Mirar Por Begoña Olabarrieta

Malos tiempos para la convivencia

La crisis económica, los recortes en políticas sociales, educativas y de salud, sumados al aumento continuo del desempleo alientan la intolerancia contra los inmigrantes y las minorías étnicas; así lo concluye la Comisión Europea contra el Racismo y la Xenofobia. Son malos tiempos para la convivencia.

 
-ENCABEZADO-

Malos tiempos para la convivencia

Por Begoña Olabarrieta

La crisis económica, los recortes en políticas sociales, educativas y de salud, sumados al aumento continuo del desempleo alientan la intolerancia contra los inmigrantes y las minorías étnicas; así lo concluye la Comisión Europea contra el Racismo y la Xenofobia. Son malos tiempos para la convivencia.

El acoso del paro y los efectos de la crisis están provocando un cambio de la opinión pública ante la presencia de personas extranjeras en España, al tiempo que aumentan discursos desconfiados o excluyentes en una sociedad tradicionalmente tolerante. “Como en otras épocas y en otros países hemos llegado a la competencia por los escasos recursos, lo que lleva a las familias a pelear unas contra otras, y siempre es más fácil culpabilizar al diferente que al que es igual que nosotros”, afirma Manmen Castellano, presidenta de la Federación Andalucía Acoge, entidad que trabaja con el colectivo inmigrante desde hace más de 20 años.

Desde distintas asociaciones y observatorios dedicados a la vigilancia contra la discriminación, el racismo y la exclusión se alerta de las crecientes percepciones negativas de la población española sobre la inmigración, especialmente en el mercado laboral. Es el fin de la década prodigiosa en un país que recibía con los brazos abiertos a personas de otros países para ocupar nichos laborales que los autóctonos podían depreciar en época de bonanza económica.

Hoy las cosas han cambiado. “Hemos visto cómo ante la caída de sectores como la construcción o la hostelería una gran cantidad de población española que se ha visto en el desempleo ha vuelto a interesarse por puestos de trabajo que no habían querido ocupar durante años, como la agricultura o el empleo doméstico, y ahora los reivindican como suyos”, confirma Castellano.

Esta sustitución viene a aumentar las tasas de desempleo de la población inmigrante, pero no es un hecho nuevo. Incluso durante la bonanza económica la situación laboral de los inmigrantes, en especial procedentes de países no comunitarios, estuvo siempre marcada por un predominio de empleos en peores condiciones y cifras de paro más altas.

Sin embargo, la crisis ha aumentado la precariedad de muchos colectivos, incluyendo a los trabajadores extranjeros que ven cómo las oportunidades laborales de épocas pasadas ya no existen y cómo los autóctonos empiezan a considerarles “intrusos”.

“Los inmigrantes se encuentran entre las principales víctimas de la actual crisis económica mundial, ya que se han visto afectados de manera desproporcionada por los altos niveles de desempleo”, se asegura desde la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Las cifras son claras: la tasa de paro entre la población extranjera en países miembros se elevó al 11,9%, lo que constituye 2,7 puntos porcentuales más en que en la última década y más del doble que el de la población autóctona. Para este organismo, la explicación no está tanto en la discriminación, sino en el hecho de que se trata de un colectivo que trabaja en los sectores más golpeados por la recesión y que pertenece a los grupos más vulnerables dentro del mercado laboral, en particular los jóvenes, mujeres y gente con poca formación.

Sin embargo, las cifras hablan de poblaciones que sufren la actual situación de manera diferente. Por ejemplo, desde que comenzó la crisis la tasa de paro del colectivo africano se situó en el 39,1%, con un desempleo que afecta a casi el 50% de los residentes en España. También es alta la cifra para los extranjeros no comunitarios –a los que se suman búlgaros y rumanos–, con un 32,8%, mientras que los latinoamericanos son el grupo menos afectado, con un 28,5%.

Chivos expiatorios. El psicólogo Ali Boucharaya, especializado en atención a la población inmigrante, califica este hecho de “racismo sutil”, ya que “en momentos de crisis en los que aumenta el paro, los sectores racistas y xenófobos de la sociedad encuentran en el inmigrante un chivo expiatorio propicio para cargar la causa de sus frustraciones”. En su caso, de origen saharaui, con 33 años de residencia en España y con nacionalidad española, asegura haber sufrido situaciones de rechazo “como dejarme fuera de una convocatoria de empleo público dando por sentado que no tenía DNI atendiendo únicamente a mi nombre”.

