Silvia Melero

Hombres por la igualdad: ¿la revolución interior masculina?

Cualquier tipo de discriminación es un problema de toda la sociedad. También lo es la que sufren las mujeres. Si durante siglos el movimiento feminista ha luchado por la igualdad, ahora algunos hombres se han embarcado en la difícil tarea del cambio interior y social. Son los grupos de hombres contra la desigualdad.

 
-ENCABEZADO-

Hombres por la igualdad: ¿la revolución interior masculina?

Por Silvia Melero Abascal

Cualquier tipo de discriminación es un problema de toda la sociedad. También lo es la que sufren las mujeres. Si durante siglos el movimiento feminista ha luchado por la igualdad, ahora algunos hombres se han embarcado en la difícil tarea del cambio interior y social. Son los grupos de hombres contra la desigualdad.

La humanidad ha conquistado muchos avances sociales en el siglo XXI. Sin embargo, el machismo, el modelo patriarcal y la discriminación de género siguen muy presentes. Basta citar tres datos: las mujeres ocupan sólo el 32% de los puestos directivos, ganan un 15% menos que los hombres y dedican a las tareas domésticas un 111% más de tiempo que sus parejas. Pero por encima de todo, las cifras de la violencia machista son escalofriantes: en Europa, más de 80 millones de mujeres han sido víctimas del maltrato.
Ante esta realidad, el movimiento feminista sigue luchando para erradicar el machismo, pero ahora cuenta con nuevos aliados: hombres que han entendido que el problema es de todas y todos.

Muchas preguntas. “Empecé a preguntarme por qué los hombres somos como somos, por qué tenemos esas relaciones familiares con nuestros hijos, con nuestra pareja, por qué tenemos esa relación con el poder, que nos puede. Muchas preguntas y pocas respuestas. Y ahí vino el descubrimiento de la perspectiva de género, el bajarte del pedestal de hombre y verte como producto de un proceso de socialización que nos determina absolutamente. Los hombres no podemos seguir mirando hacia otro lado ante la discriminación estructural que sufren las mujeres”.

Antonio García sufrió una catarsis personal que le impulsó a crear en Málaga un grupo de hombres: un espacio de comunicación y reflexión en el que los participantes tienen que deconstruirse –cambiando sus valores y pautas de comportamiento– para volver a reconstruirse como hombres igualitarios que quieren relacionarse en condiciones de igualdad. Así nació hace seis años AHIGE, la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género.

“Cuando empezamos a ir a institutos para dar charlas, vimos que los quinceañeros de hoy siguen sin tener modelos alternativos al de fuerza, poder, competitividad, éxito social, imposición, que es el tradicional masculino”, señala Antonio. La educación es una pieza clave para romper la estructura machista que ha sabido adaptarse a la sociedad moderna, permaneciendo oculta bajo la falsa idea de que la igualdad ya se ha conseguido.

Mirar hacia dentro. A sus 62 años, Hugo Gensini es miembro de AHIGE. En su labor como médico, sentía un vacío personal ante la dificultad de convocar a hombres para hablar de temas como el embarazo o la crianza. “Cuando me vinculé al grupo, fuimos creando una relación de cercanía, de complicidad para hablar de nosotros mismos, de nuestros sentimientos y nuestras preocupaciones, del rol masculino, la paternidad, la corresponsabilidad familiar y las relaciones laborales y sociales. Algo que antes no me había sucedido”.

Además del apoyo a los grupos de hombres, AHIGE desarrolla programas de sensibilización bajo una idea común: la igualdad nos beneficia a todos. Según Antonio, hay que cambiar la visión generalizada de que la igualdad beneficia a las mujeres y perjudica a los hombres. “Con la igualdad ganamos todos. Lo que tenemos que hacer es adentrarnos en ese camino. Cada hombre es una revolución interior pendiente. Nosotros no tenemos conquistas sociales que hacer como sí le ocurre a la mujer, pero tenemos que redefinir nuestro papel. Nuestras grandes conquistas están hacia dentro”.

