Religión

"Damián es un hermano de la humanidad entera"

Con motivo de la canonización del padre Damián en Roma, la revista 21 ha entrevistado a los Superiores Generales de los Sagrados Corazones, Rosa Mª Ferreiro y Javier Álvarez-Ossorio. Con ellos hemos charlado del legado de Damián y de otras muchas cuestiones.

 
¿Qué significado tiene la canonización del P. Damián?

Rosa (R): El reconocimiento eclesial de la santidad de este hermano de la Congregación.
Javier (J): A Damián lo conocemos y significa muchas cosas desde siempre, sin necesidad de la canonización. La novedad respecto a Damián es que la canonización significaría específicamente el reconocer que Damián es una acción especial de Dios entre nosotros. Tiene un contenido ciertamente muy de fe. Damián desborda el significado de la fe y llega a cualquier persona que tenga buen corazón. Pero hemos de estar de acuerdo en que esta celebración de Iglesia es reconocer que Damián es un fruto privilegiado de la acción misericordiosa de Dios entre nosotros -lo definiría así-.
R: A mí me hace pensar mucho lo que puede el amor de Dios cuando, como dice san Pablo, se derrama en el corazón de una persona. Es inimaginable que, desde nuestro propio ser, así por las buenas, podamos vivir y actuar como vivió y como se entregó Damián. Y no un día sino dieciséis años y en las condiciones tan tremendas.

Para la Congregación de los Sagrados Corazones, ¿qué puede suponer a partir de ahora con la canonización la figura de Damián?

J: Por un lado, una alegría inmensa, porque Damián es un hermano de la humanidad entera y, sobre todo, de los sufrientes. Pero nosotros, humildemente, podemos decir que somos hermanos de él a un título particular, porque nos hemos sentido convocados en la misma familia religiosa. Es una alegría inmensa y, al mismo tiempo, una interpelación fortísima. Si una llamada de Dios a la familia religiosa nuestra ha producido a alguien así, uno se mira en el espejo y dice: bueno, ¿y yo?, ¿dónde estoy? Es una manera de interpelarnos y de decir, en nombre de esta vocación común, de esta llamada común, se puede amar mucho más, se puede servir mucho más, se puede llegar mucho más lejos en el amor a los otros. Esas dos cosas: una alegría inmensa y una interpelación muy grande.
 
R: Un gozo muy grande y una especie de refrendo por parte de Dios de lo que verdaderamente nuestra vocación puede ser en la Iglesia y para el mundo. Y un cuestionamiento muy fuerte a cómo vivimos y a cómo respondemos. Al mismo tiempo que una esperanza grande, porque desde el servicio que tenemos, vemos que hay hermanos y hermanas que viven así. Y muchos, gracias a Dios, que viven con esa entrega, esa sensibilidad, ese compromiso con los últimos, con los marginados.

Los laicos que están en torno a la Congregación se han preguntado si se ha cuestionado por parte de la misma la “parafernalia” que rodea a este tipo de actos de canonización, que están en manos del Vaticano y que quizá rompa esquemas con lo que es el propio Damián.

R: Creo que sí. De hecho bromeamos con el “diluvio” que tuvimos en Bélgica cuando la beatificación, y con que se rompió la pierna el Papa y con que este otro se ha roto la muñeca. Somos muy conscientes de que no es el estilo de Damián. Pero, en cuanto parte que somos de la Iglesia, estas cuestiones o estructuras no nos gustan mucho, pero al mismo tiempo no cabe duda de que son una plataforma. Y esta ocasión de la canonización está siendo oportunidad de revitalizar en todos nosotros, y en toda la Iglesia, y en la gente, la memoria de Damián. En este sentido es “rentable”. Sería el mal menor. Tiene una dimensión muy aprovechable. Y yo desde ahí “paso” por todo esto. No cabe duda que ha sido una oportunidad única de profundizar en su conocimiento, en su testimonio y en acoger ese cuestionamiento que supone su vida. Está siendo un año de gracia muy especial para la Iglesia y para la Congregación. Eso es lo que veo de “rescatable”.