Una coyuntura difícil que se agrava con los estados de opinión negativos y con una serie de falsos rumores que están calando en la opinión pública y que se tornan verdades en el imaginario popular para culpabilizar al colectivo de la crisis económica. “Nos quitan el trabajo” o “abusan de los servicios públicos”, son discursos recurrentes en el boca a boca, tanto entre personas individuales, como en algunas formaciones políticas.

De hecho, como se refleja en el Informe Impactos de la crisis sobre la población inmigrante, elaborado por la Organización Internacional de las Migraciones (OIM) y el colectivo Ioé, las actitudes de los españoles ante la presencia de personas extranjeras se dividen en tres grupos: un 37% de ellos rechaza la presencia de extranjeros y extranjeras, un 33% la tolera y un 30% se muestra indecisa. Es este último el que más preocupa, ya que sus posturas, dice el estudio, se acercan más hacia la de los intolerantes.

Algunos ejemplos: casi un 50% de la población española considera que la presencia de inmigrantes es excesiva, un 41% cree que reciben bastante protección por parte del Estado y otro 43% castigaría a un extranjero con la repatriación si se encuentra en una situación de paro de larga duración.

El caso griego. Pero a pesar de esas percepciones negativas, la población española está lejos de la corriente de intolerancia que se da en Europa. Un claro ejemplo es el de Grecia, también fuertemente afectada por la crisis, donde un 76% de la población considera que la llegada de personas de otros países ha contribuido a que el país sea un lugar peor para vivir, según lo muestra la Encuesta Social Europea. En España, el porcentaje que lo cree así es del 30%, frente a un 39% que reconoce las aportaciones de la población inmigrada al desarrollo del país. Además, según el informe Raxen 2010 del Movimiento contra la Intolerancia, sólo un 3% de los españoles cree que un partido de ideología racista o xenófobo tendría mucha aceptación.

Sin embargo, “si los discursos políticos y mediáticos siguen en la línea de los últimos 2 ó 3 años podemos llegar a la situación de Grecia”, alerta la presidenta de Andalucía Acoge, para la que “los gobiernos están errando y trabajando demasiado por el control de fronteras y poco por la convivencia y la integración”.

Los efectos de la gestión del hecho migratorio por parte de las administraciones públicas también son una clave determinante para el abogado experto en Extranjería Edileny Tome da Mata, que trabaja atendiendo al colectivo inmigrante. “La mala convivencia no se debe simplemente a la crisis, sino al reconocimiento, respeto y aceptación de aspectos culturales de individuos y grupos poblacionales migrantes. Creo que los fundamentos de las políticas migratorias española y europea, basados en los aspectos laborales en detrimento de los aspectos humano y cultural no ayuda en absoluto a cambios sustanciales en la materia”, comenta.

Una visión utilitarista de la inmigración que ahora lleva a considerarles “prescindibles”. “Nunca tenemos que olvidar que las personas son algo más que meros trabajadores y trabajadoras, es decir, mano de obra, detrás de cada mujer y hombre que han llegado a nuestro país hay un proyecto migratorio que engloba a una familia, unos hijos, la educación de los mismos, la salud de sus mayores,…”.

Apuesta por la convivencia. En lo que todos los expertos parecen coincidir es en que si la crisis se prolonga las cosas pueden empeorar y los recortes en programas de intervención y de mediación intercultural no van a colaborar a mejorar la situación. Para la presidenta de Andalucía Acoge la apuesta por la convivencia tiene dos niveles. En el ámbito de los políticos y de los poderes públicos “es importante que no trasladen mensajes de miedo, ni que culpabilicen de la situación en la que vivimos a determinados colectivos”. Desde el papel como ciudadanos y ciudadanas, “no podemos dar la callada por respuesta a las situaciones que vivimos en el día a día. Si estamos en un centro de salud y alguien se queja de que la Sanidad está colapsada por los inmigrantes, no podemos callarnos, tenemos que contestar, tenemos que informarnos, formarnos y sobre todo no cerrar los ojos ante las injusticias. Tenemos que unirnos, trabajar unos junto a otros, para que haya derecho a la diferencia, pero no diferencias de derechos”, concluye. •