Sin embargo, el psicoterapeuta húngaro Péter Szil no comparte esa idea. “El discurso de que la igualdad les beneficia fomenta más la autocomplacencia en los hombres que las ganas de trabajar por la igualdad. En realidad, la igualdad supone renunciar a privilegios. En la sociedad patriarcal, los varones se han beneficiado siempre, tanto en lo público como en lo privado, de bienes materiales y libertades sociales a base de oprimir a las mujeres con la ayuda de una violencia de diferentes índoles utilizada como instrumento de dominación. Las que se tienen que beneficiar, fortalecer y empoderar son las mujeres”.

Nueva masculinidad. Péter Szil fue uno de los iniciadores de los grupos de hombres en Suecia a finales de los años 70. No le gusta hablar de un movimiento de hombres porque no es homogéneo y se compone, más bien, de iniciativas locales. “Cualquier movimiento de hombres tiene que estar arraigado en la experiencia feminista, en el estudio, la investigación y la adquisición de conocimientos. Veo que falta esa base y corre el peligro de convertirse en algo superficial, de impacto mediático, sin producir verdaderas transformaciones sociales”. Los grupos que inició hace décadas se autodefinían como profeministas. Hoy se transforman en movimientos de nueva masculinidad. “Precisamente la masculinidad, en lo que se basa la desigualdad de sexos, es lo que hay que erradicar. Tengo mis dudas en si hay que invertir energías en producir nuevas masculinidades, en lugar de seres humanos, para superar realmente los roles de género”, explica el psicoterapeuta.

Ser de otra manera. Alberto Moreno (26 años) es el miembro más joven del grupo Hombres contra la desigualdad de género Stopmachismo de Madrid. Como en la mayoría de los casos, es su pareja –mujer feminista– la que le abre los ojos ante la desigualdad. “He visto siempre el feminismo como algo externo a mí, algo de mujeres. Cuando empiezo a repensar las relaciones de género, veo que también desde la masculinidad se pueden cambiar las cosas. Hay que visibilizar que también podemos ser de otra manera”. Eso sí, se encuentra con el rechazo de muchos hombres que no entienden su postura. “Algunos, aunque no lo dicen, te consideran un traidor porque de alguna manera te ven como un bicho raro que quiere quitarles privilegios”.
La misma sensación tiene su compañero Mariano Nieto, que se siente un poco marciano cuando invita a sus compañeros de trabajo a las sesiones de cine-fórum que organiza Stopmachismo. “Para cambiar el modelo es necesario que los hombres estemos involucrados y hagamos una autocrítica continua, mirándote en el espejo de otros para avanzar juntos”.
Su primer paso fue cambiar de trabajo para tener más tiempo. “La empresa privada demanda a los varones una disponibilidad absoluta de tiempo y mente, incompatible con la vida personal y familiar. Ahora participo más en casa, la distribución de tareas es equitativa… pero me queda mucho por avanzar, sobre todo en el cuidado de los hijos. El hermetismo masculino te hace meterte en tu pedestal de cristal y te impide conectar de forma profunda con ellos”.
Aunque se dan estos pequeños pasos, Péter Szil se muestra pesimista, en el sentido de un optimista bien informado. “Veo tanta injusticia en las relaciones entre sexos que no me queda más remedio que trabajar por ello, pero veo pocos cambios reales. Motivar a los hombres es muy difícil. El reparto del poder sigue igual”. Para el psicoterapeuta, ser hombre y persona justa quiere decir “no aceptar en el trabajo que las mujeres tengan menos salario, no callar ante la violencia contra las mujeres y los niños ni en su vecindad, ni entre los amigos, y no aceptar formas tan degradantes de violencia contra las mujeres como la pornografía o la prostitución, que no es un problema de sexualidad, sino de desigualdad”.

Más información:
www.europrofem.org
www.szil.info
www.ahige.org
www.stopmachismo.net


 
 

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