estamos solos, pues convertiríamos nuestro bienestar en un nirvana desértico.
Somos muy afortunados. Quizás, tan sólo necesitemos tomar conciencia y renacer en la aceptación.
Quizás necesitemos una declaración universal sobre los derechos del cuerpo no tanto para que fuese firmada y no cumplida sino más bien, para que fuese una guía de libertad y respeto tanto individual como colectiva.
El amor se contempla con los ojos cerrados
Me voy a centrar en un solo aspecto de nuestro cuerpo como botón de muestra: el sentido del tacto.
La piel es el órgano más importante después del cerebro. Las zonas táctiles del cerebro cubren una superficie asombrosamente grande, tanto en la región sensorial como en la motriz. Ocupa el primer puesto en el listado de los sentidos. El tacto es la capacidad sensitiva más importante que tenemos y qué casualidad, también la más reprimida. Comencemos por resaltar algunas de las características que con un mínimo de observación, se nos hacen patentes.
Pensemos que todos los sentidos los tenemos situados en la cabeza: la vista, el olfato, el gusto, el oído, menos uno. El tacto es el único que está repartido por todo el cuerpo. La piel de nuestro cuerpo es el órgano más grande que poseemos. Es también el que más corteza cerebral ocupa. Pero además, hemos de ser conscientes que podemos quedarnos ciegos, sordos, sin el sentido del gusto o del olfato, pero no podemos quedarnos sin el sentido del tacto por que morimos automáticamente. Curiosamente, el tacto es el primer sentido que se enciende en nuestro seno materno. Cuando un embrión tiene menos de ocho semanas, antes de poseer ojos y orejas y cuando todavía mide menos de tres centímetros desde la parte superior de la cabeza hasta las minúsculas nalgas, ya responde al tacto. Cuando nacemos nuestra piel se convierte en el único cauce de comunicación hacia el exterior y aletea a lo largo de nuestra vida para ser también el último sentido en extinguirse. En los recién nacidos el contacto físico se convierte no sólo en un estímulo placentero, sino en una necesidad biológica y psicológica. Todos lo sentidos van perdiendo facultades a medida que envejecemos, menos el sentido del tacto que a pesar del envejecimiento de la piel, ésta sigue activa con el fin de mantenernos en relación con el mundo exterior.
Algo nos querrá decir todo esto o ¿responde solamente a mera casualidad? ¿Por qué entonces, nos empeñamos en reprimir algo tan vital? ¿Acaso nuestros sentidos y sentimientos son un puro adorno o artificio, que dificultan nuestro crecimiento? ¿No será al revés? Que nos hacen más humanos, que nos ayudan en el descubrimiento de los otros, que nos hacen palpable el amor que todos anhelamos. Las investigaciones han demostrado que las culturas que dan mucho afecto físico a los recién nacidos presentan una baja incidencia de robo, asesinato y violación. En el campo de la medicina, se ha comprobado que el tacto es uno de los aspectos más importantes de la rehabilitación, reduce el impulso nervioso del dolor. Las lista de ejemplos podría continuar…
Recuperemos los sentidos que nos alimentan el sentirnos vivos. Acciones tan sencillas y profundas como empaparnos de agua, de aire, de luz, de piel. Concedernos el regalo pausado de oler la madera de un lápiz recién afilado, escribir una carta a mano, saltar encima de la cama, mirarse a los ojos sin necesidad de enamorarse.
Besar una pluma, una roca, un helado, unos labios.
Viajar sin destino, descansar a la sombra, dibujar en la arena, escuchar bajo el agua.
Invitar a cenar, a cantar, a bailar...
Ser clown y volver a jugar con el que llora,
en la barriada, en el hospital, en la cárcel...
En silencio, estrechar la mano, acariciar la espalda, dibujar una sonrisa,
Cerrar los ojos y respirar con el otro.
Somos creados para crear
En cada parte del cuerpo está representado el todo y de ello se encargan diez mil millones de neuronas y sesenta billones de sinapsis. Si nos adentramos un poco en el mundo de la anatomía nos daremos cuenta de que no hay ninguna estructura corporal que pueda considerarse sencilla. Una arteria que aparentemente funciona como un conducto que transporta la sangre recién oxigenada es increíblemente compleja. Los antiguos pensaban que por las arterias fluía el neuma, nuestro espíritu.
Complejidad colmada de belleza.