Cuatro ámbitos de discriminación
Manmen Castellano, presidenta de la Federación Andalucía Acoge, asegura que desde su trabajo diario se detectan una serie de problemas que afectan a la población inmigrante:
En el ámbito sanitario, “ya veníamos detectando desde hace años que desde algunos centros de salud se denegaba la atención a las personas inmigrantes y esto ha venido a respaldarse con la aprobación del Real Decreto 16/2012 en este año”. A pesar de que algunas comunidades autónomas se han manifestado en contra, “no acabamos de ver esa voluntad política y se siguen produciendo situaciones de discriminación”.
En el ámbito educativo, “vemos cómo se discrimina por la situación administrativa a niños en las plazas de guardería o en los comedores de los colegios, en muchos casos, recurriendo a la situación económica para ello”.
En el ámbito de los Servicios Sociales, “hemos visto desaparecer prácticamente los servicios especializados. En el caso de la población inmigrante y en concreto de la que necesita regularizar su situación, esto puede llevar un retraso de casi un año en conseguir el informe de arraigo para poder tramitar los permisos de residencia y trabajo”.
En el ámbito laboral, “se siguen dejando a estas personas para puestos que no deseamos y se siguen produciendo abusos y en especial en el sector del empleo doméstico. A pesar de la aprobación de la nueva normativa que intenta equipararlo al régimen general, nos hemos encontrado en el día a día con que siguen existiendo situaciones de semi esclavitud, donde no se respetan los días de descanso, los salarios establecidos o las horas de trabajo”.

Falsos rumores sobre inmigración

“Hay demasiados inmigrantes”
Un 46% de los españoles cree que “hay demasiados inmigrantes”, pero la realidad es que creemos que hay más de los que son realmente. El Informe sobre las Migraciones en el Mundo 2011, de la OIM, realizado en 8 países reveló que en todos ellos los encuestados se inclinaban a sobrevalorar considerablemente el volumen de la población inmigrante. En el caso español, la población autóctona cree que el 21% de la población es inmigrante, pero representan el 12,10%.

Bajan los salarios
Es habitual oír que la precariedad salarial se debe a que las personas inmigrantes están dispuestas a trabajar por menos sueldo que las autóctonas. La realidad es que los españoles siguen recibiendo más salario que las personas inmigrantes por trabajos similares. Según la OIM, la diferencia entre autóctonos y extranjeros residentes se ha ampliado con la crisis económica, ya que mientras que el salario medio de los primeros aumentó un 0,8%, la de los segundos se redujo un 10,6%. En general los inmigrantes ganan un 35,7% menos que los españoles, excepto en el caso de los puestos ocupados por personas procedentes de la UE y para trabajos altamente cualificados. Podemos buscar la razón de la actual bajada de salarios en la explicación del Banco Central Europeo (BCE) que en agosto de 2012 recomendaba “una bajada de costes laborales unitarios y de los excesivos márgenes de beneficios, es decir bajada de sueldos, en países con alto índice de paro”.

Saturan los servicios sanitarios
Existe una falsa percepción de que los inmigrantes saturan la Sanidad y que abusan de los servicios de atención primaria y de las urgencias. La realidad es que consultan un 7% menos al médico de cabecera que los españoles. Además, como se afirma en el Informe Integración y Estado del Bienestar, de la Obra Social la Caixa, en el caso de los médicos especialistas la diferencia es mayor, la población inmigrante los visita un 16,5% menos que los autóctonos. Una de las razones de esta diferencia es que se trata de un colectivo joven, por lo que presentan menos incidencia de enfermedades. Si nos fijamos en el gasto farmacéutico tampoco podemos hablar de abuso: su consumo de fármacos es un 41% menor que de de la población autóctona. En el caso de los que están en situación irregular, tampoco se puede hablar de sobrecoste para el sistema sanitario: suponen tan sólo un 0,6% de todas las consultas de Atención Primaria, un 2% en el caso de las Urgencias y un 7% de los partos.

Reciben más ayudas públicas
Más de la mitad de los españoles cree que los inmigrantes reciben más ayudas por parte de las administraciones públicas que los autóctonos, como reflejan los informes de Oberaxe. La realidad es que las personas inmigrantes aportan al Estado de Bienestar en España más de lo que reciben. Según la Obra Social la Caixa, representan menos del 1% de los perceptores de pensiones, sólo un 6,8% de las intervenciones de servicios sociales se dirigen a ellos y son el 11,2% de los receptores de Rentas Mínimas de Inserción. Además la nacionalidad no es un factor que se tenga en cuenta a la hora de solicitar alguna prestación, servicio social u otra ayuda. En estos casos se fijan requisitos que tienen que ver con la situación social, familiar, económica, etc. Por el contrario, los inmigrantes representan el 10% del total de las cotizaciones a la Seguridad Social, unas contribuciones que son un importante factor dinamizador de la economía: el 50% del superávit alcanzado por las finanzas públicas en los años de mayor crecimiento de la economía correspondió a las aportaciones de los inmigrantes.