J: Lo que es la celebración en sí, la ceremonia que vamos a tener en Roma el once de octubre, a mí, a mi sensibilidad, no me contradice en nada con Damián. Porque lo que vamos a tener es una celebración eucarística masiva, con gente de todas partes, con el Papa que es símbolo de comunión también. Uno podrá estar de acuerdo o no de acuerdo con él pero es símbolo de comunión. Y donde se va a decir en voz alta que Damián es un don de Dios. Y lo que eso va a producir es que Damián sea celebrado en la Iglesia universal. En eso no siento ninguna contradicción con Damián. Por otro lado, Damián, él mismo, fue un hijo de la Iglesia al cien por cien, en el sentido de respeto, aprecio a la Iglesia, a su jerarquía, al Papa, al Superior General, al dogma de la Iglesia. No podemos tampoco manipular a Damián diciendo que él era un revolucionario antieclesiástico, porque no lo era. Tampoco le contradice. Otro tema es el funcionamiento de la curia vaticana. Pero lo que vamos a celebrar el once de octubre a mí me “casa” muy bien con Damián.

El proceso de la canonización de alguien que ya consideramos santo desde su muerte, ¿no resulta un tanto extraño?

J: El sistema que tiene la Iglesia para declarar santo a alguien… Incluso teológicamente uno podría decir que esta idea de milagro es un poco rara. En los últimos tres años he podido estar más metido en el funcionamiento interno de estas cosas y me digo, por otro lado, que no está mal que la Iglesia sea meticulosa y exigente a la hora de hacer esta declaración pública. Incluso a veces se puede pecar más por falta de exigencia y por aceleración. A lo mejor la exigencia debería estar puesta en otras cosas, sí, ciertamente. No sé qué alternativa poner, porque también me extraña lo de los milagros. Creo que no está mal que para hacer una declaración tan pública, tan formal y que queda para la historia la Iglesia sea prudente.

El mensaje que transmite Damián a nuestros días...

R: El de la acogida y la solidaridad con todo ser humano en dificultad, más allá de razas, de lenguas, de credos, porque sabemos que atendió a todos en una época poco ecuménica. Y él, atendía lo mismo a los protestantes que a los católicos, a los hawaianos que a los portugueses, que incluso españoles que creo que había también.… He tenido oportunidad de leer una carta suya, estando en Hawai en mayo, en la que pide que le manden libros de portugués y de español, porque lo entiende pero lo quiere mejorar. Eso no lo sabía. Creo que fue un corazón universal en el que toda necesidad humana tenía eco. Esa entrega al ser humano en dificultad sea quien sea, esté como esté, sin preguntarle nada, nada más que llevarles un gesto solidario, su amor, su acogida, su ayuda.

J: Otro aspecto que a mí me llama mucho la atención es el de la libertad profunda de aquel que no busca nada para sí, sino que defiende a capa y a espada lo que es mejor para los que más sufren. Ahí Damián tiene una libertad que me interpela mucho, porque muchos andamos siempre reclamando derechos propios o negociando a ver si lo que a mí me viene bien viene también bien a otros, incluso cuando hablamos de solidaridad, de los débiles… Sí, sí, pero cubriéndome yo las espaldas. Y Damián tiene una libertad absoluta porque no defiende nada: ni su comodidad, ni su salud, ni sus privilegios… Nada, nada, solamente lo de las personas que él ve, que necesitan su servicio. Es un mensaje bien fuerte de Damián hoy. Yo insisto en que es un mensaje de fe radical. Damián -si lo queremos comprender bien- él era un hombre de fe y tenía sus ojos puestos en Jesucristo cien por cien. Él decía que sin Jesucristo nada. Esta fe en Jesús puede llevarte a cosas bien profundas y tremendas.

¿En qué tendrían que remover los valores de Damián a la Iglesia y a la sociedad de hoy?

R: El sentido de lo esencial, el dar importancia a lo que realmente la tiene y el no andar con distinciones (los unos o los otros, los de dentro o los de fuera). Nos tiene que remover en lo esencial.

