Iglesia

Texto: Cristina Inogés Sanz / Fotos: Jorge Sesé

400 aniversario de la procesión del Santo Entierro de Zaragoza

© Jorge Sesé

La primera salida procesional del Santo Entierro de Cristo por las calles de Zaragoza, tuvo lugar en 1617. ¡400 años en la calle! Son motivo de celebración.

No es la única celebración. La cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Agonía y de Nuestra Señora del Rosario en sus Misterios Dolorosos o del Silencio, más conocida como “la del Silencio”, celebra 75 años. Mucha historia en la Semana Santa de Zaragoza. Todo suma en la celebración.

La procesión del Santo Entierro está organizada por la Muy Ilustre, Antiquísima y Real Hermandad de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y Madre de Dios de Misericordia, en ella participan la totalidad de cofradías, hermandades y congregaciones de Zaragoza, lo que la convierte en la procesión española con mayor número de cofradías y cofrades juntos, a la vez, en la calle.

Además de la cantidad de cofrades, unos 17.000, muchos de ellos con tambor y otros instrumentos, se da la circunstancia de que en esta procesión se pueden ver todos los acontecimientos que dan lugar a la celebración de la Semana Santa: desde la entrada de Jesús en Jerusalén, el Domingo de Ramos, hasta la Resurrección, el Domingo de Pascua.

ALGO DE HISTORIA

Pese a que hay un vacío documental que impide fechar con certeza la creación de la Hermandad de la Sangre de Cristo, como se la conoce popularmente, algunos datos sueltos y la tradición, la sitúan muy próxima a una Comunidad de Religiosos llamada de la Penitencia de Jesús, que en el año 1200 se sabe que estaba instalada en Zaragoza.

Hacia 1274, tras la extinción de esta comunidad, algunos seglares se hicieron cargo de ciertas actividades que llevaba a cabo la Comunidad de Religiosos, entre la que destacaba la recogida de cadáveres abandonados. Algunos de estos seglares, probablemente, pudieron fundar dicha Hermandad. 

Para quienes conozcan Zaragoza les resultará fácil situar la sede la Diputación Provincial de Zaragoza, en la céntrica plaza de España. Pues ahí, antiguamente, se encontraba el convento de los franciscanos, y ahí tuvo la Hermandad una capilla donde se adoraba una imagen de Jesucristo.

En 1554 aparece un documento que informa sobre actividades de la Hermandad fechado en 1426. En él vemos que se firmó un documento con la comunidad del convento de San Agustín, donde la Hermandad tenía su sede y una capilla para el Crucifijo. Aparece también el reglamento de las funciones litúrgicas y de las procesiones de Semana Santa, así como el hacerse cargo de los cadáveres de los ajusticiados.

Por entonces la procesión se celebraba el Jueves Santo, y consistía en una procesión de flagelantes presidida por un Cristo crucificado.

Será en 1617 cuando se documente la primera procesión del Santo Entierro de Zaragoza, organizada por la Hermandad de la Sangre de Cristo, que se celebró el Sábado Santo.

La siguiente documentación de que disponemos sitúa a la Hermandad de la Sangre de Cristo, en el convento de San Francisco en 1622, donde seguía con sus actividades y en 1625, oficialmente, y ante notario, se le encarga la recogida de todos los cadáveres desamparados de la ciudad de Zaragoza, sus términos y distritos. Labor que sigue desarrollando a día hoy.

A partir de aquí ya hay documentación que acredita las sucesivas procesiones del Santo Entierro. Las celebradas en 1645 y 1666, se describen con todo detalle. La hora de salida: ocho de la tarde; lugar: convento de San Francisco; cofrades: frailes franciscanos con cirios y tras ellos, los pasos de la Muerte, el Descendimiento, que quedó colocado en el centro de la plaza y a sus lados, el Nazareno la Dolorosa; como cierre de la procesión salió el Sepulcro Cama, acompañado por los Hermanos de la Sangre de Cristo, con la imagen de Cristo yacente bajo la sábana.

La descripción que cuento seguidamente hay que imaginársela de noche, iluminada con grandes cirios colocados en las peanas de los pasos lo que le daría una teatralidad, propia del barroco, difícil de de ver ahora cuando nos rodea la luz artificial.

El primer acto fue una predicación sobre la Pasión; tras ella, dos encapuchados subieron con una escalera hasta la cruz del Descendimiento,y soltaron de los clavos los pies y las manos de la figura del Cristo. Lo bajaron y lo depositaron en el regazo de la Dolorosa, que aparecía sentada en una gran piedra, y en cuya pierna izquierda quedaba apoyada la cabeza del Cristo. El Cristo, tenía brazos y piernas articulados, lo que aumentaba la teatralidad mucho más.

