Comentario a la Palabra

Antonio García Rubio

Domingo XXXI Tiempo Ordinario: “Tú eres mi fortaleza”

Hay relatos que se convierten en memoria viva. "En la vida de cada uno, dice Francisco, han existido uno, dos, tres momentos en los que Jesús se ha acercado, se ha manifestado. No olvidéis estos momentos: debemos ir hacia atrás y retomarlos porque son momentos de inspiración, donde encontramos a Jesucristo”. Lo recordábamos en la Comisión Diocesana por la Comunión. En el encuentro con las comunidades vivas de la Diócesis, en su corazón, al compartir el anhelo de Comunión, han de darse momentos de belleza y fortaleza que pueden convertirse en relatos de una Memoria viva, disponibles para despertar vida abundante de fe en otras comunidades y en otros creyentes.

En la Escritura existen estos relatos. Uno está en Deuteronomio 6: "Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas. Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria". Este texto es la cita luminosa de un momento crucial en la fe de Israel. Un increíble relato lleno de memoria y de luz, que ha alumbrado y animado su fe durante siglos. También las Iglesias cristianas lo guardan en su memoria. Ofrece un horizonte de sentido, ilumina y orienta la existencia creyente convirtiéndola en historia de Salvación. La escucha de esta afirmación de amor al Dios único, a la memoria de su trascendencia, es un dardo de amor dirigido a Él y guardado como fundamento y memoria viva de nuestra historia de fe para otras generaciones. 

Lo mismo sucede con el Salmo 17: "Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza; Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte." Una proclamación, afirmación, de amor confiado en Dios, visual, vigorosa, potente, con trazos tan firmes, bellos, poéticos, evocativos, que atrapan e iluminan. Cuando se proclaman estas palabras se vigoriza de modo fecundo y único nuestra relación con Dios.

Es necesario, en este momento crucial para las Iglesias cristianas, con su pobreza de personas y medios, aprender a construir relatos de Memoria de la fe; y hacerlo con el impulso del Espíritu, y con el regalo cálido y valiente de nuestra creatividad. Y supone una conversión auténtica como pide y es Jesús. Hebreos 7: "Santo, ino­cente, sin mancha”. Él se regaló “de una vez para siempre, ofreciéndose a si mismo". Y es necesario ahora ofrecernos alegre y conscientemente. Por pura gracia. ¿Se puede pedir más por menos? La fe es así. Y si no la dejamos ser así, la convertimos “en sal mojada que no sirve para nada”. De experiencias apasionantes de fe y entrega escribiremos nuevos relatos de memoria, donde narraremos las maravillas que el Señor hace, partiendo de nuestras pobrezas y fracasos.

Así aparecerán relatos cortos y potentes de memoria de nuestra fe, como el del evangelio de Marcos 12: "El escriba replicó: 'Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios'. Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: 'No estás lejos del Reino de Dios'". Relato magnífico, que retoma la fe más pura de Israel, y la ofrece enriquecida a cuantos se acerquen hoy al Evangelio y a la Evangelización con ojos de asombro, y dispuestos a poner la vida en juego, al servicio de Jesús y en su seguimiento. 

Comprométete a construir relatos de memoria. Aprende el arte del narrador. Cuenta historias vivas de fe de tu persona, tu parroquia, tu movimiento o tu comunidad. Ayuda a vivir la fe con sentido y esperanza, y a mantener la memoria de la acción de Dios en el mundo. 

"En aquel tiempo, en la comunidad cristiana de Santa María, un grupo de bautizados decidió poner en común su tiempo, energías, oración, afanes e ingresos, para facilitar, junto a otra gente del barrio, un par de hogares para familias jóvenes refugiadas o inmigrantes abandonadas en las calles de su barrio. Acabaron con la escucha orante de la Palabra: ‘Amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios’. Y se pusieron manos a la obra. Esa comunidad precisaba de un signo creíble en el barrio. Quisieron oír la palabra de los jóvenes y colaborar con el Sínodo que concluía en Roma’. Era verdad: ‘No estaban lejos del Reino de Dios’”. 

Como María lo narró: "Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí...". Tú, hermano: compón, narra, canta, como Toño Casado ha hecho con su 33, a punto de estrenar, cuenta, comparte, escribe, pinta, crea arte y proclama las maravillas que hoy Cristo, su Espíritu, nuestro Padre Dios, sigue haciendo en esta historia de historias.

Antonio García Rubio.

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