Cine

Fernando Donaire

Tiempos de cine: "El Candidato" de Jason Reitman

Si tuviéramos que elegir un género para esta película, nuestro primer impulso sería considerarla como una crónica política sobre Gary Hart, el candidato a la presidencia de los EE.UU. en 1988.

Sin embargo desde la primera secuencia –que no es más que el fracaso de la campaña del mismo candidato en 1984– ya nos damos cuenta que su director, Jason Reitman, quiere contarnos algo muy distinto, más centrado en la cobertura que los medios de comunicación de aquel momento hicieron de la campaña de Hart que de su valía política. Y serán estos los que señalen el talón de Aquiles de un candidato que lo tenía todo para ganar menos la fidelidad en sus relaciones, situación que lo lleva al abismo de la incomprensión y la mentira.

Esa intromisión en la vida privada de los políticos era algo inusual en un tiempo al que solo accedía la llamada prensa “amarillista” y de la que abjuraban los supuestos medios serios. Pero una vez metidos en el barro, todos accedieron a crear espectáculo olvidando el debate de las ideas, los compromisos y los programas. Y equivocando el foco se llevaron por delante en más de una ocasión la imagen y la valía de personas en el ámbito profesional que no eran –ni tenían que ser– inmaculadas en el plano personal. La firmeza que muestra Hart en poner las cosas en su sitio es fagocitada por el deseo de conocer de una sociedad a la que le interesa más sus devaneos que sus ideas. Ese cambio de foco y las presiones cada vez más fuertes de la prensa acaban despojándolo de toda posibilidad de ganar.

La evolución del personaje no sería la misma sin los matices que le regala Hugh Jackman en una interpretación que va desde la seguridad de sentirse ganador al desvalimiento de considerarse desbancado de un sueño casi al alcance de la mano. Todo esto a pesar de un guión en el que el personaje principal se esconde tanto que parece más espectador que protagonista. Y de aquellos polvos estos lodos. Ahora que estamos en un mes –¿año?– electoral se repiten los mismos mimbres. Son otros personajes, otra coyuntura, pero el mismo tratamiento.

A veces valen más las encuestas que la propia libertad del ciudadano, el ruido de las campañas es más fuerte que las ideas y la posibilidad de una reflexión sosegada queda oscurecida por el runrún constante de las televisiones y las redes sociales. Y ahí está el cine, como salido de otro tiempo, adelantándose a la propia vida o quizá recordándonos sosegadamente que no todos los caminos son aceptables, aunque sea tiempo de campaña.

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