Sobre la cruz, que había quedado sin imagen, se colocaba un lienzo extendido y, ahora sí, daba comienzo la procesión que abría el paso de la Muerte, seguido de los pasos de Jesús atado a la columna, Jesús cargando con la cruz, el Descendimiento y la Dolorosa. Cerraba la procesión el Sepulcro, también llamado, Cama del Señor.

A partir de finales del siglo XVIII, la Hermandad de la Sangre de Cristo, decidió ir encargando la realización de otros pasos con la idea de crear un Vía Crucis con imágenes que acompañara a la que ya era la imagen de la Semana Santa zaragozana y a la que sus ciudadanos llamaban, y llamamos, el Cristo de la Cama.

Lamentablemente el rico patrimonio que había conseguido la Hermandad de la Sangre de Cristo, se vio perdido en los Sitios de Zaragoza de 1808 y 1809. La mayoría de los pasos se encontraban en la capilla del convento de los franciscanos.

Tras el último sitio a la ciudad, una mujer llamada María Blánquez, consiguió rescatar de las ruinas humeantes del convento la imagen del Cristo de la Cama. El General Palafox, en aquel momento máxima autoridad de Zaragoza, dio orden para que fuera llevado a la Catedral-Basílica de Nuestra Señora del Pilar, que en aquel momento era, literalmente, Iglesia de puertas abiertas: Heridos, familias que habían perdido todo en los asedios a la ciudad, enfermos… todos permanecían allí, junto a la Madre, bajo su manto. El Cristo fue instalado tras la verja que protege el camarín y el altar de la Virgen y, como era una talla articulada, se dejó de forma y manera que un brazo sobresalía a través del enrejado y así podía ser besado por los fieles.

Finalizada la Guerra de la Independencia, y destruido el convento donde tenía la sede la Hermandad de la Sangre de Cristo, se buscó una nueva. Desde 1813 su sede canónica se halla en la Real Capilla de Santa Isabel de Portugal, conocida por todos como San Cayetano donde, hasta ahora, se mantiene la tradición de tener al Cristo de la Cama con un brazo extendido para que pueda ser venerado.

Poco a poco se pudieron volver a encargar tallas para sustituir a las desaparecidas durante la Guerra de la Independencia. A comienzos del siglo XX se acometió una reforma de la procesión del Santo Entierro, así se aportaron numerosas ideas sobre el orden, nuevos pasos, ajuar procesional…

Ante la situación política de los años 1932 a 1934, la Hermandad decidió no celebrar la procesión por motivos de seguridad. En 1935, pese a la huelga de los encargados de llevar lo pasos, se pudo celebrar gracias a la participación de muchos jóvenes de asociaciones religiosas.

Tras este periodo, ya en 1937, se fueron creando nuevas cofradías. La primera la de Nuestra Señora de la Piedad y del Santo Sepulcro. Esta cofradía, además su bellísimo paso con la Virgen de la Piedad, desde el año 1984, saca en procesión el Martes Santo, la talla del Cristo de la Hermandad del Refugio, de la que es Bienechora. Dicha talla se encuentra, durante todo el año, en la Capilla que la Hermandad tiene en el edificio donde se aloja la institución del Refugio que da cobijo a transeúntes de paso por Zaragoza. De ahí, que a este Cristo se le conozca también como el Cristo de los Transeúntes. Es una talla de una factura impresionante, bellísima. 

Además, a las 0 horas del Viernes Santo, sale en procesión desde la Real Capilla de Santa Isabel hasta la Iglesia de San Nicolás de Bari, perteneciente al Monasterio de las Canonesas Regulares del Santo Sepulcro. A la salida, hace muchos años, el primer consiliario que tuvo la cofradía de la Piedad, D. Antero Hombría, pronunciaba una frase desde dentro de la Real Capilla que se escuchaba fuera y que todavía hoy se sigue pronunciando, en parte como recuerdo a él, y en parte porque ya es una tradición: “Señores, la Piedad está en la calle”. Si no se pronunciara algo le faltaría a esta procesión muy querida en la ciudad. 

Muchas de estas cofradías llevan pasos que son propiedad de la Hermandad de la Sangre de Cristo y así, en la tarde-noche del Viernes Santo, recorren todas juntas, en riguroso orden cronológico de los acontecimientos de la Pasión del Señor, las calles de la ciudad.

Poco a poco, y con mucho esfuerzo, se fueron añadiendo elementos particulares y diferenciadores de otras procesiones. En Zaragoza se recuperaron los emblemáticos tambores del Bajo Aragón, que pasaron a formar parte de la mayoría de las cofradías. Posteriormente, otras, incorporaron elementos netamente zaragozanos: carraclas, matracas y, últimamente, el canto de algunas jotas acompañadas exclusivamente por el ronco sonido de los tambores.

