España

"Es necesario re-espiritualizar nuestra alimentación"

Ángeles Parra es una de las pioneras del mundo “bio” en nuestro país. Junto a su marido, son padres de seis hijos y abuelos de tres nietos y tres nietos más políticos. Aficionada al estudio de libros de autores vinculados a las diferentes tradiciones espirituales, recuerda que la alimentación y la espiritualidad están vinculadas desde el principio de los tiempos. Y que nuestras elecciones como consumidores pueden regenerar la tierra o acelerar su corrupción y degradación.

 
Ángeles Parra es presidenta de la Asociación Vida Sana y directora de BioCultura, la feria de la alimentación ecológica y el consumo responsable. En esta entrevista, explica que la alimentación es trascendental en el mundo espiritual y que esto ha sido así desde el principio de los tiempos. Vida Sana es editora también de la revista The Ecologist, publicación que aborda el mundo del medio ambiente desde el punto de vista de la ecología profunda y espiritual, en la que Parra es articulista.

¿En qué medida la alimentación forma parte del mundo espiritual?
Desde el principio de los tiempos, las diferentes tradiciones espirituales han tenido una relación con la alimentación muy específica. Las diferentes tradiciones reveladas explicaron muy bien al hombre cuál debía ser su relación con los alimentos. No sólo en el aspecto de qué comer o qué no, cuándo y cuándo no, cómo llevar a cabo los sacrificios y de qué manera no hacerlo, cómo bendecir los alimentos y tener una actitud de gratitud hacia ellos, los tiempos de ayuno… Si vamos un poco más allá de las lecturas literalistas de los libros sagrados, y si además nos fijamos en el ejemplo de tantos y tantos profetas y hombres y mujeres de gran santidad de la Historia, nos daremos cuenta de que el occidental moderno (vivas hoy en Nueva York, Madrid u Oslo) vive hoy en las antípodas de lo que debería ser su relación con los alimentos, tanto si es creyente como si no. Esto es un camino muy equivocado. Los creyentes, al menos, bendicen la mesa, en el caso de la cristiandad. En el caso del islam, antes de ingerir cada alimento, se menciona “Bismillah” (en el nombre de Dios), y, al finalizar, “Alhamdurillah” (gracias a Dios). Los budistas, los judíos, los hindús… cada tradición bendice los alimentos a su manera. Sin embargo, no creemos que eso sea suficiente en la actualidad, aunque sí es trascendente. Hay que ir más allá, huir de toda lectura “al pie de la letra” para ir a la esencia de esas tradiciones. Entonces, nos daríamos cuenta de que también es importante, también afecta a nuestra manera de entender la espiritualidad, una espiritualidad holística y no dual, la manera en que han sido producidos esos alimentos, de qué manera vivían los animales que fueron sacrificados, cómo se trató a la tierra que tan generosa es, si se utilizaron pesticidas que acabaron con los organismos del suelo (que también son seres vivos), si esos alimentos vienen de procedencias lejanas, si son industriales o artesanos, si son locales o globales, si proceden de una agricultura modificada genéticamente (contraria a las leyes del sentido común y a las leyes del universo) o si proceden de una agricultura sana y natural como es la agricultura biológica, si se explotó a los agricultores o no…

¿Y qué relación tiene todo esto con BioCultura?
BioCultura es la feria de la alimentación ecológica y del consumo responsable. Los profetas y los hombres y mujeres de santidad de toda la Historia, desde Lao Tse a los poetas védicos, desde Jesús al Buddha, desde Abraham a Muhámmad, nos enseñaron a ser conscientes en todo, a ser personas íntegras en cualquiera de los ámbitos de nuestra vida. ¿Y cómo querer vivir esa integridad espiritual tan importante para el bienestar de nuestra alma y de todo aquello que nos rodea si miramos hacia otro lado cuando vemos cómo funcionan las granjas y los mataderos industriales, cómo se actúa en la agricultura química, cuáles son las características especulativas de los mercados globales… Desde BioCultura, ofrecemos otra manera de entender el mundo y, especialmente, todo aquello afín a la alimentación y a la salud. BioCultura, a través de su actividad comercial lícita y de su actividad informativa (talleres, ponencias, mesas redondas, charlas, etc.), nos enseña a apostar por un tipo de alimentación que sí respeta el medio ambiente, la salud de los consumidores, los derechos de los trabajadores, los paisajes, las culturas locales, nuestra tierra, las gastronomías autóctonas… Porque la agricultura y la ganadería, cuando se hacen de forma industrial y química, son agentes muy contaminadores, tanto para el medio como para el ámbito sanitario humano. Desde la ecología profunda, espiritual, sólo puede haber una salida: una agricultura y una ganadería ecológica de ámbito local, muy artesanas, con una dieta más vegetal, más repartidoras de riqueza y más sana, menos contaminante y menos despilfarradora, capaz de crear puestos de trabajo en zonas rurales con una gran despoblación… Las diferentes vías espirituales nos obligan a ser conscientes de todos nuestros actos. Y, no en vano, la alimentación es trascendental. Por ello, además de procurar que nuestros alimentos sean ecológicos y locales, profundizar en el camino espiritual significa también bendecir los alimentos, agradecer su existencia, comer en familia… También, en las diferentes tradiciones hay un buen número de simbolismos que mezclan lo espiritual con el acto “biológico” de nutrirse. “El pan nuestro de cada día… dánosle hoy”. Mejor, si ese pan es ecológico artesano, integral, sano… Y si el trigo se ha producido si destrozar la tierra, sin contaminar las aguas, respetando a los seres vivos del suelo y del campo en general, procedente de tierras regeneradas, etc. Es necesario re-espiritualizar nuestra alimentación.

