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Alberto Garzón: “Está todo tan viciado que necesitamos una segunda transición política y económica”

Es el diputado más joven del Congreso. 26 años. Y el político español más influyente en Twitter. A través de las redes sociales les cuenta a sus seguidores minuto a minuto lo que pasa en el Parlamento. Miembro de Izquierda Unida, economista, conferenciante y miembro de ATTAC, explica Economía y las claves de la actualidad política en su blog 'Pijus economicus'. Coautor de varios libros sobre las causas de la crisis y las alternativas, Alberto Garzón está poniendo en práctica otra forma de hacer política. Nos recibe en su despacho del Congreso dos días antes de las manifestaciones contra los recortes sociales convocadas para el 19 de julio.

 
-ENCABEZADO-

Alberto Garzón: “Está todo tan viciado que necesitamos una segunda transición política y económica”

Por Silvia Melero

Es el diputado más joven del Congreso. 26 años. Y el político español más influyente en Twitter. A través de las redes sociales les cuenta a sus seguidores minuto a minuto lo que pasa en el Parlamento. Miembro de Izquierda Unida, economista, conferenciante y miembro de ATTAC, explica Economía y las claves de la actualidad política en su blog 'Pijus economicus'. Coautor de varios libros sobre las causas de la crisis y las alternativas, Alberto Garzón está poniendo en práctica otra forma de hacer política. Nos recibe en su despacho del Congreso dos días antes de las manifestaciones contra los recortes sociales convocadas para el 19 de julio.

Algo está empezando a cambiar cuando policías, militares y guardia civil se suman a las movilizaciones sociales…
Es el desarrollo normal de una crisis de esta naturaleza, estamos imitando a Grecia en las políticas y, por lo tanto, vamos a tener también sus efectos sociales en las respuestas. Es importante entender que el 15-M juega un papel fundamental y los mineros han terminado por catapultar esa sensación de frustración. Esto es un bosque de hojas secas y necesitaba un chispazo. La política del PP va a ser la misma: más austeridad, más recesión, más crisis. Nos vamos a encontrar con un recrudecimiento del estallido social.

¿Cómo se puede canalizar todo ese descontento que hay en la calle para que produzca cambios reales?
Los cambios reales están demasiado mitificados, desde el punto de vista institucional, es obvio que al final se cristalizan en alguna ley, en alguna política económica del Gobierno, pero los cambios se producen siempre en primer lugar en la calle, en cada movimiento social que ha reclamado mejoras. Las demandas en la calle han modificado la cultura de la gente, la concepción del mundo que se tiene y eso es lo que está sucediendo ahora, como consecuencia de que la ideología dominante se ha caído, esa visión mitificada del mundo capitalista moderno. Se puede presionar también desde el ámbito sindical y desde el ámbito institucional a través de las elecciones.

¿Hay un divorcio insalvable entre la ciudadanía y la clase política?
Sí, es evidente según la encuesta del CIS que lo que se llama clase política está muy desprestigiada. Yo no creo que exista una clase política como tal, existen políticos de distintas clases. No soy yo lo mismo que Rajoy, no es lo mismo un diputado de Izquierda Unida, ni piensa ni actúa igual, que un diputado del PP o del PSOE. No podemos generalizar. Es normal que la gente busque un culpable: los políticos que han gobernado. Pero hay diferentes niveles de responsabilidad entre toda la clase política.

Cuándo llegó al congreso en noviembre, ¿qué fue lo que más le chocó?
Sabía que llegaba a un espacio con enormes limitaciones. Es todo muy de parafernalia, es un procedimiento democrático que no está adaptado ni a los tiempos económicos ni a los tecnológicos. Subes a la tribuna a debatir y sabes ya de antemano qué va a salir en esa votación, no hay un debate real. El papel es más el de un actor que está representando algo que el de una persona con herramientas para convencer. El formato de la democracia moderna con su disciplina de partido, el traslado de poder a otros espacios (económicos y mediáticos) hace que todo se distorsione sobre lo que debería ser un Congreso realmente, es un sistema obsoleto. Pero es útil porque estando ahí nosotros conseguimos concienciar a la ciudadanía y denunciar las políticas antisociales del Gobierno, la arquitectura de la Unión Europea y el reparto del poder, la renta y la riqueza.