Los cofrades que no tocan ningún instrumento, acompañan los pasos con las hachas, antiguamente velones de cera, hoy velones alimentados por pilas, o portando los pebeteros con el incienso ardiendo y las navetas con el repuesto de dicho incienso, o los guiones. El atributo fundamental en todas las cofradías y hermandades son los mementos o cruces ‘in memoriam’, en las que están grabados los nombres de los cofrades fallecidos de cada cofradía o hermandad. 

Todos los cofrades van con el rostro cubierto, exceptuando la Muy Ilustre, Antiquísima y Real Hermandad de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y Madre de Dios de Misericordia, en la que solo cubren su rostro los hermanos que llevan el paso del Cristo de la Cama, y la Cofradía de la Crucifixión del Señor y de la Venerable Orden Tercera de San Francisco de Asís que llevan las capuchas de sus hábitos franciscanos. La Real Hermandad de Cristo Resucitado y Santa María de la Esperanza y del Consuelo saldrá en procesión, a cara descubierta, el Domingo de Resurrección porque ya no hay duelo ese día y llevará en sus manos un clavel blanco. El Viernes Santo, cierran la procesión con el rostro tapado y portando hachas encendidas.

EL SANTO ENTIERRO HOY

Viernes Santo. Ha finalizado la celebración litúrgica de la muerte del Señor. Poco a poco la plaza del Justicia, donde está situada la Real Capilla de Santa Isabel de Portugal, se va llenando de gente. Silencio. 

Dentro de la Iglesia de Santa Isabel, los Hermanos y Hermanas Mayores, Decanos y Presidentes de cofradías, hermandades y congregaciones, repasan con los miembros de la Junta Coordinadora de la Semana Santa y con el Hermano Mayor de la Muy Ilustre, Antiquísima y Real Hermandad de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y Madre de Dios de Misericordia, organizadora de la procesión, hasta el último detalle.

La mayoría de los pasos de las cofradías están en su interior. Obra de ingeniería su colocación. Espacio suficiente entre ellos para que los cofrades hagan guardia a su lado, para que ninguno se roce con el otro al salir, para que quienes lo deseen puedan verlos de cerca. Los que no caben dentro del templo se alojan, gracias a la generosidad del Ilustre Colegio Notarial de Aragón, dentro de su sede, a escasos metros de la Iglesia.

Fuera de ambos recintos continúa el silencio. Absoluto y reverencial. Solo se romperá con el sonido de las cornetas de las cofradías que ponen en aviso a las secciones de tambores y bombos conforme salgan para iniciar la procesión. Alguna rompe el silencio con el sonido de las trompetas heráldicas.

La impresionante fachada barroca de la Iglesia de Santa Isabel de Portugal, conocida popularmente como San Cayetano, se va tiñendo del color del hábito de cada cofradía, veinticinco en total. Espectáculo que no disminuye para nada la devoción y la piedad de cofrades y quienes asisten como espectadores de una auténtica manifestación pública de fe. 

Centro de la plaza del Justicia. Hay una fuente con la imagen de la Samaritana. Más que un adorno público. La Samaritana, esa mujer que está dispuesta a dar agua a un forastero judío, algo mal visto por los samaritanos, y termina contagiando su descubrimiento, derramando su fe a chorros a los suyos, como los cántaros de la escultura de esa fuente. Así están nuestros cofrades, mostrando su fe a chorros, derramándola, por las calles de la ciudad.

Frente a ella, el “Monumento al cofrade”. Una escultura que no muestra ni pasado ni futuro, solo presente: Presente adulto y presente niño. Tradición familiar, fe compartida. Fe, mucha fe se respira este día (en realidad toda la Semana Santa) de Viernes Santo. El sentimiento de los cofrades va mucho más allá de que todo salga bien, de que el tiempo acompañe, de que no surja un imprevisto.

Durante todo un año, los cofrades han estado viviendo en sus cofradías, hermandades y congregaciones la relación con el prójimo en sus muchas y variadas actividades sociales: Operación kilo a favor del Banco de Alimentos de Aragón; promoción de donación de sangre y de médula ósea y donación de los propios cofrades; asistencia a comedores sociales; acompañamiento en residencias de mayores; pastoral penitenciaria; sostenimiento del Santo Refugio; formación de adultos. También se preocupan de su propia formación desde la Delegación Episcopal para la Coordinación de Cofradías de Semana Santa, y de las propias iniciativas de cada cofradía; del cuidado de su patrimonio, histórico en algunas de ellas, más nuevo en otras de reciente creación. En todo caso, siempre al servicio de contar el amor de Jesús al hombre en su Pasión de la mejor manera, haciendo una verdadera catequesis del arte en la calle. Tallas del siglo XIV conviven con otras del siglo XX. Todos los pasos enseñan.

