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Manuel Milián Mestre: “Sin la tolerancia no existirían ni Europa ni la democracia”

Cofundador del Partido Popular, ex diputado, periodista y miembro fundador del diario El País, dejó el partido en el año 2000. Su reciente intervención en el programa Salvados (La Sexta) le ha proporcionado una repercusión mediática inesperada. Manuel Milián Mestre (1943) ha desarrollado su actividad profesional en Cataluña y ahora es asesor personal del presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), Juan Rosell. Nos recibe en el despacho que ocupa en la patronal cuando acude cada semana a Madrid.

 
-ENCABEZADO-

Manuel Milián Mestre: “Sin la tolerancia no existirían ni Europa ni la democracia”

Por Silvia Melero Abascal

Cofundador del Partido Popular, ex diputado, periodista y miembro fundador del diario El País, dejó el partido en el año 2000. Su reciente intervención en el programa Salvados (La Sexta) le ha proporcionado una repercusión mediática inesperada. Manuel Milián Mestre (1943) ha desarrollado su actividad profesional en Cataluña y ahora es asesor personal del presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), Juan Rosell. Nos recibe en el despacho que ocupa en la patronal cuando acude cada semana a Madrid.

No se imaginaba esa enorme repercusión de su entrevista en el programa Salvados
Me he quedado muy sorprendido. Durante la proyección ya arrasó en las redes sociales, la gente me ha mandado mensajes para que me una a Julio Anguita en un partido (risas). Conozco mucho a Anguita, hemos compartido dos legislaturas en el Congreso y éramos buenos amigos. A pesar de su comunismo (que yo nunca pongo en cuestión porque entiendo que la gente es libre para pensar como quiera) si una persona es coherente la respeto del todo y él es tan coherente que hacía unos discursos sobre la ética que yo mismo hubiera firmado.

Parece que hay una necesidad de escuchar voces críticas en el mundo de la política.
Mira, los políticos no tienen ni idea de lo que está pasando en este país. Yo tenía idea porque nunca me desvinculé del mundo del periodismo, pero la gente que está en política se abstrae, está en una torre de marfil. No se dan cuenta de que han perdido todo juicio, la opinión pública se ha divorciado de los políticos porque no aceptan ese alejamiento y esa insensibilidad. Por lo tanto, el discurso ético es un discurso que arrastra. No es el económico ni el social, desgraciadamente ahora sí empieza a haber un problema social, un discurso social y una respuesta, con el paro y con los desahucios bancarios. Estamos al borde de que aparezcan chispazos muy gordos. Antes la gente pasaba, no era consciente de la alarmante situación en la que nos estábamos metiendo.

¿En la política triunfan los oportunistas y los mediocres, como dijo? También habrá gente válida con vocación de servicio público…
Está claro que la hay, pero no es la que llega arriba. Nuestro perverso sistema político hace que la gente honesta, inteligente, que va por el servicio a la sociedad y no por su propio beneficio, sea apartada porque supone un incordio en su partido. Los partidos son aguas estancadas, no tienen mareas. Cuando aparece un pequeño oleaje ya se inquietan. Es la autocrítica que no quieren, la revisión de los propios principios y criterios de actuación, eso es incómodo. Esto es una partitocracia, una democracia pervertida, con un sistema de partidos con listas cerradas donde un señor te nombra a dedo y hay una ley electoral que hoy es bochornosa (hace 30 años quizá era necesaria).

¿Cómo debería ser la política, entonces?
La política debe servir sólo al bien común. Eso significa también justicia distributiva, el principio según santo Tomás de Aquino. Tanto en reparto de recursos como en captación de recursos fiscales hay que tener un sentido de justicia distributiva proporcional y, si no se tiene, surgen los problemas como tenemos en Cataluña. Si fallas en la redistribución de las rentas, en las ayudas a los sectores más necesitados, marginas el bien común y surgen las tensiones sociales. La política sin ética no es política.

