David Martos

Anita Ekberg: “Después de rodar la escena de la fuente en 'La dolce vita' no sentía las piernas”

No importan sus 81 años. No importa que le resulte muy difícil caminar, que tenga que moverse siempre en su silla de ruedas. No importa que arrastre la palabras en una pesada y grave cadencia. La sueca Kerstin Anita Marianne Ekberg sigue siendo una de las mujeres más bellas del mundo. Sus ojos se clavan, intensos, sobre el entrevistador... y sus manos acompañan grácilmente cada anécdota, cada detalle de su larga trayectoria. En el pasado Festival de Berlín, Anita Ekberg –la inolvidable Sylvia de 'La dolce vita'– mantuvo un encuentro público con jóvenes cinéfilos; al día siguiente, charló con nosotros sobre su vida y su carrera.

 
-ENCABEZADO-

Anita Ekberg: “Después de rodar la escena de la fuente en 'La dolce vita' no sentía las piernas”

Por David Martos

No importan sus 81 años. No importa que le resulte muy difícil caminar, que tenga que moverse siempre en su silla de ruedas. No importa que arrastre la palabras en una pesada y grave cadencia. La sueca Kerstin Anita Marianne Ekberg sigue siendo una de las mujeres más bellas del mundo. Sus ojos se clavan, intensos, sobre el entrevistador... y sus manos acompañan grácilmente cada anécdota, cada detalle de su larga trayectoria. En el pasado Festival de Berlín, Anita Ekberg –la inolvidable Sylvia de 'La dolce vita'– mantuvo un encuentro público con jóvenes cinéfilos; al día siguiente, charló con nosotros sobre su vida y su carrera.

Es un placer conocerla, señora Ekberg...
¡He tenido que venir hasta Berlín para coger un constipado! [La actriz tose varias veces].

Ayer se reunió con decenas de jóvenes para recordar su carrera. ¿Cómo se sintió al ver tantas imágenes del pasado?
Unas me hicieron reír, como las de Boccaccio ‘70, y otras me pusieron triste. Empecé a recordar los problemas que genera hacer algunas películas, cuando no te llevas bien con alguna persona... Eso me puso triste. Pero en conjunto lo pasé bien, disfruté mucho.

Siempre que veo la escena de la fuente en La dolce vita pienso en que usted estaría muerta de frío. ¿Fue así?
¡Hacía muchísimo frío! Rodamos esa escena en enero. El agua de la fuente proviene de las montañas, es nieve derretida... y cuando llega a Roma sigue estando tan fría como el hielo. ¡Estaba congelada! A Marcello [Mastroianni] le daba miedo meterse en el agua. Aunque llevaba botas de goma debajo de los pantalones, como las que llevan los pescadores. Y se bebió una botella entera de vodka para coger valor. Pero cuando puso un pie dentro de la fuente le costó muchísimo meter el otro. Fellini le gritaba: “¡Marcello, mueve el culo!”. Y al final, claro, tuvo que meterse... pero como había bebido tanto vodka, perdió el equilibrio y se cayó de bruces. ¡Así que el agua empapó toda su ropa! Tuvieron que pescarlo, lo llevaron a su caravana, lo secaron... y empezamos otra vez.

¿Y así cuántas veces?
¡Tres veces! Y allí estaba yo, debajo de la cascada todo ese tiempo. Cuando conseguimos que saliera bien la escena de la fuente, ya no podía sentir las piernas. Me cogieron en brazos, me sentaron en una silla y me envolvieron con toallas calientes. También me dieron whisky, cognac y cosas de esas, porque pensaron que me calentaría y evitaría que cogiera un resfriado. Tuvieron que taparme la nariz para que abriese la boca, me hicieron tragar el alcohol, pero lo odio tanto que lo escupí en la cara del chico que me lo estaba dando. No intentaron hacerlo por segunda vez. [Ríe]

Esa escena permanecerá para siempre como parte de la historia del cine...
Y eso me hace muy feliz, por supuesto, porque no es una escena como las de las películas de hoy, llenas de violencia. ¡Es una escena romántica! Muy dulce, muy delicada, muy romántica. Por eso me alegro tanto de su éxito, ¡del éxito de toda la película!

¿Qué proyecto tendrían que ofrecerle para que volviese al cine?
Me gustaría hacer un papel dramático y romántico, como solían hacerse en Hollywood. Esos personajes con los que podías demostrar que tenías talento y con los que podía enseñar tu temperamento. Pero después de La dolce vita, que tuvo un éxito tan arrollador, ¡todo el mundo quería ofrecerme el mismo tipo de películas! Pero tú no puedes repetir algo con tanto éxito como La dolce vita, ¡sería una broma! ¡Y no sería lo mismo!

