Silvia Melero

Luis Pastor: “Voy a ser así toda la vida, cuando tenga que denunciar algo lo voy a hacer”

Viene de la época de la canción de autor, la canción protesta. La música era también un movimiento social y político. Luis Pastor (Berzocana, Cáceres, 1952) llegó a Madrid en los años 60, le cantó a Vallecas y no ha dejado de crear canciones a lo largo de 40 años de música. Descubrió la poesía escuchando a Paco Ibáñez, comenzó cantando en la iglesia de su barrio, en centros juveniles, en reuniones de amigos. Se enamoró definitivamente de las melodías de José Afonso y desde entonces los tintes portugueses y africanos impregnan sus discos. Su último trabajo lleva por título una pregunta: ¿Qué fue de los cantautores? A lo que Pastor responde: “Aquí me tienen, señores”.

 
-ENCABEZADO-

Luis Pastor: “Voy a ser así toda la vida, cuando tenga que denunciar algo lo voy a hacer”

Por Silvia Melero

Viene de la época de la canción de autor, la canción protesta. La música era también un movimiento social y político. Luis Pastor (Berzocana, Cáceres, 1952) llegó a Madrid en los años 60, le cantó a Vallecas y no ha dejado de crear canciones a lo largo de 40 años de música. Descubrió la poesía escuchando a Paco Ibáñez, comenzó cantando en la iglesia de su barrio, en centros juveniles, en reuniones de amigos. Se enamoró definitivamente de las melodías de José Afonso y desde entonces los tintes portugueses y africanos impregnan sus discos. Su último trabajo lleva por título una pregunta: ¿Qué fue de los cantautores? A lo que Pastor responde: “Aquí me tienen, señores”.

La cobertura mediática de su último disco ha sido muy potente, parece que no estaba tan olvidado…
(Risas) El olvido depende de uno mismo, y yo no he dejado de hacer trabajos a lo largo de estos años, ni he vivido de los 70, de las rentas. Más allá de la aceptación o no masiva de los medios y del público, mi trabajo siempre ha estado presente.

Ahora consumimos la música de otra manera, Internet está cambiando los hábitos.
En los 80 grabé con multinacionales, no vendía un disco pero estaba ahí, con superbanda. En los 90 empecé a producir mis propios discos y creé mi propio sello. La industria ha cambiado, las formas de consumir, la calidad de cómo se escucha la música también. Las empresas telefónicas se han apropiado de los catálogos de las discográficas y les han quitado negocio, eso está ahí en el aire, sin regular. En esa incertidumbre, creo que vivimos una etapa de democratización de las música donde cada uno desde su casa si quiere puede hacer llegar su música a muchos oídos y corazones. Ya no necesita a los dueños de los estudios.

La canción de autor está viva hoy en muchas salas de música en directo, y cada vez más cantautoras…
En muchas ciudades, no solo Madrid, salas de conciertos, hay ya distintas generaciones de canción de autor. Y mujeres ni se sabe que digo en la canción. Siempre he sido receptivo a los jóvenes. En los 80 hubo un movimiento que no llegó a cuajar, luego en los 90 Pedro Guerra, Ismael Serrano, Javier Álvarez, Rosana, sí tuvieron repercusión. Hay otros intermedios Marwan, Paco Bello… Y ahora a través de mi hijo Pedro estoy conociendo a chavales y chavalas como Maria Rozalén, siento que está muy vivo. En épocas de crisis sobrevive mejor uno con una guitarra que con un grupo.

¿Qué es ser un ser musical?
La música ha estado en mí desde mi niñez. Siempre me he sentido un ser musical, me ha gustado cantar, y conozco a personas que no se dedican a la música y son seres musicales, cantan limpiando, por la calle, debajo de la ducha, mientras trabajan (el carpintero, el albañil) Tengo en la memoria la voz cristalina de mi padre cantando copla en el campo mientras araba. Cuando trabajé en la compañía de seguros me mandaban callar, yo estaba todo el día en mi cuartito cantando todo el día.