¿Esa regeneración democrática pasa también por la necesidad de reestablecer el diálogo y el pacto con el adversario?
No hay otra salida, la sociedad es la acumulación de grupos sociales que no piensan necesariamente lo mismo. Albert Camus expresa en su obra que el entorno condiciona a las personas, su psicología y el modo de comportarse. En España tenemos tanta diversidad de costumbres, climas, tradiciones, paisajes, culturas, que conlleva dificultades de cohonestación de intereses, ni son los mismos ni se tiene la misma percepción de la realidad. Y es así. En la Transición vi que todos, desde una frontera y desde otra, desde las dos orillas del río, queríamos hacer puentes, no tirarnos piedras los unos a los otros. Había una conciencia clara de entendimiento, del desastre de la Guerra Civil, de saber que no se tenía que repetir nunca más. Fraguó en una conciencia colectiva, en la derecha y en la izquierda, de una reconciliación y a partir de ahí nos sentamos a negociar para establecer un grado de convivencia democrática en este país y se hicieron transacciones. La política es eso, un método para resolver los problemas de la gente y prever las consecuencias. Si problematizas esa convivencia, acabas en el conflicto. Ahora no hay ánimo de entendimiento.

¿Cómo vive lo que está pasando en Cataluña?
Nunca me imaginé que llegaríamos a esta situación. Soy muy catalán, tengo muy clara la conciencia de mi identidad y de mi lengua, pero nunca pensé que eso fuera objeto de un disenso tan grave como se está planteando. Es un gravísimo error, en un lado, plantearlo con tanta radicalidad y, en el otro, la falta de percepción o sensibilidad para darse cuenta de lo que es realmente el problema de la identidad catalana. Lo que me descoloca es ver en Madrid que siempre se han entendido las cosas de los vascos, pero no las de los catalanes. El catalán no es un ser extraño a la naturaleza de España y los españoles, pero viene de una cultura distinta.

¿Por qué cuesta entender la diversidad de realidades lingüísticas y culturales?
Siempre he creído que la España unitaria no ha existido nunca. España es una península mosaico, formada por diferentes pueblos con diferentes sensibilidades. Un mosaico tiene piezas radicalmente distintas, pero el conjunto es bellísimo. Eso es para mí España y eso es lo que nunca han querido entender algunas partes del colectivo español. La diferencia es un factor de riqueza y de prosperidad. No hay una cocina española, sino 17 distintas, a cada cual mejor. ¿Eso empobrece o enriquece?

¿Cataluña es el aspecto que le enfrentó a José María Aznar y le llevó a irse del PP?
Salgo del partido el día que el señor Aznar no entiende que para mí es sagrado y es un problema de conciencia defender mi identidad catalana, mi lengua catalana y la formación de mis hijos en catalán. Él me dijo que un problema de conciencia es el aborto pero no la lengua ni la identidad. Como cristiano estoy en contra del aborto, pero tampoco puedo traicionar mi identidad de origen, mi ADN.

Estuvo 30 años dedicado a la política… ¿Volvería?
No, ahora estoy muy decepcionado. Trabajé 30 años muy duro, hice todo lo que pude, tenía vocación política de verdad. Nunca gané nada más que no fuera el sueldo que me correspondía. Nunca pedí nada a mi partido y nunca me ofrecieron nada.

Como miembro de la patronal catalana Fomento del Trabajo y asesor en la CEOE, ¿piensa que la reforma laboral era necesaria?
La reforma era imprescindible, este país no aguantaba una situación así porque arruinaba a los empresarios, la única alternativa era echar el cierre: todos a la calle. Ahora con la flexibilización se ha conseguido una elasticidad para poder reducir plantilla. En política se debe aplicar la teoría del mal menor, un político tiene que saber decidir gradualmente las consecuencias. Si el mercado se te ha hundido y tienes una empresa de 100 trabajadores no puedes mantener esa estructura, necesitas reajustar la capacidad productiva, pero es mejor sacrificar 20 puestos y salvar 80.