LOS VALORES DE LA TIERRA

¿Qué es la cultura de lo “bio”? ¿Qué valores implica? ¿Cuál es la dieta más ética?
Con lo que he respondido anteriormente creo que queda claro que la cultura de lo “bio” va mucho más allá de preocuparse única y exclusivamente por nuestra salud. La nuestra es una concepción integral, holística, que une lo espiritual con lo biológico, lo local con lo global, lo particular con lo de todos. Nosotros somos Naturaleza también, formamos parte de ella. No hay que crear compartimentos estancos ni diferenciados. Lo que es justo para nosotros tiene que serlo también para los demás y para el planeta. Lo que es bueno para nosotros tiene que ser también bueno para la sociedad y para el mundo. En ese aspecto, la dieta más ética tiene que ser una dieta principalmente basada en alimentos ecológicos, de carácter local, lo más artesanos posible, etc. Y también tiene que ser una dieta principalmente vegetal, con poca proteína animal. ¿Por qué? Porque esta dieta ahorra energía, es más sana, evita sufrimiento animal…

¿Cómo mejora la calidad de vida de los consumidores? ¿Y la del planeta?
Esto implicaría una respuesta muy larga, pero intentaré ir al grano y resumir. La alimentación ecológica es más sana porque carece de pesticidas y elementos químicos nocivos. Esto significa alimentos más sanos y descontaminados. Para que una dieta sea realmente sana tiene que ser ecológica. Al menos, en su mayoría. Diferentes estudios científicos de primer orden, llevados a cabo por instituciones y universidades independientes, confirman que los alimentos ecológicos están libres de productos químicos nocivos (salvo contaminaciones posteriores, de posibilidad remota). Esto… si se consumen frescos. Si son elaborados, evitamos además la ingente cantidad de colorantes, conservantes, edulcorantes y otros aditivos químicos que llevan los alimentos “convencionales”. Pero las virtudes de los alimentos ecológicos no se quedan ahí, algo que ya sabíamos. Ahora, la ciencia nos descubre que, nutricionalmente, son más completos. Según los trabajos de la doctora Dolores Raigón (catedrática de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica y del Medio Natural de la Universidad Politécnica de Valencia y Dra. ingeniera agrónoma de esa universidad, una de nuestras mayores expertas en producción ecológica y en calidad de alimentos), “afortunadamente, la conciencia ecológica está presente en las líneas de trabajo de los investigadores, y en este sentido se producen de vez en cuando aportaciones donde se pone de manifiesto el mayor valor nutricional de los alimentos ecológicos. Concretamente en nuestros trabajos, hemos podido concluir que los alimentos ‘bio’ presentan mayor concentración en proteínas (tanto en alimentos de origen animal como vegetal), mayor contenido vitamínico (en frutas y verduras), mayor contenido mineral (en frutas, verduras, y alimentos en grano, como leguminosas y cereales) y mayor nivel de sustancias antioxidantes (en frutas, verduras, y en aceite de oliva)”. Estas virtudes nutricionales ayudan a mantener en nuestros organismos el equilibrio necesario para poder gozar de una salud de hierro.

