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Julio Anguita: “Hoy la política tiene que ser, más que nunca, discurso profético”

Un problema de salud le hizo alejarse de la política institucional tras haber sido alcalde, secretario general del PCE y coordinador general de Izquierda Unida. Regresó a las aulas para retomar su labor como maestro, renunciando también a la pensión vitalicia de ex diputado. Su pensamiento está recogido en libros como Combates de este tiempo, A la izquierda de lo posible o Conversaciones sobre la III República. Convencido de la necesidad de la acción ciudadana, impulsa la iniciativa Frente Cívico Somos Mayoría. Julio Anguita (Fuengirola, 1941) nos cita en un café cerca de su casa, en su barrio cordobés de siempre, para hablar de sus tres pasiones: la docencia, la política y la historia.

 
-ENCABEZADO-

Julio Anguita: “Hoy la política tiene que ser, más que nunca, discurso profético”

Por Silvia Melero Abascal

Un problema de salud le hizo alejarse de la política institucional tras haber sido alcalde, secretario general del PCE y coordinador general de Izquierda Unida. Regresó a las aulas para retomar su labor como maestro, renunciando también a la pensión vitalicia de ex diputado. Su pensamiento está recogido en libros como Combates de este tiempo, A la izquierda de lo posible o Conversaciones sobre la III República. Convencido de la necesidad de la acción ciudadana, impulsa la iniciativa Frente Cívico Somos Mayoría. Julio Anguita (Fuengirola, 1941) nos cita en un café cerca de su casa, en su barrio cordobés de siempre, para hablar de sus tres pasiones: la docencia, la política y la historia.

¿Uno nunca se jubila de la política y el compromiso social?
No, porque esto es una apuesta. Una vez le dije a alguien de mi partido que era cristiano de base: “Vosotros creéis lo que no véis”. Y me contestó: “No, la fe es apostar por”. No lo olvidé nunca. Yo apuesto por. La apuesta sigue siendo necesaria porque es el impulso hacia una transformación. Es la búsqueda del reino, utlizo una expresión de Jacques Monod, que no era creyente, pero que liga muy bien con el reino evangélico. No hay que bajar la guardia, es un camino de superación. Al reino nunca se llega, pero se entra en parcelas de igualdad.

Dice que estamos en un Estado de excepción. ¿Hay conciencia de lo que pasa?
No, por varias razones. Para empezar, los medios de comunicación y sus frivolidades. Lo que importa es alcanzar la cuota de pantalla y se dice que eso es lo que la gente quiere. Han conseguido meterle a la gente varias ideas: ya no hay empresarios sino emprendedores, no hay habitantes sino consumidores. Se habla de la prima de riesgo como si eso sirviera de algo. Es un velo que impide ver. Nos hemos engolfado en un consumismo y un hedonismo barato. Hemos admitido los valores dominantes hoy en día, y en eso tenemos responsabilidad en la izquierda, hemos retrocedido.

Y denuncia el miedo a pensar…
Esto sí se lo imputo a la Iglesia católica del siglo XVII y XVIII. El catolicismo español, que fue el brazo de Trento, significó una remodelación del pensamiento. Era llevadero, no requería grandes demostraciones: no te preocupes, te puedes salvar. Además entre Dios y tú hay un señor que tiene la facultad de atar y desatar. Pero eso sí, dos cosas: ni te cuestiones mi poder ni te atrevas a pensar por tu cuenta. Eso, que acuñó la Contrarreforma donde la Iglesia católica institucional y el poder político (monarquía) iban unidos, ha ido a lo largo de los siglos concretando un pueblo que, en general, tiene miedo a pensar. Es el “yo no quiero saber nada”. Franco cogió esa herencia y la sistematizó. Estamos encadenados. Es un país capaz de ponerse delante de un toro, pero de un libro echa a correr. El miedo es una venda que nos impide ver.

