Vivir

Silvia Melero Abascal @SilviaMeleroAba

Escuelas para volar

La mayor parte de las personas implicadas coinciden en el diagnóstico: el sistema educativo falla, está obsoleto, no sirve. Pero hay proyectos educativos que ofrecen una alternativa. No se trata sólo de dotar de más recursos ni de introducir las nuevas tecnologías en el aula. De nada servirá todo eso si no se pone patas arriba el modelo y se cambia de raíz, cuestionando su columna vertebral, su forma y su fondo. Requiere esfuerzo y entusiasmo. El objetivo es ofrecer a quienes se inician en la aventura del aprendizaje una escuela que motive, que seduzca, que inspire y que prepare. Aulas con aires renovados que ayuden a los alumnos y alumnas a alzar el vuelo.

 
Los viernes tocaba biblioteca, hora de estudio (que cada cual dedicaba a hacer los deberes o resolver dudas) y asamblea. En ella se debatían los temas que se habían ido dejando a lo largo de la semana en el mural de la pared bajo los epígrafes Propongo-Critico-Felicito. Los cargos de moderador y secretario iban rotando. “Los jueves por la tarde teníamos talleres (huerta, carpintería, cocina, telares, fotografía, danza) en los que los padres y madres eran también monitores”, explica Natalia (35 años) recordando su etapa en el colegio público Santiago Ramón y Cajal de Getafe (Madrid), donde disfrutó de un innovador proyecto educativo. ¿Y en clase? “Nos sentábamos en equipos de seis, cada semana rotaba también el turno de responsable de equipo, encargado de guardar y traer el material”. ¿El material? “Sí, la bandeja de material comunitario, se compraba con el dinero de la cooperativa que ponían los padres. Así aprendíamos a cuidar y responsabilizarnos del material común”. Los pocos libros de texto que se utilizaban (complementados por fichas y materiales que elaboraba el profesorado) también eran comunitarios, rotaban de clase en clase, recuerda Natalia ahora que ha tenido que gastarse 100 euros en libros para su hijo que está… ¡en la guardería!

Hasta el cuadernillo que ella usaba en verano para repasar lo elaboraban los profes y se lo entregaban a cada alumno. “Teníamos un equipo de profesores jóvenes con ganas, muy cercanos y con mucha implicación, se creó un vínculo muy fuerte, fue una experiencia muy bonita. Hacíamos cosas muy innovadoras. Había mucha participación de los alumnos”. Puntualmente recibían clases de relajación, educación sexual, técnicas de estudio... Y salieron bien preparados. Natalia estudió Psicología en la universidad. “Era una forma más divertida de aprender, no te aburría ir al cole. Había tiempo para todo. Te hacía coger un criterio, no sólo memorizar. Te motivaba mucho, te daba herramientas para aprender por tu cuenta”.

Cada lunes a primera hora, los alumnos a los que les había tocado ese fin de semana leer el periódico en casa, explicaban a sus compañeros una noticia seleccionada y la colgaban en un mural dividido en secciones. También había un responsable de regar las plantas, otro de bajar y subir las persianas, otro de tomar la temperatura cada mañana y hacer un gráfico en una cartulina con agujas y trozos de lana… En cada clase, además, había un compañero con dificultades (algún tipo de discapacidad, proveniente de un centro de menores…). “Nos enseñaba a respetar a los niños diferentes y a convivir con naturalidad”, dice Natalia orgullosa. No recuerda pasarse las tardes haciendo deberes en casa durante horas. Salía a la calle a jugar.

Hoy, muchos años después, lejos de reproducirse, este método pedagógico apenas se aplica. El colegio público Trabenco de Leganés (Madrid) es una de las islas donde permanece un espíritu innovador con un modelo educativo que llevan aplicando casi cuatro décadas. “Una escuela democrática, abierta, inclusiva, integral, activa y comprometida”, tal y como explican.

Todo sigue igual. Hay un consenso bastante generalizado entre padres, alumnos y profesores sobre la necesidad de reformar el actual y obsoleto sistema educativo. “Si piensas en cómo era la escuela tradicional a la que asistimos nosotros de pequeños, todo sigue igual, no ha evolucionado, es el mismo método: libro, rollo del profesor, examen. Ahora puede que se sustituya la pizarra por una digital, pero la esencia es la misma. Hay pequeños cambios superficiales que no afectan a la cuestión de fondo. Es un problema global, da igual que sean centros públicos, privados o concertados”. Maribel Orgaz, vicepresidenta de la Asociación Otra Escuela es Posible reivindica la modernización del sistema educativo en España. “No es un tema de recursos sino de querer, de encontrar responsables políticos que quieran asumirlo con honestidad y coraje, pensando en los alumnos. Se trata de una reconversión total. Sin embargo, el debate educativo es muy pobre, se queda en cuestiones muy superficiales, como una asignatura concreta, meter ordenadores en el aula y poco más. El problema es muy gordo y parece que es secundario debartirlo. Confiamos a pies juntillas en el sistema, no nos lo cuestionamos”.