Los chinos no pagan impuestos
Es el falso rumor más extendido ante la proliferación de negocios regentados por personas de esa nacionalidad. La realidad es que las personas chinas, o de cualquier otro origen, que permanezcan dentro del territorio español más de 185 días tienen la obligación de pagar sus impuestos aquí, así lo determina el artículo 8 de la Ley del IRPF. La única exención es la que permite no pagar el Impuesto de Actividades Económicas durante los dos primeros años, algo que es igual para todos, sean chinos, españoles o de cualquier otra nacionalidad. Es cierto que en el caso de grandes empresas y sociedades transnacionales existe un acuerdo con China y con otros países como Alemania o Portugal, para evitar que se paguen impuestos dos veces. Por ejemplo, una empresa española asentada en China elegirá si paga sus impuestos en España o si lo hace en aquel país, para evitar lo que se llama doble imposición, pero está obligada a pagar en uno u otro país.

JUAN CARLOS GÓMEZ
Colombiano, 11 años en España

“MÁS QUE DISCRIMINACIÓN LO QUE HAY ES UN PROBLEMA SOCIAL”

“La crisis nos ha enseñado a no generalizar”, comenta Juan Carlos, “aunque es verdad que no falta quien piense que nosotros quitamos trabajo o que exprimimos la sanidad pública, pero yo siempre digo que a palabras necias, oídos sordos”.
Lleva 11 años en España y considera que los españoles son muy hospitalarios, quieren y valoran sus costumbres y comparten sus fiestas con la gente en general. “Otra cosa es que nosotros los inmigrantes a veces seamos herméticos en dar y recibir”, dice al tiempo que reconoce que pese a todo “siempre hay situaciones aisladas donde la falta de tolerancia crea conflictos de convivencia”.
Su entrada en nuestro país fue buena, como él mismo comenta: “A mi llegada tuve suerte de tener gente que me recibió y que me dio cariño y apoyo, sé que es importante dar y adaptarse, pero también sé muy bien que no todos tienen las facilidades que yo he tenido, la discriminación es también como tú respondes a ella”.
Desde su punto de vista lo que está ocurriendo en la actualidad es que en algunos sectores, como la agricultura por ejemplo, son muchos los españoles que han tenido que ocupar trabajos que antes hacían los inmigrantes, lo que ha llevado a que muchos se vean en paro. “Además, las políticas de inmigración son insuficientes en pro del inmigrante, y si a eso le agregamos la saturación de las redes caritativas y solidarias, más que discriminación nos encontramos con un problema social”, afirma.
Mirando en su entorno Juan Carlos afirma que “la gente es más crítica con la gestión de los políticos y su reprochable tarea administrativa, que con la población inmigrante. El gobierno tiene la responsabilidad de escucharnos, el 12% de la población en España es inmigrante, eso sin contar los irregulares, pero ahora ellos están ocupados con lo que les llueve, ahí sí soy pesimista”.

George Mendy,
Gambiano, 5 años en España

“Me siento discriminado cuando la policía me para porque soy negro”

George Mendy trabaja en el campo, uno de los sectores más castigados por la crisis y al que empiezan a retornar los españoles que durante años no lo veían interesante. “La crisis es tremenda pero tenemos que aguantarla y vivía día a día”, afirma este gambiano que dejó su país natal a los 17 años y que combina su trabajo con los estudios; este año ha empezado el Grado medio de Sistemas Microinformáticos y Redes, al tiempo que colabora como voluntario dando clases de informática a otros inmigrantes.
George es el ejemplo del éxito en el proyecto migratorio: habla perfectamente español, tiene sus papeles en regla y, sobre todo, ha conseguido el sueño por el que emigró de su país, tener un trabajo que le permita seguir estudiando.
Los principios no fueron fáciles, pero “gracias a Dios hoy todo es diferente, ahora tengo muchos amigos españoles y de otras nacionalidades que me animan en los momentos en los que echo de menos a la familia y a los amigos que dejé atrás en Gambia”. Es como cualquier chaval de su edad, le gusta el fútbol, la música y salir con sus amigos. Pese a esa normalidad, George se queja de que los españoles piensan que “los inmigrantes somos de una clase inferior, que no sabemos mucho”, una forma de discriminación generalizada al pensar que las personas que llegan a España no han estudiado o que no tienen experiencia laboral previa.
Pero sin duda la mayor discriminación que ha sufrido viene determinada por el color de su piel. “Me siento discriminado cuando la policía me para y empieza a preguntarme por la documentación simplemente porque soy negro”, comenta, convencido de que las cosas mejorarán con un poco de esfuerzo de “las personas de buena voluntad”.