Sí se ha caído la venda del sistema democrático. ¿Hacia dónde conduce el discurso de no creer en la política?
Es la simplicación: no creo en la política porque entonces tengo que pensar. No todos los políticos son iguales. Mucha gente me decía: “Usted es distinto, pero no le voto”. De acuerdo, vote sus ideas. “No, yo no tengo ideas políticas”. Eso no es cierto. La gente tiene ideas políticas y valores, pero se avengüenza de decirlos. Este pueblo nunca ha tenido en su historia la capacidad de expresarse tal cual es y cuando lo ha hecho la han cercenado. Por eso si intentas explicar que no se queden en el insulto a Rajoy sino que vean que actúa siguiendo su lógica, sus valores y su ideología, no quieren hacer ese ejercicio mental. El miedo ha contaminado a las direcciones de las fuerzas políticas, los medios de comunicación, la universidad…

¿Reniega del sistema de partidos del que usted también formó parte?
Sí. En el penúltimo libro que he publicado hay un artículo que escribí en 1977 donde ataco la Transición. Entonces yo era un dirigente de partido provincial. Cuando llegué a ser Secretario General tuve documentos, evidencias, y en mi trayectora en la dirección del PC hay una autocrítica, una confesión de pedir perdón por nuestra labor en la Transición y en la apuesta republicana. Por una parte fue un pacto ruin. La causa de lo que pasa hoy está en la Transición. Fue un ejercicio de credulidad cuasi delictivo.

Desde el Frente Cívico Somos Mayoría buscan unir fuerzas ciudadanas, lo mismo que piden Convocatoria Cívica o el Proceso Constituyente. ¿Por qué cuesta tanto esa unión?
Hay otra cosa muy nuestra, sobre todo en la izquierda (cuando hablo de izquierda no me refiero a carné de partidos, es un mundo mucho más amplio) y es que somos narcisistas y, por tanto, tenemos la tentación pequeño burguesa de figurar en el cuadro con la bandera. La revolución no es sólo un cambio en las relaciones de poder sino un cambio personal. En Frente Cívico siempre estoy recomendando el contacto con los demás, no somos distintos. Tenemos que trabajar renunciando al protagonismo por la unidad de todos. Discutir ideas y no quién está.

No estará en la directiva de Frente Cívico. ¿Es difícil dejar el poder?
Es facilísimo. Para quien ha estado en primera línea (y terminé cansado de ser el responsable, dar la cara, medir mis palabras) es una liberación. Me fui y cambié de trinchera pero no de lucha. Yo soy político hasta el tuétano. El problema no se resuelve con unas elecciones, es mucho mayor, sólo lo puede solucionar la ciudadanía.

Que usted renunciara a su pensión de diputado asombró.
El político se explica con su ejemplo en lo cotidiano, no en la parafernalia de las instituciones. Los políticos no tenemos vida privada, sí vida íntima (a la alcoba no se entra). En Córdoba la gente sabe de qué vivo. Soy un jubilado, casado con una profesora, tengo un hijo en paro, de vez en cuando hago algún artículo, alguna charla en la universidad, saben mi actitud con mis hijos, con mi mujer. Pero la política se ha convertido en una profesión y nunca puede serlo. Estoy en política porque tengo ideas y quiero cambiar el mundo. La hemos transformado en un mundo de casta, con su jerga propia. No me gusta la expresión clase política pero tengo que reconocer que se ha caído en ello.

¿Cómo fue la vuelta a las aulas?
Encontré la clase como si nunca me hubiera ido. Me costó adaptarme a las cuestiones técnicas y burocráticas pero no a la relación con el alumno. Yo en la política he sido también muy didáctico, la enseñanza es una de mis pasiones.

¿Es necesario hacer más pedagogía política?
La política siempre es pedagogía, pero hoy lo que hay es confusión. “Si me votáis bajaré los impuestos”. He tardado dos segundos y a la gente le gusta. Pero si explico qué implica, qué impuestos, a quién, qué recortes de gastos va a suponer, para eso ya tardo 10 minutos. Y como estamos en una civilización que consume con voracidad y tira rápido (porque no tiene pasado ni futuro, sólo un eterno presente) el discurso pierde frente al que tarda un segundo. Hoy son consignas, imágenes. La muerte del discurso es la muerte de la cultura y la política. El discurso es el proceso de pensamiento, la concatenación de juicios y valores, el lenguaje que necesita hacerse más flexible.

¿Y la responsabilidad ciudadana?
La gente tiene su parte de responsabilidad, prefiere seguir cooperando con los políticos corruptos. Sabe que hay políticos que no son corruptos, pero se dice que todos lo son porque así justificas tus propias corruptelas, pequeñas, pero también corruptelas

¿Le sorprende que cada día nos enteremos de un nuevo caso de corrupción?
La corrupción es el alma del régimen de la Transición. Los tres poderes del Estado están atravesados por corrupción, las más altas magistraturas del Estado también y el pensamiento está corrupto. ¿Qué es más importante: los derechos y deberes humanos o el mercado? En eso no quieren entrar nunca. Para mí el mercado se tiene que someter a los derechos humanos, pero ahora el mercado es el ideario. Éste es el gran salto revolucionario: al mercado se le dan órdenes desde los poderes públicos. Te guste o no te guste, ahí no caben medias tintas. Con el salario de una persona, con el derecho a la vivienda no se juega.