Las nuevas tecnologías han entrado en las cofradías y hermandades: Apps, twitter, facebook, instagr, podcats… porque hay que llegar a todo el mundo. Las RRSS se han convertido en espacio evangelizador y también necesitado de evangelización. Las cofradías lo saben y este año, la Comisión de Cultura de la Junta de Cofradías de la Semana Santa, ha organizado una mesa redonda, moderada por Carmen de Miguel Etayo, miembro de la misma, para destacar el valor de estas RRSS en la Semana Santa zaragozana. 

Si el tiempo amenaza lluvia podrán las cofradías decidir no sacar sus pasos o hacerlo con la protección plástica que han creado a tal efecto, pero los cofrades estarán ahí, dando testimonio. A ningún zaragozano, mucho menos a un cofrade, o a nadie que lleve algunos años residiendo en Zaragoza y viviendo en ella su Semana Santa, se le ocurrirá poner la más mínima objeción a la procesión del Santo Entierro ni a su duración.

Nadie propondría nunca acortar la duración de la procesión para evitar cansancios, por ejemplo. Sería un insulto a cada uno de los cofrades de las cofradías, hermandades y congregaciones que participan en el Santo Entierro y hasta puede que un insulto a los zaragozanos. No lo entendería nadie. En el Santo Entierro el cansancio es testimonio. Lo más grande para un cofrade.

Si alguno está delicado de salud, o la edad le impide acompañar a su cofradía a pie, o alguno se indispone durante el recorrido, las cofradías cuentan con unos coches que van al final de cada una de ellas y en las que estos cofrades participan plenamente de la procesión. Los cofrades no entienden la procesión del Santo Entierro para lucirse, la entienden, como evidencia de fe recibida, vivida, compartida y transmitida.

Lo que sí se estudia es cómo conseguir que no haya parones. Es complicado porque hay que conseguir que la primera cofradía en salir no llegue a la plaza del Justicia antes de que haya salido la última, y para eso hay que coordinar muy bien todos estos elementos: Más de 6000 cofrades en la calle recorriendo unos 4 kilómetros estratégicamente elegidos, junto con el ayuntamiento de la ciudad, para que en un momento dado estén todas las cofradías haciendo el recorrido a la vez y conseguir que el tiempo de paso sea de unas tres horas, y el total de la procesión no sobrepase las seis horas de duración.

Emociona ver la fe de cofrades y espectadores. Hay cofradías que han salido, como hemos visto ya, en la madrugada del Viernes Santo, otras lo hacen durante la mañana y tras casi cuatro horas de procesión, encierran el paso en la iglesia de Santa Isabel, apenas con tiempo de reponerse, para volver a salir. Es el caso de la Cofradía de las Siete Palabras y de San Juan Evangelista, que inicia su recorrido a las doce del mediodía y no suele terminar el rezo del Vía Crucis antes de las cuatro de la tarde.

Van regresando en la noche del Viernes Santo. Han pasado alrededor de seis horas desde que salieron. Algunas cofradías siguen camino hacia sus sedes canónicas. Todavía más recorrido. Las hay que, incluso, se han incorporado al Santo Entierro, llegando desde esas sedes. Más recorrido, más cansancio. Les espera la misma solemnidad para recoger sus pasos que a las que terminan en el punto de partida. Ninguna queja. A las que terminan en la Real Capilla de Santa Isabel de Portugal solo les queda, con toda devoción, recoger el paso. 

Los 3000 tambores que aproximadamente salen la tarde del Viernes Santo, se van apagando; las matracas de la Cofradía del Santísimo Ecce Homo acallan su grave y acompasado sonido de percusión; la Cofradía de la Entrada de Jesús en Jerusalén silencia las carraclas que llevan los niños; las trompetas heráldicas de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Agonía y de Nuestra Señora del Rosario en sus Misterios Dolorosos o del Silencio, enmudecen; y las campanas de la Congregación de las Esclavas de María Santísima de los Dolores, dejan de tañer. Silencio.

Los cofrades se despojan de capirotes, terceroles, bonetes, velos y capuchas. Aunque haga frío, el sudor resbala por sus rostros. No, perdón, no es el sudor, son las lágrimas. La procesión ha terminado. Casi en perfecta sincronía, todos, besan el Cristo o la Virgen de la medalla que pende de sus cuellos. Seguro que muchos de ellos habrán tenido momentos de intimidad con su Cristo o con su Virgen. Bajo el tercerol, el capirote, el velo, o la capucha solo ellos, los cofrades y sus medallas. Susurros de confidencias mutuas. 

Noche oscura. Ha terminado la procesión del Santo Entierro, sí, pero los cofrades saben que ya falta poco para que, de verdad, empiece todo. Solo hace falta aguantar la espera con esperanza. La madrugada del Domingo de Resurrección nos anunciará que ¡por fin! todo es nuevo. ¡HA RESUCITADO! ¡ALELUYA! 

Fotografías: Cortesía de © Jorge Sesé.

 

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