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Pedagogía de la interioridad

Las escuelas que educan en el silencio obtienen mejores resultados académicos. Cada vez más escuelas incorporan proyectos de interioridad global. Una apuesta por el desarrollo de la dimensión social, emocional y espiritual del alumno.

 
-ENCABEZADO-

Pedagogía de la interioridad

Por Gloria Carrizosa

Las escuelas que educan en el silencio obtienen mejores resultados académicos. Cada vez más escuelas incorporan proyectos de interioridad global. Una apuesta por el desarrollo de la dimensión social, emocional y espiritual del alumno.

Vamos a exteriorizar nuestros miedos”, comenta la experta en educación emocional Paula Gelpi. Los jóvenes verbalizan qué es lo que temen: miedo a la soledad, al paso del tiempo, a morir, a la pérdida de un ser querido, a crecer muy rápido y olvidar cómo eran de pequeños, a ser rechazados y criticados por el grupo... Cada miedo equivale a una pieza de ropa. Los adolescentes comprueban en su cuerpo lo fatigoso que es avanzar con tantas prendas. “En la adolescencia se desarrollan muchas inseguridades. Si conseguimos focalizar nuestros temores, podremos desarrollar las potencialidades que todos tenemos”, afirma la educadora. Estos jóvenes participan en un taller para descubrir su mundo interior. Es una propuesta de Jesuitas Educación, la entidad que engloba a los centros catalanes de la Compañía de Jesús. Creen firmemente que la implantación de una pedagogía de la interioridad mejora la capacidad de concentración de los alumnos y, por tanto los resultados académicos.

Cada vez más escuelas incorporan proyectos de interioridad global, que suponen una apuesta por el desarrollo de la dimensión social, emocional y espiritual del alumno. Es el caso de las Escuelas Pías en Cataluña, 19 centros están aplicando en sus aulas el método TREVA. Los responsables de llevarlo a cabo son un equipo de profesionales, encabezados por Luís López González, doctor en Psicopedagogía y diplomado en Ciencias Religiosas. Su proyecto, TREVA (Técnicas de Relajación Vivencial Aplicadas al Aula) se está aplicando en centros de toda España y consiste en formar al profesorado para que sean ellos los que vivan las técnicas en primera persona, y luego implanten las sesiones de meditación y relajación en las aulas.

Después de analizar los 40 métodos con más rigor científico que existen, Luís López llegó a la conclusión de que hay nueve recursos o habilidades básicas, que están presentes en los distintos tipos de meditación: la atención, la respiración, la visualización, voz y habla, la relajación, la conciencia sensorial, la postura, la energía corporal y el movimiento. El docente aprende estos nueve recursos como si fuesen una cata de vinos, y luego los maneja ad hoc en la clase, “no sólo para calmar el estrés o la ansiedad que pueden provocar los estudios, sino para conectar el alumno con su ser interior”, explica el creador de TREVA.

En los Escolapios de Granollers, los alumnos de seis años están descubriendo su cuerpo, se masajean, respiran profundamente, durante tres minutos sienten el frescor del aire en la nariz al inspirar y su calor, al soltar el aire. Estos incipientes ejercicios de meditación siembran una semilla, que con el paso de los años mejorará su capacidad de estudio y su autoconocimiento personal.

“Está demostrado que los ejercicios del programa TREVA ayudan a una mayor atención y concentración de los alumnos, disminuyen la ansiedad que les producen los estudios, y también dotan a los docentes –un colectivo que sufre mucho estrés– de nuevos recursos psicopedagógicos, detalla Luís López. Otro de los puntos que desarrolla es la inteligencia emocional, o sea, la capacidad de gestionar las propias emociones.

Distintas inteligencias. Asimismo, Jesuitas Educación reivindica la pedagogía de la interioridad en el proyecto educativo de sus centros académicos, “no como una seta aislada sino relacionada con todas las asignaturas. La clave es trabajar distintas inteligencias (la emocional, la intrapersonal, la interpersonal), que son muy importantes, y que ahora empiezan a valorar desde los colegios”. Albert Sáez, coordinador de este proyecto, habla con conocimiento de causa, ya que durante años fue director de ESO y Bachillerato en la escuela San Estanislao de Kostka-Jesuitas Gracia, de Barcelona. Ya hace unos diez años que coordina los talleres de Secundaria, que se realizan en la Cueva de Manresa, el lugar donde san Ignacio de Loyola escribió sus famosos ejercicios espirituales. Los talleres duran un día, aunque también se pueden realizar en la propia escuela, y cabe la modalidad de fin de semana.

Las sesiones están basadas en la inteligencia emocional: el miedo, la autoestima, la introspección, el mindfulness o atención plena (la capacidad intrínseca de la mente de estar presente y consciente en un momento determinado, en que cuerpo y mente se sincronizan totalmente en un instante de realidad presente), el silencio, etc. Y para trabajarlos se utilizan diversas técnicas: la danza, el yoga, la meditación, la música.
Sáenz remarca que los talleres, aunque se inspiran en la espiritualidad ignaciana, no son confesionales. “No vinculamos la interioridad a la asignatura de Religión o a la pastoral, sino que debe formar parte del conjunto del proyecto educativo del centro, porque es una dimensión básica de la persona”.

“Las emociones que relacionan con la escuela son obligación, estrés muy fuerte, y para nada felicidad”, explica lPaula Gelpi. El resultado del taller en que los jóvenes exteriorizan sus miedos demuestra que “no somos capaces, desde las instituciones educativas, de programar actividades “auténticas” (extraídas del mundo real), que los alumnos vean relevantes para su desarrollo como personas en el mundo que les ha tocado vivir. Les falta motivación”, observa el coordinador de Jesuitas Educación.

Cinco minutos de silencio. Los ojos cerrados, bien sentados, los alumnos de Bachillerato antes del examen están unos minutos en silencio, hacen unas respiraciones, pueden visualizar un paisaje ideal, escuchar una música suave, enfocan la atención en sus emociones. Son unos ejercicios sencillos pero les dan buen resultado. José Castillo, profesor de Bachillerato en la Escuela Pía de Granollers, opina que “estas pequeñas pausas de relajación ayudan a los jóvenes, que siempre tienen trabajo y van a un ritmo acelerado”. Y es que los adolescentes sienten que necesitan estar permanentemente conectados a su móvil, los avisos de whatsapp y twitter marcan sus vidas. Por tanto, conseguir que descubran su mundo interior es toda una proeza, que además, una vez puesto en práctica, les ayuda en el día a día.

“Nuestra sociedad tiene un analfabetismo emocional exorbitante”, sentencia Berta Meneses, religiosa filipense, química y maestra zen. Desde hace años ha introducido la meditación en sus clases. “Los ejercicios que ayudan a conectar los dos hemisferios, me facilitan la enseñanza de las matemáticas. Están mucho más atentos y entienden mejor los ejercicios”.

En el programa TREVA, tener una postura correcta es uno de los puntos indispensables para estar más concentrados en clase. Proponen a los alumnos escribir o escuchar mientras sostienen un lápiz en la cabeza. Otros ejercicios son repetir un mantra, una frase que contenga sonidos nasales, entre 5 y 10 veces; o imaginarnos que somos una bombilla y nos penetra una corriente de energía luminosa blanca y templada por la cabeza, que se extiende por todo el cuerpo.

“Al final de lo que se trata es de que la escuela ayude a los chicos y chicas a ser mejores personas, a ser felices, cada uno con sus habilidades y competencias –sentencia el creador de TREVA–. Cuando sean adultos descubrirán que no puede haber éxito social y profesional si hay fracaso interior”. •
 
 

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