Resultados negativos. Los datos no son buenos. El porcentaje de fracaso escolar (32%) es el doble de la media europea. El 36% de alumnos de 15 años repite. Según los datos del último informe PISA (que mide qué hace un alumno con los conocimientos adquiridos, su habilidad y su capacidad para utilizarlos en su vida laboral y personal), más de la mitad de los alumnos españoles está en el nivel básico de habilidad lectora: es incapaz de entender un periódico, el prospecto de un medicamento o un contrato laboral. Resultados negativos que se repiten desde el año 2000. España se sitúa más cerca de Dubai que de Finlandia y obtiene peores resultados que Portugal, Grecia o Italia.

“Mi hijo es incapaz de orientarse con un plano en su ciudad si se pierde. Hay que trabajar las competencias. Cuando aprendes algo, ¿para qué lo utilizas? ¿Me sirve memorizar fechas y nombres de reyes o mis conocimientos de Historia me permiten formarme una opinión sobre el conflicto en Oriente Medio? Con 15 años ya se debería poder tener una opinión”, dice Maribel. Desde su asociación insisten en la necesaria revisión de los contenidos. “¿Para qué capacita a un alumno del siglo XXI hacer dictados de frases sueltas?”.

Tal y como señala Rafael Feito, profesor de Sociología de la Educación en la Universidad Complutense de Madrid, “los contenidos que se enseñan en la escuela son con frecuencia excesivos en cantidades e irrelevantes desde el punto de vista educativo, es decir, no sirven para incrementar los niveles de comprensión, no implican la adquisición de procesos significativos, no ayudan a los alumnos a redescubrir y recrear la cultura y, fundamentalmente, son olvidados al cabo de unos meses”.

Ana no puede estar más de acuerdo. Su hija ahora tiene 19 años y la etapa del instituto es la peor que recuerdan. Repitió curso y en 1º de Bachiller, totalmente desmotivada, lo dejó. “Yo veía que estudian cosas innecesarias, analizan oraciones cuando no saben ni leer ni escribir bien. No aprenden a estudiar”. Considera que el tipo de profesor influye mucho. “Es verdad que hay padres que tampoco apoyan y se desentienden, es muy fácil dejarles toda la responsabilidad a los profes, pero si el maestro es bueno cambia mucho todo”.

Desde Otra Escuela es Posible entienden que el profesorado es una pieza clave. “Se forman todos igual, en el mismo sitio, y todos los coles se nutren del mismo tipo de profesor. Muchos de ellos no tienen formación en Magisterio”. La vicepresidenta asegura que las polémicas leyes de educación no afectan al micronivel del aula. “Si un profe no sabe dar matemáticas, le da lo mismo una ley que otra. El caso es que no sabe dar clase y necesita actualizarse y reciclarse. También pedimos más autonomía para los centros. Se les deja muy poco margen de actuación, que puedan elegir pedagogías”. Feito considera que “la formación del profesorado de primaria no sólo es corta, sino que sus contenidos apenas capacitan para la práctica. En el caso de secundaria, la situación roza el escándalo. Quizás tengamos buenos historiadores, filósofos o químicos, pero salvo honrosas excepciones no tenemos buenos profesores”.

Maribel Orgaz está convencida de que los niños de hoy no son peores. “El problema es el sistema que no se renueva. El libro de texto es lo más cómodo y no se cambia. Necesitamos una escuela más flexible, por ciclos, no por edades. Los finlandeses empiezan el cole a los siete años y son los que mejores resultados obtienen”.

Una clase cuya dinámica consiste en escuchar la explicación del profesor basada en un libro de texto para después memorizar sus contenidos impide al estudiante el aprendizaje duradero y útil, la capacidad crítica, la curiosidad intelectual y la reflexión. “Los libros de texto han llegado a ser como la prótesis imprescindible para suplir las carencias culturales y científicas de ciertos enseñantes”, afirma Jaume Trilla Bernet, catedrático de la Facultad de Pedagogía de la Universidad de Barcelona. Los colegios públicos Príncipe de Asturias, La Navata o Trabenco en Madrid o los Amara Berri en el País Vasco son algunos de los ejemplos con excelentes resultados académicos de una escuela que ha superado el libro de texto como única forma de impartir clase.

Satisfechos y preparados. Y luego está el tema de los deberes. Elena tiene dos hijos (de 9 y 13 años) y aunque obtienen excelentes notas, hay que pagar un peaje muy alto. “Tenemos que estar encima de ellos cada día tanto mi marido como yo y sentarnos a hacer los deberes. Con 9 años un niño tiene que jugar y no estar tres horas en casa haciendo tareas”.
Señala Feito que “un proyecto educativo requiere un compromiso de toda la comunidad educativa y, en especial, del profesorado, el cual debiera abandonar su acomodaticia insularidad y subirse al carro del dinamismo del trabajo en equipo”.

Cabe terminar el reportaje con una reflexión que recoge Daniel Goleman en su libro Inteligencia Emocional (Editorial Kairos). La hace Howard Gardner, Premio Príncipe de Asturias y figura inspiradora del proyecto Spectrum, que está revolucionando la educación en Estados Unidos. “La contribución más evidente que el sistema educativo puede hacer al desarrollo del niño consiste en ayudarle a encontrar una parcela en la que sus facultades personales puedan aprovecharse plenamente y en la que se sientan satisfechos y preparados. Sin embargo, nos dedicamos a evaluar la trayectoria vital de una persona en función del grado de ajuste a un modelo de éxito estrecho y preconcebido. Deberíamos invertir menos tiempo en clasificar a los niños y ayudarles más a identificar y a cultivar sus habilidades y sus dones naturales”. •
 
 

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