Ha llegado a reclamar alguna vez en el Congreso atención y respeto a las minorías parlamentarias que representan a ciudadanos…
El propio sistema está organizado así: los diputados tienen que votar lo que les diga su partido. Salvo que sea un tema que les motive, a los diputados no les importa en absoluto lo que se está debatiendo. Casi molestan más los pocos que se quedan que los que se levantan y se van, porque se quedan a hablar, llamar por teléfono. Me ha pasado que se me acerque un diputado del PSOE y me diga que tengo toda la razón pero me ha votado en contra. En esta dinámica es comprensible que hasta los ministros, con su arrogancia, pasen también de escuchar y todo se convierta en una especie de farsa.

¿Se está vaciando de contenido el Parlamento cada vez más?
Absolutamente. Estamos en un contexto de mayoría absoluta del PP en el que tienen miedo de que haya debate democrático. No aceptan una comisión de investigación, tenemos dificultades para hacer que comparezcan y para hacer que nos respondan. Esta mañana le he hecho doce preguntas al Gobernador del Banco de España y él me ha respondido a una en un minuto y con vaguedades. No tienes ningún mecanismo democrático para obligar a que respondan. El PP bloquea todo tipo de iniciativas que nos dan espacio a la oposición.

¿Cómo sería una democracia real?
Hay muchas reformas que se pueden llevar a cabo. Cuando un partido llega al Gobierno con un programa y luego lo incumple, no pasa nada. Da la sensación de que los ciudadanos votan cada cuatro años un dictador. Alguien que no tiene unos compromisos vinculantes con lo que dijo, se instala en el poder sin rendir cuentas porque no eres penalizado aunque hagas lo contrario. Debería haber muchos más mecanismos, como plantear un referéndum en cada elemento de importancia, comisiones de investigación por la crisis financiera (como hay en la democracia estadounidense), los medios tecnológicos pueden hacer también más directa la democracia… No es sólo una cuestión de instituciones. El Estado no tiene capacidad ahora mismo porque no tiene banca pública ni grandes empresas que hagan el contrapeso a los conglomerados privados, que son los que acaban gobernando. Está todo tan viciado que necesitamos una segunda transición política y económica.

Usted está practicando otra forma de hacer política, informando en las redes sociales, compartiendo música en Spotify… ¿Se echaba en falta esa cercanía del político a la gente?
Se da por mi perfil de persona joven, conectada a Internet. Es un síntoma que esos elementos de transparencia tengan que venir por las redes sociales. Que la gente se entere de cosas importantes que pasan en el Congreso porque un diputado tiene la voluntad de informar es una deficiencia democrática. Pero si no lo cuento no se enterarían. Las redes sociales (Twitter, Facebook) tienen un alcance pero es limitado. Es una válvula de escape para los que tenemos poco espacio en los grandes medios de comunicación de mayor alcance. Espero que la gente se vaya concienciando más de que existen estos mecanismos. En mi web se pueden introducir preguntas para que yo las evalúe y las traslade al Congreso. Lo que pasa es que una democracia tiene que funcionar de una forma más estable y más formal y eso significa cambiar leyes y para cambiarlas necesitas tener el control del Parlamento. Hasta que los políticos no se den cuenta de que hay un problema democrático, no sólo económico, no vamos a avanzar.

Se cede la soberanía nacional ante los poderes económicos no elegidos democráticamente. ¿Qué margen de maniobra tiene un Gobierno para desobedecer? ¿Qué consecuencias tendría?
Lo hemos visto en Grecia. El antiguo presidente sugirió un referéndum y tuvo que dimitir por la presión de los llamados mercados y la llamada Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y FMI). Son tres instituciones muy antidemocráticas. El presidente del BCE no tiene que rendir cuentas aunque destroce la economía. Son los que tienen el poder, son el Gobierno ejecutivo en la sombra, influidos por los grupos de poder (grandes empresas, grandes bancos y grandes fortunas). Pueden dejar de financiarte, hay costes económicos. Se está construyendo una UE cada vez más antidemocrática. Se puede desobedecer pero de una forma coherente y razonable y, sobre todo, estratégica. No es algo nuevo. América Latina desobedeció los intereses de los llamados mercados, del FMI, pero de una forma articulada, que ha dado lugar a procesos de integración como el ALBA.

