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. 05-03-2012
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Reclamos cuaresmales


Un paso más en ese espíritu cuaresmal nos ha llevado a tratar el tema de los Centros de Internamiento de Extranjeros. El reportaje de portada, de Silvia Melero, tras mucho contrastar aquí y allá, presenta estos centros como “los agujeros negros” del Estado de Derecho, “donde la protección de los derechos y libertades se queda a la puerta”. Ya el profeta Isaías nos recordaba en los comienzos de la cuaresma que “el ayuno que yo quiero es éste, abrir las prisiones injustas… dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos” (Is.58, 6).

Hemos entrado de lleno, según la lectura creyente cristiana, en un tiempo especial que dura cuarenta días: la cuaresma. Es toda una tradición construida a base de costumbres y celebraciones cultuales sacramentales, o culturales (viacrucis, quinarios, triduos, besamanos, charlas, besapiés, celebraciones del perdón, conciertos sacros, pregones de semana santa…) sobreañadidas a las ordinarias en la vida cristiana. Son lo que podemos llamar reclamos cuaresmales que pueden ayudar a entrar a fondo en ella y bucear en su espíritu, que busca, ante todo, “el corazón quebrantado y humillado” como práctica global. Y en medio de culturas, diversamente secularizadas, sabemos que estos reclamos funcionan según y cómo.

Pero también hemos aprovechado que en marzo se celebra el Día Internacional de las Mujeres, y hemos combinado esos motivos, para “homenajear… a todas las mujeres que han sustentado la historia”, en la tribuna libre, con Nuria Varela, o a la pionera Victoria Woodhull, según Mercedes Navarro.

Enrique Losada nos recuerda las prácticas tradicionales de la oración, el ayuno, en este caso ayuno de palabras para salvaguardar la palabra que tanto nos interesa, y la limosna-caridad de la corrección fraterna.

Un paso más en ese espíritu cuaresmal nos ha llevado a tratar el tema de los Centros de Internamiento de Extranjeros. El reportaje de portada, de Silvia Melero, tras mucho contrastar aquí y allá, presenta estos centros como “los agujeros negros” del Estado de Derecho, “donde la protección de los derechos y libertades se queda a la puerta”. Ya el profeta Isaías nos recordaba en los comienzos de la cuaresma que “el ayuno que yo quiero es éste, abrir las prisiones injustas… dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos” (Is.58, 6).

Nicolás Castellanos invita también a “buscar caminos nuevos y sin miedo, estrenar andaduras de frontera en el mundo de la marginación e indefensión.” Sería un logro de esta nueva andadura legislativa si se diera al traste con estos centros de dudosa legalidad.

Saltar más allá del miedo que nos atenaza, destapando los abusos, es algo a lo que nos invita Manuel Unciti en su columna, o Siro López, en su última exposición fotográfica. Y la Defensora del Pueblo (subrayamos su condición de mujer en un puesto así), María Luisa Cava de Llano, pide “menos burocracia y más corazón”, al igual que considerar los despilfarros públicos como delito.

Y por pedir en cuaresma, que no quede. Desde Cuba, país a visitar este mes por Benedicto XVI, se insiste, en el reportaje de Álvaro de Ramón, en que las cosas no queden igual, que se crezca en libertad. Lo mismo que en situaciones como la de Siria, en la columna de Javier Fernández Arribas, que los medios no se callen.

Y porque la experiencia cuaresmal se parece a la del desierto, no hay que olvidar, nos recuerda Carmen Guaita, parafraseando al Principito, que “lo bello del desierto es que en cualquier lugar esconde un pozo”. Y, efectivamente, en medio de la crisis (¿desierto?) puede brotar esa “Economía del bien común”, una nueva economía al servicio de las personas, según Celia Naharro, una nueva vía que oriente hacia un nuevo modelo que tenga como centro la persona. Es siempre lo que hay que salvar, ”intoxicada por un exceso de información”, con esa fórmula de ideas para cambiar la vida, hasta 365, de Francesc Miralles.

Feliz andadura cuaresmal en el mes del Día Internacional de la Mujer.
 
 
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