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José Chamizo de la Rubia

Muere Fernando Camacho: apasionado de Jesús de Nazaret

 

Ante la muerte del sacerdote Fernando Camacho, párroco de La Pañoleta y profesor de Sagradas Escrituras en el Centro de Estudios Teológicos de Sevilla, nos unimos a las palabras que le dedica el también sacerdote José Chamizo de la Rubia al conocer su fallecimiento.

 

 

Ha fallecido en Sevilla mi querido amigo y compañero Fernando Camacho, párroco de La Pañoleta y muchísimas cosas más. De él he aprendido tanto que debo darle públicamente las gracias. Hace algún tiempo en el prólogo del libro "El horizonte humano. Conversaciones con Fernando Camacho" de Juan Miguel Batalloso, escribí:

Fernando Camacho es una persona con dimensiones de gran personaje. Su versatilidad en campos diferentes es apasionante. En él se mezclan, en primer lugar el empollón de clase con el gran actor de la voz prodigiosa; es un intelectual de primer nivel en el ámbito de las Sagradas Escrituras y de la teología bíblica, véanse sus documentadas publicaciones; es un inmenso historiador, he aprendido con él más que en la Universidad Gregoriana y sepan que no exagero; es orgulloso con los poderosos y más que humilde con los sencillos; ha renunciado a una carrera eclesiástica e intelectual por estar, siguiendo al Jefe que compartimos al servicio de los pobres; es generoso como nadie, sé lo que digo; no canta demasiado bien pero bueno tampoco se puede pedir más; es una autoridad nacional e internacional en el estudio de las Bienaventuranzas, que en su caso no han sido un simple ejercicio intelectual, sino una experiencia vivida desde el dolor, el amor, y como no la esperanza.

Fernando siempre parece, al principio, distante y es por su voz. Te puede decir a todo que sí, con un tono tan profundo que tú estás escuchando un no repetitivo. Solo cuando sonríe caes en la cuenta de tu error.

La vida, como comprobaran a lo largo de esta entrevista-rio, no ha sido precisamente plácida para un ser humano empeñado en que no perdamos la las ilusiones, los sueños, como parte del “compromiso”. Los problemas, no tanto personales como de su entorno, han sido una constante que gracias a su elegancia exterior e interior y a su bondad han podido superarse. Fernando es un maestro en soportar el dolor humano, el propio y el ajeno. Es esta una cualidad o si quieren una condición que le eleva por encima de la mediocridad y hace de él un ser a imitar.

Lo he visto en situaciones “complicadas” manteniendo, lo repito, la elegancia de un ser que ha comprendido como el dolor es inseparable de la vida: “no hay ningún humano que no lleve su carga de dolor y sufrimiento y a mí me parece que por mucho que hagamos nunca nos podemos desprender de él porque somos seres vulnerables y limitados (…) El tiempo lo va curando todo”. Son palabras dichas, escritas en este texto que pretendo prologar. Alguien puede pensar que son palabras ya sabidas. Cierto, pero cuando el sufrimiento que pone siempre en juego todos los sentimientos llama a la puerta, no todos somos capaces de resistirlo. Huimos, sublimamos, o muy de nuestro tiempo buscamos culpables, que es una forma de no asumir que sufrir supone tomar conciencia de nuestra existencia. Ni lo buscamos, ni lo deseamos, pero si viene hay que afrontarlo. Así lo ha demostrado Fernando a lo largo de años en la salud y en la enfermedad como dice el ritual del sacramento del matrimonio. El secreto está en el silencio, en el encuentro sosegado con uno mismo:” La persona que no cultiva su vida interior se ve por lo general arrastrada por los impulsos, las modas, los acontecimientos, las costumbres y en vez de ser sujeto y dueña de su destino, se transforma en un objeto que es traído y llevado por otros o por fuerzas que escapan a su control. La persona que no cultiva su vida interior está incapacitada o se le hace muy difícil hacerse dueña de sí misma y coger las riendas de su propia historia”.

La gran pasión de Fernando Camacho se llama Jesús de Nazaret. A él ha dedicado más horas que a nadie. Luchando por especializarse en el conocimiento del lenguaje bíblico para que las voces transmisoras fueran capaces de dejarle ver y comprender al auténtico. Al Jesús que es capaz de romper cualquier norma, aunque sea religiosa, si ésta supone olvidar la dignidad de un ser humano. Aquel Jesús que sabe por experiencia que la verdad del Padre está en los humildes, en los sencillos. Al Jesús místico que encuentra en la naturaleza la presencia del Dios amado: “mirad los lirios del campo…”. Al Jesús despojado de todo menos de su inmensa humanidad que constituye el centro de su divinidad: “quién esté libre de pecado que tire la primera piedra”. A ese Jesús que nos ha dado vida, alegría y conocimientos sobre la auténtica forma de ser hombres o mujeres. Fernando lo ha conocido intelectualmente, espiritualmente, y además nos lo ha mostrado a quienes hemos querido oírlo. La palabra de Jesús, vía Fernando, nos ha hecho más libres, más persona.

“El mensaje de Jesús me parece un mensaje ejemplar para toda la humanidad, por encima de que sean creyentes o no creyentes, por eso decimos que puede ser considerado un paradigma para los seres humanos, para que uno pueda llegar a ser de verdad un ser humano. (…) Todo el mundo entiende que tenemos que vivir la clave de la igualdad. Todos somos iguales, todos somos personas, todos somos hijos de Dios. Todo el mundo entiende, todo el mundo, que vale más la libertad que la servidumbre y la esclavitud...”.

José Chamizo de la Rubia

 

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