¿Se puede trasladar a Europa?
Grecia, Portugal y España comparten gran parte del diagnóstico de la crisis, intereses comunes. Lo deseable sería una alianza entre esos países, que se enfrenten juntos. Si la izquierda llega al poder en los tres se podría empezar a materializar eso. Desgraciadamente ahora estamos en un momento de resistencia para que no nos lleven a un orden social injusto, falto de democracia y de derechos sociales y civiles. Pero pensando que la alternativa es una unión sobre otras bases, cuando superemos la resistencia se pasará a la acción con políticas solidarias entre los países que compartimos circunstancias concretas. De esta crisis no salimos en dos días, pero podemos saber hacia dónde queremos ir.

¿Izquierda Unida es una alternativa real de Gobierno? No parece que la mayoría de la población lo perciba así…
La gente de nosotros oye hablar muy poco. En mi campaña electoral yo tenía 20 segundos al día para explicar mi programa. Nosotros tenemos un programa estable, un programa económico estudiado por economistas y unas alternativas viables y rigurosas. Podemos llegar al Gobierno y gobernar. Si bien son otro tipo de políticas, difíciles de implementar porque encuentran una oposición importante en determinados sectores con mucho poder. Estamos avanzando, explicando nuestras políticas alternativas y así lo reflejan las encuestas, vamos teniendo una creciente aceptación.

¿Pesa la idea de que todos los partidos son iguales?
Muchos políticos del PP son empresarios o tienen muchos intereses con las oligarquías empresariales. Nosotros somos diputados con otra procedencia y tenemos otro tipo de perfil: trabajadores, estudiantes, un perfil menos favorecido en términos económicos. Y los valores y la actitud ética es distinta. Cayo Lara y yo renunciamos al plan de pensiones privado del Congreso y luego lo hizo todo el grupo de IU. Todos los grupos políticos anteriores lo habían aceptado, nadie había levantado la señal de alerta de que era dinero público destinado al BBVA para que pudiera especular y darnos un fondo de pensiones privado cuando nos jubiláramos. Nos parecía indecente. Como nos parecen desproporcionados los privilegios políticos en términos de coches oficiales, número de asesores, sueldos. Lo manifestamos sin caer en el populismo de derechas, que nosotros denunciamos, porque lo que hace es criticar al elemento visible (el político, el sindicalista, el funcionario). Somos políticos distintos porque tenemos objetivos distintos y, sobre todo, una ideología distinta. La ideología incluye los valores e ideas que responden a qué modelo de sociedad queremos.

También ha habido casos de corrupción en las filas de IU.
Sí. Jugamos a un juego donde tenemos un partido que no es sólo un partido, es también un movimiento social. Es distinto a otros partidos políticos que tienen otra estructura, y a pesar de todo hemos padecido casos de imputación en casos de corrupción. La corrupción es la mayor falta de respeto, es robarle a los ciudadanos. En ese caso exigimos que la justicia actúe, ya que el partido no ha tenido los mecanismos de control apropiados para luchar contra eso. La corrupción no se puede permitir y tiene que ser denunciada. Lo deseable para evitar esto es mayor transparencia y otros mecanismos que impidan que eso pase. Pedimos al Estado que implante leyes que hagan que el dinero público sea mucho más transparente.

¿Le queda tiempo libre con tanta actividad política y militante?
(Risas) La verdad que no mucho, cuando lo tengo leo por ejemplo esto (muestra la novela Juego de Tronos en inglés). Doy prioridad a mis amigos, pero estamos en un contexto en el que hasta cuando vas con amigos hablas de política. Es una decisión que tomé, me hago responsable al 100% pero tiene costes personales, familiares, profesionales. Son costes que merece la pena asumir porque creo que, de momento, lo estamos haciendo bien, mi papel se suma al del resto de diputados de IU y estamos teniendo una aceptación de la gente que hace que merezca la pena estar aquí.

¿Sigue quedándose en casas de amigos cuando viene al Congreso a Madrid y utilizado el transporte público?
Ahora me quedo en un piso compartido con una compañera de Málaga. Me desplazo en Metro aquí y en Málaga en transporte público cuando no tengo el coche que comparto con mi hermano.

¿Cómo se ve dentro de 10 años?
Si te soy sincero no me veo ni dentro de seis meses, estamos en un contexto tan cambiante que no sabemos si las próximas elecciones van a ser dentro de tres años o de uno.

Pero ha iniciado un camino político del que será difícil desvincularse...
Bueno, yo ya era antes militante en IU. He iniciado el camino en la política institucional, pero no es algo que me preocupe. Si no estoy aquí, cuando salga intentaré volver a la universidad. Seguiré hablando de política. No veo la política como una carrera profesional sino como una herramienta de transformación social. No pretendo hacer carrera política.
 
 

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