J: Eso esencial es servir a los que más sufren, sabiendo que eso no es gratuito, es decir, que se paga con la propia persona. Lo que no vale son discursitos y cositas que no me afectan, que son siempre externas. Nos mantenemos en un lenguaje políticamente correcto, simpático… La interpelación de Damián es que si eso es verdad, que el más marginado y excluido merece un respeto infinito por su dignidad de hijo de Dios y de ser humano, y merece que se le cuide y se le ayude, eso significa que tienes que mirarte mucho menos a ti. Creo que eso es un revulsivo para nuestras sociedades opulentas y para incluso los que estamos metidos en cosas humanitarias o caritativas. Específicamente, como interpelación a la Iglesia, es decir que la fe es un combate toda la vida, porque la fe te llama a transformar cosas que están mal. Pero no es un combate para defender “mi” situación, “mis” privilegios, “mi” lugar en la sociedad, “mi” visibilidad, “mi” dignidad, “mi” importancia. Es un combate por tender la mano a los que más sufren. Ése es el verdadero combate de la fe. Eso creo que es una interpelación a la Iglesia, donde muchas veces los que estamos encargados de instituciones tenemos que preocuparnos demasiado porque la institución mantenga su seguridad, su visibilidad y su relevancia.

R: Admiro inmensamente y valoro a los hermanos y hermanas que son capaces, por ejemplo, de estar en África sabiendo que por ir allí de entrada agarran la malaria –como éste-, que es crónica, y con ésa te quedas de por vida. No es simplemente aceptar cambio de provincia, sino que hay sitios en los que el costo de entrada te va a tocar en tu propia salud, no digamos ya en el nivel de bienestar, etc.

¿La Congregación ha sido fiel a Damián en líneas generales?

R: Yo tengo una admiración enorme por los hermanos y hermanas que voy encontrando por ahí. Sí.

J: Yo también coincido con Rosa en la suerte que tenemos, Rosa y yo, de ir visitando la Congregación por todas partes, donde ves cosas que te alegran, que te hacen quitarte el sombrero. Ahora, también hay que reconocer que Damián es el mejor, entonces todos los demás intentamos apuntar hacia él, pero él nos supera, claro.

R: Muchos necesitamos un tirón de orejas o más tiempo de contemplación del Señor. Tenemos gente donde se ve la continuidad de Damián. Estar viviendo en el basurero de Asunción, ahí te enteras, empezando por el olor nauseabundo que tienes que aguantar las veinticuatro horas del día.

Damián, con su humanidad, nos ayuda a seguir las huellas de Jesús.

J: Damián, los que lo han estudiado y lo conocen más, dicen que parece un hombre cabezota, un poco bruto, pero también es verdad que tenía una base humana extraordinaria. No lo digo para alejarlo de nosotros ni para justificarnos de que nosotros no podemos ser como él siempre o tanto como quisiéramos. Tenía desde una fortaleza física ciertamente, tenía un espíritu recio de campesino flamenco acostumbrado a la vida dura. Todo eso teñido por una bondad que arrasaba con todo. Esa es la idiosincrasia humana de Damián. Después cada uno tenemos la nuestra: unos somos más débiles de carácter, somos más flojos… No haciendo exactamente igual que Damián, pero cada uno tiene seguro un margen de actuación a partir de su realidad humana donde puede desarrollar esa bondad hacia los demás y esa generosidad, que es a lo que llama también el Evangelio.

Damián se marchó a un “infierno”, lejos… También aquí se dan realidades proféticas y misioneras.