Algo que me conquista y seduce es que, en todo el cuerpo, no encontramos ni una sola línea recta. Nuestras venas, nuestro sistema linfático, neuronal, muscular, etc. transcurren como ríos que seducen a la mar. Quizás esa sea la razón por la cual todo nuestro interior esté mojado. Somos mayormente agua y esa humedad nos da la vida. De ahí que envejecer no sea otra cosa que ir secándonos para volver a formar parte de la madre tierra, nuevamente regeneradora de vida. Una danza constante de complejidad y de armonía entre la unidad y diversidad. Esta capacidad es la que nos permite crear, perpetuarnos en el tiempo, ansiar la belleza, contemplar la profundidad de cuanto nos acaricia. Todo nuestro universo corporal se desequilibra para volver a equilibrarse tratando de ser uno mismo en los otros. Nuestro “yo” se enferma si no se alimenta de numerosos “tus”.
No me canso de contemplar el cuerpo humano. Es maravilloso e inagotable. Como artista y ser humano no encuentro nada más fascinante y universal que la figura contorneada del cuerpo.
Cuando se reprime su contemplación es precisamente cuando se profana su sacralidad. Nuestra visión del cuerpo refleja nuestra visión del mundo.
No ha habido ningún artista que no haya abordado desde su expresividad el tema del cuerpo. Miguel Ángel dejaba los rostros de sus esculturas para el final. Toda su fuerza comunicativa la volcaba en los cuerpos. Es ahí donde se encuentra la identidad de cada una de sus esculturas. Y es que, la desnudez nos permite sincerarnos con nosotros mismos. Desprendernos de toda dependencia, máscara y ritual, de todo condicionamiento y atributo social. La desnudez nos iguala, nos hermana.
En mi pintura, como artista he cuidado con esmero las herramientas o técnicas a utilizar. Pero nunca he dudado en mezclarlas entre sí. Servirme de un simple lápiz como acabado final en paralelo con el óleo, el aerógrafo o la acuarela. De igual modo con el soporte, ya sea sobre un simple papel o pintar sobre metal oxidado, circuitos de ordenador o desechos. Para quienes lo deseen, pueden verse algunas de las obras de pintura en mi web.
Con la fotografía me sucede algo parecido. No dudo en mezclar cámaras fotográficas, tipos de película, retocadas digitalmente o sin retocar, imágenes simples o complejas, con fondos de estudio o espacios naturales.
Mi prioridad es la libertad creativa. Necesito establecer un espacio de comunicación, de encuentro y es el arte quien me lo proporciona.
Proyecto: Adán y Eva. Emociones al desnudo
En este libro, os propongo la desnudez y la sexualidad vistas desde el arte junto con el diario escrito de numerosas personas que han transitado por los senderos del amor y desamor. Trabajar desde el arte nos garantiza la búsqueda, la escucha y sobre todo, la Belleza. Eso sí, se necesitan tres condimentos imprescindibles: la libertad, el respeto y la sinceridad. Sin ellos no hay encuentro. Pues el arte en lugar de emitir juicios se afana en rescatar la belleza de la fragilidad y nos permite expresar lo que somos. Un regalo enriquecido a base de errores. El arte es cambiante. Nunca se aferra a seguridades ni definiciones. Cuando encuentra se desencuentra, cuando se gloría se fosiliza, cuando se abandona en la gratuidad se enriquece.
Este proyecto de creación ha sido desde el principio colectivo. En su génesis, se fueron sumando más y más personas a medida que trascendía la idea de compartir la desnudez de lo que somos.
En cuanto a las fotografías, fui invitando a diferentes personas (amigos y desconocidos) a crear juntos una imagen que abordase diferentes aspectos relacionados con el cuerpo y las relaciones afectivas. En ocasiones el punto de partida era una idea concreta. En otras, la creación surgía a lo largo de la sesión fotográfica, del espacio en el que se desarrollaba la acción, de la conversación mantenida tomando un café, de trabajar a partir de un objeto, etc.
La propuesta de los textos ha sido mucho más compleja. Suele resultar más difícil y costosa la desnudez interior que la desnudez de la piel. Mantener largas conversaciones, hilar y deshilar, ideas y venidas para desenredar la madeja emocional.
Solamente por el esfuerzo y el tiempo compartido en el proceso creativo ha merecido la pena. Lo que pueda devenir a partir de ahora en cada imagen o texto ya no nos pertenece. Es de todos y esa es su gran riqueza. Al final del libro se ofrecen numerosos recursos para abordar las emociones, ya sea a partir de los textos e imágenes o bien a través de ejercicios de comunicación afectiva.
Quisiera cerrar este libro abrazado. En silencio, no importa el tiempo, recuperando el latido de lo únicamente esencial: sentirnos amados y no amenazados.
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MAYO 2008 · . Contenedor de silencios
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