Se socializan las pérdidas con los trabajadores pero no las ganancias…
En eso yo no estoy de acuerdo. Soy partidario del sistema económico alemán. De esta crisis se saldrá con la refundación del sistema alemán: la economía social de mercado, no la economía de libre mercado. Vamos a una búsqueda de entendimiento a través de un sistema más o menos socialdemócrata, como poco. Si eso no lo entienden, acabaremos en una revolución, este capitalismo se va a pique, no puede ser que el modelo esté en manos de banqueros, sometido al imperativo de los que han hecho barbaridades y ahora toda la sociedad tiene que estar sacrificándose para salvar a estos señores. El escándalo de las cajas de ahorro españolas no tiene nombre, tendrían que estar procesados penalmente. Este capitalismo no me sirve, por lo tanto lo inteligente es reconfigurar el modelo con fórmulas y alternativas comunes.

Usted reivindica también la Economía del Bien Común.
Es que es lo mismo, es la doctrina social de la Iglesia, la he mamado durante 50 años. Pio XII hablaba del salario justo, ahora se habla del salario reducido a la mínima expresión de la oferta y la demanda y espabílate si puedes. Ésa no es la doctrina social de la Iglesia. El salario justo es el que permite a una persona mantener a su propia familia. En la moral católica nunca se aceptó la usura, era un pecado, prestar dinero a un tipo de interés superior al 3% no era normal. Si aplicas la doctrina de santo Tomás de Aquino a lo que estamos viviendo hoy concluyes que esto es una chorizada. Especular con el dinero cuando eres el depositario te permite cierto margen, pero no esto.

Si lo que se ha hundido es el sistema de valores de Occidente, ¿cómo ha de ser esa nueva moral para salir de la crisis?
La ética, como dijeron Sócrates y Aristóteles, es la búsqueda de la felicidad, y en definitiva es lo que busca un ciudadano. Si se le obstruye ese camino, la gente vuelve a los orígenes y a los fundamentos. Y es lo que estamos viviendo ahora, una crisis en los grandes valores y el código de conducta. El discurso de la virtud, la bondad, el esfuerzo, el sacrificio, el trabajo, la honradez, es el que se aprecia.

¿Qué valores concretos son los que se han quebrado?
La autoridad. Muchos de los males que hay ahora vienen por la pérdida de autoridad. La autoridad en el sentido ético y jurídico es el predicamento de una persona. Un líder es imposible que sea líder si no emana autoridad, aunque tenga el poder, la gente se burla o lo rechaza. El segundo es el orden social. Una sociedad para que sea constructiva y se enriquezca tiene que tener un orden interno, como un hecho consensuado desde dentro, entre los afectados por la crisis, para que no venga nadie a imponer un orden desde fuera por la vía del populismo. Estamos en los albores de lo que ha sido el fascismo histórico del siglo XX. Así empezó, después de la gran crisis de 1929. Y tercero, un valor muy sólido en una sociedad es la familia porque estabiliza lo negativo. La desestructuración familiar quiebra esquemas de conducta que se heredan.

¿Es cierto que ha compuesto un libreto de ópera?
Tengo un libreto sí, lo hacía con un íntimo amigo comunista, el gran músico Carlos Santos. Es la historia de una población medieval, de cómo se configura su espíritu. Tengo la escenografía diseñada, pero para montar eso se necesitan recursos…

Igual lo que nos salvará de esta crisis es volver a la lírica, a las profundidades del ser humano…
Lo que nos sacará de esta crisis es volver a los valores del espíritu. Yo obligaría a todos los niños europeos en el colegio a visitar tres ciudades que tienen un denominador común (el espíritu): Jerusalén (el espíritu bíblico y trascendente), Atenas (el racionalista y humanista) y Roma (el orden y el gobierno). Si sumas los tres espíritus construyes el alma de los europeos. Sin una clara identidad nos vamos a pique. Esta crisis obligará a la refundación del ciudadano europeo, a la recuperación de su conciencia espiritual, de sus códigos y valores. Esto llevará de nuevo al factor fundamental de la convivencia: la tolerancia. Sin la tolerancia no existirían ni Europa ni la democracia. •
 
 

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