Religión

El obispo de Ciudad Real baja del púlpito y se enfrenta a Cospedal por los recortes

"Lo que sí estamos en condiciones de juzgar es de la bondad o maldad de una Ley que rebaja claramente los derechos de los trabajadores respecto a situaciones anteriores, y lo peor es que llevamos muchos años ya de nuestra democracia donde siempre los perdedores en el concierto social, repito, siempre, son los mismos y siempre los más débiles".

 
-ENCABEZADO-

El obispo de Ciudad Real baja del púlpito y se enfrenta a Cospedal por los recortes

"En el río de la crisis pescan los más poderosos", dice Algora
El obispo de Ciudad Real, Antonio Algora.

"Lo que sí estamos en condiciones de juzgar es de la bondad o maldad de una Ley que rebaja claramente los derechos de los trabajadores respecto a situaciones anteriores, y lo peor es que llevamos muchos años ya de nuestra democracia donde siempre los perdedores en el concierto social, repito, siempre, son los mismos y siempre los más débiles".

María Dolores de Cospedal organizó un buen revuelo mediático con sus declaraciones en plena Semana Santa en Ciudad Real. La presidenta del gobierno autonómico dijo que “ella no valora la palabra de los obispos”. La polémica está servida entre la máxima autoridad eclesiástica de la capital manchega y la presidenta de la Comunidad por el tema de los recortes y la reforma laboral. Algunos sectores del PP se han referido al Obispo de Ciudad Real como el “cura de la conciencia obrera”.

Todo este conflicto viene desde el día en que Antonio Algora, en el semanario de la Iglesia Con vosotros, se le ocurrió atizar las conciencias de la diócesis, atacando las medidas del gobierno, con frases como. “¿De verdad no hay otras soluciones para crear puestos de trabajo? Parece mentira que, a día de hoy, tengamos que echar mano de usos del pasado, que trajeron tanta injusticia y explotación a los trabajadores”.

El religioso no comprende estas medidas gubernamentales y se pregunta: “No sé si es muy descabellado pensar que, en el río revuelto de la crisis, están pescando los más poderosos sin contar con la opinión de la sociedad”. En este sentido, el obispo de Ciudad Real asegura en la misiva que no le toca juzgar la conveniencia de esta reforma en el aspecto técnico o jurídico, pero pide "a las instancias políticas, sindicales, empresariales, financieras y a los distintos colectivos de expertos que actúen con responsabilidad".

Para los políticos de la oposición, las palabras del religioso “son verdades como puños que nos han sorprendido gratamente escucharlas desde el púlpito de una iglesia que parecía más cercana a la derecha en el poder que a la mayoría de los ciudadanos, en particular de la clase media y trabajadora”. El PSOE ha asegurado que no le sorprende la carta del obispo de Ciudad Real, Antonio Algora, criticando la reforma laboral, porque al PP "no hay nadie en este país que la respalde al cien por cien".

María Dolores de Cospedal no está de acuerdo con este postulado de sus adversarios políticos y, en un encuentro que mantuvo ayer con los informadores, dijo al respecto que ella no valora las palabras de los obispos. Esta frase de doble sentido, según fuentes del Partido Popular, ha caído como un jarro de agua fría en los sectores más conservadores por la manera “tan airada y soberbia de tratar la presidenta la figura de un obispo”.

Los más débiles
Pero eso no es todo. Organizaciones católicas de base que, siempre han defendido los derechos de los más débiles, han lanzado documentos en este mismo sentido. Es el caso de la Juventud Obrera Cristiana y la Hermandad Obrera de Acción Católica. El documento fue distribuido a las parroquias con un comentario del delegado de Pastoral del Trabajo del Arzobispado de Madrid, Juan Fernández de la Cueva.

Poco más tarde, el cardenal Antonio María Rouco ordenó a sus vicarios que desautorizasen sendos documentos "a la mayor brevedad". Sin embargo la carta de Antonio Algora aludiendo a que con las reformas del gobierno “siempre pierden los mas débiles” no ha podido ser “eliminada” ni “borrada” y se ha convertido en estandarte de algunas parroquias de la región.

A vueltas con la reforma
Antonio Algora, obispo de Ciudad Real

No me toca a mí juzgar de la conveniencia o no, en el aspecto técnico y jurídico, de una Ley en un momento determinado en el que la sociedad entera está amenazada por una Crisis global sin precedentes en la historia humana. Los ciudadanos de la calle no tenemos elementos de juicio suficientes para dar una opinión técnica en temas cada vez más complejos.

En estos momentos, nos hemos de fiar de las instituciones que deben entender de problemas de tan gran magnitud. Por esto, les debemos exigir a dichas instancias políticas, sindicales, empresariales, financieras y a los distintos colectivos de expertos que actúen con responsabilidad y, si siempre tenemos todos la obligación de construir el bien común, anteponiéndolo a intereses particulares, ahora más que nunca corresponde mayor obligación al que más puede.

Dicho esto, de lo que sí estamos en condiciones de juzgar es de la bondad o maldad de una Ley que rebaja claramente los derechos de los trabajadores respecto a situaciones anteriores, y lo peor es que llevamos muchos años ya de nuestra democracia donde siempre los perdedores en el concierto social, repito, siempre, son los mismos y siempre los más débiles.

Nadie habla de provisionalidad en las medidas que se están tomando, luego lo que se quiere hacer es establecer un “mercado de trabajo” en el que los empleadores hagan y deshagan a su antojo, olvidando que el “empleado” posible es, ante todo y sobre todo, “persona” a la que otros han dado la vida, la han educado, tiene necesidades básicas: familiares y sociales, no es una mera fuerza de trabajo que se admite o despide unilateralmente y durante un largo periodo de tiempo, pues, en un año de provisionalidad en el empleo (esto es lo que dice la Ley), puede ocurrir de todo, desde una gripe a un suceso familiar al que hay que atender antes que a cualquier otra urgencia de la vida de la empresa. Las personas no somos tan flexibles, tan elásticas, como nos quieren hacer creer.

¿De verdad no hay otras soluciones para crear puestos de trabajo? Parece mentira que a día de hoy tengamos que echar mano de usos del pasado que trajeron tanta injusticia y explotación a los trabajadores. Con estas medidas y sin meterme a profeta, se van a conseguir los mismos frutos de un pretendido bienestar, hasta es posible, pero no habremos avanzado nada en que el trabajador se sienta realizado con su trabajo y le sirva para llevar una vida estable y sin sobresaltos; que haga posible la familia, la educación de los hijos, el tejido social compacto y fuerte que hace personas y países fuertes para soportar las inclemencias de las coyunturas históricas.

Y, si no queda más remedio que aplicar hoy estas medidas, ¿no han de ser complementadas por otras en las que lo central sea la vida de las personas? ¡Tantos avances tecnológicos para esto! Da la impresión de que las sociedades desarrolladas van a ser las que más poder concentren en menos manos y esto no se corresponde con las aspiraciones de una sociedad democrática avanzada. Los jefes políticos europeos toman sus medidas por vía de urgencia sin apenas contar con los parlamentos respectivos; los poderes financieros se están concentrando en muy pocas manos. No sé si es muy descabellado pensar que, en el río revuelto de la Crisis, están pescando los más poderosos sin contar con la opinión de la sociedad.

Elevemos nuestras oraciones para que Dios nuestro Señor cuide de los más perjudicados de esta malísima situación que ya cuenta en nuestra España con más de once millones de pobres.
 
 

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