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Francisco Javier Alonso Rodríguez

Retos para la Organización Internacional del Trabajo en su centenario

© MARCEL CROZET

La OIT celebra su centenario con multitud de eventos en un contexto difícil y esperanzador de profundas transformaciones sociales, políticas, económicas y culturales. Las innovaciones tecnológicas, el cambio climático y la mundialización no están siendo el camino seguro para construir un futuro del trabajo decente, justo, inclusivo y seguro, con pleno empleo. No obstante, el multilateralismo y el tripartismo son caminos para la esperanza.

 La Conferencia Internacional del trabajo, celebrada en junio en Ginebra, adoptó la Declaración del Centenario de la OIT para el futuro del Trabajo. Es una Declaración breve, que examinan los retos y las oportunidades más relevantes con respecto al futuro del trabajo. Reafirma los principios de la Declaración de Filadelfia y el mandato de justicia social con el que nació la OIT. Reconoce el carácter primordial del diálogo social y de las normas internacionales del trabajo. Marca una estrategia para el futuro que incide en fomentar un futuro justo y sostenible. invertir en las personas, mediante un enfoque centrado en el ser humano, invertir en empleo, en el desarrollo de competencias y protección social así como promover la igualdad entre sexos e invertir en las instituciones del mercado laboral, para lograr salarios adecuados, limitar las horas de trabajo, velar por la seguridad y la salud en el trabajo, y garantizar los derechos laborales fundamentales. Por otro lado, la Declaración conlleva asimismo la adopción de políticas que faciliten un entorno propicio para fomentar empresas sostenibles, el desarrollo económico y el trabajo decente. 

La Declaración es la culminación de varios años de trabajo en el marco de la Iniciativa de la OIT sobre el futuro del trabajo . Al principio, los Estados Miembros celebraron diálogos tripartitos que facilitaron un debate pormenorizado sobre prioridades, retos y oportunidades en los planos nacional e internacional. El resultado de esos diálogos permitió sentar las bases de la labor de la Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo , cuyas recomendaciones contribuyeron a su vez a la formulación de la Declaración del centenario sobre el Futuro del Trabajo.  La Declaración indica que la OIT debe orientar sus esfuerzos a:

i) asegurar una transición justa a un futuro del trabajo que contribuya al desarrollo sostenible en sus dimensiones económica, social y ambiental;

ii) aprovechar todo el potencial del progreso tecnológico y el crecimiento de la productividad, inclusive mediante el diálogo social, para lograr trabajo decente y desarrollo sostenible y asegurar así la dignidad, la realización personal y una distribución equitativa de los beneficios para todos;

iii) promover la adquisición de competencias, habilidades y calificaciones para todos los trabajadores a lo largo de la vida laboral;

iv) formular políticas eficaces destinadas a crear empleo pleno, productivo y libremente elegido y oportunidades de trabajo decente para todos y en particular facilitar la transición de la educación y la formación al trabajo, poniendo énfasis en la integración efectiva de los jóvenes en el mundo del trabajo;

v) fomentar medidas que ayuden a los trabajadores de edad a ampliar sus opciones, optimizando sus oportunidades de trabajar en condiciones buenas, productivas y saludables hasta la jubilación, y permitir un envejecimiento activo;

vi) promover los derechos de los trabajadores como elemento clave para alcanzar un crecimiento inclusivo y sostenible, prestando especial atención a la libertad de asociación y la libertad sindical y al reconocimiento efectivo del derecho de negociación colectiva como derechos habilitantes;

vii) lograr la igualdad de género en el trabajo,

viii) asegurar la igualdad de oportunidades y de trato en el mundo del trabajo para las personas con discapacidad, así como para otras personas en situación de vulnerabilidad;

ix) apoyar el papel del sector privado como fuente principal de crecimiento económico y creación de empleo promoviendo un entorno favorable a la iniciativa empresarial y las empresas sostenibles, en particular las microempresas y pequeñas y medianas empresas, así como las cooperativas y la economía social y solidaria, a fin de generar trabajo decente, empleo productivo y mejores niveles de vida para todos;

x) apoyar el papel del sector público como empleador relevante y proveedor de servicios públicos de calidad;

xi) fortalecer la administración y la inspección del trabajo;

xii) asegurar que las modalidades de trabajo y los modelos empresariales y de producción en sus diversas formas, también en las cadenas nacionales y mundiales de suministro, potencien las oportunidades para el progreso social y económico, posibiliten el trabajo decente y propicien el empleo pleno, productivo y libremente elegido;

xiii) erradicar el trabajo forzoso y el trabajo infantil, promover el trabajo decente para todos y fomentar la cooperación transfronteriza, inclusive en áreas o sectores de alta integración internacional;

xiv) promover la transición de la economía informal a la economía formal, prestando la debida atención a las zonas rurales;

xv) adoptar y ampliar sistemas de protección social que sean adecuados y sostenibles y estén adaptados a la evolución del mundo del trabajo;

xvi) profundizar e intensificar su labor sobre migración laboral internacional en respuesta a las necesidades de los mandantes y asumir una función de liderazgo en materia de trabajo decente en la migración laboral, e

xvii) intensificar el multilateralismo.

Gobiernos, empresas, organizaciones sindicales y todo tipo de organizaciones sociales como Iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente estamos llamados a trabajar y cooperar para conseguir estos objetivos.

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