UNA DIETA LOCAL

¿Y por qué debería ser local?
La necesidad de consumir productos ecológicos, frescos, de temporada y locales no sólo tiene que ver con el ahorro energético o la protección de los entornos rurales y las economías y culturas autóctonas. Hay más razones, y especialmente en el ámbito sanitario. La ciencia también está descubriendo que necesitamos alimentarnos de alimentos de temporada y locales porque los organismos vivos de los que proceden están expuestos al mismo medio que nosotros. Por tanto, esos organismos vivos, sean vegetales o animales, segregan defensas para hacer frente a las agresiones del medio. Cada vez que nos alimentamos con alimentos locales, pues, estamos absorbiendo pequeñas vacunas que consiguen que nuestro sistema inmunitario esté fuerte y seguro. Por el contrario, si insistimos en consumir productos de otros climas y de otras latitudes, nuestro sistema inmunitario recibe noticias confusas: vacunas para sistemas en los que no vivimos. Por tanto, nuestro sistema inmunitario se desequilibra y ahí está el verdadero origen de las altas tasas de alergias, asmas y otras enfermedades relacionadas con la deflagración del sistema inmunitario, patologías que se han disparado en las últimas décadas, justo con la llegada de la agroalimentación global. Las alergias y los desórdenes del sistema inmunitario están aumentando considerablemente su incidencia en todo el mundo, especialmente entre los habitantes más pobres de las urbes, que comen alimentos muy baratos y desvitalizados. Análisis de las implicaciones biológicas y sociales de tal incremento sugieren que los cambios en la producción alimentaria, transporte y consumo que tienen lugar en todo el planeta podrían estar contribuyendo a estos trastornos inmunológicos. Dado el impacto que los cambios en la dieta pueden estar teniendo en la salud humana, comprender la interacción entre el sistema inmunitario y la alimentación se ha convertido en un asunto destacado e, incluso, urgente. Nuestra inmunidad decrece al tiempo que aumenta la impunidad legal de las grandes corporaciones tecnoalimentarias. Richard A. Cone es biofísico en el Departamento de Biofísica de la Universidad de John Hopkins de Baltimore y uno de los mayores defensores de la relación entre dietas locales y sistemas inmunitarios sólidos o, por el contrario, dietas globales y sistemas inmunitarios endebles.

¿UNA MODA PASAJERA?

¿Corren el peligro lo “eco”-“bio” de convertirse en una moda pasajera?
En absoluto. Al contrario. Desde que los alimentos biológicos empezaron a comercializarse, allá en los años 70 de forma muy embrionaria y marginal, el sector no ha dejado de crecer y ha constituido una auténtica revelación para el mundo agroalimentario en general. De los primeros pasos, muy escuetos, de aquella época, se ha pasado a ser el primer país europeo en producción. Pronto llegaremos a los dos millones de hectáreas en el conjunto del estado español. Ni siquiera en estos momentos de gran crisis, el sector se ha estancado. Es mucho más móvil, vital y dinámico que los demás. Cuenta con un público muy fidelizado que no sólo mira la cuenta a la hora de elegir un producto u otro. Para la economía nacional es vital la agricultura ecológica porque representa el futuro y hay que apostar por ella decididamente. No sólo aporta beneficios para la salud y el medio ambiente, sino también para las economías locales, pues garantiza más puestos de trabajo y productos mejor remunerados.

¿Cuáles son los grandes retos a los que se enfrenta el sector?
Principalmente, de lo que se trata ahora es de que aumente el consumo interior. Somos grandes productores, pero el 80% de la producción va a parar a países como Alemania, Dinamarca, UK, Francia, etc. BioCultura hace una gran labor de promoción de las virtudes de los alimentos ecológicos, pero no es suficiente. La Administración debe hacer una apuesta sólida por este sector con una gran campaña de promoción de estos alimentos en TV, prensa, etc. Y con ayudas por activa y por pasiva. Los que contaminan deberían pagar más impuestos. Y los que regeneran la tierra deberían tener muchos más incentivos fiscales y apoyos, directos e indirectos. Es vital para el medio, para nuestra economía, para nuestra salud…

¿Cómo sensibilizar a los consumidores para que sus corazones sean "más verdes"?
Cada uno apuesta por la alimentación ecológica según sus inquietudes. Conozco personas de diferentes vías espirituales que se alimentan con productos ecológicos porque tienen claro que forma parte de su tradición espiritual, de su esencia. Es lo que he explicado en esta entrevista, al principio. A otros les interesa más su salud personal. Otros tienen una concepción más medioambientalista. Otros son defensores de los derechos de los animales… En mi opinión, la clave está en volver a lo esencial, a lo auténtico. Hay que comprender de una vez que buscar lo que es bueno para nosotros es lícito, es positivo, pero siempre que eso sea positivo también para el resto de la sociedad, para los ecosistemas, para los animales, etc. No podemos seguir como hasta ahora, con un sistema económico, productivo y social más propio de suicidas. Somos, como dijo la maestra espiritual Amma, como aquel hombre tumbado boca arriba que escupe hacia el cielo. ¿No se da cuenta de que le caerá a él mismo? Principios espirituales, morales y éticos deberían volver a ser la base de nuestra alimentación desde un punto de vista holístico. No podemos cambiar el mundo. Sería de vanidosos creer algo así. Pero lo que sí podemos hacer es cambiar lo nuestro, nuestro entorno… Y cada grano de arena cuenta.

