Comentario a la Palabra

Antonio García Rubio

Domingo XXIV Tiempo Ordinario

Éxodo 32: "Anda, baja del monte, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto". ¿Y qué pasa en nuestra sociedad? Hace días escribí en Twitter: "Cuando el hombre no descansa en Dios, le falta lo esencial, el eje de la felicidad, y lo busca desaforadamente”. Inicia un viaje a lo esencial. No pierdas dentro el contacto con ello. Evita caer solo en manos de lo pasajero. Ten cuidado con algunas ideologías del siglo XX que discuten la centralidad de lo esencial, la presencia Dios; e igualmente evita lo perverso que manipula al hombre, le empuja al vacío desgarrador, y le impide tener una conciencia sana, sensata, justa y fraterna.

Salmo 50: "Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme". El pueblo de Israel, perdido en su vacío, evoca la presencia de Dios de modo humilde buscando su renovación. Algo así escribí también en Twitter: "Si quieres evitar la soledad y dejar de estar perdido entre las cosas, aquiétate, sosiégate, respira y viaja al centro de tu alma. Allí está Él. Siéntete uno con Él. Y así, sin pedir nada, ni poder nada, ni querer nada, déjate estar en su sanadora presencia". Para que la conversión y la renovación lleguen y nos dispongan a una vida nueva, san Pablo ofrece el mismo camino. 1 Timoteo 1: "Yo antes era un blasfemo, un perseguidor y un violento. Pero Dios tuvo compasión, derrochó su gracia en mí, dándome la fe y el amor cristiano".

Muchos no han sabido recibir la Palabra y la ternura del Dios Encarnado. Otros viven una espiritualidad individualista, que busca solo su salvación. Hay quien no sabe presentar una fe capaz de vivirla en la historia. Los hay que no descubren el secreto que les habita. A algunos les hemos dejado en manos del mal. A otros les hemos hecho desconfiar del tesoro que la Iglesia lleva en vasijas de barro. También sucede que algunos, en lugar de reconocer su pecado, se mantienen prepotentes, sobrados de poder ante los humildes y los doloridos por el mal ejemplo recibido.

Los de dentro y los de fuera, los que se han ido y los que se lo piensan, los que vuelven y los que están naciendo a la fe, los que han roto con la fe y los que la cuidan, los que dan mal ejemplo y los que pretenden imponer modos de hacer; todos, unos y otros, con actitud valiente y humilde, han de volver el corazón hacia el Padre, lo esencial, la única Fuente que da la paz y la felicidad en la historia. Y mirarse unos a otros como mira el Padre común, según propone el relato de Lucas 15: "Su hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Pero el Padre dijo a sus criados: Sacad en seguida el mejor traje, y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado".

Deja tú, hermano, que ese “he pecado contra el cielo y contra ti”, se cuele con fuerza y gracia en tu alma. Alguna responsabilidad “de pensamiento, palabra, obra y omisión” tenemos y tienes ante lo que está sucediendo.

1.- Busca el camino de la conversión. Para ello, repasa tu vida como bautizado y miembro de una comunidad de fe. Discierne con tus hermanos qué está pasando y qué te está pasando. ¿Eres un discípulo vivo? Tu oración y tu acción son necesarias y esenciales.

2.- Abandona lo pasajero, lo mundano, lo cargado o alentador de mal en la vida familiar, social o comunitaria. Que tu espiritualidad se encarne como Cristo en tu pequeño mundo, aunque no seas del mundo. Y saca el fuego que tienes para que ardan las entrañas apasionadas de tus hermanos.

3.- Muchos, en la sociedad, están agotados; y necesitan acoger palabras vivas, abrazos cálidos, y aliento que levante a los que retornan defraudados o fracasados como el hijo pródigo.

4. Colabora decidido para que las comunidades cristianas sean acogedoras, festivas, misioneras y portadoras del deseo de Dios de llegar a los pensamientos decepcionados, y darles un toque de gracia que les despierte y lleve por el camino del bien y de la paz.

Antonio García Rubio.

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