Comentario a la Palabra

Antonio García Rubio

XVII Domingo tiempo ordinario

Qué mundo tan bello nos regalas, oh Padre de infinita ternura. ¡Qué paraíso de libertad! Y, a la vez, cuánta experiencia enfrentada y contradictoria erosiona el don de esta vida amada y acogida. En nuestra cultura crece la sensación de que la libertad es un modo o un pretexto más para que un individualismo dependiente de poderes diversos se remire a sí mismo. Individualismo que asola, y sirve al dios dinero, a sus señores y sus drogas: alcohol, cocaína, compras, gastos inútiles y engañosos, juego que inunda Internet y los barrios, también los marginales; y un detalle mortal, que nos recuerda una canción de Luis Eduardo Aute: "La clara oscuridad de este mundo absurdo que no sabe adónde va": Hay un veneno que mata a las abejas, un producto mortal. Hemos pasado de 6 millones de colonias de abejas en 1947, a 2,5 millones de hoy. El envase de ese producto expandido por todo el mundo no decía que  era mortal para las abejas ni que su residuo era tóxico para el suelo y para los humanos. Son las consecuencias, absurdas y mortales, del individualismo usurero.

Esta reiterada desolación que trae malas noticias, nos la provoca la Palabra dominical, que nos retrotrae a la corrupta historia de Sodoma y Gomorra. ¿Sucede hoy algo parecido? Se dice que "lo que no mejora, empeora". Y la historia nos dice que una sociedad que se fundamenta en lo que no es, o en factores destructivos, acaba cargando sus errores sobre la naturaleza, los indefensos, los dependientes, las abejas y la sociedad y el universo entero. La generación de Abrahán ligaba a Dios con el premio o castigo, consecuencia de las buenas o malas acciones de los hombres. Génesis, 18: "En aquellos días, el Señor dijo: 'El clamor contra Sodoma y Gomorra es fuerte y su pecado es grave: voy a bajar, a ver la queja llegada a mí'. Abrahán le dijo: '¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable?'".

Pero Jesús, y con Él muchos de sus discípulos, seguidores y simpatizantes, muestran un Dios diferente al del pasado. A Dios ni le vemos como un juez que ejecute culpables, ni le suplicamos que no sea un tirano. Dios es Padre que libera y levanta de la postración; que cuida de sus hijos desprotegidos, los sana, los defiende, los considera bienaventurados, y se hace uno de ellos por su Encarnación. Y nos sugiere un nuevo modo de ser que protege a débiles e indefensos. Algo que adelantó el Salmo 137: "El Señor es sublime, se fija en el humilde, y de lejos conoce al soberbio".

El hombre, elegido y maravilloso, no abandona sin embargo el estado de fragilidad que le hace decadente. Jesús, gracias a su cruz y a su perdón incondicional, da a cada uno y a todos como pueblo, la oportunidad de comenzar de nuevo, y de volver a soñar cada día con ser sensibles, auténticos, justos y santos. Pues Él, según Colosenses 2: "Canceló la nota de cargo que nos condenaba, clavándola en la cruz". Ya no hay, pues, deuda acumulada. La cruz ofrece el don del perdón que nunca faltará. Respiremos  sosegados y tranquilos. Dios no busca nuestra destrucción. Es fortaleza que reorienta la historia por caminos de libertad entregada, servicial. Es vida para amigos y enemigos. Es resorte que levanta a los caídos, desata las cadenas de los dependientes y libra de los males que envenenan la tierra y a los seres vivos. Y lo hace llamando y apoyando nuestra responsabilidad.

No existe poder humano capaz de arreglar de una vez este desarreglo, fruto del individualismo avaro del hombre. Pero es nuestra tarea intentar arreglarlo. En Lucas 11, Jesús nos enseña la oración del Padrenuestro y, a continuación nos dice: "Pues yo os digo a vosotros: pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abre. Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que le piden?"

1. Vence al mal orando silencioso, confiado, humilde y en común. Sé solidario.

2. Solicita al Padre su Reino, nuestro pan, el don de perdonar, y de ser librados del mal.

3. Pide sin miedo con tus hermanos. Conocerás la generosidad del Amor. Haz lo mismo.

4. Busca con pasión. Lee. Crea canales de comunicación. Asombrado, encontrarás la luz.

5. Llama. Insiste. El Espíritu Santo ni te abandonará a ti ni a tu pueblo. Sé responsable.


Antonio García Rubio.

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