J: Es verdad que lo que más “vende” como imagen es lo de fuera, por decirlo así. Si tú quieres hablar a la gente, y que rápidamente admiren la vida nuestra, todos contamos África, la India, el basurero de Asunción o, remontándote en la historia, Damián. Porque eso requiere menos explicación y habla más directamente. Ahora, yo quiero creer que eso son “puntas de lanza”, ciertamente significativas, pero que la radicalidad de nuestra vocación se puede vivir en todos los lugares y que basta con abrir los ojos para ver que aquí mismo, en España, tenemos un montón de gente que sufre, que están excluidas, que están fuera, que necesitan que les echen una mano, muchas veces entre los más pobres. Otras veces, entre otros que no son tan pobres, pero sufren como todo ser humano, porque la soledad, el desamor y todo eso hace sufrir a todo el mundo. El sufrimiento humano tiene vertientes muy polifacéticas. La inspiración que nos da el Evangelio, que nos da el amor compasivo de Dios, que nos da la imagen de Damián, no sería solamente irse lejos a buscar gente que sufra mucho, que la hay, sino que allí donde estés abordes a las personas a partir de ese flanco, reconociendo no a gente con las que pelearte o a las que cambiar a toda costa, sino con gente que tiene su porción de sufrimiento y que necesitan también saber que tienen un Dios que los ama. Aquí o en cualquier sitio se puede vivir esa inspiración, pero quizá de una manera más escondida, que necesita de más explicación. Se hace más sutil. Por eso, yo siempre he dicho ¡qué suerte la de Damián!, que encontró un sitio donde entregarse a por todas; ¡qué suerte!, por experiencia personal, haber estado en África, porque ahí se te quitan muchos problemas “sofisticados”. Eso no es una medalla de méritos, sino una gracia, una suerte.

¿Qué retos se le presentan a la Congregación y a la vida religiosa en la actualidad?

R: La realidad es muy distinta en los diferentes continentes, pero creo que hay uno que nos cuadra a todos y es el de estar en el mundo sin ser del mundo, el no asimilarnos a la vida fácil, a una visión de la vida de mejorar, que es la aspiración normal de la gente; el verdaderamente ser lo del “seréis mis testigos” de Jesús al final, el no asimilarnos a este mundo. Creo que, sobre todo, en estas sociedades nuestras occidentales de bienestar tenemos un peligro muy grande de descafeinarnos, de diluirnos, por lo menos hablo de mí y de mis hermanas. Ese seguir siendo signos, seguir siendo memoria viviente de Jesús, seguir ofreciendo a nuestro mundo esa alternativa que tenemos que es el Reino. Ser muy normales, estar muy con todo el mundo, pero con otra cosa en la cabeza y el corazón: la alternativa del Reino, el ser signos modestísimamente o más vistosamente los que estén en sitios más radicales o más complicados. Ser otra cosa. En concreto, ser memoria viva de Jesús y de sus valores del Reino. Estamos para eso.

J: Ante esa pregunta uno puede pensar que si hay vocaciones o no hay vocaciones, que si los valores de la sociedad están a favor o en contra, pero estoy totalmente de acuerdo con Rosa en que si hablamos de desafíos y retos los tenemos dentro de nosotros mismos. Es decir, que por un lado compartimos el reto de todo cristiano que es que seamos realmente creyentes, que Jesús sea el centro de nuestra vida, eso hay que renovarlo constantemente y después, vivirlo como dice Rosa, con ese toque de rareza que tiene nuestra vida, que es un poquito rara, pero es rara en nombre del Evangelio. El desafío de que vivamos esa rareza nuestra, especificidad de la vida religiosa, con alegría y con bondad de corazón.

Una Congregación de hermanas, hermanos y de laicos. ¿Cómo es la relación entre las diferentes ramas?

R: Antes de la grabación hablábamos del desconocimiento que había. Creo que hemos hecho un camino muy bonito de acercamiento, de descubrimiento, de reconocimiento del otro como distinto pero llamado a vivir lo mismo desde su peculiaridad de hombre-mujer, religioso-laico. Creo que vamos aprendiendo a caminar juntos, a reconocernos en nuestras diferencias, y a reforzarnos o ayudarnos en la común vocación. Es apasionante, es fascinante. Son aproximaciones, posibilidades que aportamos todos a que el carisma realmente dé todo lo que puede dar en las diferentes vocaciones, en las diferentes realidades que cada uno somos: los hermanos, con su dimensión al tiempo de curas; las hermanas, mujeres consagradas; los laicos, en su vida secular, familiar, de trabajo. Creo que el carisma tiene una enorme fuerza, potencialidad, inspira y dinamiza todas esas formas de vida, que son complementarias, que son facetas de un mismo prisma. Pero facetas diferentes, que no hay que desdibujar, sino que hay que reconocer y potenciar porque enriquecen con su diferencia y su potencialidad. Son distintos pero compatibles.