¿Es verdad que Howard Hughes le pidió que se cambiara el nombre?
¡Pues claro! Quería que me cambiara el nombre, los dientes y la nariz. En esos tiempos, tu nariz estaba a la moda si era así... [Se empuja la punta de la nariz hacia arriba].

Y usted le dijo que no...
Le dije algo mucho peor, pero no le permito que lo publique. Puede decir que le dije algo muy fuerte... ¡Y creo que se sorprendió mucho de que alguien le respondiese así! Yo no sabía quién era Howard Hughes, pero si lo hubiese sabido habría reaccionado de la misma forma. Aquello le hizo sentir curiosidad sobre mí, y comenzó a llamarme desesperadamente, ¡incluso me pidió matrimonio!

¿Qué le hizo dejar Hollywood y mudarse a Italia?
Dejé Hollywood después de venir a Italia por primera vez. Me enamoré de la gente y de su país. Los italianos eran orgullosos, muy honestos, y muy preocupados por el prójimo. Recuerdo que fui al sur de Italia para comprar un caballo de carreras, y en aquel tiempo había muy pocas gasolineras. Hablamos del año 1955. Paré en una granja y entré a pedir ayuda porque me iba a quedar sin gasolina. La familia tenía un caldero en el fuego con un guiso, el olor era maravilloso... Me llevaron a la mesa y me dijeron: “¡Come!”. Tuvimos un almuerzo fantástico, y después me guiaron con su carro hasta la gasolinera. Entonces me enamoré de Italia, pero no me mudé hasta varios años después.

¿Vive en Roma?
No, vivo en el campo. En mi día a día estoy con amigos y bueno, con mis perros, cuando aún los tenía. Sufrí un robo mientras me recuperaba de mi última operación. Mataron a mi gran danés, y mi pastor alemán consiguió escapar y esconderse. Pero acabó muriendo por estar tan solo, porque yo estaba en el hospital. Y no puedo vivir sin perros, ¡sin animales! Sin contar a las serpientes, que no las soporto. Me encantan los animales, creo que son mejores que los humanos. Ellos no te traicionan.

¿Se siente usted querida por sus admiradores?
Siento muchísimo el calor de la gente. Me paran por la calle, me conocen, ¡aunque vaya sin maquillaje! O aunque quiera pasar desapercibida, me reconocen igual. Y siempre me dicen que me quieren. Ahora mismo tengo un montón de fotografías arriba, en la habitación, que tengo que firmar.

¿Se aprende a ser actriz... o se nace así?
No creo en las escuelas que enseñan a la gente cómo debe actuar. Tiene que surgir de dentro, de tu corazón y de tu cerebro. ¡Tienes que sentir el papel que tienes que interpretar! Nadie puede enseñarte eso, naces con ese instinto. No creo en todo eso del método Strasberg, porque nunca se convierten en verdaderos actores. Puedes ir a la escuela durante cien años, pero nunca llegarás a nada. Muchos actores –y Marilyn Monroe lo hizo durante un tiempo– fueron a la escuela de Strasberg, pero ella fue porque, de repente, se sintió muy insegura con su trabajo. ¡No cambió nada! Ella ya estaba fantástica en las películas que había hecho, no necesitaba que nadie le enseñase cómo comportarse delante de una cámara. Salía de ella, de forma natural.

¿Cómo recuerda a Marilyn?
En persona, Marilyn Monroe era una chica muy tímida, apenas hablaba. La última vez que la vi estábamos sentadas en un conocido restaurante, en una cena de diez personas, y ella estaba prácticamente a mi lado. Si le hacías una pregunta, no sabía cómo responder. ¡Era muy tímida! Pero sus películas... todavía hoy disfruto mucho viéndolas.

¿Cree que la belleza es importante para ser actriz?
No, no creo que sea muy importante. Anna Magnani no era una mujer bella, ¡pero qué pedazo de actriz! Y qué persona, la conocí bien. ¡Y nunca fue a una escuela para aprender a actuar! Le salía de forma natural. Se me ocurren dos personas que fueron a escuelas... y de las que ya no se oye hablar: Gina Lollobrigida y Sophia Loren. Cuando eres una mala actriz... en inglés utilizan un dicho, algo así como que “no podrían actuar ni con una bolsa de papel mojada”. ¡Es una gran frase!

¿Y cuál es su receta para conservarse tan bien?
No sé, supongo que nací así. De pequeña era lo que llamaban un chicazo, mi madre tuvo cinco hijos varones antes de que yo naciese, así que jugaba a todo tipo de cosas con ellos. Sus amigos les preguntaban qué hacía yo allí... y yo lo que quería era demostrar que no era menos que ellos.

¿Aprendió de ellos a sobrevivir? Por ejemplo, en el mundo del cine...
¡No, los chicos aprendieron de mí! [Ríe estrepitosamente] •
 
 

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