¿Qué hace corrupto al ser humano?
La existencia es un azar del cosmos. Uno de mis libros de cabecera es El azar y la necesidad, de Jacques Monod. Tenemos toda una pulsión del mundo animal, queremos poseer lo que tiene el otro. Pero tenemos también la necesidad, si no queremos matarnos unos a otros, de buscar una superación. Las religiones lo han intentado, los derechos humanos, la dignidad humana (que permite escapar de la naturaleza animal). Somos hijos de una educación pero nos salta la tentación, el deseo, el impulso. La salida es tirar hacia los ideales. No todos, hay ideales manifiestamente atacables, como el racismo. Yo no acepto que todas las ideas son respetables.

Usted ha sido también incómodo…
Nunca he tenido un papel cómodo, tampoco como docente. Mi alumnos empiezan odiándome pero terminan queriéndome. Yo vengo a trabajar, pero ellos también. Para eso el Estado proporciona una educación con el dinero de todos. Hay que hablar de deberes, se ha hablado demasiado de derechos. La construcción del socialismo no es sólo destruir el sistema actual sino ir construyendo otro con otros valores. El político tiene que tener una posición profética. Los profetas eran gente que pensaba, meditaba en el desierto y, claro, veían más allá, se lo decían a los demás y les apedreaban. Hoy la política tiene que ser más que nunca discurso profético.

Ha de ser complicado gobernar desde la élite cuando no se tiene un hijo en paro, una vecina desahuciada o una abuela que no puede pagar las medicinas.
Cuando se está en esas esferas y no se conoce la calle está uno como Puyi, el gobernador de China, aislado en La Ciudad Prohibida. Para ellos es normal tener dietas, primas, sueldos desorbitados. El problema es que la sociedad lo ve normal, como ve normal que un señor que le da patadas a un balón gane una millonada. ¿Le queremos meter mano a esto? Entonces aquí hay que hablar de cosas feas: salarios mínimos y máximos, reparto del trabajo, vivir de otra manera, no hay otra salida. Hay que convencer desde el ejemplo. Pero la gente falsifica: “Es que tú eres distinto”. Así se excusan, al idealizarte y sacarte del común de los mortales, entonces se justifican: “Yo no puedo hacerlo”. Es una trampa. Hay que decirle a la gente sus contradicciones.

En 1985 defendía un modelo urbanístico sostenible, en 1995 denunciaba el Tratado de Maastrich y las desigualdades que traería. ¿Vivimos la crónica de una muerte anunciada?
El pueblo español ha sido abducido con el rapto democrático. Llega la democracia y con eso se van a solucionar todos los problemas. Era el año 1977 y en la Plaza de la Corredera de Córdoba dije: “La democracia significa que vamos a poder luchar sin que nos persigan como hasta ahora, pero hay que seguir luchando. Sólo es un marco”. El otro rapto ha sido Europa. ATTAC e IU mantuvimos esa actitud porque estudiamos qué era el Tratado de Maastrich. ¿Cómo se podía aprobar que los Gobiernos ya no pueden acudir a sus Bancos Centrales a pedir préstamos y deban acudir a la banca? Pues se aprobó. Incluso para pedir el sí a la Constitución Europea en la campaña en Andalucía salían Los del Río (los de Macarena) diciendo a su pueblo: “Nosotros no la hemos leído, por eso la vamos a votar”. Así estamos. Todo era discurso simple: Europa era el Dorado. Hemos vivido la alegría de Europa también sin pensar.

¿Se puede luchar contra las medidas de la Troika? Parece que ha triunfado el discurso “manda Europa y obedecemos”.
Los Gobiernos que dicen que manda Europa son los que han conformado esa voluntad, ellos solitos se han puesto el yugo, son culpables. En este desastre PP y PSOE son exactamente iguales. Este juego del bipartidismo para que la gente crea que hay realmente dos opciones hace muchos años que lo hemos denunciado. Este país ha sido raptado y ahora no tiene ni rebeldía. No sé qué va a pasar en unos años, cuando se mueran los abuelos, los padres que mantienen esa economía familiar de emergencia. Los que nos educamos en una España muy dura valoramos lo que tenemos porque lo ganamos. En 1995 James Petras presenta su informe en el CSIC y dice cosas terroríficas como que estamos ante la primera generación que va a vivir peor que sus padres, y son jóvenes no educados en el sacrificio y la rebeldía.