En un futuro se podría dar una única Congregación de hombres y mujeres, que no hubiera dos ramas.

J: No es ahora mismo el objetivo, no estamos trabajando hacia eso. Nosotros no respondemos a otros modelos que existen en la Iglesia. Por ejemplo, en la Iglesia están surgiendo movimientos donde tú encuentras comunidades donde hay hombres consagrados, mujeres consagradas, algún sacerdote, hay una familia, hay seglares solteros, hay niños, mayores… Eso existe en la Iglesia y es una cosa bien interesante. Pero nosotros no estamos caminando en ese modelo ciertamente, ni nos lo estamos planteando como objetivo. A veces pudiera haber alguna incomprensión o necesidad de clarificar cosas, cuando en el diálogo se mezcla ese modelo, entonces uno puede estar insatisfecho porque no se consiguen ciertas cosas que responderían a ese modelo de movimiento. Creo que lo que estamos llamados es a caminar con serenidad y con alegría en el modelo en el que estamos, que son ramas con su autonomía real, pero que tienen una vinculación fuerte carismática que nos ayuda a reconocernos como familia. El que cada uno viva su comunidad local en su propio estilo, es decir, la comunidad local de hermanos, comunidad local de hermanas, cuando se trata de seglares, su comunidad local que es su familia en la mayoría de los casos, que lo viva en su especificidad, ése sería nuestro aporte a la Iglesia, aunque otros están haciendo otros aportes diferentes, pero no es nuestro modelo.

La rama laical provoca curiosidad e interés. Quizá últimamente está después de un momento de esplendor más apaciguada.

J: La Congregación tiene, desde sus orígenes, una rama secular. Es decir, seglares que, desde su condición de seglares, ven el carisma, la manera de sentir el Evangelio y la fe que tiene la Congregación, lo ven no solamente como algo que les cae simpático sino como algo que provoca en el corazón de ellos una llamada de Dios, una vocación como decimos técnicamente. Ese tipo de personas han existido siempre y siguen existiendo hoy. Y nosotros, las ramas religiosas de hermanos y hermanas, tenemos un compromiso fuerte de tender la mano, de ayudar y de caminar junto con esas personas que descubren una vocación seglar sagrados corazones. Que eso sea más masivo o menos masivo, pues depende. En épocas históricas puede haber habido grupos mucho más grandes, en torno a ciertas prácticas de oración o de servicio. Hoy en día, lo que prácticamente detectamos en todo el mundo es que hay en casi todas partes grupos de este estilo, no muy masivos, pero sí significativos y con este planteamiento de vocación cristiana. Es un planteamiento que tiene una madurez propia. Gente que esta experiencia carismática puede estructurar su vida cristiana. Nosotros dentro de la Iglesia trabajamos y caminamos con montones de laicos y de seglares por todas partes, y muchos que se siente en una gran sintonía con nosotros y nosotros con ellos. Pero lo específico de este grupo que llamamos rama secular es que lo viven como una vocación cristiana. Eso ya es un grupo más pequeño.

R: Se interesan por profundizar en aspectos del carisma, que asumen ciertos compromisos y exigencias en su vida.

Alguna anécdota, interpelación significativa de algún viaje en el que os hayáis sentido en sintonía con los desafíos que nos presenta Damián.

