Vivir Silvia Melero Abascal

“El verdadero amor surge del encuentro entre dos enteros y no de la unión de dos mitades”

A través de las páginas de 'Cómplices', la autora invita a experimentar nuevas relaciones de pareja lejos de las dependencias tóxicas. Propone aprender a amar desde una transformación integral para lograr la plenitud y la armonía.

 
-ENCABEZADO-

“El verdadero amor surge del encuentro entre dos enteros y no de la unión de dos mitades”

Entrevista a Miriam Subirana

A través de las páginas de 'Cómplices', la autora invita a experimentar nuevas relaciones de pareja lejos de las dependencias tóxicas. Propone aprender a amar desde una transformación integral para lograr la plenitud y la armonía.

La incorporación de la mujer a posiciones de autoridad implica cambios que nos obligan a buscar nuevos equilibrios en las relaciones de pareja y en la familia. Miriam Subirana analiza en su libro 'Cómplices, más allá de las relaciones de dependencia' (editorial Integral), factores como la incomprensión, la masculinidad tóxica, la necesidad emocional dependiente o el lastre social y cultural que limita nuestro potencial interior. Pero, sobre todo, abre una ventana hacia el encuentro, con varios caminos para alcanzar relaciones plenas: aprender a relacionarnos sin dañarnos, amarnos sin atarnos, ser cómplices preservando nuestra identidad original y experimentar la unidad respetando la diferencia.

La autora de libros como Quién manda en tu vida. Reflexiones sobre la soberanía personal, ha vendido más de 230.000 ejemplares de sus obras. Pintora y profesora de meditación, dirige en la actualidad el centro de creatividad, coaching y espiritualidad Yesouisi.

¿De dónde viene este desencuentro entre hombres y mujeres? De siglos de liderazgo patriarcal. Pero no siempre fue así, en la Antigüedad, las figuras que representaban a las diosas tenían el mismo tamaño que las de los dioses, lo cual significa que en algún momento fuimos capaces de relacionarnos en condiciones de igualdad. Las mujeres de hoy tratan de equilibrar múltiples facetas de su vida sin haber dejado de ser la columna vertebral del núcleo familiar. Mientras, los hombres han observado esos cambios en los cimientos sociales y culturales sintiéndose desarmados.

Despojarnos de todo ese lastre social y cultural no parece fácil… El lastre con el que cargamos ha generado personas sumisas o autoritarias y relaciones creadas desde una necesidad emocional dependiente, en las que la autoestima se escapa entre los dedos y se perpetúan la violencia y la represión. Para poder cambiarlo, primero hay que darse cuenta de ese lastre interior que llevamos a cuestas y desidentificarnos con él buscando nuestra verdadera esencia. El último paso es visualizarnos libres de esas ataduras.
¿Las mujeres nos llevamos la peor parte en esto de las dependencias? La mujer aprecia más el vínculo afectivo que su propia autonomía. La sumisión, la frustración o la insatisfacción son frecuentes. En la feminidad dependiente el amor es controlador, no deja respirar al otro ni a una misma, con lo cual las relaciones se vuelven asfixiantes. Pero también se da la masculinidad dependiente, en la que aparecen todas las carencias de los hombres.

¿Es la masculinidad tóxica? Sí, los hombres no han sido educados en el mundo de los sentimientos, presentan un subdesarrollo emocional o analfabetismo afectivo. En sus actitudes se prioriza el poder, la competitividad, el triunfo, la violencia… Es frecuente que sean adictos al trabajo, lo que crea padres ausentes. Tienen que romper esas máscaras y descubrir lo más esencial de la virilidad, potenciando la comprensión, la dedicación, la entrega a los demás.

¿Qué cambios tienen que producirse? Es urgente un cambio de actitud entre los varones, desde su educación en casa y en la escuela, de manera que no sigan pretendiendo ejercer como el hombre privilegiado ante la mujer, el matrimonio, los hijos, el sexo y el trabajo. También se debe producir un cambio de actitud en las mujeres para que no manipulen emocionalmente y dejen de sentirse víctimas.

Y para que cambie el imaginario femenino… Exacto, las mujeres tenemos que dejar de creer en los príncipes azules que nos rescatarán de nuestros miedos al rechazo, a la soledad, al fracaso... Todo es falso. La generación que viene tras la nuestra vuelve a buscar refugio a sus frustraciones en viejos arquetipos del amor, del hombre y del núcleo familiar tradicional. Hay creencias cultivadas, como la de la media naranja, que son falsas. El verdadero amor es aquel que nos hace libres y surge del encuentro entre dos enteros y no de la creencia o búsqueda de la unión de dos mitades. La naranja entera eres tú.

Entonces, ¿cómo son esas nuevas relaciones por las que hay que luchar? Son relaciones en las que sumamos y, juntos, somos mejores. Dejamos de comparar, competir, criticar y sentir celos. Pasamos a cooperar, unir, valorar y apoyar. Somos cómplices para crear una realidad mejor para todos. Las relaciones son duraderas y enriquecedoras cuando cada uno tiene seguridad personal independientemente de que el otro satisfaga o no sus expectativas. Se trata de dar (desde la abundancia interior) y no tanto de pedir (desde nuestras carencias). Hay que hacer primero un cambio interior, estar bien con uno mismo para poder estar bien con los demás. •

 
 

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