¿El contrapeso del eje Lisboa-Madrid-Roma-Atenas es factible?
Lo estoy dicendo desde hace 20 años. El Mediterráneo tiene que articular un frente de defensa de una identidad cultural y económica. En el fondo subyace la vieja división de católicos y protestantes, pero no voy por el tramo religioso. En la raiz profunda del pensamiento económico el luteranismo y el catolicismo arrastran históricamente dos visiones. El Mediterráneo es Zeus (vividor, con los pecados de los seres humanos) y los países protestantes son Thor, dios del trueno, duro. El catolicismo se asienta en la base del latifundio pero permite vivir. Es otra visión de la vida. Cuando digo católico no me refiero al Vaticano, sino a la tradición cultural que vino de Grecia y Roma que luego cogió la Iglesia. Hay que trabajar para vivir. Pero el discurso protestante luterano es la enajenación en producir y producir. Si ponemos en cuestión la eurozona, tiene que ser desde un frente de gran unidad.

Ante el drama del desempleo, ¿cuál está siendo el papel de la clase empresarial?
No hay mayor alabanza hacia el empresario capitalista que El Manifiesto Comunista de Marx y Engels cuando dice que la burguesía fue revolucionaria, consiguió transformar las cosas, revolucionar los procesos de producción. Es verdad, lo fue pero luego pierde fuelle. Tanto que el economista capitalista Joseph Alois Schumpeter dijo en los años 50 que el capitalismo moriría de éxito. Así es, está muriendo de éxito. El empresario invierte para ganar dinero, vale, pero tiene que haber un beneficio colateral. Dice que ganando dinero contribuye a la economía y crea puestos de trabajo, pero es mentira, no los crea. Se ha pervertido el lenguaje. Si mañana el empresario no está en la fábrica, funcionará sin él. Pero sin trabajadores la fábrica no funciona, lo que pasa es que el trabajador no se lo cree. Se dice que te dan un salario y no: a cambio de tu trabajo te dan un salario. Hemos ido modelando la mentalidad servil del esclavo que alaba al carcelero. Es la cárcel perfecta: el reo no quiere salir de la celda. Algo que es un derecho, como el trabajo, no puede ser un privilegio.

¿En qué sectores se puede crear empleo?
Hay tres yacimientos de empleo (para empezar): el sector ecológico, la sanidad y la educación. Yo soy amante de lo publico pero para eso hay que invertir recursos, presupuesto (impuestos) en sanidad y educación, nada de privatizar. En lo ecológico, quitar matojos para evitar incendios, agricultura, energías renovables o hablar de la obsolescencia programada, como hice en los años 90, se rieron de mí en el Congreso. “Cosas de este chalado”. Pero este chalado había leído.

¿Confía en ver otro modelo social y económico?
Lo deseo, pero de seguir así no lo veré. No sé si mañana, porque la historia es caprichosa, ante cualquier nimiedad esto estalla con la gota que colma el vaso.

¿Es necesario ese estallido?
Sí. Por eso hablo de la desobediencia civil. Es un acto de rebeldía canalizada. Con los rebeldes sin causa no quiero nada. La desobediencia civil, inspirada en Gandhi, es un acto de ruptura serena con el orden existente. Es duro, pero estoy esperando que me digan si hay otro camino porque yo no lo veo.

¿Qué le diría a quien se siente pequeño, un granito de arena, y cree que no se puede hacer nada?
Que hay muchos granitos de arena. Si no renuncia se puede juntar a otro granito de arena, aunque sea para ver documentales en Internet y escuchar a economistas como Viçens Navarro, Juan Torres, Martín Seco. Que acepte la misión de ser una especie de bacteria que vaya laminando el sistema. Qué cosa tan modesta: dentro de tu esfera de influencia cercana, tus amigos, tu familia, ser alguien que provoque la subversión. La subversión es limar sistemas, socavarlos aunque sea lento. Mientras acabas con el sistema, preparar la alternativa (cooperativas, economía social). Para eso hay que tener fe, creer que se puede llegar. •

Más en el blog Esta boca es mía, de Silvia Melero Abascal.
 
 

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