Iglesia

Lorena Pacho

Un cambio en la imagen de los Papas

FILES VATICAN CITY POPE JOHN PAUL II ADMITTED TO HOSPITAL:epa000360554 (FILES) A files photograph dated 05 January 2005 showing Pope John Paul II in the Vatican. Pope John Paul II has been hospitalized after suffering from respiratory problems, the Ansa news agency reported Tuesday, 01 February 2005. The pope was taken to Rome's Gemelli hospital as a precautionary measure, Vatican sources were quoted as saying. EPA/CLAUDIO ONORATI
© CLAUDIO ONORATI

Luigi Accattoli es un periodista y escritor italiano, destacado cronista de todo el pontificado de Juan Pablo II, participó también en más de 80 de sus viajes y ha escrito varios libros sobre él.

En su opinión, ¿qué queda del legado del Papa San Juan Pablo II?

Queda mucho. Cambió la figura del Papa, acercándola a la humanidad de nuestro tiempo. En nombre del Evangelio, fue por todo el mundo como un nuevo apóstol de los pueblos, predicó la paz, pidió perdón por las faltas históricas de los cristianos.

¿Hay algún aspecto de esta herencia especialmente particular?

Quizás el más original de sus legados fue el “examen de fin de milenio”, que condujo al “mea culpa” conciliar, un hecho sin precedentes históricos. El reexamen del caso Galileo (1991), el estudio -en simposios internacionales especiales- del antijudaísmo (1997) y de las Inquisiciones (1998); la publicación, por parte de la Comisión Teológica Internacional, del documento La Iglesia y las culpas del pasado (2000) representan la implicación de la Curia Romana y de la Iglesia en general en el “mea culpa” papal, que culmina con las siete peticiones de perdón formuladas por el Papa en San Pedro el 12 de marzo de 2000-: por los pecados en general, por los cometidos en la persecución de los herejes, contra la unidad de las Iglesias, en las relaciones con los judíos, contra la paz y los derechos de los pueblos, contra las mujeres y la unidad del género humano, contra los derechos fundamentales de la persona. Toda persona de buena voluntad solo puede agradecerle esa humildad y audacia.

En su opinión, ¿su legado ha marcado un antes y un después en la Iglesia Católica?

Tal vez desde el punto de vista de la liberación de la imagen papal de las limitaciones de la tradición. Era un Papa que nadaba en la piscina y se iba a las montañas a esquiar, besaba a las mujeres en la frente, iba al hospital a hacerse un TAC y se operaba, escribía en las encíclicas: “Según mi opinión” (Redemptor hominis 4). Un Papa gritando a los jóvenes: “¡Llámame Karol!”.

¿En qué sentido esa liberación de la imagen papal de las limitaciones de la tradición marca un punto de no retorno?

Es demasiado pronto para decir que no hay vuelta atrás. La historia del papado es muy antigua y exige una larga verificación. Sin embargo, es cierto que los dos Papas que vinieron después han apoyado esa liberación. Tanto Benedicto como, con mayor evidencia, Francisco. La tradición de los últimos seiscientos años era que los Papas no disfrutaban del derecho a renunciar al Papado aunque estaba previsto por el derecho canónico y Benedicto renunció a él. En cuanto a Francisco, esa liberación se hizo total: cambió de vestimenta, de casa, de gestos, de lenguaje, de relación con los medios de comunicación. Todo. Y quizá no podría haberlo hecho si el huracán Wojtyla no hubiera pasado antes.

En su opinión, ¿su memoria fue manipulada de alguna manera?

Manipulado tal vez sea demasiado para decir, pero ciertamente hemos visto un fuerte uso de su imagen que puede haber rozado el abuso para bien o para mal. Hoy en día vemos el uso de sus palabras y gestos por parte de los soberanos, tanto en Polonia, como en los Estados Unidos y en Italia. Pero el fenómeno no es preocupante: la figura del Papa Wojtyla es fuerte y resistirá tanto a la exaltación devocional como a la captura política instrumental.

¿Cree que el grito  de “santo inmediatamente” fue instrumental?

Hacerlo santo también significaba santificar sus elecciones de gobierno.

¿Puede dar algunos ejemplos en los que su figura se politizó?

Durante los primeros doce años de Pontificado, hasta la caída del Muro, fue pintado en la izquierda como un anticomunista visceral, amigo de los dictadores y enemigo de los trabajadores. Y no era cierto. Luego se le convirtió desde la derecha en el héroe decisivo del derrocamiento del comunismo. Y fue un crédito excesivo, también instrumental. Hoy en día es usado en funciones anti-Bergoglio como el santo patrón de las raíces cristianas de Europa y la resistencia al Islam.

¿Estas interpretaciones están fuera de lugar?

Sí, porque realzan un elemento sin entenderlo como un todo. Decir que defendió a la Europa cristiana contra el Islam y no recordar los días de Asís, el hecho de que llamó a los musulmanes “hermanos”, la visita a la mezquita de Damasco es distorsionar la historia.

¿Por qué se utiliza su figura con fines partidistas?

Porque es una figura fuerte y mucha gente cede a la tentación de apropiarse de ella.

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