R: Se me viene una. El año pasado, en el mes de noviembre, hice la visita de la India, en pleno momento de persecución en Orissa, de persecución violenta. Yo confieso que el día de la profesión perpetua el catorce de noviembre pasé verdadero miedo. El arzobispo estaba amenazado de muerte y ese día había una concentración de quince mil hindúes para manifestarse contra los cristianos. Yo tuve que estar en el presbiterio, dos horas, al lado del arzobispo. Una de las dos chavalitas que hizo los votos perpetuos en mis manos, Nirmala, terminada la profesión se fue a un campo de refugiados donde estaba la gente a la que habían echado de los poblados, habían matado. A la familia de uno de nuestros hermanos les habían quemado su casa. Se fue a trabajar ahí y a los dos o tres días, les echaron, les prohibieron continuar. Nirmala se quedó. Me dijo que se quedaba. Y yo tuve que pensar si se lo permitía o si no se lo permitía. Y la dejé. Creo posiblemente que es la decisión más dura que he tomado en mi vida: saber que al día siguiente me podían decir que la habían matado. Y dijo: “yo me quedo”. Y le dije: “hija, vete, y que el Señor te acompañe”. Tenemos gente dispuesta. Y yo recibiendo los votos de Vandana y Nirmala, en ese contexto de persecución, decía esto es muy serio. Estas chicas saben que por su fe las pueden matar. Acababan de matar al P. Bernard, administrador de la Diócesis, que era nuestro enlace, porque mandábamos dinero desde la Casa General para las hermanas de la India. Lo mataron a palos, estuvo un mes en coma en el hospital por la paliza, lo mataron a golpes. En ese ambiente hicieron los votos perpetuos y se van a un campo de refugiados a servirlos, a estar con ellos. Una vez que les han echado, se quedan.

J: Tengo una anécdota más de proceso largo, de temas de fondo más generales. En África, cuando el grupo va creciendo se van abriendo casas y obras nuevas. Es un proceso interesante cuando se está en expansión, no como cuando se está reduciendo como en otros lugares. Entonces uno ve con qué criterios se van abriendo esas nuevas casas. Se abre un colegio en el barrio que está más abandonado, donde nadie quiere ir, donde los niños no pueden estudiar. Hay que guardar una parroquia en Mozambique, pues la de Chupanga que es la que está más abandonada, donde la gente han sufrido las inundaciones, en vez de quedarse en Marromeu, que está a cincuenta kilómetros, y que es una pequeña ciudad que está más establecida y mejor. Esos criterios que hacen que se tomen decisiones quizá no espectaculares, pero que van cimentando una presencia en los lugares más abandonados. Ahí uno dice que vamos por el buen camino, reconociendo que, humildemente, en otros lugares donde se hace el proceso inverso, donde las fuerzas disminuyen y hay que cerrar, muchas veces las primeras obras que caen son las más osadas, las más valientes, las más con los pobres. Eso refleja la debilidad del grupo. Tenemos que reconocer los dos aspectos, pero gracias a Dios, cuando hay una cierta expansión se elige con estos criterios “damianescos”.

R: Ahí tenemos la dimensión institucional que nos ata mucho. En una provincia que no llegan las fuerzas, a lo mejor se cierra una comunidad de inserción, porque el colegio es intocable. Y el colegio es a lo mejor un colegio de clase media, y está muy bien porque hay que atender a todo el mundo.

Un mensaje para el equipo de la revista 21, los suscriptores, los visitantes de la página web.