MÁS QUE UNA FERIA

Cada vez es más urgente la implicación de las personas en un consumo responsable. ¿Es el fin principal de la feria BioCultura? A grandes rasgos, ¿qué representa BioCultura para ti?
BioCultura es mucho más que una feria en la que se compran y se venden productos o en la que los profesionales de los diferentes subsectores de este ámbito negocian o intercambian sus opiniones. En realidad, BioCultura es como una forma de vida. Una forma de vida que busca la armonía con todo aquello que nos rodea: nosotros mismos, nuestras familias, nuestra sociedad y la Naturaleza.

Se ha celebrado la XXVII edición de Madrid. ¿Cuál ha sido la evolución de la feria hasta ahora?
Al principio, los sectores más oficialistas de la sociedad nos tomaban por “locos”. Hemos demostrado en estos años que BioCultura y lo que ella representa es una alternativa fiable, viable y posible a formas de producción absolutamente destructoras y aberrantes. Primero fuimos una minoría muy pequeña. Luego, una minoría muy grande. Y pronto tendremos un peso notable en la sociedad, y administraciones y empresas no podrán seguir haciendo y deshaciendo pisando nuestra opinión. Muchos granos de arena hacen una playa. Por otro lado, pronto los sectores de ciudadanía vinculados a tradiciones espirituales como el cristianismo, el islam… van a comprender que la alimentación ecológica significa dar un paso más allá en la profundización de la espiritualidad. La alimentación ecológica, hoy, sería como un acto devocional más. Lo digo muy en serio.

CAMBIOS RADICALES

Pero, de ahí a que la agricultura ecológica sea mayoritaria, hay un trecho… ¿O no?
Hace unas décadas, nadie hubiera entendido que el Muro de Berlín podría caer en unos días. Hoy mismo, incluso, cuesta creer que en pocos años la mayoría de los automóviles serán eléctricos o tendrán fuentes energéticas alternativas a los automóviles convencionales. Posiblemente, de aquí a unas cuantas décadas, la mayoría de la energía que consuman las diferentes sociedades humanas será solar, en diversas modalidades, y, sobre todo, descentralizada. De la misma manera, la economía global actual, con sus prácticas usureras y especulativas, se desmoronará. EE.UU. tampoco será el estado con más poder en el planeta. La petroadicción caerá en picado y, por tanto, también la era química y todo lo que está ligado a ella. Entre otras cosas, la agricultura convencional. La crisis conllevará retomar sabidurías ancestrales y procesos productivos sin impactos medioambientales y mejor repartidores de la riqueza. Se producirán cambios radicales.

POR UN FUTURO ECOLÓGICO ¿PESIMISMO U OPTIMISMO?

Se muestra contundente a la hora de afirmar que la agricultura ecológica será mayoritaria en un futuro no muy lejano...
En realidad, creo que van a pasar cosas muy graves en pocos años que van a hacer que las estadísticas cambien de forma radical en muy poco tiempo y casi sin previo aviso. Se avecina un colapso energético-económico-alimentario que hará que las fórmulas de producción cambien de forma absoluta para no volver a repetir los mismos errores. Creo que la crisis climática va a acelerar procesos que jamás el hombre hubiera llevado a cabo de una forma tan rápida.

Ahí están los datos. No hace falta recurrir a los textos de los científicos más pesimistas. Las propias instituciones internacionales muestran datos muy poco esperanzadores. De cada tres americanos, dos padecerán cáncer en algún momento de su vida. Cada vez habrá más hambrunas, guerras y falta de agua potable. Los desastres climáticos se acentuarán. La población se concentrará en megalópolis. Más enfermedades mentales y más desestructuración familiar. Todas son señales de un cambio de ciclo. Al mismo tiempo, una minoría cada vez más silenciosa trabaja por un camino absolutamente inverso al de la sociedad capitalista-tecnológica. Regreso a la espiritualidad y a lo esencial, a lo pequeño, a lo artesanal, a la eco-nomía local, a la unión familiar, a las redes sociales estables… Estas sí que son sociedades sostenibles.
 
 

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