Antonio Liu Yang
Chino, 20 años en España

“CRECÍ EN ESTA SOCIEDAD Y JAMÁS ME HE SENTIDO RECHAZADO”

Antonio Liu asegura que su día a día y su trabajo como empresario no se han visto afectados por la actual coyuntura económica y social. “Al revés, hay personas de confianza que me han felicitado por haber trabajado de forma constante y saber aguantar la crisis como lo estamos haciendo”, dice. Es lo que el presidente de una cadena de supermercados española denominó “la cultura del esfuerzo”, según la cual “los empresarios chinos sacrifican su vida personal por trabajar”, confirma Liu.
Liú creció en España y nunca se ha sentido rechazado. “Tengo amigos de todos los colores y nos hemos sabido integrar muy bien aquí, por eso mi situación personal y social es diferente”, dice convencido de que lejos de ser una traba “ser diferente hoy en día es una ventaja”.
Para este conocedor de la comunidad china en España, “la crisis nos ha hecho más humildes a todos, ahora cualquier cliente es bueno y cualquier persona nos puede aportar algo”. En su caso le ha valido para conocer empresarios que han venido en busca de mi ayuda, algo que en otros tiempos no hubiera pasado”.
No habla de discriminación en el entorno laboral, “todo dependerá de las condiciones de cada uno, no por ser de fuera o de dentro hará peor o mejor su trabajo, pero es lógico que las personas que cuentan con una red de contactos consolidados tengan más ventajas que los recién llegados que no la poseen”.
Otra cosa diferente son los falsos mitos que circulan alrededor de la comunidad china, desde que no pagan impuestos a cuestionar qué ocurre con las personas de esa nacionalidad que fallecen en nuestro país. “Hay gente que se cree todo lo que oye y se niega a ver más allá de los rumores que circulan por ahí, sólo pensar un poco se darían cuenta que no tienen ni pies ni cabeza”, concluye.

Gabriela Stan
Rumana, 9 años en España

“He vivido la peor situación de rechazo; acoso escolar a mi hijo por ser rumano”

Gabriela Stan no duda al opinar sobre la situación de la población inmigrante en España en estos momentos. “Esta crisis va a empeorar la convivencia, porque nos preocupamos mucho de la economía, pero hacemos poco caso a la pérdida de derechos y de valores que sufrimos que, probablemente, es más honda y más destructiva. Hemos retrocedido mínimo 20 años”.
Pertenece a uno de los colectivos de inmigrantes más denostados por la población autóctona, los rumanos, un hecho que le ha llevado a vivir, como ella misma lo define, “la peor de las situaciones de rechazo para una madre”: su hijo sufrió acoso escolar por el hecho de haber nacido en Rumanía. Pero no es la única experiencia propia o ajena que conoce. Su labor como mediadora intercultural le ha llevado a encontrarse “con la situación de rechazo a las personas por su condición de inmigrantes o extranjeras, o por sus creencias, en especial a los gitanos y los marroquíes”.
Muy cercano tiene el caso de una amiga suya que, “después de insistir mucho ha hecho un curso de formación y lo ha terminado con unos resultados muy altos. Al final, han elegido otras personas para trabajar y le han dicho directamente que ella era mejor profesional pero que las otras eran españolas”.

Gabriela no vaticina buenos momentos para la convivencia. “Sinceramente creo que ha aumentado el rechazo a los inmigrantes entre la población española pobre, debido al discurso de algunos partidos políticos de que los inmigrantes están accediendo a recursos sociales que deberían ser solo para los autóctonos. Y creo que esto va a aumentar en los siguientes años, al tiempo que se disminuye el trabajo de mediación e integración. Puede que dentro de unos años (o más rápido de lo que pensamos) nos encontremos con situaciones explosivas como las que ocurrieron en Francia”.




 
 

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