J: Al equipo que trabaja aquí, ánimo y gracias.
R: Felicitaciones, más que mensaje.
J: Gracias en el sentido de que esto es una obra de la Congregación. Y gracias a ellos que esta obra va para adelante y se va renovando.
R: Es una plataforma fantástica.
J: Ánimo y felicitación porque yo creo que no se vive de herencias del pasado ni se duerme uno en los laurales, sino que está constantemente tratando de renovarse para mantener una palabra que se pueda escuchar y ver en los medios en los que vivimos, muy competitivos, donde todo el mundo estamos bombardeados de mensajes y de cosas. Mantenerse vivo, diciendo una palabra que merezca la pena en el mundo de las comunicaciones hoy en día es ya una proeza. Después yo diría que la inspiración que veo más fuerte en la revista, en su esfuerzo de renovación constante, es que se pueda ver una palabra cristiana, específicamente cristiana, sin tener sonrojo de hablar en nombre de Jesús, a partir de una experiencia de fe, que se pueda entrar en el debate de los temas que afectan y preocupan realmente a las personas, aceptando con cordialidad y con buen corazón la diversidad de orientaciones y de sensibilidades que hay en el debate. Eso permite hacer de la revista un instrumento de la Congregación para caminar con el mundo en el que vivimos. Y no necesariamente un instrumento para adoctrinar a los demás o para decirles lo que tienen que hacer. O para hacernos autopropaganda o ese tipo de cosas, que creo que eso no es lo que pretende hacer la revista afortunadamente, sino decir una palabra cristiana y desde nuestro carisma, en medio de un diálogo que es lo que constituye la vida de las personas hoy en día. Esa orientación me alegra y la apoyo.
R: Y decirla muy dignamente y muy seriamente. A veces me maravillo de los contactos que tenéis. Cuando veo determinadas firmas, yo digo lo que se tendrán que mover para llegar a esta gente. Realmente tiene una calidad la revista. Eso supone mucho trabajo, mucha entrega, mucho rompedero de cabeza, mucha lucha y mucho estar pulsando constantemente la actualidad, por dónde van los intereses, por dónde van las cosas que hay que iluminar, o que hay que denunciar o cuestionar… Admiro muchísimo este trabajo, porque uno puede pensar y a largo plazo escribir, pero esto del periodismo supone la rapidez, el ir con la lengua fuera.
J: Aprecio en la revista su capacidad de renovación e incluso, si se me permite la expresión, de corregir “el tiro” si alguna vez, por el riesgo que se corre cuando uno se abre al diálogo y al debate, que no tiene una palabra monolítica, sino que da la palabra a otros, puede ser que entren en la revista cosas que te resulten de vez en cuando chocantes. Pero es un riesgo que se corre, un hermoso riesgo. Lo que yo agradezco a la revista es cuando si alguna vez dice bueno pues aquí a lo mejor se ha pasado el tono y es capaz de corregirlo. Esa autocrítica que le hace no cerrarse en un discurso monolítico, sino una autocrítica manteniendo la actitud dialogal y abierta, lo aprecio también mucho. No me asusta, al revés, me alegra.
J: Ustedes como otra obra de la Congregación no sois los únicos a sufrir a veces incomprensiones, que eso lo hemos sufrido todos y se seguirán sufriendo. También en cuanto periodistas tienen que luchar constantemente contra la tentación, que ustedes también tendrán profesionalmente, de querer ser, como decía antes, llamativos, chocantes, sensacionalistas, que la cosa cree debate. Ahí yo entiendo que debe haber una tensión entre realmente llamar la atención sobre las cosas que merecen la pena, y para eso tienes que usar el lenguaje audiovisual necesario. Y el otro polo de la tensión es ser fiel a la verdad de las cosas, a una reflexión que sea profunda y que ayude a la gente a reflexionar, no solamente a moverse por sentimentalismos. Imagino que ustedes también tienen que estar luchando constantemente en esa tensión. Una tensión hermosa si el deseo es bueno, como yo creo que lo tiene la revista.

La frase de Damián que os inspira en este momento y por qué.

R: A mí hay una que me gusta mucho ésta: “gracias a este cariño mutuo espero convertirlos al buen Dios”, en la que viene a decir que a base de quererlos es como espera llevarlos a Dios, que a base de quererlos es como espera convencerlos del Amor de Dios, porque Dios no tiene otro medio más que nosotros, que no tiene otro. Luego están las específicamente inspiradoras como que es al pie del Santísimo donde encuentra la fuerza cada día. Es por lo mismo que dice que no estaría allí por dinero, pero que por nada del mundo los dejaría.

J: Es una marginal, pero que me inspira ahora. “Me perdonaréis que mis manos no estén tan blancas como las vuestras que sólo os dedicáis, me imagino, a pasar páginas de libros”. O traducida hoy en día sería “o que se dedican sólo a teclear ordenadores”.
 
 

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