Comentario a la Palabra

Antonio García Rubio

Segundo Domingo de Adviento

Arturo se encuentra con María, y está solo cinco minutos con ella. Le cuenta que tiene a su hija en el hospital por un intento de suicidio. Arturo le mira a los ojos, envueltos en lágrimas, con ternura, la abraza con toda su alma, y todo su lenguaje corporal es amor que se derrama en gestos, miradas, silencio y escucha. Y, según María, sobran con esos cinco minutos. Arturo tuvo que entrar en la consulta del médico. María le dijo: "No te necesito más tiempo, Arturo. Tus ojos han cambiado la oscuridad que envolvía mi mente y tu abrazo ha abierto mi corazón hermético. Mil gracias”. Y con otro abrazo concluyó la escena. Isaías 40: "Consolad, consolad a mi pueblo, -dice vuestro Dios-; habladle al corazón. Como un pastor que apacienta el rebaño, su brazo lo reúne, toma en brazos los corderos y hace recostar a las madres". No preguntéis cuál es la misión de un cristiano. Arturo lo narra bellamente sin palabras. Él sabe para lo que vive. Al llegar a casa por la noche, vinieron a la mente las palabras de Isaías. Comenzaba el Adviento. Y supo de modo fulminante el porqué de su venida a este mundo, y el porqué de su ya lejano bautismo: Consolar a su pueblo, hablarle al corazón, tomar en brazos a sus hermanos, y recostarlos junto a él. Procurar su descanso en el Espíritu, en Jesús". Adviento del Consuelo.

Adviento es tiempo para gustar con humildad de la comunión con los hermanos, asentar la pacificación interior, prestar colaboración para hacer justicia a los oprimidos y abofeteados, volver a sembrar semillas de fe, humanidad, convivencia, esperanza, y dar los buenos frutos que esperan los compañeros de camino. Salmo 84: "La justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo. El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto". Adviento para esparcir semillas sin que importe donde caigan, y hacerlo de modo universal, como el Espíritu de nuestro Padre. No sembrar solo en los que nos aman y comparten la vida cotidiana. Sembrar por calles, bares, caminos, asociaciones, oficinas, soledades y tajos. Sembrar sin miedo, sin prejuicios, sin abusar de las palabras, sin buscar obsesivamente prosélitos. Que tu vida pobre hable con los gestos de amor y liberación, con lágrimas y alegrías que compartir, con sabiduría nacida del dolor y del Evangelio, y sin beaterías. Si hablas con el corazón, sobre todo con él, no hables de tus gestas, habla del Señor, da testimonio de su Evangelio. Así nacen los brotes de Comunión, fidelidad, paz, concordia y entendimiento en favor del bien común. Adviento de Comunión.

Qué buenas y bellas cosas dice la 2 Pedro 3: "Lo que ocurre es que tiene mucha paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan. Nosotros, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia. Procurad que Dios os encuentre en paz con él, inmaculados e irreprochables". Adviento para quedar atrapados en la mirada contemplativa de su amor paciente, que confía y busca siempre el cambio y la renovación de toda persona; Adviento para dar carrete a la conciencia, y que ilumine, y a la vida nueva, y que despierte; Adviento para fomentar una vida serena y digna en la que los seres humanos vivan con semejantes derechos, misma dignidad y no sometidos a otros seres humanos. Adviento para gritar fuerte contra toda esclavitud, pues crecen muchas nuevas formas de esclavitud. Adviento para entrañarnos en el Padre Dios que nos ha creado en la fragilidad, y para que aprendamos, en el Hijo al que siempre esperamos, a ser mujeres y hombres libres, generosos, y atrevidos por su sentido de la fraternidad compartida, de la comunidad solidaria, afianzada en la Caridad, en el amor que es el mismo Dios. Adviento de la libertad recuperada para ser un pueblo de hombres libres.

Marcos 1: "Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba: Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo". Hemos sido bautizados en agua y en Espíritu, en austeridad, en el desierto de siglos dramáticos y apasionantes. Cristo abre las puertas de una conciencia bautismal que reconoce la paternidad de Dios y nos coloca ya aquí en la vivencia de un presente eterno, donde la vida en plenitud de amor, amistad, fraternidad y comunión es posible. ¡Ven, Señor Jesús!

Antonio García Rubio

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