Sus recuerdos de infancia están impregnados de campo, de arado...
El que ha vivido la niñez en una aldea, en el campo, mantiene una relación siempre, tienes una necesidad de mirar a tus orígenes, al país de tu infancia. En mi caso, hace años lo escribí en la canción Soy, un referente de aquellos inmigrantes campesinos que con nuestros padres dejamos, en mi caso, Extremadura y vinimos a la periferia de Madrid. Aires, olores, sabores, paisajes, imágenes, color, palabras que forman parte del patrimonio de tu infancia y que la ciudad no te hace olvidar.

Llegó de pequeño a un Madrid en construcción, con un movimiento vecinal, asociativo, con gente luchando por sus derechos. ¿Pensó que tanto tiempo después tendría que estar cantándole a lo mismo?
Fuimos mano de obra barata como están siendo en los últimos años los inmigrantes. Mi primer año en Madrid es en un barrio de chabolas en el poblado de Orcasitas. En una casita compartida con una familia, en una habitación con los cinco hermanos y mis padres. El mismo fenómeno que se ha vuelto a vivir en el boom económico de la España del progreso y de la riqueza. La misma situación, pero con gente de otras razas y otras culturas. No he dejado nunca de analizar ese fenómeno y cantar desde el lado de lo que fuimos, y de la necesidad de ponernos en el lugar del otro, pero hoy en día ya no hace falta ponernos en ese lugar porque volvemos a ser el otro. Este país se encamina a la desaparición de las clases medias y a una sociedad con un grupo privilegiado de grandes fortunas y bolsas de pobreza. Canciones que creíamos superadas vuelven a tener actualidad. Uno escucha a A cántaros de Pablo Guerrero, y habla de eso. De los nuevos detentadores del poder que han vaciado de contenido a los Gobiernos y son capaces de dar golpes de Estado sin tanques, a golpe de ordenador y de especulaciones económicas.

Hay un poema en el disco que dice que no hay lugar para las revoluciones ni la utopía, que los sueños son una imagen digital codificada… ¿Siente desesperanza?
Ese poema está escrito a final del siglo pasado, y aunque aquí no se vivía, se estaba viviendo en otras partes del mundo, en Argentina con el corralito: bancos quedándose con el dinero de la gente. No soy tan negativo. Si de algo presumo es de ser esperanzador y un tío positivista, pero ese análisis es tan certero y tan real y se está viviendo ahora, recortes, retroceso, reforma laboral que de un plumazo quita los derechos a la clase trabajadora, derechos que han costado casi un siglo conquistar con sangre, cárceles, persecuciones… Hay un ataque sistemático a los sindicatos en los medios de comunicación y cala en la gente. El sindicato es una de las grandes conquistas de la clase trabajadora.

¿Pasa factura implicarse políticamente, utilizar la música como una herramienta para el cambio social?
La pasó cuando terminó la Transición, cuando yo me retiré tres años y quise volver había una sensación de que los cantantes políticos ya no teníamos razón de ser. Pero no me ha influido, voy a ser así toda la vida, me da igual las consecuencias, cuando tenga que denunciar algo lo voy a hacer. Es una cuestión personal, más allá de ser cantautor.

¿Esa conciencia social le viene de esos años de luchas obreras en Vallecas?
Si hay algo que me ha ayudado a ser mejor persona, a compartir un sentimiento colectivo fue esa época de luchas obreras, vecinales, el pensar que éramos capaces de transformar nuestro barrio, nuestros entorno, a nosotros mismos como personas, siempre he dicho que vengo de ahí. Si yo no hubiera recalado en Vallecas y no hubiera conocido a la gente de la Juventud Obrera Cristiana o a los curas obreros de mi barrio, posiblemente no hubiera sido la persona que soy ni el cantante que soy.

Tenemos Luis Pastor para rato, ¿para otros 40 años?
(Risas) Yo creo que no, pero si sigo bien y con fuerzas yo me veo con 80 años cantando, eso está claro, pero prefiero que me retire mi hijo.•
 
 

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