Comentario a la Palabra

Antonio García Rubio

Primer domingo de Cuaresma 2019

Tras la celebración del Miércoles de Ceniza nos vemos asaltados por el relato de las tentaciones de Lucas 4. Son tres pruebas fundamentales, sufridas por Cristo, que no dejan de ser semejantes a las que cualquiera de nosotros puede padecer en el presente.

Primera tentación: La de convertir las piedras hirientes de este mundo decadente en "pan y en circo", en subvenciones y en series televisivas. No es aceptable que los sometidos a las mil pobrezas del siglo XXI sigamos viviendo de pan y circo, -subvenciones y series televisivas-. Ahí no están ni la dignidad ni la felicidad. Son pan para hoy y hambre para mañana. Migajas nacidas de una injusta distribución de las riquezas que rompe la naturalidad, la solidaridad, la fraternidad y empuja a los humildes a un individualismo feroz.

Segunda tentación: La de arrodillarse ante el dominio y el control empresas y negocios degradantes para el conjunto de la humanidad; o ante los manejos de la cultura y la política; o ante la imposición de modas y el uso del consumo generalizado de todo tipo de estimulantes que esclavizan. Miles y miles. "Al Señor tu Dios adorarás y a él sólo darás culto". Somos llamados a adorar al Señor de la libertad, que ha roto las cadenas clavado en una cruz por las mismas argucias con las que te intentan comprar y esclavizar a ti.

Tercera tentación: La de pretender ser fuerte y participar del pastel de este mundo, aunque sea de sus migajas, para sentirte importante, más famoso que los demás, y con un ego fantasioso y avaro. Esta tentación te lleva a saltar al vacío, a tirarte al monte de la codicia, a sacrificar tu vida con 14 o 15 horas diarias de trabajo. Los malos espíritus te sostendrán de su mano como a un guiñol y te robarán tus energías más sanas. Pero no tentarás al Señor tu Dios. Y Jesús se siente tentado y fracasado en la vida de esos hermanos suyos que acaban vendiendo su alma por una gloria o un poder efímeros.

Sin pretenderlo, cayendo en tentaciones facilonas y con un atractivo colorista potentísimo, se puede acabar convertidos en esclavos maltratados o maltratadores, oprimidos u opresores. Deuteronomio 26: "Nos maltrataron y nos oprimieron, y nos impusieron una dura esclavitud". Hará falta mucha fe y gracia para romper la vara de hierro con que nos doblegan. Aprende a dirigirte con humildad al Señor, que supo vencer la tentación, y que te alienta para que no caigas tú; y si caes, te ayuda a levantarte con dignidad. "Entonces clamamos al Señor, Dios de nuestros padres; y el Señor escuchó nuestra voz, miró nuestra opresión, nuestro trabajo y nuestra angustia". Dios está contigo. No te abandona. Te acompaña, incluso cuando estás hundido, a punto de ahogarte en un pozo negro. Te toma de su mano liberadora. Te saca de la angustia y la tribulación. Salmo 90: "Se puso junto a mí: lo libraré; lo protegeré porque conoce mi nombre, me invocará y lo escucharé. Con él estaré en la tribulación, lo defenderé, lo glorificaré".

Dios no defrauda. Romanos 10: "'Nadie que cree en él quedará defraudado'. Porque uno mismo es el Señor de todos, generoso con todos los que lo invocan. Pues 'todo el que invoca el nombre del Señor se salvará'". Estás en el inicio de la Cuaresma, convocado a la conversión, a redoblar la confianza en el poder sanador del Evangelio, y a mirar los frutos de conversión. Trabaja estas tres acciones que te ayudarán a vencer en la prueba:

1. Aminora el consumo televisivo y telefónico. Que el don de Dios, tu sana y maravillosa libertad, no quede atrapada por exceso de consumos. Plántale cara al consumismo que te encierra y ciega en tu ego, y te aleja de tus hermanos y de Dios. Ese será tu gran ayuno.

2. Época de elecciones. Fomenta, con valentía y respeto, la vida del Evangelio que te invita a creer, a dialogar con todos los hijos de Dios, a defender y cuidar a los pobres e indefensos, a apoyar la salud de la tierra y toda vida maltratada o asediada, a crear puentes de amistad y comunión. Adora al Señor en el sagrario eucarístico y en el de la vida los pobres de la calle o de los barrios excluidos. Prepara caminos de justicia, paz y encuentro entre los diferentes. Abstente de lo que la Palabra y el corazón te avisen que no es de Dios. Esa será tu gran abstinencia.

3. No hagas más cálculos de cómo poder ganar más dinero. Trabaja para que todos tengan una vida digna. Dedica lo mejor de ti a crear un nuevo modo de limosna. No des solo las monedas que te sobran. Dónate tú. Regala lo mejor de ti. Conviértete en tu mejor limosna. Muchos esperan tu saber, tu ingenio o tu inteligencia, tus habilidades, tu sonrisa y tu escucha, tu compartir. Que son dones de Dios. Esa será tu gran limosna.

Este camino te conduce a la Cruz del Señor y a llevar la tuya y la de tu gente. Alégrate. Ese camino te sacará del laberinto del ego y te llevará a las puertas del Paraíso.

Antonio García Rubio.

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